Registro de Campus - 8
Me tomé un momento para pensar antes de responder. ¿Debía negarlo todo y proteger el orgullo de Ryu Eun-seok? ¿O mejor le hablaba con la verdad, ya que parecía que de todas formas se había dado cuenta?
—Ponte a pensar en todo lo que has hecho frente a mí.
Llorar a moco tendido porque su familia se fue a la quiebra, amenazarme de forma monse con denunciarme, pedirme casi entre lágrimas que le enseñe cómo andar solo en la universidad, estar todo bajoneado comiendo solo en el comedor…
Bajo la luz amarillenta de la cafetería, los pómulos de Ryu Eun-seok se tiñeron de un tono rojizo. Mientras guardaba su billetera a la fuerza, estiró un poco el labio y luego volvió a su sitio.
—Es verdad.
Sin embargo, Ryu Eun-seok asintió sin hacerse problemas.
—Fui un patético.
No pensé que lo admitiría tan fácilmente.
—Ni yo mismo pensé que iba a caer tan bajo.
En la cafetería, las risas y las conversaciones de los estudiantes eran tan fuertes que sentía que me reventaban los oídos, logrando que la música de fondo ni se escuchara. Aun así, el lamento autocrítico de Ryu Eun-seok se me clavó clarito en el tímpano.
Justo cuando estaba buscando qué decirle sin saber qué responder…
—¿Ah? Pero si es Eun-seok.
Al final de la larga cola frente al mostrador, apareció un grupo conocido. Eran los chicos que siempre paraban de arriba abajo con Ryu Eun-seok, como si fuera su líder.
—Oye, ¿por qué no contestas desde ayer?
Park Tae-hyun le puso el brazo sobre el hombro y le sacó conversación. Ryu Eun-seok no sonrió como de costumbre, ni respondió de forma amable.
—No me digas que es por lo que te preguntó Woojin ayer.
Era obvio lo que le habrían preguntado. Parece que ayer, después de escuchar los chismes de esos amigos, él vino a reclamarme a mí.
—Ya pues, Ryu Eun-seok. ¿Qué tiene que un estudiante no tenga plata? Todos nosotros somos unos misios, compadre. Tú eras el único especial hasta ahora.
—Claro. A veces se está arriba y otras veces se cae, pues. Dicen que el que fue rico, algo le queda para tres años. Ya pues, consíguete una chamba rápido para que sobrevivas.
—Todos nos dimos cuenta desde que el pata que nos invitaba omakase de carne Wagyu empezó a comer en el comedor de la facultad. Hubieras hablado con la verdad nomás. Así nosotros nos hubiéramos turnado para invitarte.
¿Ryu Eun-seok de verdad consideraba amigos a estos tipos como para andar llevándolos a comer rico? Por lo visto, tenía pinta de ser un ‘pavo’. Incluso ahora que su billetera estaba flaca, me invitó un café; parece que se acostumbró a mantener sus relaciones sociales de esa manera.
—Váyanse a la mierda.
Ryu Eun-seok, que había estado escuchando callado las estupideces de sus amigos, soltó la voz por primera vez.
—…… ¿Qué?
La mano de Park Tae-hyun, que rodeaba el hombro de Ryu Eun-seok, se resbaló lentamente.
—Lo que escucharon. Me llega al pincho que ustedes mismos me pregunten si mi familia se fue a la quiebra.
Ryu Eun-seok miró a sus amigos y soltó una risa nerviosa.
Esa imagen de él siempre sonriendo amable frente a la gente, o la de él sollozando bajo el árbol de acacia… ambas estaban lejísimos del Ryu Eun-seok de ahora.
—Sí, quebró. Quebró todito y estamos a punto de quedarnos en la calle. Ahora comer en la facultad es un lujo y tengo que almorzar un onigiri de la tienda. El próximo ciclo voy a pedir licencia para trabajar y hacer plata.
Ryu Eun-seok, que antes evitaba la realidad fingiendo que no pasaba nada e incluso diciendo mentiras, lo soltó todo sin asco. Los chicos se miraron entre ellos, todos palteados.
—Y los imbéciles que pensaba que eran mis amigos, están felices porque mi casa se fue a la ruina y andan rajando de mí por la espalda. Viendo que ni se acuerdan de toda la plata que gasté en ustedes, siento que he desperdiciado mi vida; me da una depresión de mierda.
El vibrador de pedido en la mano de Ryu Eun-seok empezó a sonar. El lugar se quedó tan callado en un segundo que ese ruido se escuchaba fuertísimo.
—¿Ya están contentos?
Ryu Eun-seok recogió los cafés y me puso uno en la mano. Sus dedos me rozaron un poquito y estaban helados como un hielo.
—De ahora en adelante, si tienen curiosidad por saber cómo está mi familia, vengan y pregúntenme de frente. No anden hablando estupideces como unos cobardes por atrás.
Ryu Eun-seok dejó ahí parados a sus amigos, que se quedaron mudos como si hubieran comido manteca, se fue. Yo sé que en momentos así, si dejas que alguien se vaya solo, se termina sintiendo de lo más miserable. Así que agarré mi café y salí apurada tras él.
Ni Ryu Eun-seok ni yo dijimos nada mientras caminábamos hacia el pabellón de Administración. El verde intenso de los árboles proyectaba sombras sobre la vereda, pero no era suficiente para tapar el aire que ya se estaba poniendo bochornoso. El vaso de plástico empezó a llenarse de gotitas de agua.
El Ryu Eun-seok que yo conocía era un hombre al que todos buscaban, que no odiaba ser el centro de atención, que cambiaba el ambiente con una sola sonrisa y que creaba jerarquías de forma natural con las cosas que poseía.
Por eso, este Ryu Eun-seok con los ojos llorosos, o el que se ponía a pelear con sus amigos soltando lisuras, o este que ahora caminaba callado y deprimido, me resultaban totalmente extraños.
—La mitad es mentira.
Ryu Eun-seok, que caminaba mirando al frente, soltó eso de la nada. Como no entendí qué quería decir, lo miré hacia arriba; él se puso el vaso frío en la mejilla y murmuró:
—Es verdad que ando deprimido estos días, pero no estoy al nivel de tener que comer solo un onigiri diario.
La cara de Ryu Eun-seok seguía mirando hacia adelante, pero sus ojos se movían de reojo hacia mí.
—Puedo seguir yendo a la universidad. Y todavía me alcanza para invitarte un café en señal de agradecimiento, así que no te tomes tan a pecho lo que dije hace un rato.
Parece que lo soltó por la cólera de escuchar las burlas de sus amigos. Menos mal, porque ya me estaba sintiendo mal por el café que tenía en la mano; ahora que sabía que no estaba tan grave, sentía que ya podía morder la cañita tranquila.
Yo tenía clase en el primer piso y él en el segundo. Pero él no subió las escaleras de frente, sino que se quedó dando vueltas ahí mismo.
—Hong Sang-hee.
De pronto me di cuenta de que últimamente mi nombre salía mucho de su boca.
—Atiende bien a tu clase.
Ryu Eun-seok levantó la mano a medias y la bajó de inmediato. Su mirada, que venía hacia mí, se desvió sutilmente.
—Ya. Tú también.
Le devolví el saludo y me di la vuelta.
Me vino a la mente el pensamiento de que mi nombre estaba siendo mencionado con mucha frecuencia por una sola persona.
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Por fin, el pronóstico decía que llovería este miércoles. Esa combinación de día de semana con lluvia hacía que la gente que iba a los parques de diversiones bajara drásticamente. Justo ese día solo tenía una clase, así que me pareció perfecto ir a Yongin por la tarde para ver a la familia de pandas.
No podía ocultar mi emoción mientras revisaba el material de la clase, que estaba lleno de gráficos complicados. Ya que estaba por allá, pensaba comprarme unos stickers nuevos para pegarlos en mi agenda.
Estaba ahí, toda orgullosa armando mis planes en mi cabeza, cuando de pronto alguien me hincó la espalda. Me reventó ese toque tan repentino, pero traté de no arrugar tanto la cara y volteé.
Como ya estábamos a mitad del ciclo, los asientos de todos ya estaban más o menos fijos. Por eso, el alumno de ciclos superiores que se sentaba detrás de mí ya me resultaba conocido.
No sabía su nombre, pero sí que era de la misma promoción que Kim Do-wan. El tipo, que siempre paraba en polera a pesar de tener una cara que lo hacía ver mayor, fue el mismo que la semana pasada me preguntó de frente si la familia de Ryu Eun-seok había quebrado.
—¿Tú eres Hong Sang-hee?
Parece que, después de andar intercambiando información errónea entre ellos, por fin se enteró de que yo era Hong Sang-hee. Asentí con la cabeza.
—¿Llevas Ética Empresarial, no?
—Sí.
—¿Profesor Kim Ki-jung volvió a dejar tarea de estudio de casos? ¿Verdad?
—Sí.
A medida que seguía la conversa, no me quedaba claro qué rayos quería el tipo.
—A ese profe no le satisfacen los casos que uno encuentra así nomás en internet.
¿Y eso qué? ¿Se está luciendo? Normalmente capto al toque qué es lo que quiere la otra persona, pero ahora no tenía ni idea de por qué me estaba hablando.
—Yo llevé ese curso el año pasado. Tengo varios casos del extranjero que busqué y me sobraron algunos que están buenos.
Mientras el tipo se soltaba hablando de lo genial que era, su amigo, que estaba al lado, se tapaba la boca con la palma de la mano. Era obvio que se estaba aguantando la risa. Al toque me sentí incómoda.
—Si quieres te paso algunos. Yo saqué A+ en ese curso.
Como era de esperarse, la desconfianza asomó la cabeza. Nadie en este mundo te regala lo suyo por pura buena gente.
Incluso meter un sol en la lata de una colecta es por pura satisfacción personal. Entonces, ¿qué ganaba este tipo regalándole material de estudio a una de ciclos menores que hasta la semana pasada ni sabía quién era?
—¿Por qué?
Solté la pregunta de cajón. El tipo se puso rojo como un tomate, como si le hubiera dado un golpe de calor, el amigo que estaba sentado al lado se tiró sobre la carpeta y no paraba de sacudirse de la risa.
—¿Quién es usted para darme algo así?
—No, o sea, yo…….
En ese momento, alguien soltó su mochila de porrazo en el asiento vacío que estaba a mi lado.
Levanté la vista y vi a Ryu Eun-seok, con una gorra negra bien puesta, mirando fijamente al tipo. Tenía los labios apretados y se le veía bien descontento.
Pronto, sus ojos brillantes se dirigieron a mi cara.
—Hola.
Como hace tiempo no me saludaba así de cariñoso, se me pasó el tren para responderle. Mientras yo me quedaba ahí pestañeando como una tonta, Ryu Eun-seok se sentó de un tirón a mi lado.
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