Registro de Campus - 35
Había pasado apenas una hora desde que llegamos al bar y ya todos hablaban tan fuerte que me zumbaban los oídos. Las risas tontas estallaban por doquier y a cada rato se escuchaba el sonido de los palitos cayéndose al suelo.
Yo también sentía que, por momentos, la vista se me nublaba. Y eso de que se me escape una sonrisita de la nada me pasaba cada vez más seguido.
En esos momentos, sentía una mirada intensa clavada en mí desde un costado. Al principio aguanté como pude, concentrándome solo en el piqueo, pero después de tres chopps de cerveza artesanal, por fin me armé de valor para voltear y sostenerle la mirada a Ryu Eun-seok.
Apenas cruzamos miradas, sus facciones —que el tipo es bien simpático, para qué negarlo— se acercaron de golpe. Sus ojos bien claritos recorrieron toda mi cara.
—Parece que ya se te subió.
—Todavía no llego a mi límite.
le respondí, moviendo la cabeza de un lado a otro.
Estaba un poco mareada, sí, pero todavía tenía fuerzas para valerme por mí misma.
—Se te están cerrando los ojos.
Ryu Eun-seok acercó la punta de sus dedos a mis párpados, como si fuera a tocarlos. Lo normal hubiera sido que yo retrocediera del susto, pero dejé que rozara la montura de mis lentes sin hacer nada. Definitivamente, mis reflejos ya estaban lentos.
—El alcohol que te tomas justo después de terminar los finales es el más peligroso de todos.
Recién cuando vi que Ryu Eun-seok estiraba los labios en una media sonrisa, me eché un poquito para atrás. Tenía razón: cuando uno por fin suelta la tensión, el alcohol corre más rápido por las venas.
Ya era hora de que todos empezaran a rotar de mesa. Uno por uno se iban levantando para dar vueltas por el local. Las copas se mezclaban y nadie sabía quién había tomado de cuál, pero a nadie le importaba.
Mientras tanto, yo seguía ahí plantada en la misma mesa. Vine con la gran idea de hacer amigos, pero a la hora de la hora, pensar en saludar a desconocidos hacía que hasta la borrachera se me pasara del susto.
Así que usé de excusa que me daba flojera pasar por encima de las piernazas de Ryu Eun-seok para quedarme sentada, aunque por dentro estaba aliviada de haber encontrado un buen sitio.
Gracias a que Song Hyuk-jun es un ‘mil amigos’ y traía gente nueva a cada rato, a que las chicas no podían evitar pasar por aquí atraídas por el ‘bombón’ de Ryu Eun-seok, pude conocer a varios. Les aseguro que hoy saludé a más gente que en todo lo que llevo en la facultad.
—¡Ala, mela! ¿A Londres?
se escuchó un grito exagerado desde la mesa de al lado.
—Sí, mi primo estudia allá y me dijo para ir. Pienso quedarme unos días y de ahí hacer un tour por varios países de Europa.
decía Park Tae-hyun, alucinándose lo máximo mientras se apoyaba en el respaldo de la silla.
Por cómo movía sus ojitos de un lado a otro, era obvio que estaba soltando sus planes de vacaciones solo para lucirse frente a alguien.
—Eun-seok, ¿y tú qué vas a hacer en el verano?
Como si hubieran ensayado un guion, un alumno antiguo le lanzó la pregunta a Ryu Eun-seok.
—¿Esta vez no viajas? ¿No contaste que antes de irte al servicio militar te la pasabas metido en Nueva York?
La intención se notaba a leguas: Park Tae-hyun se iba a Londres, así que querían ver qué decía el que antes derrochaba plata en Nueva York pero que ahora estaba ‘misión’. Yo me quedé mirando fijamente un maní que nadie había tocado. Con los tragos encima, mis sentimientos salían a la luz con la facilidad de un topo.
—Voy a ayudar en mi casa, hay cosas que hacer.
respondió Ryu Eun-seok con toda la calma del mundo, sin inmutarse.
—Como el negocio de mi viejo se puso difícil, no pueden contratar asistentes de oficina, así que yo voy a darles una mano. Además, mi mamá ha estado un poco bajoneada, así que quiero estar cerca de ella para engreírla un poco.
Ese hombre que antes casi lloraba preguntándose cómo iba a seguir en la universidad había desaparecido. Quizás se esforzó mucho por estar bien, o quizás ya estaba harto de que la gente se metiera en su vida y les dio la respuesta que querían escuchar para que lo dejaran en paz.
—Qué buen chico.
solté de pronto, sin poder contenerme.
—No te quejas, no haces berrinche y te das cuenta de las cosas.
Quería defenderlo. No era mi asunto, pero de verdad no quería que él recibiera solo todos esos ‘golpes’ que le lanzaban. Eso era lo que sentía sinceramente. Y bueno, cualquier cosa, le echaría la culpa al alcohol y listo.
—¿Me estás halagando?
Ryu Eun-seok me miró fijamente con una sonrisa de oreja a oreja. Cuando asentí con la cabeza, su sonrisa se hizo más grande. Ahora sentía que su brazo rozaba el mío mucho más que antes.
—¿Y por eso no deberías irte a tu casa ya mismo?
intervino Park Tae-hyun con una risita burlona.
—Decías que era una m… tener que comer solo triangulitos de arroz de la tienda. Si tienes tiempo para venir a estas reuniones, parece que todavía te queda algo de sencillo, ¿no?
A pesar de los ataques mala leche, Ryu Eun-seok siguió tomando su cerveza tranquilo, con el brazo pegado al mío.
—No me digas que has venido solo para llenarte la panza con los piques de la mesa.
Ahí Park Tae-hyun ya se pasó de la raya. Hasta los que estaban gritando se quedaron calladitos mirándolo con la boca abierta. Le cayeron miradas de desprecio por tratar de ‘muerto de hambre’ a su propio compañero.
—Ay, perdón, perdón. Se me pasó la mano con la broma. Es que el alcohol hace que uno hable estupideces.
dijo Park Tae-hyun tratando de fingir una sonrisa amable, aunque su disculpa sonaba más falsa que moneda de madera.
Ryu Eun-seok también se la sabía todas.
—Ya fue. Sé perfectamente que no te sientes nada arrepentido.
Como él no le aceptó las disculpas, Park Tae-hyun, que estaba masticando un pedazo de pescado seco, arrugó la cara con una furia total.
—Todo el mundo sabe que tienes el alma podrida. Por eso te aprovechabas de tus amigos para que te inviten todo y ni siquiera dabas las gracias.
—¡Oye, infeliz! ¡¿Qué chucha te pasa?!
—Seguro estás feliz de que el tipo que te caía mal se haya ido al fondo, ¿no? Te entiendo perfectamente.
Park Tae-hyun se levantó de un salto. El sonido de las patas de la silla arrastrándose contra el suelo fue un chirrido insoportable.
—¡Ya, carajo! ¡Sí, estoy feliz! ¿O crees que no me daba cuenta de cómo nos mirabas por encima del hombro? ¡¿Crees que no sabíamos que te lucías gastando plata como si nos estuvieras haciendo un favor?!
Parecía que en cualquier momento se iban a agarrar a golpes. Song Hyuk-jun, que estaba en otra mesa, vio que la cosa se ponía fea y vino corriendo.
—Ya pues, hermanos, ¿qué pasa? Acabamos de terminar los exámenes, es un día para celebrar, no peleen. Tómense un trago, ¿ya?
Pero Park Tae-hyun no tenía la más mínima intención de calmarse. Mandó a volar la mano de Hyuk-jun y le metió una patada a la mesa. ¡Pum! Una chica de ciclos menores que estaba sentada frente a mí soltó un grito y se encogió del susto.
—La otra vez te la agarraste con Do-wan y ¿ahora te toca conmigo? Te quedaste sin plata y ahora hasta tu carácter es una m… Siempre fingiendo ser el buenito y ¿ahora te muestras como el basura que eres?
Normalmente, yo prefiero pasar desapercibida. Con no hablar mucho ya me basta para que nadie se fije en mí. Si me quedo tranquila en mi sitio, el ruido termina pasando y puedo volver a mi soledad en paz.
Pero hay momentos en los que simplemente no puedo cerrar la boca. Me pasó cuando Kim Do-wan me chorreó el soju en la pierna, me estaba pasando ahora mismo, viendo cómo Park Tae-hyun sacaba las garras para pisotear el orgullo de su viejo amigo.
—Tanto Kim Do-wan como tú son la misma cosa.
Levanté la mirada por encima de mis lentes de montura dorada. Park Tae-hyun, que hasta ese momento solo miraba con odio a Eun-seok, volteó la cabeza lentamente hacia mí.
—Tú vienes a buscar pleito y ¿encima te cierras con que el otro es el culpable? ¡No seas c…!
Yo sé que estaba borracha. Y no era la única; todos aquí ya se habían tomado hasta el agua de los floreros y se reían por cualquier tontería. Como mañana empezaban las vacaciones, no los iba a ver en dos meses, para el próximo ciclo a todos se les habría olvidado el chisme. Mi cerebro, aunque nadaba en alcohol, sacó esa cuenta de forma impecable.
—¿Y esta quién es para hablarme así? ¡¿Tú quién te crees, carajo?!
Park Tae-hyun me gritó con los ojos desorbitados y señalándome con el dedo.
—Soy Hong Sang-hee. ¿Y qué?
Pero una vez que solté la lengua, ya no había quién me pare.
—Oye, Park Tae-hyun. ¿Crees que eres el único que sabe soltar lisuras? ¿Porque los demás se quedan callados piensas que son unos h…? Tú fuiste el primero en malograr el ambiente, así que no te hagas la víctima.
Debajo de la mesa, la mano de Ryu Eun-seok cubrió suavemente la mía. Entendí el mensaje: ya basta. Detuve mi ‘artillería pesada’ y le metí un buen fondo a mi cerveza.
La verdad, le agradecí que me frenara. La cara de Park Tae-hyun se estaba poniendo cada vez más brava.
—Tae-hyun.
llamó Ryu Eun-seok con una voz suave.
—Si tienes algún problema conmigo, lo arreglamos luego los dos solos. No incomodes a los demás.
Su voz era tan profunda y suave que hasta me dio escalofríos. Hace un segundo se notaba que estaba asado, pero cambió de actitud al toque y le lanzó una sonrisa ‘comprensiva’ a Park Tae-hyun.
—Voy a pensar que estás así de excitado por el alcohol. Luego me llamas para tomarnos algo juntos, ¿ya?
—Maldita sea, qué asco das.
Park Tae-hyun se estremeció, asqueado.
Toda esa pose de querer voltear la mesa desapareció. Empezó a retroceder torpemente, chocándose con la gente.
—Mira bien por dónde caminas en la noche, oye. No vaya a ser que te lleven los cobradores de la mafia por tus deudas.
Park Tae-hyun soltó eso último tratando de mantener el orgullo y se largó. Su mancha de amigos se levantó en manada y salieron del bar. En medio del silencio sepulcral que quedó en la mesa, Song Hyuk-jun soltó un suspiro de alivio.
—Chicos, perdón por el susto. De verdad, lo siento.
dijo Ryu Eun-seok con humildad.
Todos empezaron a murmurar que no pasaba nada. Se nota que el tipo se ha ganado el cariño de la gente, porque por eso se la dejaron pasar.
Hyuk-jun, tratando de animar la cosa, dijo que como ahora éramos menos, podíamos pedir más piques. Sacó a la chica que se había movido de sitio y volvió a su lugar. Yo empecé a sentirme un poco palteada (avergonzada) porque sentía que todos me miraban después de mi arrebato.
Así que me puse a chequear mi celular para disimular. Como no tenía ningún mensaje, me puse a ver videos de pandas en YouTube.
Mientras tanto, la mano de Ryu Eun-seok, que seguía sobre la mía, apretó con fuerza. No intenté soltarme.
Ese calorcito que me presionaba la mano me hizo sentir que, después de todo, estábamos en el mismo equipo.
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