Registro de Campus - 50
Lunes por la mañana. Mis pasos se hicieron más lentos mientras entraba al salón. Sabía que a nadie le importaba lo que yo hiciera, pero igual estaba con los nervios de punta, toda tensa.
Ryu Eun-seok me había dicho para venir juntos a la facultad de Administración, pero le dije que no bien fría. Se supone que habíamos quedado en que esto era secreto, pero él a cada rato intentaba dar señales y a mí me tocaba pararlo en seco. Cuando le dije que, aunque seamos pareja, no teníamos que hacer todo pegados como chicles, me llenó el chat de emojis llorando a mares.
Me senté donde siempre: segunda fila, al centro. Normalmente me siento más tranquila pegada a la pared, pero para las clases esa era mi excepción.
A los cinco minutos, Eun-seok apareció por la puerta. El muy picón entró con una cara de pocos amigos y me ubicó al toque. Tenía la mandíbula tensa, se notaba que estaba cargado de puro fastidio.
Entró sin saludarme ni hacerme ninguna seña, se sentó dejando un asiento de espacio entre nosotros. Tiró su mochila en la silla del medio y ahí estaba: el peluche de panda colgado del cierre, balanceándose de un lado a otro.
¡Ay, verdad! ¡Ese llavero…!
Miré de reojo mi propia mochila colgada en el gancho de la carpeta. Estaba tan obsesionada con que no se dieran cuenta de lo nuestro, que me olvidé por completo de que teníamos el mismo llavero. Alguien que sea un poquito observador se daría cuenta al toque. Además, a Eun-seok ese peluche tierno no le pegaba nada con su estilo, así que llamaba más la atención.
‘Mejor saco el mío de una vez’, pensé. Me daba pena porque me encantaba ese peluche, pero lo primero era que no nos ampayen.
Justo cuando iba a soltar el ganchito del cierre de mi mochila…
—No lo hagas.
La voz de Eun-seok sonó firme desde el asiento de al lado.
—Déjalo ahí.
No sé desde qué momento, pero Eun-seok me estaba siguiendo cada movimiento con la mirada.
—Mira que me estoy aguantando un montón.
Esa última frase me retumbó en el oído. Su voz grave sonó como una advertencia y, por puro nerviosismo, no me quedó de otra que soltar el llavero.
—¡Hola, Eun-seok!
—¡Habla, Eun-seok! ¿Cómo has estado, hermano? ¿Por qué tan perdido?
En eso, un grupo de gente entró en mancha y empezaron a saludarlo. Yo acomodé mi mochila y me hice la loca, mirando hacia adelante, pero era imposible no tener las orejas paradas para escuchar todo.
—Es verdad, Eun-seok ni contesta las llamadas. ¿Qué estuviste haciendo en las vacaciones?
—Ayudando con las cosas de mi familia, estuve ocupado.
—Te dijimos para ir a tomar algo ahora que volvimos a Seúl y te botaste feo.
—Ya pues, dejen de chupar tanto.
A mí me vivía reclamando que quién me escribía, pero su celular era el que estaba que reventaba. Igual, como él mismo me ofreció enseñarme sus chats y yo de orgullosa le dije que no, no tenía nada que reclamar.
—¡Oye, Ryu Eun-seok!
Una chica entró corriendo desde la puerta y le metió un manazo en el hombro a Eun-seok. Era una de mi base, pero no me acordaba bien de su nombre.
—¡Tanto tiempo! ¿Cómo has estado? Oye, te has puesto más guapo, ¿no?
—¿Has retomado el ciclo?
—Sí, pues. Se acabó la buena vida. Ay, me va a dar algo de solo pensar en volver a estudiar.
A pesar de que me juré no mirar, no pude evitar fijarme en la mano de la chica apoyada en el hombro de Eun-seok. ¿Es necesario que hable tocándolo así?
—Mira, ¡estoy recontra quemada!
—Sí, se nota.
—Solo donde tenía el reloj está blanco. Eso es señal de que me he divertido de lo lindo.
Y este Eun-seok… ¿no le molesta que lo toquen así? ¿Por qué la deja? Según él, solo se dejaba tocar por mí y no sé qué más, pero ahí lo veo, recibiendo caricias de todo el mundo.
—Oye, ¿estoy más gorda que la última vez que me viste? Pensé que dándole la vuelta al mundo iba a bajar de peso, pero comí demasiado. ¿Tú sigues haciendo ejercicio? ¿Sigues yendo al mismo gym?
Al escucharla, recién me acordé de quién era. Era Shim Chan-mi, la que pidió licencia para irse de viaje por el mundo justo cuando yo me fui a Canadá a estudiar inglés. Siempre fue de las que llamaba la atención por ser bien pilas.
—No, ya no voy. Ya va a venir el profe, siéntate.
—Ay, ¿qué te pasa? ¿Desde cuándo hablas así como alumno ejemplar? Qué espeso.
Eun-seok no le respondió y le quitó la mano del hombro. La chica, sin hacerse paltas, jaló la silla vacía que estaba a la izquierda de él y se sentó.
—A ver si yo también me pongo a estudiar después de tiempo.
Antes de que Eun-seok volteara a mirarme, clavé la vista en mi tablet. Qué irónico: los que estamos saliendo estamos con un asiento de por medio, ellos ahí, bien pegaditos. Igual, quería portarme como si nada me afectara, toda digna.
Yang Su-bin, Kwon Ga-ram y ahora Shim Chan-mi. Literalmente, Ryu Eun-seok tenía a sus ‘tres mil concubinas’, pero era el precio que tenía que pagar si quería estar con él. No es que no lo supiera; lo había visto todo desde el principio. Además, fui yo la que propuso que nos viéramos a escondidas. Así que no tenía derecho a quejarme ni a estar de mal humor.
Traté de ignorar cómo me hervía la sangre por dentro. Me sentía tan patética por hacerme paltas solo porque él se sentó al lado de una compañera, que prefería simplemente no pensar en eso.
Eun-seok y Shim Chan-mi conversaban bajito sobre viajes. Yo, por mi parte, me puse en plan ‘estudiosa’ y empecé a revisar el material de la clase como si me fuera la vida en ello, pero toda mi concentración estaba volada hacia mi izquierda.
—¿Está ocupado este sitio?
Una voz que no escuchaba hace tiempo me cayó de la nada. Levanté la mirada y ahí estaba Joo Seung-jae, tapándome toda la vista.
—¿Esta mochila es de Eun-seok?
Seung-jae se metió a la fuerza en el espacio entre mi silla y la carpeta de atrás. Eun-seok, que estaba hablando con Shim Chan-mi, se le quedó mirando con una cara de pocos amigos.
—¿Se va a sentar aquí?
No le quitó la mochila al toque, se le notaba una vibra bien cortante.
—Sí. He decidido que a partir de ahora me voy a preocupar por mis notas.
—¿Y por qué justo ahora?
Eun-seok lo dijo como para sí mismo, pero era obvio que se estaba burlando. Sentí su mirada pasar sobre mí por un segundo, pero me mantuve firme en mi idea de no hacerle caso y no volteé.
Cuando Eun-seok bajó su mochila al piso, Seung-jae se sentó al toque. La mesa para cuatro ahora estaba repleta en una distribución de lo más incómoda.
—Sang-hee, ¿cómo has estado?
me preguntó Seung-jae bien confianzudo
—¿Fuiste a ver a los pandas? Vi que cambiaste tu foto de perfil.
—Sí.
Respondí cortante y miré de reojo por encima del hombro de Seung-jae. Shim Chan-mi le estaba enseñando algo en su celular a Eun-seok, pero él ni le prestaba atención; me estaba clavando la mirada a mí.
—¿Y vas sola a esos sitios? ¿O vas con alguien?
Seung-jae ya me había estado fregando con preguntas tontas durante todas las vacaciones, parece que en el inicio de clases no iba a cambiar. Yo solo estaba aguantando, esperando que se aburriera y se fuera a molestar a otra chica.
—A veces voy sola y a veces con amigos.
—Ja.
Ese ‘ja’ de burla vino de Eun-seok. Todos lo miraron con cara de ‘¿y a este qué le pasa?’, pero él, con una cara de pocos amigos, se puso a teclear su tablet con una fuerza exagerada. Yo era la única que sabía por qué estaba tan picón.
—Tu foto de perfil es bien linda. A mí también me gustaría ir a verlos alguna vez. ¿Cuándo piensas volver?
Era obvio por dónde venía Seung-jae. Por suerte, justo en ese momento llegó el profesor de Publicidad y me salvé de seguir con esa conversación tan pesada.
Mientras el profe explicaba de qué iba el curso, yo me puse toda tiesa para no chocar codos con Seung-jae. Me moría de curiosidad por saber qué cara tenía Eun-seok, pero ni loca volteaba.
—El parcial vale 30%, el final 30% y el trabajo grupal 30%.
Cuando el profe dijo que el trabajo valía lo mismo que un examen, se me salió un suspiro. Yo quería pasar este ciclo tranquila, pero por dármela de viva y querer hacer grupo con Eun-seok, tomé una decisión bien tonta.
—¿Quieres hacer el trabajo conmigo?
Apenas el profesor salió, Seung-jae ya estaba tratando de jalarme a su grupo. Me dio el presentimiento de que este ciclo iba a ser una pesadilla.
—Usted sabe que yo me peleé con el superior Kim Do-wan, ¿no?
mencioné el nombre de la persona que más roches me traía en esta facultad
—Yo no aguanto a la gente que se quiere llevar la nota gratis sin hacer nada.
—¡Ay, por favor! Eso es obvio. En esa época todos decíamos que Do-wan se pasó de la raya.
Qué tipo tan cínico. Él era uno de los que andaba diciendo a mis espaldas que yo era una ‘creída sin respeto’, ahora me venía con mentiras.
—Yo soy bueno para las exposiciones. Y tengo un montón de plantillas de PowerPoint pagadas, si las usamos…
—Sang-hee lo va a hacer conmigo.
Eun-seok cortó en seco a Seung-jae. El mayor lo miró con una cara de desconcierto.
—Pero no van a hacer el trabajo solo ustedes dos.
—Ya sé. Pero si quiere trabajar con Sang-hee, primero tiene que pedirme permiso a mí.
Eun-seok se estaba pasando de la raya. Para ser solo un ‘amigo de la misma base’, su actitud era demasiado protectora. Sentí que en cualquier momento iba a soltar que estábamos saliendo.
—¿Qué permiso ni qué ocho cuartos? ¿Acaso eres el guardián de Sang-hee?
—No soy su guardián.
Eun-seok me lanzó una mirada
—Pero somos lo suficientemente cercanos como para haber cuadrado nuestros horarios a propósito.
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