Registro de Campus - 53
La fuerza con la que me apretaba el pecho se volvía cada vez más brusca, provocándome un dolorcito punzante. Ni siquiera me estaba tocando la piel directamente, solo me estrujaba por encima de la ropa, pero aun así mi respiración se aceleró.
—Me estorba.
Ryu Eun-seok soltó su queja pegado a mis labios.
—Esto.
Jaloneó la copa de mi brasier. Ante su queja tan descarada, sentí que la cara me ardía de la vergüenza.
—Esa vez no tenías puesto nada.
—¿Qué…?
Iba a preguntarle a qué se refería, pero me callé al toque. Si hubo un día en que no llevé ropa interior frente a él, solo pudo ser uno. Yo pensé que me había tapado bien, pero ¿resulta que el tipo se había hecho el loco todo este tiempo?
—¿Se notaba mucho?
—Yo solo te compré el calzón, ¿no? Y toda tu ropa estaba en la lavadora. Era obvio que no tenías nada puesto por dentro.
Eun-seok soltaba su explicación de lo más lógico mientras me pasaba la lengua por los labios. Yo sentía que la cara me iba a explotar en cualquier momento, pero él no paraba, estaba demasiado ocupado succionando mis labios.
—Te dije que me estoy aguantando un montón, ¿ya ves?
Parece que eso tenía varios significados. Solté un suspiro pesado mientras veía de reojo cómo su mano me manoseaba sin ningún pudor.
—Apuesto a que están bien suaves…
Murmuró eso mientras agarraba la copa de mi brasier y la levantaba. El pecho de mi polo se infló junto con el movimiento.
—¿Te lo puedo sacar?
—¡No, ni hablar!
Me asusté y le quité la mano a la fuerza. Recién ahí caí en la cuenta de que lo había dejado manosearme por demasiado tiempo. Tenía los labios empapados de saliva, el brasier todo movido, el aire dentro del carro estaba pesadazo y yo me sentía mareada, como si acabara de despertar de una siesta.
—Ya basta, para de una vez.
Traté de sonar firme, pero la voz me tembló un poquito al final. Mientras me acomodaba el brasier, empujé a Eun-seok por el hombro.
Recién cuando él regresó a su sitio de mala gana, pude volver a respirar. Me miré en la pantalla del celular para chequear que no se me notara lo ‘excitada’ que estaba.
Al abrir la puerta del carro, entró una ráfaga de aire totalmente distinta a la de adentro. Antes de subir pensé que todavía hacía calor, pero ahora el viento ya olía a otoño.
—Adelántate tú.
Eun-seok señaló hacia abajo con la mandíbula. Como era de esperarse, sus pantalones de tela estaban bien bultosos de un lado. Solo de mirar, sentí que la garganta se me cerraba.
Que vea él cómo se las arregla solo; yo salí disparada del asiento trasero. Sentía su mirada clavada en mi espalda, pero no voltee a propósito. Sentía que si cruzaba miradas con su silueta detrás del vidrio oscuro del carro, iba a terminar metiéndome adentro otra vez.
Tenía que alejarme del estacionamiento lo más rápido posible. Hoy de todas maneras me toca un duchazo con agua fría.
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Esta mañana saqué el estuche de los lentes de contacto que tenía tirado en el fondo del cajón. A las quinientas les cambiaba el líquido solo por cumplir, pero decidí hacerle caso a mi mamá y probar cómo me iba sin los anteojos. Como esta semana las clases terminaban temprano, era el momento perfecto para practicar.
—Ay…
Apenas me puse los lentes rígidos, sentí que los ojos me gritaban de lo secos que estaban. Mientras me echaba gotas de lágrimas artificiales al toque, el espejo del baño me devolvió una cara desconocida.
Me quedé mirando mi reflejo, medio boba. Mis ojos definitivamente se veían más grandes, pero como no podía pestañear bien por la incomodidad, sentía que tenía una expresión media perdida, como si estuviera en las nubes. Y si abría mucho los ojos, me daba miedo que el lente saliera volando.
Mi plan original era echarme rímel también, pero con la sensación de tener algo metido en el ojo ya era suficiente; no quería ni tocarme más. Agaché la mirada y evité el espejo todo lo que pude.
Gracias a que Song Hyuk-jun me pasó la voz a tiempo, logré conseguir un casillero para este segundo ciclo. Pero a Ryu Eun-seok no le ligó el sorteo y se quedó sin nada. Así que, una vez más, terminamos compartiendo el mío. La clave seguía siendo la misma: 0528.
Mientras sacaba mi calculadora científica, no pude evitar fijarme en las cosas de Eun-seok que ocupaban un rincón. Sentí que la distancia entre nosotros se había acortado un montón. Compartir un espacio tan personal me daba una sensación extraña, como si me picara todo el cuerpo.
Me pregunté si él habrá sentido lo mismo hace tres meses, cuando decidió prestarme su casillero.
Justo cuando estaba cerrando la puerta, sentí que me estaban chequeando. Unos chicos que estaban cerca de la oficina del centro de estudiantes me miraban de reojo. Eran caras conocidas de la facultad de administración, pero nunca en mi vida los había saludado.
¿Qué pasa?, pensé.
A menos que estemos en medio de un trabajo grupal, casi nunca llamo la atención. Cuando siento que todas las miradas se clavan en mí de la nada, me dan ganas de que me salgan ronchas de los nervios.
Salí disparada de ahí como si me urgiera ir al baño. Me picaba la nuca y no sabía si era porque yo estaba de paranoica o porque de verdad alguien me estaba siguiendo con la mirada.
Ese ambiente raro me persiguió hasta el salón de Estadística Financiera. Cuando puse mi mochila en mi sitio de siempre, el chico de la fila de atrás levantó la cabeza y se puso a ver cada uno de mis movimientos. No era esa mirada de ‘volteo porque escuché un ruido’, era algo más.
Me sentí como si fuera Ryu Eun-seok por un momento. Pero la diferencia es que yo solo tengo un seguidor.
Justo en ese momento, el protagonista que siempre para bajo los reflectores me mandó un mensaje con una foto. Como Eun-seok recién tenía clases en la tarde, estaba aprovechando el tiempo en el gimnasio. En la foto se veía su reflejo en el espejo; llevaba ropa deportiva y se le notaban los músculos de los brazos bajo el polo manga cero. Me quedé pegada un buen rato mirando su sonrisa de medio lado por encima del celular.
Pero mi respuesta fue súper simple. No soy tan generosa como para ponerme a alabar a un tipo que ya sabe perfectamente que es un churro.
Eun-seok me respondió como no pudiendo creer mi frialdad. Me quedé mirando el cursor parpadeando en la pantalla, sin saber qué poner. Me sentía bloqueada; no es como si hubiera un manual para saber qué responder en estos casos.
Al final, me fui por lo más fácil: un emoji. Le mandé un panda con un corazón y puse el celular boca abajo al toque. Tenía la cara que me ardía por no estar acostumbrada a este tipo de conversaciones.
De pronto, la mesa empezó a vibrar. Era mi celular. Lo volteé y vi que Eun-seok me estaba llamando.
En vez de contestar, metí el teléfono al fondo de la mochila. Sentía que si escuchaba su voz grave en ese momento, iba a terminar diciendo cualquier estupidez. Todavía no tengo ni idea de cómo controlar la velocidad de lo que siento.
Cuando terminaron las clases de la mañana, bajé hacia el estacionamiento que queda entre la facultad y el pabellón de alumnos. Había quedado con Eun-seok para ir a probar unas hamburguesas artesanales nuevas. Como el sitio quedaba lejos de la universidad, pensé que no habría problema.
—¿Eh?
Song Hyuk-jun, el delegado, venía subiendo la colina y me saludó a todo pulmón.
—¿Usted es la delegada Sang-hee, no?
Se me acercó tanto que casi me choca, mirándome la cara con los ojos como platos. Yo sabía perfectamente por qué lo hacía y me dieron ganas de retroceder por puro roche. Mañana mismo me pongo mis anteojos de nuevo.
—¡Asu! De lejos ni la reconocí. ¿Se ha puesto lentes de contacto?
—Sí.
Hyuk-jun es escandaloso por naturaleza, así que ya me lo esperaba, pero Lee Dong-ha, que estaba a su lado, se quedó calladito, algo nada común en él. Yo también sabía por qué, así que evité mirarlo a propósito.
—Delegada, ¿por qué se tapaba con los anteojos? Debería usar siempre lentes de contacto. Está bien linda, de verdad. Pensé que había aparecido una ‘diosa’ nueva en la facultad y yo ni enterado.
—No es para tanto…
Con los halagos exagerados de Hyuk-jun, sentía que el sol me quemaba solo a mí. Ya no podía mirar a la cara ni a Dong-ha ni a nadie.
—Tengo que irme, ya se me hace tarde. Almuercen rico.
Menos mal tenía una excusa para zafar. Me fui casi corriendo sin esperar a que terminara de despedirse. En mi cabeza había una guerra: ¿será que saco mis lentes de la mochila y me los pongo ahorita mismo?
La verdad, la verdadera razón por la que me dio la locura de probar los lentes de contacto fue Ryu Eun-seok. Cada vez que nos besamos, él me quita los anteojos y me mira a los ojos con una seriedad que me desarma. Como sentí que a él le gustaba mi cara lavada, decidí hacerme la valiente y seguir el consejo de mi mamá.
Pero con los comentarios de Hyuk-jun, me puse más tímida todavía. No soy una cachimba que recién empieza y se quiere producir; ya tengo mis años en la facultad, Eun-seok se va a dar cuenta al toque de mis intenciones.
Me juré a mí misma que si Eun-seok reaccionaba de forma escandalosa como Hyuk-jun, me sacaba los lentes ahí mismo y me ponía mis anteojos. Respiré profundo, como un boxeador entrando al ring, caminé hacia el estacionamiento.
Eun-seok estaba apoyado en su carro, chequeando su celular. Apenas escuchó mis pasos, levantó la mirada.
No me saludó con la mano ni me dio una de sus sonrisas frescas de siempre. Solo se quedó ahí, con la mirada endurecida, mientras yo me acercaba toda insegura. Me miró fijamente de arriba abajo hasta que llegué frente a él. Tenía una expresión tan fría que parecía un bloque de hielo.
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