Registro de Campus - 57
—¿A qué viene eso tan de pronto…?
En ese instante, sentí algo viscoso bajar y mojar mi trusa. Por reflejo, apreté las piernas con fuerza. Mi vientre se puso plano y se me cortó la respiración por un segundo.
Eun-seok me escaneó de arriba abajo. Como estábamos sentados uno encima del otro, sin dejar ni un hueco, era obvio que sintió mi reacción.
Sus manos agarraron mis pechos con fuerza. Empapados de saliva, perdieron su forma redonda y se deformaron bajo su presión. Cuando atrapó mi pezón entre sus dedos y lo retorció de un tirón, sentí un dolor punzante mezclado con una excitación que me subió de golpe.
—¡Ah!
La lengua de Eun-seok subió lamiendo mi pecho, mi clavícula y mi cuello. Con las manos me amasaba como si fuera harina, mientras me buscaba los labios. Esa lengua que hace un rato torturaba mi pezón, ahora invadía mi boca.
El beso empezó sin dejarme ni tomar aire, ahogando mis gemidos. Su lengua hurgaba tanto que mi saliva empezó a chorrear, Eun-seok se la pasaba tragando, apretando la garganta.
Debería haberme dado asco, pero lo único que sentí fue cómo se me tensaba la nuca. Sin mis anteojos, mi vista se nubló por el calor del momento. Sentí que perdía el equilibrio y me colgué de su cuello desesperada.
Como él seguía apretando mis pechos con fuerza, mi temperatura corporal voló. Ya no tenía la piel de gallina; ahora mi cuerpo estaba pegado al suyo, esa sensación de piel pegajosa no me molestaba para nada.
—Asu… ya no aguanto más.
Eun-seok soltó un suspiro contra mis labios. Bajó una de sus manos y uno de mis pechos quedó libre. Me ardió la cara al ver cómo mi pezón sobresalía, como si estuviera rogando que lo volvieran a succionar.
Pero lo que vino después fue mucho más fuerte.
Eun-seok se desabrochó el pantalón y bajó el cierre. De entre sus manos grandes, que hurgaban dentro, salió su miembro grueso.
—Qué…
Me quedé muda al verlo por primera vez. Obviamente sabía cómo era la anatomía masculina, pero una cosa es lo que aprendes en los libros y otra muy distinta es tener la realidad frente a tus ojos.
—Perdón.
Con esa disculpa cortita, apoyó su glande rojizo contra mi vientre. Era solo el roce de su piel desnuda y húmeda contra la mía, pero sentía todo el peso. Y no era para menos, si su propia mano apenas podía rodear semejante calibre.
—Ah… mmm…
Eun-seok soltaba suspiros calientes mientras volvía a atacar mi pecho. Sentía el pezón adolorido, como si me lo fuera a arrancar con esa succión húmeda. Mientras tanto, su glande golpeaba mi barriga, empapándome con su líquido preseminal.
Eun-seok se estaba masturbando mientras me succionaba el pecho.
Mirara a donde mirara, todo era una escena demasiado fuerte. Si cerraba los ojos, el sonido de la fricción me hacía cosquillas en los oídos; y si intentaba no escuchar, sentía clarito cómo mi cuerpo se iba mojando por todos lados.
—¡Mmm!
Me mordí los labios rápido. Mis gemidos, ahora más fuertes, rebotaban dentro del carro. Ese sonido envolvente me daba ganas de esconderme en algún hueco.
Pero tenía un pecho atrapado en la boca de Eun-seok y estaba viendo su masturbación en primera fila. Además, sentía cómo su miembro saltaba y golpeaba mi ombligo.
—Ah… Sang-hee… ah…
Nunca imaginé que vería a un chico decir mi nombre mientras se tocaba así. Debería haber salido corriendo del susto, pero ahí estaba yo, controlando mi respiración mientras sentía pulsaciones entre mis piernas.
Ese orificio goteando, las venas rodeando su miembro como ramas, su mano subiendo y bajando a toda mecha, el sonido del choque de la piel… nada me daba asco. Al contrario, sentía una sed loca y pasaba saliva. No podía despegar los ojos de ahí.
—Ahhh…
Eun-seok echó la cabeza hacia atrás y soltó un suspiro largo. Su mandíbula marcada y su boca entreabierta me hipnotizaron.
Apoyado en el respaldo, bajó las pestañas y me lanzó una mirada turbia, llena de deseo. Si miraba bien, se veía un tono rojizo intenso en el borde de sus ojos.
—¿Quieres tocarlo?
Su voz estaba totalmente ronca. Por ese tono tan grave, me dio un escalofrío en la oreja y no entendí la pregunta al toque.
—… ¿Qué?
—Esto.
Eun-seok señaló hacia abajo con la barbilla. No hacía falta ser genio para saber a qué se refería.
—¿Yo? ¿Por qué tendría que…?
Estaba tan nerviosa que tartamudeaba como una tonta. Fijo que mi cara estaba del mismo color que su glande, que seguía rozando mi vientre.
—¿No te da curiosidad?
A esa pregunta no le podía decir que no. Solo sentía esa humedad en mi ombligo, así que la curiosidad me estaba matando. Pero me aguanté un toque para no parecer tan desesperada.
La mano de Ryu Eun-seok, que hace un segundo se estaba sacudiendo, agarró la mía y la jaló. En el momento en que me di cuenta de que iba a tocarlo, me dio miedo esa sensación desconocida y encogí los dedos por instinto.
Eun-seok puso mi mano encima de su glande. Luego, presionó con su propia palma, bloqueándome cualquier salida. Mis labios se entreabrieron sin querer.
—Ahhh…
Él volvió a levantar la barbilla, soltando suspiros cargados de deseo. Me quedé hipnotizada: primero por su cara llena de excitación, luego por esa sensación tan extraña que tenía entre manos. Sentí un tirón fuerte entre mis piernas.
Eun-seok guió mi mano y empezó a acariciar su miembro de arriba abajo. Por fuera se sentía liso y resbaloso, pero por dentro tenía una especie de núcleo duro que pesaba un montón. Menos mal que él me estaba ayudando a sostenerlo, porque si hubiera intentado agarrarlo yo sola así de la nada, se me habría doblado la muñeca.
Sentí las venas hinchadas rozando mi palma. El tronco irradiaba un calor intenso, pero la base estaba cubierta por una piel más fresca. Aunque las temperaturas eran distintas, todo estaba igual de pegajoso.
—Ah… mmm…
Eun-seok me lamió los labios. Sus gemidos, ahora más fuertes que cuando lo hacía solo, me envolvieron. No lo pensé dos veces y saqué la lengua para enredarla con la suya en un beso profundo.
Mientras nuestras lenguas se trenzaban de forma impúdica, el ritmo de nuestras manos también se aceleró. Eun-seok guiaba mis dedos para rodear sus testículos o para presionar la punta de su uretra.
Así fue como aprendí la manera en que Ryu Eun-seok se masturbaba.
—Presiona más fuerte
me pidió entre beso y beso.
Miré hacia abajo con un poco de miedo. Mi mano estaba atrapada entre su palma y su miembro todo húmedo.
—Siento que te voy a lastimar.
—No duele nada, de verdad.
Hice lo que me pidió y apreté un poco más. La cara de él se transformó al toque. Por sus jadeos, supe que no era por dolor.
—Ah… mmm… ¿Y tú?
Otra vez no entendí a la primera a qué se refería. Seguía moviendo mi mano con dificultad por todo el largo y grueso de su miembro, ladeando la cabeza confundida.
—¿Yo qué?
—¿Estás mojada?
Mi mano se detuvo en seco. Eun-seok soltó un jadeo fuerte y empezó a amasar mi pecho con desesperación. Estaba tan en shock que ni siquiera sentí la fuerza de su agarre.
—Tú también hazlo.
—… ¿Qué?
Mientras yo parpadeaba tratando de procesar la idea, Eun-seok agarró mi otra mano, la que estaba libre. La llevó directo hacia el cierre de mi jean.
—Así.
Puso mi mano justo encima de donde se escondía mi intimidad y presionó con fuerza.
—Aprieta ahí.
Esa presión desde afuera hizo que todo por dentro me diera un vuelco. Sentí que los hombros se me rendían, pero mi vientre se tensó por completo.
—¡Ah…!
—¿Qué tal se siente?
Ni él por preguntar eso, ni yo por no quitar la mano, estábamos cuerdos. Tenía su miembro en una mano y mi propia zona íntima en la otra. Aunque no estaba ‘al aire’ como él, era masturbación pura y dura.
—Mmm… ah… sí…
Cuando Eun-seok presionaba mis dedos, sentía ese peso delicioso transmitiéndose hacia adentro. Cuando movía sus yemas en círculos, mi clítoris también parecía girar bajo la tela. Al deslizar su mano hacia abajo, sentí mi ropa interior totalmente empapada rozando contra mí.
—Ah… mmm…
Cerré los ojos por inercia. Él no me quitaba la vista de encima, observando cada gesto de mi cara. Luego, volvió a atrapar mi pezón con su boca.
Éramos un desastre. Mi estado no tenía nombre: con el brasier abajo enseñando el pecho, una mano aferrada al miembro de Eun-seok y la otra frotándome ahí abajo, perdiendo la cabeza por la excitación.
—Estás demasiado linda, de verdad… carajo……
balbuceó él con mi pezón aún en la boca.
No entendía por qué me decía ‘linda’ a cada rato. Me moría de vergüenza de pensar que todo este desorden se podía estar reflejando en la ventana del carro; no me atrevía ni a abrir los ojos.
Sentía que me faltaba el aire por tanto estímulo nuevo. Estaba hiperventilando. Aunque hubiera abierto los ojos, fijo que lo vería todo borroso.
El orgasmo me cayó encima como una avalancha, destrozándome la cabeza. Apoyé la frente en el hombro de Eun-seok y empecé a temblar como loca. Me asusté al sentir que mi cuerpo vibraba fuera de mi control; sentí que no iba a parar nunca.
‘Mierda’, creo que escuché a Eun-seok decir en voz baja, pero no estoy segura. Lo que sí fue real es que sentí mi ombligo empaparse de algo caliente. Vi clarito cómo el semen blanco chorreaba por mi mano.
Pero no tuve tiempo de procesarlo. La lengua de Eun-seok volvió a invadir mi boca, robándome el último aliento que me quedaba.
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