Registro de Campus - 58
Me daban ganas de llorar.
Sentía que la cara me ardía, tomaba agua como loca; era un desastre. Si mi compañera de cuarto no hubiera estado ahí, seguro me ponía a patear las sábanas de la frustración.
Cuando por fin bajamos del carro después de haber hecho de todo, ya había oscurecido. Se me pasó la hora de la cena, así que ya te imaginas. Aun así, no tenía nada de hambre; lo único que quería era bañarme para quitarme el sudor y el rastro de nuestros fluidos del cuerpo.
Ya instalados cada uno en su cuarto, Ryu Eun-seok empezó a mandarme mensajes y a llamarme. Pero yo le saqué el cuerpo, dándole la excusa de que estaba hablando con mi roommate. Es que sentía que si escuchaba su voz, no iba a saber ni qué decirle.
A la mañana siguiente, fui la primera en entrar al salón 205. El segundo en llegar fue Ryu Eun-seok, quien se sentó a mi lado de porrazo, sin decir ni hola. Solo dejó un vaso de Americano helado sobre mi carpeta.
—Gracias, me lo tomo todo.
Eun-seok se me quedó mirando fijamente, en silencio. Parecía que tenía algo que decir, pero yo no quise abrir la boca primero. Sabía que, si hablábamos, iba a salir con un tema que no pegaba ni con cola en un salón de clases.
Poco a poco empezaron a llegar los demás alumnos y el silencio se rompió, lo cual agradecí, pero el problema empezó cuando Joo Seung-jae se acercó a nuestro sitio.
—Hola, chicos. ¿Cómo están?
La voz de Seung-jae sonaba demasiado fingida, como ensayada. Esa forma de levantar la comisura de los labios y alzar la mano para saludar se sentía tan forzada, como si estuviera usando ropa que no le queda.
Me sorprendía que hubiera cambiado tanto su actitud pero que físicamente se viera igual. Normalmente, cuando alguien quiere parecerse a otro, empieza por el look, ¿no? Quizás como sabe que nunca va a cerrar la brecha de belleza natural que hay entre ellos, simplemente tiró la toalla en ese aspecto.
O tal vez soy yo la que está exagerando y el pata solo ha empezado el ciclo con otra mentalidad.
Pero desde que se me metió a la cabeza que está imitando a alguien, no puedo quitarme ese prejuicio de encima.
Claro que, como la cara es totalmente distinta, dudo que muchos se den cuenta de a quién intenta copiar.
—Buenos días.
respondió Eun-seok con una sonrisa ligera, mientras yo solo asentí con la cabeza.
Estaba tan de malas por mis propias conclusiones que no me nacía saludarlo bien.
Seung-jae miró a su alrededor y se ubicó en la carpeta de al lado, pasillo de por medio. Al toque se volteó hacia mí.
—Sang-hee, sobre lo de ayer…
Inconscientemente, me puse rígida.
—Después de que te fuiste, le puse el parche a Do-wan. Le dije que deje de molestarte, que ya está bien viejo para portarse como un mocoso y ser tan mezquino.
Sentí la mirada de Eun-seok clavada en mí desde un costado. Ayer solo le conté que me vi con Yang Soo-bin, pero no le mencioné nada de Seung-jae.
—Do-wan me dijo que ya, que está bien, así que ya no te preocupes por eso.
¿Qué esperaba Seung-jae que le dijera? Es más, sospecho que más que mi reacción, lo que buscaba era ver cómo reaccionaba Eun-seok.
—¿Y qué más te dijo ese tipo?
preguntó Eun-seok en voz baja.
—Nada, o sea, tampoco es que seamos mejores amigos para saludarnos con gusto. Fue por eso, nada más.
contesté sin quitar los ojos de mi tablet, tratando de sonar vaga.
—¿A qué hora se vieron?
Pensé que, como es un chico mosca, la iba a dejar pasar, pero Eun-seok se puso terco y no soltó el tema.
—Ayer, este… después de verme con ella, cuando estaba volviendo a la residencia.
—¿Y por qué no me contaste eso?
—Oye, Eun-seok.
intervino Seung-jae con una sonrisita sobrada
—Te vengo observando y ya te estás pasando de intenso. Ni la mamá de Sang-hee le debe preguntar tanto. Además, ni que fueras su tutor.
Me moría por darle una señal a Eun-seok para que no le hiciera caso, pero si le metía un codazo o lo pateaba por debajo, era obvio que Seung-jae se iba a dar cuenta. No me quedó de otra que quedarme quieta, mirando con nervios mi llavero de panda que colgaba de la mochila.
—¡Oye!
Por suerte, antes de que Eun-seok dijera algo, se escuchó un grito escandaloso.
—Saca tu mochila.
Shim Chan-mi estaba señalando la mochila de Eun-seok que ocupaba el asiento vacío. Parecía que otra vez quería sentarse a su lado. Yo traté de controlar mis ojos que querían voltear a ver, pero puse toda mi atención en lo que escuchaba.
—Siéntate en otro lado.
A diferencia de siempre, la voz de Eun-seok sonó bien fría.
—Hoy mi mochila está pesada y me estorba.
Me dio rabia sentirme aliviada por su respuesta. Me cansaba de mí misma, de estar pendiente de cada chica que se le acercaba o de lo que le decían. Me sentía como un guachimán ridículo.
—Ya, bueno…
Shim Chan-mi se sentó en la silla de al lado como si nada. Lo peor es que, mientras esa chica trataba a Ryu Eun-seok solo como un compañero de clase más, yo, que soy su enamorada, estaba toda ansiosa porque no podía ni cederle el asiento de al lado. Si seguía así, iba a terminar igualita a Kwon Ga-ram, la que siempre andaba marcando territorio conmigo.
Ryu Eun-seok se quedó mudo hasta que llegó el profesor. Incluso cuando Chan-mi intentaba sacarle conversación de lo más pilas, él solo respondía con monosílabos. Su actitud hizo que hasta yo, que estaba concentradaza mirando mi tablet, volteara a verlo.
—Tienen que armar grupos de seis personas.
El profe de Publicidad empezó la clase lanzando el aviso del trabajo grupal. El tema era elegir un comercial que esté al aire ahorita y hacer un análisis estratégico.
Al toque solté un suspiro de pesadez. Yo solo había pensado en hacer el trabajo con Eun-seok, ni se me pasaron por la cabeza las otras cuatro personas. Qué confiada fui, de verdad.
El profe terminó la clase diez minutos antes y, apenas salió, Joo Seung-jae me tocó el brazo. El muy cínico ya estaba con una sonrisota de oreja a oreja.
—Sang-hee, ¿te acuerdas de lo que quedamos, no?
Si le decía: ‘Yo no he quedado nada con usted’, lo único que iba a lograr era convertirlo en un segundo Kim Do-wan. Mientras yo asentía a regañadientes, Chan-mi se acercó con dos chicos de otra carrera que estaban haciendo su segunda especialidad.
—¿Y si hacemos el grupo nosotros seis? ¿Qué les parece?
Si no estuviera saliendo con Eun-seok, me hubiera parecido un grupo equilibrado. Había tres que hablaban por los codos; a los de la otra carrera, que no están acostumbrados a las exposiciones de Gestión, les dábamos la parte de investigación, yo me encargaba del PPT. Así hubiera armado mi estrategia.
—Ya, pues. Yo armo el grupo de WhatsApp. Pásenme sus números.
Eun-seok aceptó la propuesta sin hacerse bolas. Se puso las pilas al toque, como si fuera el delegado del grupo. Normalmente, ese era mi papel.
—Ya que vamos a trabajar juntos, ¿vamos a almorzar? ¿Tienen clase ahorita?
Seung-jae tiró el anzuelo para empezar con la ‘confraternidad’, como si hubiera estado esperando el momento exacto. Siempre que alguien está más interesado en los planes de afuera que en el trabajo mismo, termina trayendo problemas. Y mis sospechas se confirmaron con lo que dijo después:
—Es que yo le había prometido a Sang-hee invitarle el almuerzo.
—¡Oh, yo me apunto!
dijo Chan-mi levantando la mano al toque.
Eun-seok se quedó pensando un rato, dándole golpecitos a la palma de su mano con el borde de su celular.
—Sang-hee, si no tienes clase, vamos todos de una vez. Si te digo para ir los dos solos, de repente te vas a sentir incómoda, ¿no?
Seung-jae me cerró todas las salidas. Sentí clarito que, si no aceptaba hoy, me iba a seguir fregando la paciencia con lo mismo.
Si ya había ido a comer pollo con Lee Dong-ha, no había razón para no poder almorzar con Joo Seung-jae. Pero la diferencia es que ahora sí tenía enamorado y que, a diferencia de Dong-ha, que siempre mantenía su distancia, este tipo iba a estar al acecho de cualquier oportunidad.
A gente así no hay que darle ni un milímetro de confianza.
—Ya, bueno, almorzamos hoy entonces.
Si Seung-jae no me iba a soltar de ninguna forma, era mejor salir del paso comiendo con todo el grupo hoy mismo. Solo tenía que tratarlo como a un superior para no arruinar el trabajo, pero marcando bien mi línea.
—Eun-seok, tú también vienes, ¿no?
preguntó Seung-jae directamente.
Eun-seok me miró en silencio; no le quedaba de otra. Me sentí mal porque sentí que lo estaba usando solo para yo estar más tranquila.
—Sí, yo también voy.
Los chicos de la otra carrera se fueron porque tenían clase, así que terminamos almorzando temprano los cuatro que estuvimos sentados juntos desde la primera hora.
Fuimos a un sitio de pastas frente a la universidad. Era el mismo lugar al que Dong-ha me quiso invitar en los finales del ciclo pasado, mira cómo es la vida, terminé llegando aquí con otra gente.
Chan-mi y yo nos sentamos juntas, los hombres se sentaron al frente. Por el ambiente del restaurante, parecía que estábamos en una cita doble. Menos mal que éramos varios; solo de imaginarme estar aquí a solas con Dong-ha o con Seung-jae, ya me daban náuseas.
—Oye, ¿así que somos de la misma promo? Ni cuenta me había dado
me dijo Chan-mi de lo más amable.
—Es que como dejé la universidad por buen tiempo, ya me olvidé de cómo se estudia. Esta vez me voy a colgar de ustedes, ¿ya?
Chan-mi se rió y me agarró el brazo con confianza.
Ella ni se imaginaba las cosas feas que yo había estado pensando de ella. Solo pude asentir con la cabeza, toda palteada.
—¿Y cómo así se hicieron tan amigos ustedes dos? Ah, bueno, Eun-seok conoce a todo el mundo… mejor dicho, todo el mundo lo conoce a él.
Chan-mi nos miraba a Eun-seok y a mí, sacando sus propias conclusiones.
—Como los dos vivimos en la residencia, nos cruzamos seguido y empezamos a saludarnos
respondió Eun-seok con una excusa bien genérica, mientras me pasaba el pan de cortesía.
—¿Pero al principio no se llevaban mal?
soltó Seung-jae mientras trozaba su pan, como quien no quiere la cosa.
—Te pusiste bien bravo con Sang-hee delante de todos, preguntándole quién había soltado el chisme.
—¿Chisme? ¿Qué chisme?
preguntó Chan-mi, que no tenía ni idea de lo que había pasado.
—Ese de que su familia se había ido a la quiebra.
No podía creer que ese tema tan pesado volviera a salir. No pude disimular mi cara de pocos amigos y miré fijo a Seung-jae. Pero él ni me miraba, solo tenía los ojos puestos en Eun-seok.
—¿Y al final supiste quién fue el que lo contó?
Madara Info
Madara stands as a beacon for those desiring to craft a captivating online comic and manga reading platform on WordPress
For custom work request, please send email to wpstylish(at)gmail(dot)com