Registro de Campus - 60
—Si estabas mal, ¿por qué no diste ni una señal?
Se me quitó el sueño de porrazo. Traté de levantarme rápido, pero el cuerpo no me respondía.
—Soy tu enamorado, ¿no?
Hubo un silencio total. Lo único que se escuchaba era mi respiración agitada mientras me apoyaba en el panda. Sin darme cuenta, estaba apretando la sábana, toda ansiosa.
—No es para tanto. Mi voz suena así porque recién me despierto. Siempre me pasa un par de veces al año, tomo mi pastilla y ya estoy como nueva.
—Exactamente por eso.
Eun-seok soltó un suspiro corto, como si estuviera perdiendo la paciencia.
—Me cuentas hasta lo que almorzaste hoy, pero ¿por qué no me dices que estás enferma? Si piensas pasarlo sola porque te pasa ‘dos veces al año’, ¿qué pensabas hacer? ¿Contarme recién a la tercera vez que te enfermes?
¿No es trampa que me hable con ese sarcasmo pero que a la vez su voz chorree tanta decepción? No pude decirle ni ‘pío’, me quedé bajoneada y bajé la mirada.
Es la primera vez que tengo a alguien tan cerca. Si nos guiamos por lo que pasó en el carro, ya somos más cercanos que mi propia familia. Pero aun así, todavía no sé qué tanto puedo mostrarle de mí.
¿Y si le aburro por quejarme de un simple resfrío? ¿Qué pasa si le cuento cada detalle y se termina cansando de mí? ¿En qué se diferencia un amigo de un enamorado? ¿Cómo puedo saber dónde está el límite para no agotar a Eun-seok?
Tenía la cabeza tan cargada de dudas que hasta mover las manos me pesaba. Como no hice nada, él se sintió herido. Y yo, para colmo, ni siquiera le pedí perdón.
—Estás mal, descansa. Corto.
La llamada terminó con esa despedida tan fría. Me quedé mirando el tiempo de la llamada, que se quedó en 1 minuto con 59 segundos, hundí la cara en la cabeza del panda. Ni sus pelos peluchientos me servían de consuelo en este momento.
Alguna vez imaginé que terminaríamos peleando fuerte por nuestras personalidades, pero ahora que lo estaba viviendo, mi supuesta preparación no servía de nada.
Me dolía el pecho más de lo que pensaba y sentía un hormigueo en las manos. Estaba tan triste que ya ni sentía el dolor de la gripe. Estaba usando todas mis energías solo en pensar en Eun-seok, no me quedaba espacio para nada más.
Sentada en la cama, sentía que me hundía hasta el subsuelo. Me dieron unas ganas locas de llorar; quería teletransportarme debajo de los árboles de acacia. Pero la realidad era que mi cuerpo estaba débil y no tenía fuerzas ni para mover un dedo.
Me tapé con la sábana y me volví a echar. En mi cabeza, me imaginaba saliendo corriendo del cuarto para buscarlo, pedirle perdón y ponerme a llorar en sus brazos.
Pero solo quedó en eso, en mi imaginación. No hice nada. El miedo a que no me contestara el teléfono o a que me mirara con ojos de hielo si lo veía en persona me tenía paralizada. Mi orgullo estaba por los suelos. En la universidad me la daba de muy sabionda, pero la verdad era que era una cobarde y una tonta que no sabía manejar una pelea con su enamorado.
Pasó un buen rato en el que solo cerraba los ojos sin sentido. Estaba desperdiciando el tiempo: ni iba a buscarlo, ni dormía bien, ni lo llamaba.
En eso, alguien tocó la puerta.
Pensé que lo había imaginado y solo asomé los ojos por encima de la sábana. Pero el sonido de la puerta era real. Si fuera mi roommate, hubiera metido la clave y entrado de frente. Con mucha duda, me levanté como pude. Fui arrastrando las sandalias y abrí la puerta; ahí estaba una chica que no conocía.
—Eh… ¿tú eres Hong Sang-hee?
Me quedé extrañada porque me preguntó mi nombre de frente. Pero mi corazón, que ya presentía algo, empezó a latir a mil.
—Sí, soy yo.
—Ah, ya. Es que un chico me pidió que te entregara esto en el primer piso.
La chica me tendió una bolsa de papel que se veía pesadita. Tenía el nombre de un restaurante de puré de arroz (chifa de dieta, digamos).
—Dijo que se llama Ryu Eun-seok.
Me quedé con la boca abierta, toda atontada. Desde que vi que la chica buscaba mi nombre ya sospechaba, pero cuando escuché el nombre de Ryu Eun-seok, sentí que era un sueño.
Recibí la bolsa. No solo había puré de arroz; había todo tipo de medicinas para la gripe, un jarabe de hierbas calientito y hasta bebidas hidratantes para mi garganta seca.
—Gracias…….
Le agradecí a la chica cuando ya se estaba dando la vuelta. Entré volando al cuarto y puse todo lo que Eun-seok me envió sobre el escritorio.
Aunque tenía la nariz tapada, podía sentir el olorcito rico del puré de arroz con mariscos. El calorcito que todavía tenían la comida y el jarabe me decían lo mucho que se había apurado Eun-seok.
Parece que había arrasado con la farmacia. Había una pastilla para cada síntoma. Dos de ellas eran las mismas que yo ya había tomado en la tarde.
Acomodé todo bien bonito y le tomé una foto. Tenía el deber de decirle que ya lo había recibido, pero también tenía el capricho de guardar una prueba real de que alguien, que no era de mi familia, se estaba preocupando así por mí.
Le mandé la foto a Eun-seok con un mensaje cortito. Y obvio, no me olvidé de mandarle un sticker de panda que decía ‘Graciaaas’.
Hace un rato estaba ahí echada como un bulto, ahora, apenas recibo el puré de arroz y las medicinas, me pongo a mandarle mensajes… me sentí una interesada. Pero no pude evitarlo al imaginarme a Eun-seok manejando como loco para comprar todo, luego dando vueltas cerca del pabellón de chicas, sin poder entrar, pidiéndole el favor a una desconocida. No podía quedarme callada.
Él leyó el mensaje al toque. Ese pequeño rastro de tiempo antes de que llegara su respuesta se me hizo eterno. Mientras abría la tapa del puré de arroz con una mano, mis ojos no se despegaban de la pantalla del celular.
Por fin llegó la respuesta. Y después, el fono no paraba de vibrar.
[Cómelo antes de que se enfríe] [Tómate el jarabe con la pastilla] [Dicen que para curarse rápido hay que tomar bastante líquido]
Parece que ya se le pasó la piconería de hace un rato. O de repente decidió que su preocupación por mí era más importante que su enojo. Sea como sea, no puedo negar que Eun-seok es mucho más maduro que yo.
El puré de arroz con mariscos estaba calientito y buenazo. Aunque sentía la garganta hecha lija, me lo pasé todito sin problemas. Tal como me ordenó, me tomé el jarabe con la medicina y bajé el sabor con la bebida hidratante.
Como me sentía un poco culpable por la pequeña bronca que tuvimos, le mandé mi reporte bien detallado. Y le añadí una frase: [Bajo en un ratito].
Me respondió al toque con un [Ok]. Limpié el escritorio volando y me puse un saquito. Aunque la pastilla ya me estaba dando sueño y no paraba de bostezar, me arreglé frente al espejo para no verme tan mal.
Debe ser que la comida me dio energías, o quizás eran mis ganas de arreglar las cosas con Eun-seok hoy mismo.
Quedamos en vernos en la sala de espera del primer piso. Eun-seok no quiso que nos viéramos bajo los árboles de acacia porque decía que el viento estaba muy frío.
Él ya me estaba esperando con un té de cítricos sobre la mesa. Unas chicas que estaban en una esquina comiendo dulces no dejaban de mirarlo de reojo. Me entró la curiosidad de si la chica que fue a mi cuarto también habría aceptado el favor solo por lo guapo que es Eun-seok.
Me senté frente a él y, sin decir ni ‘hola’, él simplemente empujó el té hacia mí. Con lo lindo que es siempre, me costaba soltar las palabras.
—De ahora en adelante te voy a contar todo.
Tenía que decírselo. No quería hacerme la loca y que él se volviera a sentir desplazado como hoy.
—Me equivoqué, pensé que te iba a aburrir con mis cosas.
Qué difícil era mirarlo a los ojos. Eun-seok me miraba de frente, pero mis ojos se escapaban hacia el vaso de té.
—Es que nunca he sido de contarle mis problemas a nadie, no sabía cómo hacerlo. Hasta a mis papás les digo que todo está bien siempre. No es que sea solo contigo.
Me salieron puras excusas, una tras otra. Yo sé que lo mejor es aceptar el error y ya, pero como soy humana, se me salió el instinto de defensa propia.
—¿Cómo te sientes?
Con esa pregunta supe que ya no estaba molesto conmigo.
—Mucho mejor que hace un rato.
Aliviada, asentí con ganas.
—Tengo la panza llena, ya no tengo frío y hasta recuperé el olfato. Mira, ¡hasta mi voz suena mejor!
Me puse a hablar como loquita, emocionada por sentir que ya no estaba enojado y satisfecha porque él seguía pendiente de mí.
—Creo que hasta me regresó el hambre. ¿Comemos unos dulces?
Me iba a levantar para ir a la máquina expendedora, pero Eun-seok me agarró la muñeca con suavidad. Al principio quise soltarme porque sentía las miradas de la gente que estaba conversando por ahí.
—Perdón.
Pero su disculpa, dicha con esa voz tan profunda, me quitó las fuerzas para soltarme.
—Perdón por reclamarte cuando te sentías mal.
Yo lo miraba desde arriba y él me miraba a mí. En ese cruce de miradas eterno, la alarma en mi cabeza empezó a sonar de nuevo: ¡pi-pón, pi-pón!. Definitivamente teníamos que cambiar de lugar.
—¿Trajiste las llaves del carro?
le susurré bajito para que las otras chicas no escucharan, mientras sentía que el calor que ya se había ido me subía a la cara otra vez.
—Hoy no el carro
Eun-seok soltó mi muñeca.
—¿Quieres pedir permiso de salida nocturna?
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