Registro de Campus - 43
Eun-seok frunció el ceño al revisar el DM que le acababa de llegar. Desde que empezaron las vacaciones, no dejaba de recibir mensajes del mismo tipo.
Entre propuestas de publicidad estafadoras y tipos que le mandaban indirectas para acostarse con él, recibía de todo, así que casi nunca leía nada. Pero tuvo que abrir este mensaje porque el dueño de la cuenta hablaba como si conociera su vida al detalle.
¿Chambeando en la empresa de tu viejo? ¿Te dan propina al menos? Jajaja. Oye, en vez de subir estas fotos, ¿por qué no haces delivery para pagar tus deudas? Se ve que todavía te das la gran vida, qué buena suerte la tuya. Dicen que los usureros arman listas de tus amigos y familiares para empezar a llamarlos, ¿qué vas a hacer?
El usuario era ‘v932lfk’, una combinación de letras y números sin sentido que hacía imposible saber quién era. Estaba seguro de que era alguien de su círculo; revisó bien, pero esa cuenta fantasma solo lo seguía a él.
Su principal sospechoso era Park Tae-hyun. Ese imbécil ya había sacado el tema de los usureros frente a todos en la fiesta de fin de ciclo. Ese estilo de escribir, fingiendo preocupación pero destilando veneno, era típico de él.
Pero no tenía pruebas para encararlo. Y como no había insultos fuertes, tampoco podía denunciarlo. Lo único que podía hacer era quedarse mirando el mensaje con cólera.
V932lfk, al ver que Eun-seok leía todo, mandaba DMs a diario para sacarlo de quicio. Podría haberlo ignorado, pero Eun-seok se puso terco y leía cada palabra con los ojos bien abiertos.
De pronto, pensó que se estaba portando igualito a Sang-hee. Ya fuera contra él cuando la acusó de soltar rumores, contra Kim Do-wan cuando estaba borracho, o contra Park Tae-hyun cuando arruinaba el ambiente con sus groserías, ella nunca retrocedía. Siempre se plantaba con los ojos bien abiertos. A ella le gustaba pasar desapercibida, pero si la acorralaban, saltaba sin dudarlo.
Últimamente, todos sus pensamientos terminaban en Sang-hee. La vida de Eun-seok no funcionaba si ella no le respondía los mensajes.
Para tener tema de conversación, se ponía a ver videos de pandas todas las noches hasta que por fin aprendió a diferenciar a los gemelos. Y si Sang-hee le ponía un simple ‘jaja’ al final de un texto, él se revolcaba en la cama abrazando el celular como un loco.
Un día fue a ayudar a su papá a la oficina y le mandó una foto de su almuerzo en el comedor; ella le dijo que era un ‘buen hijo’. Ese cumplido le dio más energía que un tónico; se puso a ayudar a su hermano mayor con tantas ganas que terminó saliendo tardísimo del trabajo.
—Eun-seok, ¿estás muy ocupado estos días?
le preguntó su mamá mientras entraba tras regar el jardín.
—No, para nada.
—Entonces, vamos a cenar todos juntos por tu cumpleaños.
Este viernes era su cumple. Su mamá añadió con cara de pena:
—Ya que no podemos mandarte de viaje, al menos hay que tener una cena elegante.
—Eh…….
Eun-seok se quedó tartamudeando. Ya tenía un plan pactado desde el mes pasado.
—¿No puede ser el día anterior? O el día después.
—¿Por qué? ¿Tienes planes?
—Ah, sí. Quedé con unos amigos para ir a Everland.
En realidad no eran ‘amigos’, era una sola persona a la que ni siquiera podía llamar simplemente ‘amiga’, pero Eun-seok mintió sin que se le moviera un pelo.
—¿Ah, sí? Ya pues, cenamos el día anterior entonces. Le voy a avisar a tu papá.
Menos mal su mamá no sospechó nada. Tratando de controlar su cara de felicidad, subió corriendo a su cuarto en el segundo piso. Últimamente se la pasaba encerrado ahí; con tal de tener su celular para hablar con Sang-hee, no se aburría nunca.
Sacó varias mudas de ropa del clóset para elegir qué ponerse el viernes. Se probaba una cosa, se miraba al espejo, cambiaba el outfit, todo un alboroto. Él siempre había tenido confianza en que todo le quedaba bien, pero ahora ninguna ropa le parecía suficiente.
Se tiró al sofá y abrazó un cojín con fuerza. Era el mismo que Sang-hee estuvo abrazando todo el rato cuando fue a su casa. Desde entonces, él siempre lo tenía a su lado.
Revisó el celular por inercia, pero no había respuesta. Ella le había dicho que estaba almorzando con sus papás, así que le tocaba ser paciente.
Mientras esperaba mirando el nombre de Sang-hee en la pantalla, recordó el tacto de sus manos pequeñas y luego el recuerdo saltó hasta sus pies, que él le había masajeado en el sauna.
Era lógico que su cuerpo reaccionara.
La primera vez que tuvo una erección frente a ella se sintió avergonzado, todavía le daba roche, pero por otro lado pensaba que era mejor así. Eso demostraba que lo suyo no era una simple amistad. Ella era inteligente, seguro se dio cuenta al toque.
Además, ella no salió corriendo asqueada, sino que se quedó a su lado esperando a que se calmara. En ese espacio chiquito, incluso le sostuvo el manga para que leyera. Para Eun-seok, eso era una señal de esperanza.
Su mano bajó por su vientre y pasó fácilmente por la pretina de su buzo y su ropa interior. Sintió el calor de inmediato. Pronto, su mano se llenó con su pesadez.
Al principio pensó en estimularse un poco solo para calmarse. Como decía Sang-hee, últimamente se le ‘despertaba’ a cada rato y no podía estar terminando en cada ocasión. Tenía que pensar en pandas o en cualquier otra cosa para que bajara.
Pero lo que apareció en su mente no fue la cara inocente de un panda, sino esa figura pequeña envuelta en su ropa inmensa.
Recordó paso a paso: sus mejillas sonrojadas después de salir del agua caliente, la humedad que aún quedaba en las puntas de su cabello largo y sus ojos brillando detrás de los cristales de sus lentes. Al revivirlo, su miembro empezó a palpitar con fuerza, como si quisiera atravesar la ropa interior.
Y había una imagen que se le había quedado pegada en la memoria como si fuera ayer.
Esa cara radiante que vio entre las gotas de una lluvia torrencial. Él solo pensaba en correr a su casa, pero de pronto escuchó una risa clara a sus espaldas. Al voltear, esa sonrisa que solo había visto de lejos en el terminal estaba ahí, frente a él. Sintió que el corazón se le detenía y, como un tonto, terminó sonriendo él también.
Pensó que tardaría una eternidad en lograr que Sang-hee le sonriera así. Ese encuentro inesperado lo dejó todo el día con el pecho inflado de emoción, para luego desinflarse como un globo; por eso, ni siquiera recordaba bien qué tantas tonterías le dijo mientras pasaban la tarde juntos.
Desde ese día, cada vez que caía un chaparrón, se quedaba mirando por la ventana. ‘Quiero mojarme otra vez’. La próxima no iría de frente a la casa; buscaría refugio bajo un árbol cercano. Y con la excusa de que tienen frío, la abrazaría fuerte… Se la pasaba armando planes inútiles como ese.
—Uff…
Su miembro, ya fuera de la ropa interior, se movía al ritmo del aire acondicionado. Sus manos empezaron a moverse con urgencia, frotando con fuerza, sin dudar en usar el pulgar para estimularse más.
Debajo del cojín se escuchaba el sonido húmedo de la fricción. Sentía las venas marcadas rodeando su miembro contra la palma de su mano. El líquido preseminal empezó a resbalar, mojándole los testículos y goteando dentro de su trusa.
—Ah…
Eun-seok echó la cabeza hacia atrás, soltando el aire entrecortado. El techo de su cuarto se volvió borroso. La excitación no bajaba; al contrario, sentía que subía y subía sin parar.
‘La próxima tengo que pensar en otra cosa que no sean pandas para calmarme’, pensó. Todo lo que tuviera que ver con Sang-hee era peligroso.
Sentía la entrepierna hirviendo. Aunque en su cuarto corría un aire bien frío, Eun-seok seguía reviviendo el calor que sintió en esa pequeña cueva del sauna.
Su miembro, que ya superaba el agarre de su mano, se hinchó todavía más. En el momento en que sintió que llegaba al límite, incluso dejó de respirar. No pasó mucho tiempo antes de que empezara a soltar todo.
—… Ah.
Como siempre, después de terminar solo, le cayó encima esa sensación de vacío. Debido a que últimamente lo hacía muy seguido, el semen estaba más ralo y le resbalaba por los dedos. Sabía que se veía hecho un desastre, pero no tenía ganas de moverse.
En eso, el celular que estaba tirado por algún lado del sofá vibró. Eun-seok dio un salto, se levantó de un porrazo y se limpió las manos con un pañuelo a toda velocidad. Sin siquiera subirse bien la ropa interior, se puso a buscar el teléfono como loco.
Apenas vio el nombre en la pantalla, se le dibujó una sonrisa de oreja a oreja. El nombre de ella sonaba tan dulce, aunque sus mensajes fueran secos y cortantes.
[Sang-hee: Ya terminé de comer]
Pero le encantaba. Le encantaba ese esfuerzo de ella por compartir las cosas insignificantes de su día sin que le diera flojera. Sentía que el nombre de Ryu Eun-seok estaba bien marcado en el tiempo de Sang-hee, eso lo hacía sentirse en las nubes.
Desesperado por hablarle, apretó el botón de llamar antes de terminar de acomodarse el pantalón. Sentía un cosquilleo en los pies, como si estuviera pisando burbujas de jabón que reventaban de pura felicidad.
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