Registro de Campus - 63
No me quedaban muchas opciones. En vez de quedarme ahí parada, calata en medio del cuarto, era mejor meterme a la cama al toque y taparme con la colcha. Pero antes de que pudiera hundirme entre las sábanas bien estiraditas, una sombra enorme se proyectó sobre mi cuerpo.
Ryu Eun-seok se sentó ligeramente sobre mi bajo vientre. Mi vello púbico le hacía cosquillas en las nalgas y sus muslos, duros como troncos, me apretaban las costillas por los lados. A pesar de que ya se había venido una vez, su miembro no había bajado nada de tamaño y ahora descansaba pesado sobre mi pecho.
Él se apoyó con las manos en la cabecera de la cama y ladeó la cabeza. Entre nuestros labios, que se buscaban con fuerza, se mezcló un sabor distinto al ligero aroma a hierba de antes. Solo de pensar que era el rastro de cuando él hundió la cara entre mis piernas para saborearme, me dieron ganas de esconderme debajo de la almohada.
Mientras nuestras lenguas se enredaban con todo, su punta, que estaba bien húmeda, me mojaba el pecho. ‘¿Tendré que hacérselo yo también?’. Esa pregunta me cruzó la mente y me puse roja solita. Más que asco o cosa, lo que me preocupaba era que se me fuera a desencajar la mandíbula.
Ryu Eun-seok empezó a acomodarse sobre mí, moviendo las caderas. Sentía un peso que me quitaba el aire en el abdomen, mientras su miembro pegajoso resbalaba por mis pechos.
Él separó sus labios de los míos. Su mirada bajó y mis ojos lo siguieron por instinto. Con su mano grande, agarró la base de su miembro y empezó a darme toquecitos con la punta en mi pezón, que estaba bien tieso. La abertura de su punta parecía querer tragarse mi pielcita rosada.
—¿Qué… qué haces?
—Es que eres hermosa.
Ya perdí la cuenta de cuántas veces me ha dicho eso hoy. Al principio pensé que lo decía por decir, de la emoción de estar conmigo, pero a estas alturas ya sospechaba que me estaba tomando el pelo.
—Uf, como eres chiquita, eres más linda todavía.
Como no le respondía, el tipo seguía con sus cosas, cada vez peor.
—Es del mismo color que tus labios.
El líquido transparente que le chorreaba pasó a mi pezón. Él, sujetando su miembro firme, empezó a darle vueltas al pezón con la punta, presionándolo y dándole golpecitos una y otra vez.
—Ay, qué rico es hacerlo en un sitio amplio. En el carro sentía que me iba a volver loco de lo apretados que estábamos.
Al final, puso su miembro en ángulo recto e intentó encajar mi pezón en el huequito de su punta. Era obvio que no iba a entrar ni a balas, pero Ryu Eun-seok seguía ahí, sudando y concentradísimo solo en mi pezón. Tenía unas formas de fregar bien originales.
—De verdad que tú eres cosa seria…
Parece que tomó mi queja como un cumplido, porque se le dibujó una sonrisa de satisfacción. Al final se rindió con lo de encajar el pezón y se agachó para empezar a succionarlo con ganas, saboreando el líquido que él mismo había dejado ahí.
—Deberías, ¡ah!, estar agradecido de que soy una mujer de palabra
le reclamé mientras miraba su cabello suave rozándome el pecho
—Si no fuera así, ya todo el mundo se habría enterado de lo pervertido que eres.
Desde que me agarró el pie en el sauna y se le paró, hasta cuando se puso a masturbarse en el carro mientras me lamía los pechos… nadie se imaginaba lo lujurioso que podía ser este chico en el fondo. Por fuera tenía esa cara de santo que le cae bien a todo el mundo, pero en la intimidad, hasta su forma de respirar era lo más sucio que había.
—No te preocupes. Solo soy un pervertido contigo.
Ryu Eun-seok abrió bien la boca, me atrapó medio pecho y empezó a succionar con fuerza. Sentir cómo su lengua y su paladar se pegaban a mi piel me dio un escalofrío que me recorrió toda la nuca.
—Te he dicho mil veces que solo me pongo así contigo.
Se rió con esa cara de niño bueno y volvió a incorporarse. Sus nalgas se apoyaron en el colchón y me abrió las piernas de par en par. Su mirada, como si hubiera estado esperando el momento, se clavó justo ahí en medio.
Por más que ya me hubiera lamido todita en el baño, que me mirara así, con todo al descubierto, era otra cosa. Traté de jalar la colcha para taparme, pero los dedos de Ryu Eun-seok fueron más rápidos y se hundieron de golpe en mi interior.
—¿Cómo es posible que hasta aquí seas tan bonita?
—¡Ah!
Empezó a hurgarme las paredes internas sin ninguna delicadeza. Giraba los dedos, me rascaba con las yemas y movía la muñeca con rapidez. Por encima del dolorcito punzante, el deseo empezó a subir como una nube de humo.
—Mmm… ah…
Cuando empecé a gemir arqueando la cintura, él dejó de mirar abajo y me clavó los ojos en la cara. Me pareció escuchar que soltó una lisura por lo bajo, pero no estaba segura. Lo que sí fue seguro es que el colchón se hundió y él saltó de la cama de un porrazo.
Corrió al baño y regresó con un montón de cosas en la mano. Lo que tiró sobre mi almohada fueron esos empaques cuadraditos y negros. No necesitaba tener experiencia para saber qué eran.
Me quedé echada mirando al techo, respirando profundo. Yo misma había aceptado venir, así que no tenía sentido querer escapar ahora. Tenía que portarme como una adulta y prepararme.
Pero cuando vi a Ryu Eun-seok rompiendo el empaque y poniéndose el condón en ese mazo de carne, me entró un miedo real. No me podía sacar de la cabeza que eso tenía un tamaño exagerado.
—¿Y si me duele tanto que me desmayo?
Era obvio que a la que le iba a doler era a mí, no a él. Pero como Ryu Eun-seok tampoco tenía mucha idea del asunto, no sabía muy bien qué decirme para calmarme.
—Voy a tratar de que no te duela, te lo prometo.
Se humedeció los labios secos con una cara de arrepentimiento total, pero se notaba que no pensaba dar marcha atrás. Yo tampoco podía hacer mucho, más que relajar el cuerpo lo más que pudiera. Solo me quedaba rezar para que el dolor pasara rápido.
—No basta con que ‘hagas el esfuerzo’. Tienes que dar tu mejor versión.
—Te juro que me voy a esforzar más que cuando di mi examen de admisión.
Recién cuando escuché la promesa de Ryu Eun-seok me tranquilicé un poquito. Inspiré tan profundo que el pecho se me infló.
—Ábrete un poquito más. No veo bien.
Ryu Eun-seok me jaló de las nalgas hacia él. Mis piernas se abrieron tanto que casi lo envolvían, su punta, ya con el condón puesto, empezó a resbalar entre mis labios.
—Ah…….
Ryu Eun-seok soltó un suspiro, como un lamento. Yo, que no podía ver qué estaba pasando abajo, solo movía los ojos de un lado a otro. ‘¿Qué pasa? ¿Hice algo malo?’.
—Sang-hee, de verdad, perdóname.
Su disculpa me sonó a mal agüero. Justo después, sentí una presión que me dejó atontada. Algo romo y duro atravesó mi estrechez y empezó a empujar hacia adentro sin ninguna consideración.
—¡Ahhh…!
Ni aunque alguien me hubiera metido un puñetazo me habría dolido tanto. Por más que me estuve preparando y respirando hondo, el impacto fue tan salvaje que solo pude soltar un grito desgarrador.
—Perdón, de verdad, perdóname
susurraba él una y otra vez, pegando sus labios a mi oído.
—Ya casi entra todo. Te lo juro.
Pero a diferencia de lo que él decía, sentía que ese miembro grueso y largo seguía invadiendo mis paredes internas, que estaban estiradas al límite. Me dio miedo pensar que eso no iba a terminar de entrar nunca.
—Ah, en serio, un poquito más. Uf, perdóname.
Pasó un buen rato hasta que sus testículos chocaron con mi entrepierna, encajando por completo. En todo ese tiempo, yo estaba medio ida por el dolor tan agudo. Ryu Eun-seok me daba besitos cortos y no paraba de repetirme que ‘ya casi’, pero yo ni cuenta me daba, estaba en otra.
—Ya está. Listo, ya entró todo. No más, te lo prometo.
Recién ahí me di cuenta de que tenía los ojos cerrados con todas mis fuerzas. Cuando abrí los párpados, que todavía me vibraban, mi mirada se cruzó de frente con la de él.
—Qué linda eres.
El tipo seguía diciendo cosas que no venían al caso. Pero ya no sentía roche; lo que sentía era una pena inmensa. Se me torcieron los labios, como cuando estás a punto de estallar en llanto.
—¿Qué pasa? ¿Por qué esa cara?
Ryu Eun-seok se puso nervioso; apoyaba la mano en la cabecera, luego me tocaba la mejilla, no sabía qué hacer. Pero eso sí, su parte baja estaba ahí, bien pegada a la mía, sin moverse ni un milímetro. Se notaba que no tenía la más mínima intención de salirse.
—¡Buaaa!
—Oye, Sang-hee. ¿Por qué lloras? ¿Te duele mucho? ¿Sí?
Se me humedecieron los ojos. Es que así es: si estás aguantando las ganas de llorar y alguien te pregunta si estás llorando, ahí sí que te quiebras. A través de mis pestañas mojadas, veía la cara de Ryu Eun-seok, que se había puesto pálida de la preocupación.
—¡Snif!… ¿O sea que solo tú vas a disfrutar?
Sé que mi pregunta no tenía mucho sentido, pero me dio cólera. Los dos queríamos estar juntos y por eso nos subimos a la cama, ¿no? No me parecía justo que solo una persona tuviera que sufrir este dolor tan horrible.
—Solo a mí me duele…
Por mí, le hubiera jalado los pelos y le hubiera pegado en el hombro para que se quitara. Pero si lo hacía, la conexión ahí adentro se iba a mover y me iba a doler más, así que solo me quedó lanzarle miradas de odio.
Ryu Eun-seok me limpió las lágrimas de la comisura de los ojos con el dorso de la mano. Me pareció ver que se le escapaba una sonrisita, pero no estoy segura.
—Ahorita mismo voy a hacer que te sientas bien.
Me empezó a dar besitos en los párpados. Unos simples besos no me iban a quitar el dolor, pero me dio rabia sentir que mi corazón ya se estaba derritiendo de nuevo.
—En serio. Promesa.
Ryu Eun-seok levantó el dedo meñique y, a la fuerza, hizo que mis labios ‘sellaran’ la promesa. Pasó de mi mejilla a mi oreja dándome besos, hasta que de repente me dio un mordisco en el lóbulo. Al mismo tiempo, su lengua resbalosa se metió en mi oído. Y justo en ese momento, sentí cómo le metía fuerza a su cintura.
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