Registro de Campus - 59
—No lo encontré.
Su respuesta fue tranquila, pero en los labios de Ryu Eun-seok se dibujó una sonrisa amarga.
—A estas alturas, de qué sirve buscar quién soltó el chisme. Todos ya lo saben, es obvio.
Aquel hombre, con las pestañas bajas, se veía extrañamente bien envuelto en ese halo de melancolía. Daba cosita verlo, despertaba compasión.
—Pero a este sí lo voy a chapar y lo voy a hacer leña.
Ryu Eun-seok dio unos toquecitos al celular que estaba sobre la mesa.
—¿Y quién es ese?
—Hay alguien que me está mandando unos DM bien raros, me late que es alguien de la facultad.
Era la primera vez que escuchaba eso. Ni siquiera toqué el pan de entrada; me quedé mirando su celular de lejos. Se me había quitado el hambre por el mal rato.
Recién ahí entendí por qué Eun-seok se había quedado callado en el salón. No era solo que le jodiera que yo me hubiera cruzado con Kim Do-wan sin que él lo supiera. Lo que le dolió fue enterarse por boca de otros que ese ‘senior’ era la razón por la que yo estuve bajoneada ayer.
Después de haber pasado tanto tiempo juntos los dos solos, le debió de haber dolido que alguien tan cercano no le contara qué era lo que le estaba haciendo sufrir.
Me dio más cólera todavía tener que ponerme en sus zapatos de esta manera. Yo pensaba que mi paciencia era del tamaño del río Amazonas, pero la verdad es que no llegaba ni a acequia de barrio.
—A ver, deja ver. ¿Qué cosa te pone?
soltó Shim Chan-mi estirando la mano de una.
Pero Ryu Eun-seok bajó el celular debajo de la mesa al toque.
—Se me quita el hambre. Luego te enseño.
Me quedé mirando cómo guardaba el fono en el bolsillo del pantalón mientras masticaba el pan a la fuerza. Parecía que estaba comiendo papel; estaba duro y no sabía a nada.
—¿Pero tan fuerte es para que se te quite el hambre?
preguntó Joo Seung-jae, con los ojos brillándole de la curiosidad.
—¿Te está mandando lisuras o qué?
—Si me hubiera insultado, ya le habría mandado su carta notarial. Solo me está jodiendo con el hecho de que no tengo plata.
Mientras más escuchaba la explicación de Eun-seok, más se me tensaba la mandíbula. No era solo un mensaje desubicado; había una malicia bien espesa ahí. Parecía que no era la primera vez que pasaba, me sentí un poco traicionada porque recién ahora me lo contaba.
Por otro lado, pensé que, como él es bien orgulloso, seguro quería hacerse el que no le afectaban esos mensajes tan bajos.
—¿No será alguien que conoces bien?
—¿No me digas que es de nuestra carrera?
—Eso parece. Tengo a un par de sospechosos en la mira.
Eun-seok empezó a repartir las limonadas que acababan de traer. Incluso hablando de cosas serias, no perdía su caballerosidad.
—Estoy chequeando bien para no culpar a alguien que no tiene nada que ver.
—¡Fuerza, compadre! Hay cada loco en este mundo.
le dijo Joo Seung-jae, dándole unos apretones en el hombro para darle ánimos.
—Lo mejor es ignorarlos. Esa gente, si les das bola, se emocionan más y siguen fregando.
Al verlos a los dos sentados así, uno al lado del otro, se me hicieron más parecidos que nunca.
La pose relajada contra la silla, esa forma de hablar tan tranquila… incluso el gesto de pasarse la mano por la nuca o cómo forzaba una sonrisa cuando le temblaba el ojo… me daba una vergüenza ajena que ya no podía ni ver.
Y el colmo fue que, cuando Eun-seok repartió las bebidas, Joo Seung-jae se apuró a sacar servilletas para ponerlas frente a todos. No se veía nada natural.
Por más que trataba de ser objetiva, no podía quitarme de la cabeza que Seung-jae se había pasado todo el día analizando a Eun-seok para copiárselo igualito.
—¿Qué les parece si cada uno busca dos o tres comerciales que nos sirvan?
Llegaron las pastas, el risotto y las pizzas; un banquete que le iba a dejar un hueco grande en la billetera a Joo Seung-jae. Eun-seok nos recordó para qué estábamos ahí. Era la primera vez desde que entré a la universidad que alguien tomaba la batuta del trabajo y me dejaba a mí simplemente seguirle el paso.
—Ya, perfecto. Yo hago la exposición. Sang-hee, tú eres buena haciendo los PPT, ¿no? Te mando unas plantillas para que elijas.
—Mejor definimos los roles cuando estemos todos completos.
cortó Eun-seok en seco la propuesta de Seung-jae.
A Seung-jae se le resbalaron los fideos del tenedor.
—Esos de doble especialidad no se van a meter mucho. Al final seguro solo van a decir que ayudan con la investigación.
—Es que yo también quiero exponer.
insistió Eun-seok sin dar un paso atrás.
También era la primera vez en mi vida universitaria que veía a dos personas peleándose por trabajar.
—Cuando terminemos el trabajo, practicamos la exposición frente a todo el grupo y decidimos quién lo hace mejor.
—¿Qué cosa? ¿Esto es un casting o qué? ¿Cómo vamos a votar por…?
—¡Oigan, qué onda!
interrumpió Shim Chan-mi con un grito, justo antes de que el ambiente se pusiera más tenso
—¿Por qué se lo están tomando tan en serio? Qué estrés.
La chica, con una cucharada enorme de risotto en la boca, seguía hablando como si no tuviera ni una sola preocupación en la vida.
—Yo también siento que no puedo quedarme de brazos cruzados. Sang-hee, ¿vas a hacer el PPT? ¿Quieres hacerlo conmigo? Tengo un canal de viajes en YouTube, así que me manejo bien con el Photoshop y esas cosas.
La miré de reojo, sorprendida. Para serte sincera, me conmovió un poco. Yo pensaba que para encontrar un grupo de trabajo así de proactivo tenías que haber salvado al mundo en tu vida pasada, pero mírame, qué suerte la mía.
En verdad, no me importaba si al final terminaba haciendo el PPT yo sola; el simple hecho de que mostrara esas ganas ya me hacía sentir agradecida. Por lo menos en este trabajo no iba a tener el roche de estar pensando a quién sacaba del grupo por vago.
Si no fuera por Joo Seung-jae, que andaba de figureti con sus segundas intenciones, hubiera dicho que era el grupo perfecto.
—Ya, de una.
—¡Bacán!
Como acepté sin hacerme paltas, Shim Chan-mi celebró cerrando el puño.
—Ya saben, nosotras dos pedimos el PPT. Ni se metan.
Mientras el trabajo grupal arrancaba sin problemas, Joo Seung-jae era el único con cara de pocos amigos, dándole vueltas a su pasta. El sonido de su tenedor raspando el plato era desesperante. Se notaba que todavía no era un experto manteniendo la máscara por mucho tiempo.
En cambio, Ryu Eun-seok se veía mucho más relajado que en el salón. Verlo de buen humor hizo que esa sensación amarga que tenía en la boca se me pasara.
Qué pesado es que tu estado de ánimo dependa de cómo está otra persona. Pero como no puedo evitar estar pendiente de él, de ahora en adelante solo espero que le pasen puras cosas buenas. Así yo tampoco me voy a bajonear por su culpa.
Yo, que siempre pedía estar sola porque me costaba socializar, ahora hasta rezo por el bienestar de otro. Cómo hemos cambiado.
Otra cosa loca es que, cuando él hablaba con Shim Chan-mi, ya no me ardía la sangre como al principio. Seguro es porque ella también es súper linda conmigo. Ahora que sé que es así de confianza con todo el mundo, me quedé más tranquila. Es más, hasta me emocioné un poquito con la idea de tener una nueva amiga después de tanto tiempo.
Cada vez confirmo más que el corazón de uno es bien voluble.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
El clima se puso frío al toque. De día el sol todavía te quemaba el coco, pero cuando salía de la residencia temprano o me quedaba sentada bajo los árboles de acacia tarde, sentía un airecito helado que me ponía la piel de gallina.
Siempre que pasamos de invierno a primavera, o cuando empieza a correr este viento frío, me da una gripe de esas que te tumban. Mis papás ya se la saben, así que siempre me andan insistiendo en que compre mis pastillas por adelantado. Yo tampoco me olvido de cargar siempre con mi saquito en la mochila.
Hoy amanecí con la nariz tapada y al rato ya sentía la garganta hecha lija. Por cómo sentía la nuca de tiesa y la mochila pesada, me dio la impresión de que esta vez me iba a dar con dolor de cuerpo y todo.
Decidí tirar la toalla con el estudio, me tomé mi pastilla y me eché de una vez. Ya aprendí por las malas que si te haces la fuerte, al final te enfermas peor.
El efecto de la pastilla me dio un sueño pesado. Me quedé dormida abrazando a mi peluche gigante de panda. Con dos días de descanso así, ya estaba como nueva.
Cuando era cachimba, me daba una pena enorme tener que medicarme y echarme sola. No estaba mi mamá para sobarme la cabeza, ni tenía amigos a quienes ir con el cuento de que me sentía mal. En esos momentos sentía en carne propia que uno nace y muere solo, terminaba llorando con la cara hundida en la almohada.
Pero después de pasar un año en Vancouver, ya no había soledad que me tumbara.
Me desperté porque el celular que tenía al lado de la cabeza empezó a vibrar. Como la pastilla era fuerte y me tenía media dopada, apenas pude distinguir el nombre de Ryu Eun-seok en la pantalla.
—¿Dónde estás?
—…… En la residencia.
Me demoré mil años en responder esa cosita. Parece que mientras dormía se me inflamó la garganta y me costaba hablar.
—¿Por qué tu voz suena así? ¿Estás mal?
—Sí.
Me quedé pestañeando lento, hundida entre los pelos amarillentos de mi panda. No se me pasaba la sensación de estar en las nubes.
—¿Qué tienes? ¿Qué te duele?
Mientras le explicaba que siempre me resfriaba en los cambios de estación, mi voz sonaba fatal. La verdad no me sentía tan mal, pero sentía la garganta cerrada y arrastraba las palabras.
¿Será que mi instinto quería aprovechar el momento para que Ryu Eun-seok me consintiera? Yo juraba que era una mujer fuerte e independiente, pero parece que mi subconsciente se moría por engreírse con su nuevo enamorado.
—¿Y por qué no me dijiste nada?
La voz gruesa del hombre al otro lado del teléfono sonó fría, casi como un reclamo.
Madara Info
Madara stands as a beacon for those desiring to craft a captivating online comic and manga reading platform on WordPress
For custom work request, please send email to wpstylish(at)gmail(dot)com