Registro de Campus - 61
Se me pasó un taco de saliva por la garganta sin razón alguna. Aunque Ryu Eun-seok ya me había soltado, no podía moverme ni un centímetro.
Ya me venía preparando mentalmente para que llegara un día como este. Con lo seguido que terminábamos yendo al estacionamiento y el tiempo que nos quedábamos ahí —tanto que las lunas del carro se empañaban—, ya me imaginaba que pronto llegaríamos hasta el final.
Pero, más allá de que él estuviera acelerando las cosas, yo podía negarme si quería. Bastaba con decirle que no y subirme a mi cuarto, punto. Solo porque le hubiera hecho algo malo no significaba que estuviera obligada a aceptar si no quería.
—… Voy a traer algo de ropa.
Así que esto era por mi propia voluntad. Decirle que me iba con él a pesar de tener la cara roja como un tomate… ahí solo estaba pesando mi propio deseo.
—Ven al estacionamiento.
Ryu Eun-seok me dejó esa promesa en un susurro que solo yo pude oír y se levantó. Yo salí volando de la sala de descanso antes que él, pensando a mil en todo lo que necesitaba para quedarme a dormir fuera una noche.
En mi mochila metí mis cosas básicas de aseo, ropa interior de repuesto y el polo de panda que él me había regalado. No me olvidé del cargador del celular, me eché una mirada rápida al espejo y bajé al primer piso.
Mis ojos, que habían estado medios perdidos por la medicina y la mazamorra caliente, ya habían recuperado el brillo hace rato. Y mis mejillas, que estaban pálidas por el resfriado, ahora tenían un colorcito bien vivo.
Para ser el evento más importante de mi vida, no sentía vergüenza ni miedo, la verdad. Solo tenía el corazón latiendo a mil por la expectativa.
Según yo me había apurado, pero Ryu Eun-seok ya estaba parado frente al carro esperándome. Aunque ya me había acostumbrado a que me abriera la puerta del copiloto, hoy me sentía tan nerviosa que sentía que las articulaciones me sonaban como puerta vieja.
Me puse el cinturón de seguridad y clavé la mirada en la ventana. Tenía curiosidad de a dónde iríamos, pero más que nada era porque no me sentía con la confianza de voltear a verlo o sacarle conversación.
Ryu Eun-seok tampoco dijo ni pío y arrancó. Me puse a pensar en los hostales que hay cerca de la estación del metro frente a la universidad. Solo de imaginarme entrando ahí con él y saliendo a la mañana siguiente con todo el solazo encima, sentía que me faltaba el aire del roche.
Pero el carro de Ryu Eun-seok pasó de largo por todos esos hostales. En vez de eso, se metió a la avenida principal como queriendo irse más lejos. Quería preguntarle a dónde íbamos, pero sentía los labios pegados, no me salía la voz.
Como era hora punta, la pista estaba llena de luces rojas de los carros que regresaban del trabajo. Después de cruzar todo ese tráfico, llegamos a un hotel de cinco estrellas cerca de la estación del City Hall. Me quedé con la boca abierta mirando ese edificio tan lujoso que hasta te intimidaba.
Un empleado en la puerta nos hizo señas para indicarnos el estacionamiento. Recién ahí me cayó el veinte. Agarré a Ryu Eun-seok del brazo y empecé a mirar a todos lados.
—¿Tienes plata?
—Sí.
La respuesta de él fue de lo más normal. Ojalá no se estuviera gastando toda la propina del mes en esto. Por más que fuera un día esperado, me preocupaba que después termináramos comiendo puro pan con mermelada por su culpa.
—Como es nuestra primera vez, no quería ir a un hostal cualquiera.
Ryu Eun-seok dio su razón mientras cuadraba el carro en un espacio amplio. Me quedé callada porque sentí que preguntar por la plata apenas llegamos me hizo sonar media interesada. A diferencia de mí, que siempre ando sacando la cuenta, él era un romántico total.
Recoger la tarjeta en recepción, subir al ascensor de su mano, caminar por ese pasillo con alfombra gruesa… en todo ese proceso sentía que el aire se me acumulaba en la boca sin poder salir. Recién pude respirar un poquito cuando sonó el bip electrónico y se abrió la puerta de la habitación.
Había un ventanal inmenso que ocupaba toda una pared y mostraba toda la vista nocturna de Seúl. Pero yo no estaba para paisajes. Me esforzaba demasiado por no mirar la cama blanca que estaba ahí al lado. No entendía por qué me ponía tan nerviosa si yo misma había aceptado venir.
Dejé mi mochila en el sofá, toda indecisa. No tenía ni idea de cómo se supone que uno se porta cuando está a solas con un chico en un sitio así. En las películas o series que he visto, lo normal es que apenas entran se chapen con todo. O si no, la escena salta de frente a la mañana siguiente.
Me pongo súper ansiosa cuando no sé qué va a pasar. Soy de las que revisa la ruta en Google Maps mil veces antes de ir a un sitio nuevo, la que estudia los libros de la carrera desde la primera semana y la que tiene una hora fija para ver videos de pandas.
Haber aceptado quedarme fuera de casa así de la nada ya se salía totalmente de mi esquema. Seguir a Ryu Eun-seok por impulso y lanzarme a lo desconocido sin estar preparada no era algo propio de Hong Sang-hee.
Pero, aun así, ni se me cruzaba por la cabeza salir corriendo. Mis ganas de estar con él eran más grandes que cualquier duda; no me arrepentía de nada.
—¿Te quieres bañar?
Ryu Eun-seok sacó una bata del clóset y me preguntó. Sentí que era la oportunidad perfecta para ganar tiempo y calmar los nervios, así que asentí al toque.
Entré al baño toda tímida y, cuando iba a cerrar la puerta, su mano grande se metió y me frenó. Lo miré confundida.
—¿Qué pasa?
—Hagámoslo juntos.
Él abrió la puerta corrediza sin esfuerzo y entró. Yo sabía que me llevaba 26 centímetros, pero hoy sentía que su tamaño me imponía más que nunca por otra razón.
—¿Qué? Pero… por qué…
Retrocedí un poco hasta que choqué con el lavatorio. Mi único escudo era la bata gruesa que tenía abrazada contra el pecho.
—Mañana tienes clase a las once, ¿no?
Ryu Eun-seok se sacó el reloj de la muñeca y lo dejó a un lado del lavatorio.
—Hay que aprovechar bien el tiempo.
Él solo estaba diciendo una verdad lógica, pero el hecho de que me zumbaran los oídos por eso debía ser porque soy una pervertida de lo peor.
Ryu Eun-seok se cruzó de brazos y se quitó el polo de un tirón. Su piel, más clara que la del promedio, llenó toda mi vista. A pesar de ese tono de piel suave, estaba lleno de músculos por todos lados. Cuando vi sus pezones, sentí que se me secaban los labios al toque.
Antes, cuando me abrazaba, ya sentía que su cuerpo era duro como un ladrillo, pero verlo así, en vivo y en directo, era otra cosa. No podía quitarle los ojos de encima; su cuerpo estaba tan bien trabajado como su cara, se veía demasiado bien.
Luego, su mano bajó al pantalón. El sonido del botón soltándose y del cierre bajando hizo que apretara la bata con más fuerza.
Sus jeans eran sueltos, pero se le quedaron trabados en la cadera y no bajaban fácil. Como ya estaba bien ‘armado’, tuvo que usar las manos para empujar la tela hacia abajo.
Su truza gris, que ya resaltaba por un lado, estaba marcada por la humedad. Yo sabía perfectamente cómo era lo que escondía ahí adentro y cómo iba soltando ese líquido transparente.
Ryu Eun-seok me clavó la mirada mientras yo seguía apoyada en el lavatorio y se terminó de bajar la ropa interior. Su miembro, de un color rojizo, saltó apenas se vio libre de la tela. La ropa húmeda resbaló por sus muslos como troncos y cayó al suelo.
Él se me acercó mientras se pasaba la mano por ese pilar de carne tan firme. Me sentía como si estuviera viendo un striptease en primera fila. Con él así, calato de la nada, me costaba más mirarlo a la cara; casi que prefería mirar descaradamente cómo se tocaba.
—Quítate la ropa tú también.
Ryu Eun-seok apoyó la mano derecha en el lavatorio, al costado de mi cuerpo. Con la otra mano seguía dándole a lo suyo. Su punta, que ya estaba empapada, estaba tan cerca que casi me tocaba el ombligo, su respiración, que se iba acelerando, me daba directo en la boca.
Tímida, solté la bata a un lado. Solo con eso ya me sentía desnuda. Me temblaban los dedos apenas para agarrar el borde de mi polo.
Cuando el polo me pasó por la cabeza, sentí el peso de mis lentes todos chuecos en la nariz. Me los quité de un porrazo. Al ver todo borroso, recién pude respirar un poco mejor; dicen que cuando no ves nada, te viene la valentía.
Pero él estaba demasiado pegado. Su mirada fija y su miembro que no paraba de moverse tenían una presencia demasiado fuerte.
Mientras yo forcejeaba para desabrocharme el brasier, el sonido de su mano frotando su miembro se hizo más fuerte. En cuanto mis pechos quedaron libres, escuché cómo él soltaba el aire con pesadez.
—Uf…
Me mordí el labio y me bajé el buzo. Al igual que él, mi calzoncito ya estaba bien mojado. Ni siquiera nos habíamos besado todavía y ya estaba así de excitada solo de verlo.
Como Ryu Eun-seok ya no aguantaba más la espera, él mismo me terminó de bajar la trusa. Cerré los ojos apenas sentí que se veía mi vello púbico. No quería ni imaginarme cómo me estaba viendo él en ese momento.
Ryu Eun-seok pisó mi pantalón y mi ropa interior para que no me estorbaran mientras yo salía de la ropa, de frente me llevó bajo la ducha.
El chorro de agua caliente empezó a caer y él puso mis manos alrededor de su cuello. Por instinto me puse de puntitas y nuestras bocas chocaron.
En ese momento, sentí cómo su miembro grueso se metía con fuerza entre mis muslos.
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