Registro de Campus - 36
Incluso después de que terminó la reunión por fin de ciclo, los que se quedaron hasta el final no querían soltar la tusa. Que vamos a los peluches, que vamos al ‘ weco’ (karaoke), que hay que seguirla en la casa de alguien… el laberinto de voces seguía ahí, dando vueltas frente al bar.
Yo solo quería irme a mi casa. De verdad, ya quería arrancar para la resi. Por favor, que Ryu Eun-seok termine de despedirse rápido. Que Song Hyuk-jun me diga de una vez que ya me puedo ir. Yo ya estaba lista para fugarme, moviéndome de a poquitos hacia la puerta trasera de la universidad.
—Delegada…
Lee Dong-ha se me acercó. Después de estar tanto rato en el bar, el olor de su perfume ya casi ni se sentía.
—¿Yo también puedo llamarte ‘Noona’ como Hyuk-jun?
No era una pregunta muy graciosa que digamos, pero como estaba con sus tragos, se me escapó una risita. Con los músculos de la cara ya relajados por el alcohol, solo asentí.
—Ya, normal.
Parece que Dong-ha también le había dado duro al trago, porque tenía los pómulos recontra rojos por el calor. Bajo las luces de la calle, la cara de mi ‘junior’ se veía extrañamente emocionada.
—Entonces, que pases buenas vacaciones, Noona.
Recién con esa despedida caí en cuenta de que no iba a ver a este chico por un buen tiempo. Lo mismo pasaba con los otros que recién hoy conocía. Por el efecto del alcohol había guardado varios números nuevos, pero de hecho que para cuando terminen las vacaciones ya me habré olvidado de quién es quién.
—Te voy a estar escribiendo.
añadió Dong-ha rápido, como chequeando que nadie lo viera. Y sin siquiera mirarme bien, hizo una venia medio torpe y se dio media vuelta al toque.
—Hong Sang-hee.
De pronto, Ryu Eun-seok ya estaba a mi lado.
—A él sí lo tratas bien, ¿no?
Eché la cabeza hacia atrás para mirar a este tipo que me lleva como 26 centímetros de ventaja.
—¿Yo?
—Sí. Almuerzas con él y hasta le sonríes.
Eun-seok estaba ahí parado, relajado con las manos en los bolsillos. Pero esa pose no ocultaba el tono picón que se le sentía en la voz.
‘A ti todo el mundo te llega al pincho’, me había dicho él mismo un día que me buscó bronca frente a Kwon Ga-ram. Y ahora estaba en las mismas, reclamándome por qué trataba a Dong-ha de forma diferente.
Si no exploté como esa vez, fue primero porque mis nervios estaban más relajados que de costumbre, segundo, porque no quería pelearme con alguien que mañana ya no iba a ver.
—También he almorzado contigo varias veces. En la resi.
—Pero no me sonreías.
¿Ah sí? Bueno, como casi nunca tengo motivos para sonreír (a menos que vea videos de pandas), puede que tenga razón. Pero no sabía que Eun-seok se fijaba tanto en mis expresiones.
—Ves, ahorita tampoco te ríes.
Mientras Eun-seok seguía con su reclamo fastidiado, el resto de la gente, con Song Hyuk-jun a la cabeza, decidió a dónde irían después. Tuvimos que cortar la charla tonta un momento para despedirnos de los que se iban en mancha.
Cuando volví a mirarlo, Eun-seok seguía ahí, terco, mirándome desde arriba como si no pensara dejar morir el tema.
—A ver, sonríe.
Hasta se puso a pedir cosas imposibles.
—Si me lo pides así, menos me van a dar ganas.
Es como cuando uno decide ponerse a estudiar y justo ahí te cae el grito de que abras un libro; se te quitan todas las ganas. Por un lado pensaba si estaba siendo muy cortante, pero por otro, al escuchar que me obligaba a reír, se me cerraba la cara.
—Imagínate que soy un panda, entonces.
Eun-seok puso fuerza en su mirada. ¿Qué quería? ¿Hacerse el de los ojitos brillantes como un panda? Mientras más me clavaba la mirada, más sentía que me subía un calor por el cuello. Sentía como si una hormiguita caminara por debajo de mi ropa; me picaba toda la piel.
Tenía frente a mí una cara que no se parecía en nada a un panda, mirándome fijamente. Sentí que algo subía desde mi garganta. Más que una risa, eran ganas de soltar un grito fuerte.
—Ja.
Al final, me salió una risa. Fue más una risa media sarcástica, pero igual, los músculos de mi boca se movieron clarito. Me quedé tiesa, sorprendida, como si fuera la primera vez en mi vida que me reía.
Sea como sea, las facciones de Eun-seok tenían demasiado poder.
Al toque, se le dibujó una sonrisa de oreja a oreja. Se le achinaron los ojos como si estuviera recontra satisfecho. No sé por qué para él es tan fácil reírse y para mí es algo tan rígido.
—¿Ves? Así está mejor.
El tono de queja de Eun-seok había desaparecido por completo.
—¿Qué tiene de bueno?
—Que tú te ríes y yo por fin veo lo que quería. Es un ganar-ganar.
Él giró un poco el cuerpo y por fin empezamos a caminar hacia la puerta trasera de la ‘U’.
—Sería paja vernos más seguido.
Ese murmullo que soltó me cayó directo en la coronilla. Fue solo una frase, pero sentí como si me hubiera soplado la oreja; casi pego un brinco.
La palabra ‘bueno’ (o ‘paja’) tenía tanto poder como su buena pinta. Me dieron unas ganas tontas de sonreír de oreja a oreja; me vacilaba el hecho de que una risa mía, así toda a medias, pudiera cambiarle el humor a alguien.
En el reflejo oscuro de una tienda de ropa que ya estaba cerrada, se veía nuestra silueta caminando de la mano… bueno, uno al lado del otro. Mi cabeza apenas le llegaba al hombro a Ryu Eun-seok, por más que quisiera negarlo, nuestras ropas se veían tan combinadas que parecíamos una pareja que se puso de acuerdo.
Me encontré con mis propios ojos en el reflejo del vidrio. Mis pasos se veían ligeros, como si estuviera flotando; mis manos se movían inquietas y, aunque nuestros brazos se rozaban, yo no me alejaba. Vi pasar mi propio reflejo y tenía esa misma cara de emocionada que puso Lee Dong-ha hace un rato.
En la zona universitaria, que ya estaba más tranquila, corría un airecito fresco de noche. Pero igual, sentía los cachetes calientes. Encima, con el maquillaje que no suelo usar, sentía la cara toda pesada.
—¿Qué vas a hacer en vacaciones?
La pregunta de Eun-seok rompió el silencio entre los dos.
—Sacar un par de certificados, hacer mis horas de voluntariado y descansar.
—¿A eso le llamas descansar?
me retó soltando una risita.
—Obvio. Desde las vacaciones de julio tengo que empezar con todo para lo de la chamba.
—Ah, verdad, pues.
Eun-seok cambió de tono al toque y me dio la razón.
—Tú te gradúas antes que yo.
Como él recién estaba en segundo, todavía tenía tiempo de sobra. Además, si la empresa de su viejo se recuperaba, no tendría que estar matándose como yo, preocupada por el futuro.
Ahorita podíamos darnos el lujo de caminar juntos de noche, pero el próximo año de hecho que ya ni nos veríamos. Al final, cuando las realidades cambian, las amistades que no tienen nada en común son las primeras en cortarse.
—No te pierdas en vacaciones, hay que vernos de vez en cuando.
Ese comentario tan típico de él interrumpió mis pensamientos.
—Total, vivimos en el distrito de al lado.
Decir que somos vecinos es un floro, porque en carro es como una hora, pero Eun-seok usaba esas palabras para que la distancia entre los dos se sintiera más corta.
—No te voy a pedir que me hables primero, pero si te mando un Kakaotalk, no me dejes en visto. ¿Ya?
Como ya lo había hecho varias veces antes, sentí un hincón en el pecho. Solo murmuré un ‘ya, está bien’ y miré hacia otro lado. Escuchar que me pedía que le contestara los mensajes hizo que sintiera la despedida ahí mismo, a la vuelta de la esquina.
Después de mil años por fin tengo a alguien a quien puedo llamar ‘amigo’, de haber sabido que las vacaciones llegarían tan rápido, le habría abierto mi corazón mucho antes. Qué pérdida de tiempo haberlo evitado solo por cuidar mi orgullo.
No debí haberlo mandado a rodar cuando se sentaba cerca, debimos haber tomado más cafecitos juntos o simplemente sentarnos bajo los árboles a que nos dé el aire……
—Espérate un toque.
Habíamos llegado a la resi y detuve a Ryu Eun-seok antes de que se fuera al pabellón de hombres. Él, al sentir que lo agarraba del codo, me miró con una cara de no entender nada.
—Ahorita vengo. Espérame un ratito, ¿sí?
Podría decir que esta decisión impulsiva fue por los tragos, o sacarle la vuelta al tema diciendo que me puse ansiosa porque ya se sentía el aire del verano. Pero lo que importaba era que yo quería hacerlo.
No quería despedirme de Eun-seok así nomás. Aunque nos viéramos de vez en cuando en vacaciones como él dijo, quería darle una despedida decente esta noche. Era mi forma de compensar, aunque sea tarde, todo ese tiempo que me esforcé en evitarlo.
Subí volando a mi cuarto y bajé al toque al primer piso; él seguía parado en el mismo sitio. Su mirada pasó de mi cara a mis manos. Me acerqué rápido antes de que se hiciera ideas raras.
—Esto… no es el que tú me compraste.
En mi mano tenía un llavero de un panda abrazando una flor de canola.
—Lo compré apenas salió, pero me daba pena usarlo así que lo tenía guardado en mi escritorio.
La mano con la que sostenía el llavero me temblaba un poquito. Me dio roche sentir que le estaba dando algo usado después de que él me dio uno nuevo, pero podía decir con orgullo que era lo que más quería y cuidaba de mis cosas.
—La otra vez dijiste que tú también querías llevar uno colgado, ¿no?
Al final mi voz se fue apagando. No me atrevía a mirarle la cara, así que clavé la vista en el piso.
Pero Eun-seok estiró la mano al toque. Antes de que yo se lo entregara, él ya me lo había quitado. Se puso a apretarlo una y otra vez, igualito a como hacía con el peluche que llevo colgado en mi mochila.
—Está bien bonito.
Me quedé mirando ese pandita que no combinaba nada con su mano grande y huesuda, mientras escuchaba su voz grave con un tono de risa. Por alguna razón, sentí como si me estuviera diciendo ‘bonita’ a mí. Juraba que no estaba borracha, pero parece que me equivoqué.
—Bu-bueno, que pases buenas vacaciones.
Levanté la cabeza rápido y me despedí toda tensa. Tenía que fugarme de ahí antes de terminar haciendo otra cosa más rara. Me di media vuelta antes de que él pudiera decirme algo.
—Nos vemos.
Eun-seok soltó una despedida parecida. ‘Hay que vernos’, ‘nos vemos’… Esa insistencia suya de querer seguir viéndonos en vacaciones hizo que mi corazón se pusiera a hacer un laberinto de ruido en mi pecho.
Mientras subía las escaleras hacia mi pabellón, miré de reojo hacia atrás. Eun-seok seguía ahí parado frente a la entrada de la resi, jugando con el llavero del panda.
Desde ese momento supe que esa imagen se me iba a quedar grabada en la cabeza por mucho tiempo.
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