Registro de Campus - 64
—¡Ah…!
Mis oídos se quedaron embotados, como si estuvieran sumergidos bajo el agua. Mientras su lengua me succionaba con un sonido húmedo, arrebatándome todos los sentidos, el dolor que sentía en el bajo vientre se fue perdiendo a lo lejos.
Aunque sentía que ya estaba completamente llena, Ryu Eun-seok movió la cintura con parsimonia y empujó su miembro un poco más al fondo. Sus gemidos, mezclados con saliva, se derramaban contra mi oído. Yo, estremecida, giré la cabeza hacia el lado opuesto.
—Ha, um…
A Ryu Eun-seok no le importó y siguió recorriendo toda mi oreja con la lengua, removiéndola. Su torso me aplastaba sin piedad, al punto de dejar mis pechos totalmente comprimidos contra él.
En medio de esa falta de aire, el contacto piel con piel, sin un solo milímetro de espacio, me dio primero una sensación de seguridad. Al parecer, mi tendencia a preferir los rincones apretados se aplicaba incluso en una situación como esta.
El movimiento de su cintura se hizo más rápido. Cada vez que me embestía, sentía con total claridad el tamaño de la cabeza y el grosor de su miembro. Poco a poco, más que dolor, la sensación de cómo hurgaba y raspaba mis paredes internas se volvió vívida. Me inundó la preocupación: ‘¿Estará bien mi cuerpo con ese tamaño tan bestial atravesándome?’, ‘¿Es normal que mi temperatura suba tanto?’.
Ryu Eun-seok soltó mi oreja y levantó el torso. Su cuerpo, cultivado con ejercicio diario, estaba lleno de músculos bien definidos. Me quedé mirando cómo las gotas de sudor resbalaban entre sus pectorales gruesos; me sentí como una voyerista.
Y al ver sus facciones tan marcadas justo encima de mí, estuve a punto de soltar un suspiro de admiración otra vez.
Esa forma de echarse el flequillo mojado hacia atrás, cómo se le marcaba la mandíbula por morderse los dientes intentando controlarse, la forma en que su mirada se clavaba directo en mi cara… Ese hombre, que me hacía dudar si era posible estar tan satisfecha, parecía un ser creado exclusivamente para mí.
Me pregunté si Pigmalión se habrá sentido así.
Cuando mi pensamiento llegó a ese punto, ya no le guardaba rencor a Ryu Eun-seok por haberme hecho doler. Solo quería estar pegada a él, aunque sea un poquito más. Podía aguantar esa presión punzante entre mis piernas.
—Haa, agarra así.
Ryu Eun-seok tomó mis manos e hizo que apretara mis propios pechos. Mis senos se juntaron hacia el centro, alzándose de forma redonda. No tenía idea de qué otra perversión se le ocurriría.
El hombre se inclinó tal cual y hundió la cara en mi carne suave. Movía la cabeza de un lado a otro, ocupado dándome besos sonoros. Se veía casi pecaminoso cómo sacaba la lengua para lamer mis pezones.
—Estás para morir de lo linda que eres.
Desde hace un rato no paraba de repetir que era hermosa y linda como si fuera un mantra; me moría de la vergüenza. Mientras su lengua se movía de la forma más sucia posible, las palabras que salían de su boca chorreaban miel.
Intenté jalar la almohada que estaba al lado para cubrirme la cara. Pero Ryu Eun-seok embistió con fuerza hacia arriba y ni siquiera pude estirar la mano.
—¡Heung!
Ryu Eun-seok seguía prendido de mi pezón mientras sacudía la cintura con fuerza. Por encima de su cabeza, podía ver sus glúteos moviéndose frenéticamente. Sus testículos, cargados de semen, golpeaban contra mi vulva provocando un sonido de fricción de lo más vulgar.
—¡H-heung, ah…!
Al darse cuenta de que ya no me dolía, Ryu Eun-seok se concentró solo en hurgar profundamente en mi interior. Por la fuerza de sus embestidas, mi cuerpo terminaba empujado hacia la cabecera de la cama.
Mis manos, que antes apretaban mis pechos, perdieron la fuerza. Me quedé inmóvil, con el cabello desparramado sobre la almohada. Lo único que podía hacer era sacudirme al ritmo que él me penetraba.
—Fuu… ¿todavía te duele?
Lanzó la pregunta, pero yo no tenía espacio para responder. Mi boca estaba llena de jadeos y gemidos que se me escapaban. Si me dolía o no, ya no importaba.
Ryu Eun-seok metió la mano entre nuestros vellos púbicos enredados. En cuanto sus dedos rozaron mi clítoris, mi cintura se elevó por todo lo alto. Mi carne sensible dio un respingo.
—¡Ah-eung…!
Grité como si fuera a perder el conocimiento y apreté las piernas con fuerza. Mis paredes rugosas mordieron y succionaron su miembro que entraba sin freno. Aunque intentaba abrir los párpados, mi visión estaba tan nublada que no podía ver bien la cara del hombre que estaba encima de mí.
—Ah, me voy a venir.
Nuestra piel húmeda chocaba con un sonido pastoso. Los labios de Ryu Eun-seok se hundieron en la piel delicada de mi clavícula. Su aliento cálido y pesado se acumuló ahí.
—Me quiero venir. Creo que soy un precoz. Pucha, cómo m… voy a aguantar esto.
Murmuraba como un loco mientras seguía dándole con la cintura. La velocidad con la que destrozaba mi interior era más rápida que sus palabras. Nunca antes había sentido con tanta fuerza el significado de la palabra ‘atravesar’.
Ryu Eun-seok se apoyó con las manos a los lados de mi cabeza y levantó la vista. Mientras su lengua invadía mi boca, su miembro golpeaba corto y profundo mis paredes internas. El sonido de los golpes retumbaba desde abajo, donde nuestras cinturas estaban pegadas.
De pronto, la punta de su glande raspó un punto específico. Mi cuerpo, que estaba lacio, se puso rígido. Mis pupilas se dilataron y mi respiración agitada se cortó de golpe.
Ryu Eun-seok también notó mi reacción extraña.
—¿Es aquí?
No sabía a qué se refería con ‘aquí’. No me quedaban fuerzas para entender la pregunta. Mientras él me observaba fijamente y seguía raspando el mismo lugar, yo solo podía temblar una y otra vez.
—¡Ah, h-heung!
—Acá es, de hecho.
Ryu Eun-seok sonrió de oreja a oreja, como quien por fin halla la respuesta a un problema que le rompía la cabeza. A diferencia de su rostro radiante, debajo del ombligo seguía pegado a mí con pesadez, embistiéndome con un sonido húmedo y constante.
—Uff, y-ya basta…
Una excitación que sobrepasaba mis límites me inundó como una ola. Su miembro, habiendo encontrado el punto exacto, no dejaba de golpear ese clímax al que mis propios dedos nunca podrían llegar.
Todo era demasiado estimulante. El roce de mi clítoris contra su vello púbico áspero entre mis piernas abiertas, sus gotas de sudor cayendo desde su frente hasta mis mejillas, el vaivén del colchón al ritmo de sus estocadas… todo era difícil de soportar.
—¡Ha-eut!
Se me encogieron hasta los dedos de los pies. Un orgasmo violento me recorrió de pies a cabeza. Mis paredes internas tuvieron espasmos mientras apretaban su miembro; era algo que no podía controlar. Todo mi cuerpo vibraba y mi visión parpadeaba por instantes.
—Ah, m…
Ryu Eun-seok soltó un gemido distinto a los anteriores. Mi cuerpo, ya sin fuerzas, se sacudía débilmente con cada uno de sus cortes de ritmo.
—H-heuk.
Jadeando con fuerza, el hombre se desplomó sobre mí. Sentí el latido de su glande clavado en lo profundo de mi interior. Su espalda, empapada en sudor, subía y bajaba con pesadez.
Parece que quería estirar el momento, porque Ryu Eun-seok seguía empujando la cintura con lentitud. Su miembro, que no perdía la dureza ni después de eyacular, recorría minuciosamente mi interior. El dolor de la penetración se había ido por completo, dejando solo un calor pegajoso.
—Oye, ¿hasta cuándo vas a seguir?
Sé por sentido común que se puede hacer varias veces en una noche. Lo que yo quería saber era dónde terminaba exactamente ‘una vez’. Parecía que la ‘primera vez’ de Ryu Eun-seok todavía no llegaba a su fin.
—¿Por qué? ¿Estás cansada?
—Sí…
De pronto, él puso fuerza en sus brazos y piernas y me abrazó con todas sus ganas. De por sí ya pesaba una barbaridad por puro músculo, con ese apretón por todos lados sentí que me faltaba el aire.
—¿Por qué eres tan linda?
Iba a soltar un resoplido pensando en qué tonterías decía, pero su lengua se metió primero en mi boca. Me lamió suavemente la parte interna de la mejilla y luego succionó mi lengua con fuerza.
—Eres tan blandita. Demasiado suave.
Luego, me apretó los pechos y empezó a frotar toda su piel contra la mía moviéndose de un lado a otro. Nuestras pieles, pegajosas por la saliva y los fluidos, se pegaban y despegaban con un sonido húmedo. Como un gato que marca con su olor a la persona que le gusta, Ryu Eun-seok no dejaba de refregarse contra mi cuerpo, poniéndome nerviosa.
—Ah, pesas.
—Entonces levántate. Arriba.
Me tomó de las manos y me hizo sentar de un tirón. En ese momento, su miembro, que seguía incrustado, salió por completo. Parecía que yo era la única que se moría de vergüenza al ver la punta del condón llena de semen blanquecino.
—Ven aquí.
Se levantó todo imponente, agarró otro condón y me jaló de la mano. Yo, que estaba más lacia que nunca, tambaleé apenas puse los pies en el suelo.
—¿A-a dónde vamos?
Ryu Eun-seok me cargó en peso y caminó hacia el ventanal. Ahí se reflejaban no solo nuestros cuerpos desnudos, sino también todas las luces de la zona de la Plaza de Seúl. Me desesperé e intenté zafarme, pero no pude contra su fuerza.
—¡Oye! ¿Estás loco?
—Era mi fantasía.
Me bajó y me puso de espaldas, obligándome a mirar hacia la ventana. De nada sirvió que cerrara los ojos con fuerza. Por la presión que él ejercía, mis pezones terminaron rozando el vidrio helado.
—Ay… qué clase de fantasía es esta…
Obviamente, mi queja no le hizo ni cosquillas. El hombre, que claramente ya había perdido el juicio, se pegó a mi espalda y metió la mano directo entre mis muslos.
Ese día, no dormimos nada.
Nos pasamos al sofá, luego, con la excusa de lavarnos en el baño, le dimos otra vez hasta que se nos arrugaron las yemas de los dedos. Al despertar por la mañana, aprovechamos al máximo el tiempo que nos quedaba en el hotel antes de desayunar e irnos a la universidad.
Al menos le agradezco a Ryu Eun-seok que me dejara comer el desayuno hasta quedar satisfecha.
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