Registro de Campus - 37
A pesar de la despedida toda melancólica que tuvimos frente a la resi, el reencuentro con Ryu Eun-seok se dio más rápido de lo que pensaba.
Era el último día de junio, uno de esos días donde el sol se asomaba de a poquitos entre nubes negras y pesadas. Yo estaba haciendo mi voluntariado de paseo de perritos en un albergue. Eun-seok me escribió preguntándome qué hacía, así que le mandé fotos de los cachorros.
Le pasé la ubicación del centro, que queda en un pueblo tranquilo entre Cheongju y Cheonan.
‘Sé dónde es eso jajaja’ ‘Hasta puedo ir caminando desde mi casa’
Y para rematar, buscó la ruta en Google Maps desde su casa hasta el albergue y me mandó la captura. De verdad estaba a doce minutos a pie.
Pensar que si caminaba un poco más por la orilla del río llegaba a la casa de Eun-seok me dejó pensando. Miré a los dos perritos que estaban jadeando y sacudí la cabeza. ¿En qué estás pensando? Concéntrate en ellos.
—Ya, vamos de regreso.
Como el calor estaba insoportable (un bochorno total), los perritos ya caminaban lento, así que di la vuelta. Era mi séptima vuelta por el mismo camino, así que mi polo ya estaba empapado de sudor. Solo me faltaba un grupo más y terminaba.
Mientras caminaba, me puse a recordar la última vez que vi a Eun-seok. Sus manos grandes sosteniendo ese llavero viejo como si fuera una joya carísima, su voz grave diciendo ‘está bien bonito’ con sinceridad, ese aire de la noche que soplaba pero que no lograba quitarme el calor de los cachetes…
—¡Hong Sang-hee!
Escuchar mi nombre de la nada por encima del hombro me metió un susto que hasta encogí el cuello como tortuga. De los nervios ajusté la correa y los perros se detuvieron a mirarme.
—¡Sang-hee!
Volteé y vi al fondo del camino una silueta altaza, como un poste, que venía corriendo hacia mí. Sus piernazas cruzaban con facilidad el camino lleno de maleza. Con el viento caliente y húmedo, su pelo se agitaba todo impecable.
Incluso de lejos, sus facciones resaltaban un montón. Por eso supe al toque quién era el que venía corriendo en medio de este calor.
—Habla.
Eun-seok se detuvo frente a mí, recuperando el aire, me lanzó una sonrisa bien fresca. Se le veía recontra orgulloso de estar ahí. Aunque el cielo estaba gris, sus ojos achinados parecían llevarse toda la luz que quedaba.
El tipo se había metido su pique (carrera), pero solo olía a pasto mojado. En cambio, yo tenía gotitas de sudor en la frente, así que por instinto retrocedi un par de pasos.
Hacía apenas diez días que lo había visto, pero encontrarlo así, de la nada y en un sitio que no era la ‘U’, me hizo sentir como si viera a un extraño. Mi corazón empezó a latir a mil, como si la que hubiera corrido fuera yo. Estaba tan palteada (nerviosa) que me quedé ahí parada sin siquiera devolverle el saludo.
Mientras yo parpadeaba como boba, Eun-seok miró a los perros.
—Hola a ustedes también.
Como estos perritos siempre mueren por un poco de cariño, ni le ladraron; al contrario, movían la cola felices. Eun-seok les acarició la cabeza un par de veces y luego me estiró la mano.
—Dame uno. Yo lo paseo.
—¿Qué haces acá de la nada?
fue lo único que pude articular.
—¿Cómo que qué? Te dije que vivo cerca, así que vine para verte.
Eun-seok sonrió de oreja a oreja y, sin pedir permiso, me quitó la correa naranja. El perrito que me tocaba lo siguió al toque, así que no me quedó de otra que empezar a caminar. La verdad, era mucho más fácil que pasear a los dos yo sola.
—¿Has estado yendo y viniendo con este calor?
Apenas me preguntó eso, me alejé dos pasos más de él. Me daba roche que sintiera mi olor a sudor.
—Pasearlos es lo más tranqui. No sabes lo pesado que es limpiar adentro y cargar los sacos de comida.
Al final era estar con perritos lindos y las horas de voluntariado se acumulaban rápido. El problema era el sudor, pero por ahora bastaba con mantener mi distancia.
—Igual, hubieras traído gorra aunque sea. Estás recontra roja.
De pronto, sentí el dorso de la mano de Eun-seok en mi mejilla. Mi piel estaba hirviendo comparada con su temperatura.
Pero eso no era lo peor. Lo que de verdad me fregaba era que Eun-seok se pasara por el arco del triunfo la distancia que yo estaba intentando mantener. Por ese contacto tan repentino casi me voy de cara al suelo.
—Pero si ni hay sol……
respondí más cortante de lo normal, pegándome bien al borde del camino. Ya las plantas me rozaban las piernas.
A diferencia de cuando lo veía en la universidad como algo rutinario, no me acostumbraba a este encuentro sorpresa en un lugar tan alejado.
Tenía todos mis sentidos puestos en el chico que caminaba a mi lado. Pasé de caminar toda desganada a ponerme bien derechita. El paisaje que ya me aburría de tanto verlo, de pronto cobró un color intenso.
Menos mal que tenía la correa en la mano, porque si no, no habría sabido ni dónde meter los brazos.
¿Será que de verdad me siento rara solo porque es incómodo?, una vocecita de duda empezó a salir desde lo más profundo de mi ser.
—¿Cuánto te falta para terminar?
—Dejo a estos dos y solo me faltan un par más para terminar.
—Entonces, cuando acabes, vamos a mi casa para que almorcemos algo.
La voz de Ryu Eun-seok sonaba demasiado relajada. O sea, ya no somos niños; somos adultos, eso de invitar a alguien a tu casa… como que no cuadra, ¿no?
Aparte de cuando era chiquitita, nunca he invitado a nadie a mi casa, ni tampoco he ido a la de otros. Sé que otros chicos de la ‘U’ paraban metidos en sus cuartos alquilados, pero ir a una casa donde viven los papás es otra nota completamente distinta.
—No, tranquilo, estoy bien así.
—No hay nadie en mi casa ahorita.
Eso sonó peor todavía. ¿Por qué me invita justo cuando no hay nadie? Parecía uno de esos planes caletas de chibolos que esperan a que los viejos salgan para armar un ‘tonito’ o meterse en problemas.
—¿Y si tus papás llegan de la nada?
—Mi casa es inmensa, ni cuenta me doy cuando alguien entra.
Definitivamente, Eun-seok tiene un talento para decir cosas que te hacen imaginar puras tonterías. Sentía su mirada fija en mí, pero yo me hice la loca y seguí mirando a los perritos.
—¿Y qué tan grande es, ah?
—Tres mil metros cuadrados (unos mil ‘cocos’ de terreno).
Yo me había imaginado un departamento amplio, pero el número que soltó me dejó en el sitio.
—Eso incluye el jardín y la huerta.
Ah, de veras. Me olvidaba de que este tipo es de plata. Salvo la vez que me llevó en su carro, casi nunca me acordaba de que era millonario; más bien, siempre veía cómo la gente lo basureaba porque su familia ya no tenía el mismo poder de antes.
—Comparto piso con mi hermano mayor, pero él vive en su oficina últimamente, así que casi ni viene.
¿’Compartir piso’? ¿O sea que hay varios pisos? Si ya con lo de los tres mil metros mi cabeza voló, ya no sabía ni qué más imaginar.
—Te voy a preparar un kimchi bokkeumbap.
Me dio un vuelco el corazón y lo miré. Eun-seok me sonreía con esos ojos achinados.
—Con un ramen más, ¿qué dices?
Ya me estaba dando un hambre voraz y esa combinación era perfecta para que se me hiciera agua la boca. Mi cara de duda me debe haber delatado, por eso él me miraba tan seguro de sí mismo.
—…… ¿Puedo ir así nomás, con las manos vacías?
Solté la pregunta, que era básicamente un ‘sí’. Me sentí media interesada, así que bajé la mirada por la vergüenza.
—¿Cómo vas a preguntar eso? Obvio.
Eun-seok se acercó para jalarme hacia él, ya que yo me estaba pegando mucho al borde. Al toque saqué el brazo para que no sintiera mi piel pegajosa por el sudor y la humedad. Fue un roce de un segundo, pero sentí como si me hubiera quemado.
—Parece que soy el único que está feliz de verte.
Eun-seok hizo un puchero.
—Te la pasas evitándome y no dejas ni que te toque.
—Es por el sudor.
solté esa excusa barata al toque. Seguía sin poder mirarlo a los ojos.
—Pero si no hueles a nada.
—¡Yo me siento incómoda!
A diferencia de él, que hasta en medio de este bochorno parece modelo de comercial de agua mineral, yo debo estar hecha un desastre, toda empapada de sudor. No tenía ni valor para mirar mi reflejo en la pantalla del celular.
Saqué a los últimos perritos y, aprovechando un descuido, me olí el polo disimuladamente. Pero mi nariz ya se había acostumbrado, así que no sabía si olía mal o no.
Como Eun-seok me ayudó con uno de los perros, por fin pude sentir ese airecito pesado que soplaba. Ya no era aburrido caminar por el mismo sitio ahora que tenía con quién conversar.
Terminamos el voluntariado y caminamos en línea recta por la orilla del río. Iba lento para que el viento secara mi sudor y pensaba pedirle su baño para lavarme la cara apenas llegáramos.
Pero la vida nunca sale como uno quiere. Y el clima en verano, menos.
—¿Eh?
Una gota me cayó directo en la frente. Los dos miramos al cielo al mismo tiempo. Las nubes negras se habían puesto recontra densas. Y de la nada, el cielo se abrió y soltó un aguacero de aquellos.
—¡Ay, no! ¿Ahora qué hacemos?
La lluvia caía con una fuerza increíble. En un segundo el suelo se puso oscuro y, sin darnos tiempo de correr a ningún lado, nos cayó un duchazo en plena calle. Mis lentes se llenaron de gotas y ya no veía ni rastro de lo que tenía adelante.
En eso, sentí una mano firme que me apretó la muñeca.
—¡Corre!
Madara Info
Madara stands as a beacon for those desiring to craft a captivating online comic and manga reading platform on WordPress
For custom work request, please send email to wpstylish(at)gmail(dot)com
Deja una respuesta
You must Register or Login to post a comment.