Registro de Campus - 56
Definitivamente, desde que me puse los lentes de contacto sin ser algo que haga siempre, mi día se fue al tacho. Por algo dicen que cuando uno hace lo que no acostumbra, termina pasándola mal.
Como un ratoncito que busca instintivamente un hueco oscuro, me escondí en la banca que está detrás del árbol de acacia. Cerré los ojos con fuerza queriendo no pensar en nada, pero las caras de la gente con la que me crucé hoy no dejaban de darme vueltas en la cabeza como sombras. Ryu Eun-seok todo bajoneado, Yang Soo-bin deshaciéndose en lágrimas, Joo Seung-jae usando esa máscara que no le queda para nada… todos zumbaban en mi mente como moscas.
—Te estuve buscando por todos lados.
Ryu Eun-seok, que ya había terminado sus clases, apareció por aquí. Todo el ambiente olía a pasto recién cortado, pero a mi lado sentí ese aroma familiar que él siempre lleva consigo.
—¿Por qué no fuiste a la sala de estudio?
Mis rutas eran tan simples que él ya se las sabía de memoria. O estaba encogida en algún rincón de la sala de estudio, o debajo del árbol de acacia, o metida en mi cuarto tapada con la colcha hasta la cabeza; no había otra.
—Es que me absorbieron toda la energía.
—¿Por qué?
En vez de mirarlo a la cara, me quedé viendo su mano apoyada tranquilamente sobre su muslo. Por fuera trataba de no poner ninguna expresión, pero por dentro mi cabeza volaba. Estaba sacando cálculos, pensando cómo contarle todo de forma que fuera honesta pero sin salir perdiendo.
—… Me vi con Yang Soo-bin.
—¿Qué?
La voz de Eun-seok subió de tono al toque. Como reaccionó de forma más fuerte de lo que pensaba, levanté la mirada hacia él.
—¿Por qué? ¿Cómo así se vieron? ¿Quedaron en algo o se cruzaron de casualidad? ¿Dónde fue?
Eun-seok me soltó todas esas preguntas mientras volteaba todo su cuerpo hacia mí. Se le marcaban hasta las venas del cuello; parece que se tomó bien en serio eso de que me viera con Soo-bin. Verlo tan preocupado por cada signo de interrogación me hizo sentir hasta un poco de roche.
—Me dijo para hablar un toque, así que nos vimos un ratito.
—¿Y qué te dijo ella?
Él ya estaba sacando sus propias conclusiones, dando por hecho que ella me había dicho algo malo. La verdad es que yo quería que él estuviera de mi lado, pero que me defendiera así de frente me daba hasta un poco de vergüenza.
—No fue ella, fui yo la que le dijo cosas.
Parece que mi respuesta lo desencajó, porque abrió los ojos como platos. No le oculté nada: le conté desde la pregunta que ella me soltó de la nada hasta el ‘parche’ que yo le puse. Durante todo el rato, el chico que estaba sentado a mi lado no me interrumpió, solo escuchó calladito.
—Y por eso se puso a llorar.
—¿Yang Soo-bin?
—Sí.
Volví a bajar la mirada hacia sus manos. Me seguía sintiendo mal por Soo-bin, pero no quería hacerme la santita frente a Eun-seok ni que se me notara la culpa.
—Ella siempre ha sido llorona.
soltó Eun-seok de forma tajante, defendiéndome.
—Llora por cualquier cosa, así que no te sientas mal.
No mentía, porque ella ya había llorado frente a medio mundo en la facultad de Administración. Pero en ese momento no importaba si lo que decía tenía sentido o no.
Lo importante era que Ryu Eun-seok me estaba consolando.
No me echó la culpa diciendo ‘¿para qué la ves?’, ni me puso límites diciendo ‘esto lo hiciste mal’. Se quedó ahí escuchándome y se puso totalmente de mi parte.
Después de todo el chongo me sentía sin alma y me escondí sola como siempre, pero él me encontró al toque y me dio ese consuelo tan calmado.
Me sorprendió que, en un momento donde me sentía tan incómoda con el mundo, tener a alguien al lado no me incomodara para nada.
—Pero…
Eun-seok, con las manos entrelazadas, alargó la última palabra.
—¿Por qué no le dijiste que nosotros dos no estamos saliendo?
Responder a esto fue mucho más difícil que confesar que le había hecho el pare a Soo-bin. Quería zafarme con un ‘ay, tú ya sabes’, pero su mirada, que sentía que me perforaba el cachete, estaba esperando una respuesta más sincera.
—Es que ella te quiere, pues.
Decir algo que todo el mundo sabía me hizo sentir como si el suelo desapareciera bajo mis pies.
—Y la esperanza a medias es lo más cruel que hay. No quiero que se haga ideas falsas.
La verdad es que me moría de miedo de que la belleza de ella funcionara con Eun-seok, pero me hice la generosa. Fingí que lo decía por su bien, pero en el fondo solo había celos de los más baratos.
—Perdón.
soltó él de la nada, disculpándose bajito.
—Por hacerte pasar por estas cosas.
Ryu Eun-seok no podía ocultar su roche; se pasaba la mano por la nuca y me miraba de reojo, delatándose por completo.
—¿Por qué me pides perdón?
—Es que, por mi culpa, hoy la has pasado mal, ¿no?
La verdad, no me esperaba eso. No hay nada más difícil que admitir un error cuando nadie te lo ha sacado en cara. Además, ese ‘duelo’ de indirectas entre Soo-bin y yo no era totalmente culpa suya.
Ya sabía que él era un chico maduro, pero hoy terminé de confirmar que es un pan de Dios. El bajón que sentía por estar ahí escondida se desvaneció por completo con esas pocas palabras que me soltó.
Nos quedamos mirándonos fijamente por un buen rato. Vi cómo su manzana de Adán subía y bajaba un par de veces. Su mirada bajaba a mis labios y subía de nuevo a mis ojos; no podía ser más obvio lo que quería.
Justo cuando Eun-seok pasó su lengua por su labio inferior…
—Sí, sí, claro…
Una voz extraña sonó detrás de nosotros. Volteé un poquito y vi a un chico de la residencia con el celular entre la oreja y el hombro, prendiendo un pucho.
Eun-seok pegó sus labios a mi oído y susurró:
—Vamos al carro.
Y como ya era costumbre, nos mudamos al asiento de atrás de su auto.
¿Qué habríamos hecho sin ese carro? Fijo que nos habrían ampayado chapando en algún rincón de la sala de estudio. Recién ahí le agradecí mentalmente por haberse aferrado tanto a la idea de no vender su caña.
—Mmm…
Eun-seok me buscó los labios con una desesperación loca y, al toque, empezó a desabotonarme la blusa. Hasta ahora solo me había tocado por encima de la ropa, pero hoy se notaba que estaba decidido a meter la mano bajo el sostén.
Me quedé un poco fría, pero lo dejé hacer. Tenía curiosidad acumulada y, además, quería concentrarme en sensaciones nuevas para olvidarme de toda la gente que me había fregado el día.
La blusa quedó abierta y mi brasier blanco quedó a la vista. Aunque todavía no llegaba el frío de otoño, sentí un escalofrío cuando el aire acondicionado del carro rozó mi piel.
—Guau…
soltó Eun-seok, con una expresión de admiración pura al verme.
Aunque yo misma le había dado el permiso silencioso, el roche no se me quitaba. Me encogí un poco por el frío repentino, pero sentía los cachetes hirviendo.
—No……
intenté cerrarme la blusa, pero Eun-seok me quitó las manos con firmeza.
Se le veía tragando saliva y saboreándose, tanto que me puse tiesa. Me levantó como si no pesara nada y me sentó sobre su regazo. Mis pechos quedaron exactamente a la altura de sus ojos. Aunque todavía tenía el brasier puesto, me sentí calatita frente a él.
Desde mi posición, veía clarito dónde estaba clavada su mirada. Veía cómo se mordía el labio y cómo su pecho subía y bajaba rápido por la respiración agitada.
Eun-seok bajó la copa del brasier y mi pecho saltó hacia afuera. Se me puso la piel de gallina alrededor del pezón, que ya estaba bien erecto. Su mano grande sostuvo la base de mi pecho con una delicadeza increíble, como si tuviera miedo de que se reventara. Su pulgar empezó a acariciar el costado suavemente.
—Asu… qué suavecita eres…
Eun-seok hundió la cara en mi pecho y respiró hondo. Su aliento me dio cosquillas y me hizo saltar los hombros, pero lo que más me ponía nerviosa era sentir sus labios rozando mi piel.
Después de refregar su nariz contra mí, ladeó la cabeza. Su mejilla aplastaba la carne blandita y sus labios quedaron pegaditos a mi areola.
No me apretaba con fuerza como otras veces, pero sentía que me faltaba el aire. Si me movía un poquito, era como si le estuviera regalando el pezón en bandeja de plata. Solo me quedó quedarme quieta y mover los ojos de un lado a otro.
De pronto, Eun-seok sacó la lengua. La puntita roja me tocó el pezón y sentí la humedad caliente de su boca rodeándome.
—Ah… mmm…
Esa sensación tan nueva me sacó un gemido que no pude controlar. Sentí una corriente eléctrica que me recorrió toda la espalda. Aunque quería quedarme quieta, mi cuerpo me traicionó: arqueé la espalda y terminé empujando mi pecho hacia su boca.
Eun-seok abrió la boca grande y me succionó con fuerza. Se escuchaba el sonido de la succión mientras su lengua jugueteaba salvajemente con mi pezón. Ver mi pecho blanco sacudiéndose de un lado a otro en su boca se sentía demasiado prohibido, totalmente impúdico.
Ryu Eun-seok movía la cabeza de un lado a otro, succionando mis pechos con una desesperación salvaje. Mi piel, pegada a sus labios, se estiraba como si fuera queso. Mi pezón raspaba contra su paladar rugoso mientras su lengua lo enredaba y lo apretaba sin soltarlo. Y en medio de esa succión frenética, sentía claramente cómo algo duro y pesado empujaba con fuerza debajo de mis nalgas.
—Ah… mmm…
Ya no sabía qué se escuchaba más fuerte: si mis gemidos ahogados o el sonido de sus lengüetazos. Me moría de miedo de que el ruido se filtrara fuera del carro, pero ninguno de los dos tenía la más mínima intención de parar.
Eun-seok, que me había estado ‘comiendo’ como si estuviera muerto de hambre, de pronto levantó la mirada. Pensé que solo tenía ojos para mi pecho, pero parece que recién ahí se acordó de mi cara.
—Qué linda eres.
Ese cumplido le salió del alma, soltándolo así, de la nada.
Madara Info
Madara stands as a beacon for those desiring to craft a captivating online comic and manga reading platform on WordPress
For custom work request, please send email to wpstylish(at)gmail(dot)com