Registro de Campus - 34
—¿Ah?
A Lee Dong-ha se le subió el tono de voz. El chibolo se jaló el cuello de la camisa apurado y empezó a olerse, estaba recontra palteado.
—Te has echado demasiado perfume. Anda afuera un rato a que te dé el aire.
Ryu Eun-seok soltó la directa así nomás, con una sonrisa en la cara. Al toque, la cara de Lee Dong-ha se puso roja como un tomate. Verlo levantarse todo atolondrado y con los ojos saltando de un lado a otro me dio hasta roche a mí.
—Ya, ya… disculpe. Vuelvo en un rato.
Dong-ha salió disparado, pero el olor de su perfume seguía estancado en su sitio. Me sobé la nariz con el dedo y miré de reojo a Ryu Eun-seok. Detrás de esa sonrisa amable que siempre tenía, otra vez había escondido un poco de veneno.
—¿Qué?
preguntó él, levantando una ceja.
—Es que…….
—¿Es que qué?
—Das un poco de miedo.
Si yo hubiera sido Dong-ha, fijo me regresaba al pabellón aguantándome las lágrimas. Con tanta gente ahí mirando, el roche hubiera sido tan grande que no habría podido ni levantar la cabeza.
—Si de verdad diera miedo, ni siquiera me lo estarías diciendo.
soltó Ryu Eun-seok con una risita, ignorando mi comentario.
De la nada, se levantó. ¿Se habrá asado?, pensé. Pero antes de que pudiera decir algo, se sentó a mi costado. El olor a pasto fresco de su colonia tapó los restos del perfume que había dejado el otro.
—¿Por qué te sientas acá?
—Para taparte el olor.
Ryu Eun-seok se acomodó en la silla. Igual que cuando bajamos caminando desde la residencia, su brazo, que es bien macizo, rozó el mío ‘sin querer’. Aunque mis dedos se movieron por el contacto, no me alejé.
—Desde que Dong-ha se acercó, estabas con una cara de pocos amigos.
¿Tanto se me notaba? Tomé un sorbo de agua para taparme la cara. Sentía su mirada clavada en mi perfil. Me dieron unas ganas locas de verme en un espejo para ver qué tal estaba.
—¿Te gusta el sitio?
Solo asentí ante su pregunta. Estaba en una esquina, pegada a la pared, como Ryu Eun-seok es tremendo agarrado, bloqueaba el único paso, así que estábamos como aislados del resto. Estar así, como ‘encerrada’, más bien me daba tranquilidad.
—Ni que fueras un gato para que te gusten los sitios así de apretados.
Ahí sí no me aguanté que me comparara con un gato. ¡Cómo va a decir que me parezco a una cosita tan chica y linda! De hecho lo decía para fregarme. Me dio miedo que alguien lo hubiera escuchado.
—¡Ya, sale la primera ronda de chelas!
Antes de que pudiera saltar, apareció Song Hyeok-jun con los mozos que traían las jarras de cerveza. Se movía con una confianza como si fuera el dueño del local.
—¿Oigan? Cambiaron de sitio. ¿Y Dong-ha? Me dijeron que ya había llegado.
—Salió un ratito. Oye, Hyeok-jun, ¿qué tal te fue en el examen?
Ryu Eun-seok sonrió y le cambió el tema al delegado al toque. Como si hubiera estado esperando que le preguntaran eso, Hyeok-jun empezó a quejarse de los finales.
En eso, empezaron a llegar más alumnos al bar. Para mí, que siempre me iba corriendo a mi casa apenas acababan las clases, esto era algo nuevo. La mayoría ni vive en Lima, pero parece que igual querían quedarse en la universidad hasta el último minuto.
Bueno, supongo que como ya empiezan las vacaciones y no se van a ver, querían aprovechar para verse las caras una última vez. Traté de entender esa forma de pensar de la gente normal a la que le gusta socializar.
—¡No seas pendejo! ¡Hablas huevadas, oye!
Se escucharon unas risas escandalosas por la entrada y vi que llegaba la mancha de Park Tae-hyun. Hicieron un escaneo por todo el bar hasta que sus miradas llegaron a la esquina donde estaba sentado Ryu Eun-seok.
Al toque, se notó que los tipos lo miraron con burla y un desprecio evidente. Si hasta yo, que no tengo nada que ver, me di cuenta, fijo que Ryu Eun-seok también. Pero él seguía como si nada, escuchando las quejas de Hyeok-jun.
Park Tae-hyun y su gente se fueron a la mesa del centro. Se sentaron ahí, creyéndose los dueños del lugar y hablando fuerte para lucirse. De vez en cuando miraban de reojo a Ryu Eun-seok y secreteaban algo rápido. No había que ser genio para saber de qué hablaban.
Antes, Ryu Eun-seok también se sentaba en esas mesas donde todos te ven. Me entró un poquito de culpa pensando si estaba ahí metido en un rincón solo por mi culpa.
Pero al toque se me pasó. ‘Bueno, si está sentado acá es porque no le incomoda’, pensé. Últimamente me ando fijando demasiado en todo lo que hace este chico. Mi filosofía siempre ha sido no meterme en la vida de los demás, pero frente a él, mis reglas siempre terminan fallando.
—Hola… ya volví.
Lee Dong-ha, que seguro se quedó afuera un buen rato haciendo hora, regresó con una cara de derrota. Se quedó mirando a Ryu Eun-seok, que ahora ocupaba su sitio, se sentó al frente mío. Tenía los hombros caídos, seguro todavía por lo que le dijeron del perfume.
—Ya que llegó Dong-ha, ¡hay que brindar! ¡Salud!
Las cuatro jarras de cerveza chocaron con un sonido seco. La mesa se llenó de comida: piqueos, tteokbokki con queso, brochetas de corazón y hasta piel de pollo frita. Se me hizo agua la boca; hace años que no comía piqueos así para acompañar el trago.
—¿Y tú por qué estás comiendo como pajarito? ¿Te has puesto a dieta o qué?
Hyeok-jun le dio un codazo a Dong-ha, que apenas si movía el tenedor. Dong-ha solo negó con la cabeza, sin muchas ganas de hablar.
—Parece que todavía no digiere el pollo saltado.
Ryu Eun-seok respondió por él. Lee Dong-ha, que estaba dándole un sorbo a su chela, se quedó congelado.
—¿Pollo saltado?
—Hoy día Sang-hee y Dong-ha se fueron a comer los dos solitos.
explicó Ryu Eun-seok antes que nadie ante la cara de confusión de Song Hyeok-jun.
Yo seguía masticando mi brocheta de corazón mientras miraba de reojo al tipo que tenía al costado. Desde que acepté la invitación sentí que estaba de mala leche, todavía se le sentía ese tono pesadito en la voz.
—¡Habla, oye! ¡Con razón te desapareciste y no estudiaste nada, era para irte a comer con la sapa!
El tono exagerado de Song Hyeok-jun hizo que hasta los de las otras mesas voltearan a sapear.
—Por más que el amor te apendeje, uno tiene que cumplir con sus obligaciones de estudiante, compadre. ¿Y así tienes la concha de quejarte porque te fue mal en el examen?
—¡Cof, cof!
Me atraganté solita cuando escuché la palabra ‘amor’. Ryu Eun-seok, bien oportuno, me pasó un pañuelo. Por un pelito no le escupo toda la cerveza en la cara al chibolo que tenía al frente.
—Oye, ¿te has vuelto loco?
Lee Dong-ha, con la cara roja como un tomate, le lanzó una mirada de odio a Song Hyeok-jun. Recién ahí el delegado se dio cuenta de que se había ido de avance y empezó a mirar a todos lados, palteado.
—Toma.
Ryu Eun-seok me sirvió un vaso con agua y me lo pasó. Traté de calmarme y tomé un poquito. Sentía el corazón saltando contra mis costillas, como si quisiera escaparse.
—Solo le invité el almuerzo porque me ayudó en las olimpiadas y quería agradecerle. No alucines.
soltó Dong-ha, aferrándose a su misma excusa de siempre.
Aunque lo decía con la cara toda roja, así que dudo que alguien le creyera.
—¿Ah, sí?
Ryu Eun-seok soltó una risita ligera y ladeó un poco la cabeza.
—Ya pues, no voy a alucinar nada y voy a pensar que solo almorzaron como buenos compañeros de facultad.
Lo miré con desconfianza. Me parecía bien sospechoso que resaltara así la excusa que Dong-ha había soltado por puro roche. Parecía que quería fregarlo como chiquillo de colegio.
—Es que me dio un poco de curiosidad saber que se habían ido a comer.
Ese último comentario ya no se sabía con qué intención lo decía. Hasta Song Hyeok-jun puso cara de ‘qué onda’ y ladeó la cabeza.
—¿Y a usted por qué le da curiosidad, maestro?
—Porque Sang-hee no es así.
¿A qué se refería con que yo ‘no soy así’? ¿Qué tanto abarcaba eso?
—Me preocupaba que Sang-hee pudiera estar viendo a nuestro Dong-ha de forma especial.
Ryu Eun-seok se mandó el resto de su cerveza de un solo rastro. Se vio clarito cómo se le movía la nuez de Adán mientras pasaba el trago.
—¿Le preocupaba? ¿Qué cosa?
—Ya saben, esas cosas que pasan. Cuando crees que alguien es cercano solo contigo y de pronto ves que también se lleva bien con otros… como que fastidia, ¿no?
Ryu Eun-seok terminó su floro mareador llegando por fin al grano. Pero tanto Song Hyeok-jun como Dong-ha se quedaron sentados como tontos, con cara de no entender nada. Tenían una expresión de: ‘¿Qué diablos está hablando este tipo?’.
Yo me quedé tiesa mirando mi plato. Al parecer, en toda esta mesa, yo era la única que entendía cómo se sentía Ryu Eun-seok en ese momento.
—¿No saben qué se siente? ¿O soy el único?
soltó él sin ninguna vergüenza, revelando sus sentimientos más internos.
Tocó el timbre para pedir más chela y ni se le notaba rastro de roche.
—Hermano, ¿cómo te vas a poner celoso así de feo por una amiga de la promo?
Song Hyeok-jun soltó una carcajada, tratando de bajar la tensión como siempre.
El pobre delegado no sabía dónde meterse, moviéndose en su asiento, tratando de mediar entre el mayor que estaba en plan pesado y su amigo que estaba más bajoneado que nunca.
—¿Esto es estar celoso?
le repreguntó Ryu Eun-seok a Hyeok-jun mientras me miraba.
Yo me hice la loca y me concentré en mi plato de comida, sin levantar la cabeza. Aunque sentía todas las miradas encima, me puse a masticar como si me fuera la vida en ello.
¿Cómo iba a mirarlo a la cara después de eso?
A ese hombre que sentía lo mismo que yo, a ese hombre que soltaba esas cosas así nomás como si nada… ¿con qué cara lo iba a ver?
En ese momento, más que mis lentes, quería tener unos lentes de sol enormes para esconderme.
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