Registro de Campus - 62
—Mmm…
Su lengua, que era gruesa, me llenó la boca por completo y mi grito de sorpresa se quedó atorado. Mientras me asfixiaba con ese beso que me daba sin ninguna piedad, sentía abajo cómo su miembro, bien grueso, se frotaba contra mi intimidad, yendo de adelante hacia atrás.
Sentir ese roce directo en mi piel más sensible era algo que jamás me hubiera podido imaginar. Todo estaba pegajoso y resbaloso. Sentía un calor que me quemaba por dentro y una especie de corriente eléctrica que se acumulaba todita ahí abajo.
—Mmm, ¡ah!
Mordí la lengua de Ryu Eun-seok mientras sollozaba. El placer me llegaba como una ola que me desbordaba y me mareaba. Lo único que podía hacer era aferrarme a su cuello y soltar el aire como podía.
Sentía las venas de su miembro rozándome el clítoris con un ritmo constante. Su punta se hundía entre mis labios, golpeándome una y otra vez. Sus testículos, que estaban bien firmes, me chocaban contra los muslos haciendo un sonido seco: tras, tras.
‘No me digas que va a entrar así de frente’
Ver ese tamaño —que parecía el de una botella de agua— desde hace unos días me había dado un miedo real. Por más que supiera que por ahí nacen los bebés, por más que yo misma hubiera querido venir al hotel, no me cabía en la cabeza cómo iba a entrar eso en mí.
Ryu Eun-seok me agarró el rabo como si fuera plastilina y empezó a mover la cintura. Yo, que estaba de puntitas, sentí que me iba de cara. Al final, las piernas se me doblaron y tuve que apoyar la espalda contra la pared de la ducha.
—Uf…
Él sacó la lengua y la pasó por la comisura de mi ojo. Mientras que de la cintura para abajo se portaba de la forma más sucia y salvaje posible, los besos que me daba en los ojos eran dulces, casi tiernos. Cada vez que su lengua me rozaba los párpados como si fuera un pincel, mis pestañas vibraban sin parar.
—¿Por qué eres tan linda?
Al principio pensé que había escuchado mal. Pero cuando abrí un poquito los ojos, Ryu Eun-seok me estaba mirando fijo a la cara.
—No tienes ni un solo rincón que no sea hermoso.
—Qué… qué hablas…
Me puse tan nerviosa que empecé a tartamudear. Él, como si lo hubiera planeado, abrió bien la boca y me mordisqueó la mejilla.
—Tus ojos son lindos, tus labios también, tus tetas…
—Ya, deja de mentir.
Traté de sonar fría, pero mi corazón estaba que explotaba. En realidad, me encantaba escucharlo, pero por miedo a que se diera cuenta de que me la estaba creyendo, cerré los ojos y puse cara seria.
—Ya te dije que mis gustos son exigentes.
Su voz se puso más grave y bajó un poco, hasta que sentí un hincón en la nariz. Ryu Eun-seok me había dado un mordisquito ahí. Me quedé con los ojos como platos por ese contacto tan inesperado que hasta me dolió un poquito.
—¡Auch! Oye…
—¿Por qué no me crees cuando te hablo?
Ryu Eun-seok se quejó y subió las manos hacia mis pechos. Alejó su cintura y sentí cómo ese mazo de carne se iba retirando. No tuve tiempo de extrañarlo porque, al toque, su mano ocupó el vacío entre mis piernas.
—Ah… ¡uf!
Él agachó el cuerpo y, succionando con fuerza, me jaló el pezón con los labios. Con una mano me amasaba el pecho y con la otra me hurgaba abajo. Mi flujo, que ya estaba chorreando, mojó sus dedos por completo haciendo un sonido pegajoso.
Su nariz, bien perfilada, se hundió en mi piel suave. Mientras sus labios oscuros se movían succionando mi pezón, sus uñas bien cuidadas rasparon de golpe mi clítoris, que estaba bien saltado.
—¡Ah!
Casi me voy directo al piso. Vi todo blanco y perdí el equilibrio; literal, me estaba sosteniendo solo de sus labios y de sus manos que estaban pegados a mí como imanes.
Su dedo medio cruzó mis labios internos y llegó hasta la entrada. Entró un poquito, recogió flujo y lo llevó hacia arriba para frotarme el clítoris con fuerza. Mis muslos no paraban de temblar.
—Mmm… ah…
Esto no tenía punto de comparación con cuando él me apretaba por encima del buzo. Por instinto, le agarré la muñeca con desesperación. No sabía si era para que parara o para que le diera más fuerte; ni yo misma entendía qué quería.
Ryu Eun-seok pasó su boca al otro pecho. Su lengua juguetona me sacudió el pezón. Al mismo tiempo, su mano atrapada entre mis piernas me daba toquecitos en el clítoris.
—¡Ahhh!
No podía creer que ese gemido que retumbó en todo el techo del baño hubiera salido de mi boca. Pero cuando él atrapó mi clítoris entre su dedo índice y el medio y le dio un tirón, tuve que aceptar que mi voz podía alcanzar notas así de altas.
Finalmente, sus labios se soltaron de mi pecho. Pensé que, si el sexo tenía pasos, ya habíamos terminado una etapa y traté de recuperar el aire. Estaba agotada, pero sabía que faltaba lo más importante.
Sin embargo, la previa no terminaba ahí.
Ryu Eun-seok me agarró de la cadera y se arrodilló en el piso. ‘¿Se cansó? ¿Le duele estar parado porque la tiene muy parada como la otra vez?’. Como burlándose de mis preocupaciones, el tipo metió su cara de galán justo en medio de mis piernas.
—¡Ah!
Esa nariz perfilada que hace un ratito estaba hundida en mi pecho, ahora se abría paso entre mi vello púbico y presionaba mi clítoris con fuerza. Su lengua, larga y juguetona, no paraba de revolverme por dentro.
El tipo me estaba dando besos, pero en el lugar menos pensado. Como en el carro ya habíamos hecho de todo, pensé que ya estaba curtida y que nada me iba a sorprender, pero qué equivocada estaba.
Me aferré a su cabello para no irme al piso; en ese momento ni sabía qué ruidos estaba soltando. Sentía los oídos tapados, como si estuviera bajo el agua, tenía la boca abierta intentando jalar todo el oxígeno posible.
Ryu Eun-seok abrió mis labios íntimos con los dedos para tener espacio. Con la otra mano, empezó a tantear la entrada hasta que, de un porrazo, metió un dedo. Sentir ese cuerpo extraño ahí adentro hizo que se me apretara hasta el bajo vientre.
—Ah… uf…
—¿Te duele?
preguntó él sin dejar de succionar mi clítoris. Su dedo, ya bien adentro, se movía lento, de ida y vuelta.
—Todavía no te puede doler, recién empezamos.
Su voz gruesa, que venía desde abajo, se sentía como si estuviera a kilómetros de distancia. Obvio que no tenía fuerzas para responderle; estaba demasiado ocupada arqueando la espalda sobre su cabeza y sacudiéndome toda.
Ryu Eun-seok echó la cabeza hacia atrás y empezó a beberse mi flujo como si fuera lo más rico del mundo. El sonido de su garganta al pasar el líquido se escuchaba clarito. Aunque, la verdad, no sabía qué sonaba más fuerte: si eso o el chapoteo que hacían sus dedos hurgándome por dentro.
—¡Ahhh! ¡Sí!
En un segundo vi chispas. Mi interior empezó a tener espasmos sin control, apretándole los dedos con una fuerza increíble. Como si alguien me estuviera exprimiendo el cuerpo, lo que quedaba de mi flujo saltó directo a su cara.
—Mmm…
Ryu Eun-seok, lejos de sentir asco, empezó a refregarse toda la cara contra mi intimidad, moviendo la cabeza de un lado a otro. Parecía que se estuviera lavando la cara con mi propio deseo.
Quise empujarlo para que parara, pero las fuerzas se me habían ido y me quedé lacia. Estaba ahí parada a las justas, agarrándole la cabeza y con el rabo pegado a la pared de mayólica; sentía que en cualquier momento me desplomaba.
Pero al tipo no le importó mi estado y metió dos dedos más, ya iban tres. Mientras me miraba desde abajo con la cara empapada, empezó a masturbarse con la otra mano.
Ahora las cosas estaban al revés: yo lo miraba desde arriba. Tenerlo así, a mis pies, me dio una satisfacción media rara que me calentó el vientre. Quizás era porque podía verle sus pestañas largas desde este ángulo, o porque sabía que casi nadie podía tener el lujo de verlo así de vulnerable.
La cara de Ryu Eun-seok, brillante por mi flujo, estaba toda colorada. Sus ojos, siempre afilados, ahora estaban medios perdidos y nublados por las ganas. Pero aun así, no me quitaba la mirada de encima.
Tenía la punta de la nariz roja de tanto rozarme y los labios hinchados y entreabiertos, tanto que se le llegaba a ver la lengua. Su pecho ancho subía y bajaba como si acabara de correr una maratón.
De pronto, dobló la muñeca y sus dedos tomaron control total de mi interior. Sentí cómo mis piernas se abrían más de la cuenta. Sentir que me estaba ensanchando por dentro me dio un vértigo que casi me hace perder el sentido.
Su mano, la que sostenía su miembro, empezó a moverse de forma agresiva. Se hurgaba la punta sin cuidado y se recorría todo el tronco con una velocidad que parecía que se iba a sacar la piel. Tenía los músculos del brazo bien marcados por la fuerza que le estaba metiendo.
—Ah… uf…
Me puse a pensar si desde que vi su miembro todo brilloso en el carro, él ya estaba planeando hacerme esto.
—Mierda, siento que me muero…
Él presionó mi intimidad con la palma de la mano con todas sus fuerzas. Al mismo tiempo, por encima de sus dedos, empezó a brotar su semen. Su cara, siempre tan perfecta, se transformó por completo mientras llegaba al clímax.
Yo volví a temblar. Estaba claro que ahora me excitaba con nada. Siendo honesta, sentía que ya podía llegar al orgasmo solo con ver a Ryu Eun-seok masturbándose frente a mí.
Después de un buen rato, él se puso de pie. No pareció importarle que tuviera las rodillas rojas de estar arrodillado; se lavó la mano así nomás y usó una toalla grande para secarme con mucho cuidado.
Ese momento, que de ‘ducha’ no tuvo nada, finalmente terminó. Ryu Eun-seok me tomó de la mano y salimos del baño. Su cuerpo desnudo se veía reflejado borrosamente en el ventanal que aún no tenía las cortinas cerradas.
—Échate.
Me quitó la toalla de los hombros y señaló la cama con la barbilla.
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