Registro de Campus - 9
Entonces, giró medio cuerpo para mirar hacia atrás. Sus rodillas, duras, estaban tan cerca de las mías que sentía que iban a rozarme.
—Hola, superior.
—Ah, ya, hola.
El tipo recibió el saludo de Ryu Eun-seok de forma media palteada.
—Preséntense. Él es el superior Ju Seung-jae. Es una promoción mayor que nosotros.
Gracias a la presentación de Ryu Eun-seok, por fin supe el nombre del tipo. Hice una venia media incómoda y luego me enderecé en mi sitio. Como parecía que se conocían, lo mejor era dejar que ellos hablaran.
—Oiga, pero ¿de verdad sacó A+ en el curso del profesor Kim Ki-jung? La otra vez, cuando Woojin le preguntó, usted se hizo el que no sabía nada.
Mi mirada se iba a cada rato hacia las piernas largas de Ryu Eun-seok. Me ponía nerviosa esa distancia tan estrecha, casi sin espacio, también el hecho de que no estaba acostumbrada a que alguien ocupara el asiento a mi lado.
—Ah, es que me enteré de que Sang-hee estaba llevando Ética Empresarial y, como superior, quería darle una manito.
—¿Sang-hee?
Ryu Eun-seok ladeó la cabeza, repitiendo el nombre con ese tono de confianza que usó Ju Seung-jae. Por las puras me empecé a tocar el lóbulo de la oreja. Sentí una sensación media rara, como un hormigueo.
—¿Usted es cercano a ella? ¿Desde cuándo?
Ryu Eun-seok sabía perfectamente que yo no era cercana a nadie. Por eso preguntaba así, como interrogando.
—Ya pues, Eun-seok. No seas así. Si ya sabes cómo es la cosa, ¿para qué preguntas?
El amigo que estaba sentado al lado de Ju Seung-jae se metió en la conversa riéndose de forma burlona. Escuché cómo Ju Seung-jae murmuraba algo entre dientes, apretando la mandíbula.
En ese instante, sentí un frío que me recorrió la nuca.
Recién ahí caí en cuenta de por qué Ju Seung-jae me había salido con ese cuento de los materiales para el A+. Siempre había tenido un montón de gente que quería mis tareas o mis resúmenes, pero nunca nadie me había ofrecido los suyos, así que me demoré en captar su verdadera intención.
Mis pestañas empezaron a moverse rápido. Estaba tan desconcertada que sentí un escalofrío por toda la espalda.
—Ahhh…
Parece que Ryu Eun-seok también se dio cuenta, porque asintió con la cabeza.
—O sea que le estaba tirando maicito a Sang-hee.
Del cuello para abajo sentí que la temperatura se me congelaba, pero hacia arriba, sentía un calor que me quemaba la cara. La vista se me puso borrosa y las letras del material de la clase ya no se veían claras.
No podía creer que me estuviera sintiendo tan avergonzada sin haber hecho absolutamente nada.
En un segundo, Ju Seung-jae se quedó mudo y su amigo explotó en risas golpeando la carpeta. Ryu Eun-seok me miraba fijamente de perfil, mientras yo apretaba el puño debajo de la mesa.
—Sang-hee es cercana a mí; si le interesaba, me hubiera avisado antes.
Ryu Eun-seok no paraba de decir ‘Sang-hee’ quitándole el apellido, eso no me hacía ni pizca de gracia. Ya ni siquiera sentía ese hormigueo en la oreja. Al contrario, sentía que algo me hervía por dentro, en la boca del estómago.
—Pero si Sang-hee ya es el primer puesto de nuestra facultad. No creo que caiga solo porque alguien le ofrezca materiales.
¿Y este qué se cree para andar hablando como si me conociera? Me caía mal Ju Seung-jae por provocar esta situación, pero Ryu Eun-seok me caía peor por agrandar un problema que debió pasar desapercibido.
—Vaya, Sang-hee, eres bien popular.
Ahora la puntería de Ryu Eun-seok iba directo hacia mí. Que el chico más famoso de la universidad me dijera eso, solo sonaba a burla.
Como si para él esto no fuera el pan de cada día. ¿Acaso pensaba: ‘Incluso alguien como tú recibe atención’? Sentí cómo mi complejo de inferioridad, que estaba bien dormido, se empezaba a despertar. Me sentía de lo más incómoda.
El calor me llegó hasta la frente y los lentes me empezaron a estorbar. Traté de calmar mi respiración y limpié mis lentes frotándolos con mi polo.
Mi mirada, que estaba fija en la tablet, se dirigió con filo hacia Ryu Eun-seok. Sus rasgos eran tan marcados que, a pesar de mi astigmatismo severo, las líneas de su rostro no perdían nitidez.
—¿Te diviertes?
Mi pregunta, cargada de un fastidio que no pude ocultar, salió en voz baja. Ryu Eun-seok abrió la boca, todo sorprendido.
—Porque a mí no me hace ni un poquito de gracia.
Mantuve mi mirada clavada en él por un momento y luego la aparté mientras me ponía los lentes de nuevo. Mis dedos temblaban un poco al agarrar el tomatodo, así que lo apreté con fuerza a propósito. El agua adentro se agitó.
Abandoné ese asiento de adelante, que era prácticamente mi lugar fijo, me fui hacia atrás. Me acomodé en cualquier carpeta vacía y me puse a mirar solo la tablet.
Sentía la mirada de Ryu Eun-seok, que no dejaba de observarme desde lejos. Pero yo no levanté la cabeza ni siquiera cuando el profesor empezó la clase.
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Como de costumbre, estuve estudiando en la sala de lectura del pabellón hasta que me levanté justo antes de que terminara el horario de la cena. Mi plan era ir al comedor lo más tarde posible para reducir las probabilidades de cruzarme con esa persona a la que ni quería ver.
Sin embargo, mi plan se truncó desde la misma entrada del comedor. Ryu Eun-seok estaba parado frente a la puerta, con una postura media chueca y las manos metidas en los bolsillos del pantalón.
Sin siquiera cruzar mirada con él, marqué mi carné universitario en el quiosco. En cuanto agarré mi bandeja y caminé hacia la zona de servicio, Ryu Eun-seok se me pegó al toque. De reojo, vi cómo se servía los acompañamientos. ¿Acaso todavía no había cenado?
Pero no me molesté en preguntar. Que Ryu Eun-seok comiera o no, no era asunto mío. Sin voltear ni una sola vez, caminé hacia una mesa vacía junto a la ventana.
Él me siguió hasta allá y, bien conchudo, ocupó el asiento frente al mío. De verdad que parece que no soporta comer solo. Me sentía sofocada con ese tremendo cuerpo bloqueando mi vista, pero no solté ni una palabra; simplemente no quería darle pie a nada.
Éramos de la misma promoción, pero desde que entramos a la universidad casi ni habíamos cruzado palabras. Para ser franca, hasta me parecía increíble que se hubiera acordado de mi nombre después de tanto tiempo.
En medio de todo eso, terminé enterándome de su secreto sin querer, me echaron la culpa de andar esparciendo chismes y terminé ayudando a un tipo que decía que no podía comer solo. Para no ser cercanos, ya nos habíamos enredado demasiado.
Así que ya era hora de que todo volviera a la normalidad. Si Ryu Eun-seok decidía andar solo o no, era su problema. Yo no tenía ninguna obligación de meterme.
—Perdón.
Ryu Eun-seok, que estaba picoteando la comida frente a mí, habló por primera vez. Me sorprendió que soltara una disculpa, pero no levanté la cabeza y seguí comiendo en silencio.
—No era mi intención burlarme de ti ni ponerte en aprietos.
El hombre dejó los cubiertos por completo sobre la mesa.
—Es que… ese superior Ju Seung-jae siempre para tirándole maicito a cualquiera, verlo haciendo eso hoy me dio un poco de cólera.
A medida que yo apuraba el paso para terminar de comer, las excusas de Ryu Eun-seok salían cada vez más atropelladas.
—No, o sea, no digo que tú seas una ‘cualquiera’, sino que pensé que te podías sentir mal y quise ayudarte por adelantado.
La voz de Ryu Eun-seok se fue haciendo cada vez más bajita. Hizo un ruido con la garganta, carraspeó y continuó:
—Sé que eres inteligente y que habrías sabido manejarlo bien tú sola, pero en ese momento no lo pensé y me metí. Perdón.
Terminé de comer después de tomarme la mitad de la sopa de col y miso. Recién ahí levanté la mirada hacia él.
—No tienes por qué pedirme perdón.
Ante mi respuesta tajante, los hombros anchos de Ryu Eun-seok se sacudieron ligeramente.
—¿Desde cuándo somos tan cercanos como para que te preocupes por esas cosas? No te metas.
Él andaba mencionando heridas que yo ni sentía, pero parece que el que terminó herido fue Ryu Eun-seok. La comisura de sus labios se cayó un poco.
—¿Cómo que no somos nada? Somos compañeros de facultad y también…
El hombre empezó a darle vueltas a la cabeza buscando un adjetivo para definir nuestra relación.
—Eh, somos compañeros de facultad, y… bueno…
Pero Ryu Eun-seok se quedó repitiendo lo mismo como un radio malogrado. Yo no le respondí nada y me levanté para irme.
—¡Pero si hasta hemos comido juntos!
añadió él con tono tosco, mientras me seguía cargando su bandeja a la que apenas le había dado un par de bocados.
—Gracias por la comida.
Dejé la bandeja en el mostrador de devolución y me serví un vaso de té de ciruela frío que daban de postre. Luego, pasé de largo de Ryu Eun-seok sin siquiera despedirme.
—Oye, Sang-hee.
Volvió a llamarme quitándole el apellido. Al mediodía lo hizo para lucirse frente a Ju Seung-jae fingiendo confianza, pero ahora no tenía idea de cuál era su objetivo.
Sin embargo, tuvo efecto porque mis pies se detuvieron por inercia. Ryu Eun-seok logró alcanzarme.
—No volveré a meterme de esa forma tan maleducada. Así que ya no estés molesta.
Ryu Eun-seok y yo no éramos nada. Él mismo no pudo dar otra definición que no fuera ‘compañeros de facultad’.
Lo de hoy ni siquiera podía llamarse ‘pelea’. Esa es una palabra que se usa para gente que ya era cercana, como él y Park Tae-hyun. Pero el hombre estaba demasiado empeñado en que aceptara sus disculpas.
—¿Por qué te esfuerzas tanto?
le pregunté, sin poder aguantarme la curiosidad.
Un ligero rubor apareció en los pómulos de Ryu Eun-seok.
—No, es que… como yo hice que te sintieras mal, me siento muy culpable y quiero que se te pase el fastidio…
—¿Tanto miedo te da comer solo?
Ryu Eun-seok me miró de arriba abajo con la palabra en la boca. No sé si le di en el clavo o si había otra razón, pero no pudo responder nada.
Lo dejé ahí parado y subí por las escaleras del lado este. Él me siguió con cara de apuro, como si todavía tuviera cosas que decir.
Pero el ala este de la residencia era el pabellón exclusivo de mujeres. Los hombres tenían prohibida la entrada.
—¿Hasta dónde piensas seguirme?
Cuando me detuve y le pregunté eso, recién se dio cuenta de por dónde estaba subiendo. Con cara de vergüenza, bajó los escalones y se quedó mirándome desde abajo mientras yo me alejaba.
Al menos por hoy, Ryu Eun-seok no me dio ni un poquito de pena.
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