Registro de Campus - 66
—Laralaralá, somos esclavos del trabajo, laralá.
Shim Chan-mi tarareaba la canción del comercial que ya se nos había pegado de tanto ver el mismo video una y otra vez. Por cómo se le iba la mirada, se notaba que ya estaba harta de estar sentada. Como a ella y a mí nos tocó armar el PPT, nos citamos en un café por la puerta trasera de la u con la idea fija de terminar rápido. Llevábamos más de una hora pegadas a la laptop, chequeando la información que habían mandado los otros del grupo.
—¡Ay, caracho! ¿Qué le pasa a Joo Seung-jae?
Chan-mi frunció el ceño con ganas.
—Se ha copiado todo de ChatGPT, así de descarado. Mira, por si las dudas le pregunté a la IA y me respondió exactamente lo mismo.
Los textos que mandó Seung-jae apestaban a IA desde lejos por esa estructura tan tiesa que tienen. Decía que no iba a ser un ‘vago’ en el grupo, pero ni siquiera tuvo la delicadeza de parafrasear lo que botó el algoritmo.
—Y así todavía tiene la concha de decir que él quiere exponer. Para pararse ahí adelante hay que saber del tema, pues.
Chan-mi seguía rajando mientras se zampaba su queque con crema. Con la rabieta que se estaba metiendo, era lógico que necesitara su dosis de azúcar.
—Ya, deja lo de ese pata y mejor chequea lo de Ryu Eun-seok.
Le pasé los archivos que yo estaba revisando. Estaban impecables, bien organizados, casi parecía un informe profesional.
—Oye, pero… ¿ese pata siempre ha sido así de ‘creído’ o es mi idea?
—Chan-mi se inclinó hacia mí bajando la voz.
Sentí que el corazón me daba un brinco. Por fin alguien decía en voz alta lo que yo me venía guardando toda la semana.
—De la nada se la da de todo un caballero, de ‘bien portado’. Ay, no sé, me da cosa, me pone la piel de gallina.
No era la única que pensaba que Seung-jae estaba raro. Sentí un corrientazo de emoción: se venía el raje rico.
—Antes de que yo pidiera licencia, el tipo era de lo más normal, del montón. Eso sí, había el rumeo de que siempre andaba gileando a todas las cachimbas (nuevas) que encontraba. Se la daba de gran cosa, puro floro y pose. Pero cuando lo conoces de verdad, ya sabes cómo es, ¿no?
Entendí perfectamente a qué se refería. Seung-jae era de los que por chat se hacía el canchero. Pero no era porque quisiera hablar conmigo de verdad; más bien parecía que lanzaba el anzuelo a varias a ver cuál picaba. Cuando yo le respondía por compromiso, me mandaba links de Reels o Shorts que ni daban risa, o se ponía a contarme su vida sin que nadie le preguntara. Cero gracia, el pata siempre estaba fuera de foco. Pero cuando lo tenías cara a cara, era otra persona totalmente distinta al que te llenaba el WhatsApp de burbujas blancas. Incluso para decirme que me iba a pasar unos exámenes pasados se ponía nervioso, cuando una vez me trajo un jugo de fresa, se puso tan palta que a mí me dio más vergüenza ajena recibirlo. Seguro que no fui la única que pasó por eso.
—¿Te acuerdas cuando fuimos a comer pasta todos juntos? Desde ahí lo siento como otra persona. El Seung-jae que yo conozco se hubiera achicado frente a Eun-seok, no hubiera dicho ni ‘michi’. Pero ahí lo veías, dándosela de hermano mayor, queriendo exponer… La verdad, hasta Eun-seok debe haber pensado que es un payaso.
Con lo que decía Chan-mi, el cambio de Seung-jae ya tomaba forma de algo bien turbio.
—Me puse a pensar qué le habría pasado mientras yo no estaba. Para que alguien cambie así de la noche a la mañana, tiene que haberle pasado algo fuerte, ¿no?
De pronto, sentí que ella era la persona perfecta para contarle mi teoría. Saqué mi cuenta rápido en la cabeza y solté la bomba:
—Yo creo que ese pata está tratando de imitar a Ryu Eun-seok.
—¿Ah?
Chan-mi puso cara de no entender nada, como si le hubiera hablado en chino.
—¡Ah…!
—Pero al toque se le prendió el foco y abrió unos ojazos.
—¡Oye, verdad! ¡Tienes razón! Ese afán de sonreír como si fuera ‘buena gente’ y hablar todo tierno… ¡es igualito a Eun-seok!
Rajarse de alguien por la espalda está mal, pero qué bien se siente cuando alguien confirma tus sospechas. En ese momento, sentí una conexión instantánea con Chan-mi.
—¿Pero por qué lo imitaría? Ni que el otro fuera un Idol.
—Porque es popular, pues.
dije lo más obvia posible. Pero Chan-mi seguía dudosa.
—Si quería imitarlo, mejor que se copie su ropa. Ay, qué asco, ahora que lo dices me da un escalofrío horrible pensar que Eun-seok es su ‘modelo a seguir’. ¿Cómo no me di cuenta antes?
Chan-mi se frotó los brazos como si tuviera frío.
—¿Pensará que imitando a Eun-seok se le va a pegar un poco de su fama con las flacas?
Me acomodé y mordí el sorbete. Tenía que jugar bien mis cartas; si me ponía muy intensa o muy indiferente, iba a sonar sospechoso.
—Eun-seok estaría feliz de que se la lleven. Desde que entramos, ha habido tantas chicas detrás de él que el pobre para más estresado que otra cosa.
—¿Y eso?
—Es que como a donde sea que fueramos todos buscaban a Eun-seok, los otros patas se sentían como unos ‘sobras’. De frente le hacían la patería, pero por la espalda lo rajaban parejo. Y con lo mosca que es él, fijo que se daba cuenta.
Se me soltó la mano con la que estaba moviendo el sorbete. Que a mucha gente le caía mal Ryu Eun-seok era algo que yo ya sospechaba antes de hacerme su amiga. Pero escucharlo así, de boca de otra persona, hizo que se me cerrara el pecho y me doliera el bobo.
‘Estar bajoneada’ sería la frase exacta para cómo me sentía.
Incluso si me dijeran que a mí me están rajando como chicle, no me sentiría tan mal. Preferiría mil veces estar celosa porque él es muy popular a tener que imaginarme a un grupo de tipos juntándose para hablar pestes de él por pura pica. Me hervía la sangre.
—Patas como Park Tae-hyun lo seguían como sombritas solo para ver qué provecho sacaban. Pero, ¿te enteraste que en la última fiesta de fin de ciclo casi se van a las manos? Ahí se le salió su verdadera cara, pues.
Me mordí los labios al recordar a ese tipo que trató a Ryu Eun-seok como si fuera un don nadie esa vez. Y luego me acordé de que ese infeliz andaba en el mismo grupo que Kim Do-wan y Joo Seung-jae. Respiré hondo y mastiqué un hielo para calmar la cólera que me subía desde la panza.
—Como sea, la envidia de los hombres es cosa seria. Siempre dicen que las mujeres somos las celosas, pero para ser mezquinos y ‘reducidos’, nadie les gana a ellos.
Asentí con fuerza. Malos tipos. Eun-seok siempre los trató con toda la amabilidad del mundo. Me daba una rabia loca que no pudieran controlar su complejo de inferioridad y que se juntaran como cobardes para rajar por lo bajo. Si les caía mal, que se lo digan en la cara, pues.
Pero lo que más me dolía y me fregaba era saber que Eun-seok estaba al tanto de todo lo que hacían a sus espaldas.
‘Es que tú no me ves como un simple adorno’.
La verdad, yo no tenía cara para recibir ese cumplido. Yo también, al verlo con todo lo que tiene, pensaba: ‘qué fácil la tiene’, a veces hasta me daba cólera. Me moría de la vergüenza al recordar cuando él vino a pedirme ayuda para aprender a andar solo en la u y yo me puse toda sobrada a darle consejos.
En cambio, ¿cómo fue él? Aceptó sin paltas que le daba roche que dijeran que su familia estaba quebrada, no ocultó que le daban ternura los pandas y me abrió su corazón diciéndome que ‘solo conmigo era así’. Al menos conmigo, Ryu Eun-seok fue transparente, sin poses. ¿No debería yo esforzarme por estar a su altura?
—Ya, esto yo lo termino en mi casa y te lo mando.
Chan-mi era una trome para los trabajos. Trabajaba rápido, era decidida y tenía buen gusto. Qué distinto hubiera sido si me hubiera tocado con ella desde el principio.
—¿Tienes más clases?
—No, ya terminé por hoy.
—Entonces, acompáñame a comprar un bloqueador, ¿ya?
No supe qué responderle al toque. Hacía tiempo que no salía así con alguien de la u y me sentía media rara. Cuando recién entré a la universidad, me forcé a hacer vida social y paraba con el grupo para todos lados. Más de una vez tuve que aguantarme los bostezos mientras las otras chicas veían maquillajes. Al final, al mes mandé todo a rodar y me quedé sola. No me molestaba, pero a veces sí me sentía un poco ‘caída’. Me preguntaba de qué se reirían tanto esos grupos que veía por ahí.
—Ya, vamos.
Acepté y guardé mis cosas. Ir a comprar un bloqueador hoy no significaba que ahora íbamos a ser ‘uña y mugre’ y andar pegadas todos los días. Además, Chan-mi era de las que si le decía que no, me iba a decir ‘ya, fresh, nos vemos mañana’. Cero presión.
Hoy, después de tiempo, hice el recorrido típico de ‘amigas’. Primero vimos cosméticos, luego fuimos a esa tienda de cosas baratas donde venden de todo y recorrimos los cuatro pisos. Al final, entramos a un local de esos de máquinas de peluches que han puesto por la puerta trasera.
Chan-mi caminaba recontra rápido y me estaba dejando sin aire, pero curiosamente no tenía ganas de irme a mi cuarto todavía. Tuve que admitir que, muy en el fondo, me moría por hacer estas cosas con una amiga.
Le mandé una foto a Ryu Eun-seok, que estaba en clase, de un peluche que estaba atrapado en la máquina. Era un conejo con disfraz de panda; ese era mi objetivo. Pero los 5 soles que le metí se fueron al agua. Estaba ahí pensando seriamente si meterle más plata o si era mejor ahorrar y comprarlo por internet, cuando sentí que alguien me miraba fijo.
Pensé que era Chan-mi que me estaba chequeando, pero cuando volteé, era Kwon Ga-ram la que estaba ahí parada.
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