Registro de Campus - 32
El examen final no me fue mal. Considerando que elegí estudiar en mi cuarto apretadito de la residencia para evitar a Ryu Eun-seok, mi concentración fue mejor de lo que esperaba.
Lo malo era que cada vez que veía al panda gigante que vigilaba la cabecera de mi cama, sentía un nudo en el pecho. En esos momentos, mi cerebro era un campo de batalla entre las teorías que debía memorizar y el rostro de Ryu Eun-seok que se me venía a la mente a cada rato.
Encima, cada vez que salía con mi mochila y el llavero de panda colgando, sentía como si cargara un piedrón en los hombros. En esas condiciones tan feas, haber respondido todo sin dudar fue para aplaudirme.
El 20 a mediodía, el día de la bendita cita, Lee Dong-ha quería ir por pasta, pero yo elegí un local de jjimdak (pollo al vapor). Quería evitar a toda costa cualquier vibra de «cita a ciegas» y que se sintiera como una simple salida de amigos entre un superior y su junior.
—Pucha, casi se me sale el brazo escribiendo la última pregunta de Estrategia de Negocios Internacionales.
se quejó Dong-ha mientras me servía un poco de pollo en mi plato.
—De seguro lo que puse son puras tonterías; el profe va a pensar que es basura nuclear. Capaz me baja puntos porque no va a entender ni mi letra.
—Los demás deben estar igual.
Era el único consuelo que podía darle; la verdad es que yo nunca he escrito tonterías en un examen, así que no podía decirle «te entiendo».
—De verdad quería tirar la toalla e irme a la mitad, pero todos seguían escribiendo con unas ganas… Me daba roche ser el primero en salir. Pero apenas vi que Eun-seok hyung entregó su examen como a los 30 minutos, yo salí segundo detrás de él.
Al escuchar ese nombre tan incómodo, pasé rápido el pedazo de pollo que tenía en la boca. Hasta hace un momento le seguía la corriente a Dong-ha, pero saber que Ryu Eun-seok terminó tan rápido me dejó medio preocupado.
«¿Habrá tirado la toalla porque estaba muy difícil? No, seguro estudió un montón… Ay, ¿por qué me importa?». Me sentí un tonto: hace poco le reclamé que no se metiera en mi vida ni en con quién almuerzo, y ahora aquí estoy yo, preocupado por si acabó rápido su examen.
—Seni, ¿va a ir hoy a la fiesta de fin de ciclo?
—No.
Ese tipo de eventos nunca han existido en mi vida universitaria. Ni siquiera voy a las reuniones de inicio de ciclo, menos voy a perder tiempo en algo así cuando mi único deseo es regresar a mi casa lo antes posible por vacaciones. Además, el gran problema es que en esas fiestas la gente se junta en manchitas, y yo no tengo ninguna «manchita» a la que pertenecer.
—Si no se va hoy mismo a su tierra, dese una vuelta pues. Hyeok-jun para preguntando por usted.
—¿Y qué dice?
—Que se siente mal por lo que pasó en la última reunión después de las olimpiadas, con lo que hizo Kim Do-wan hyung. Hyeok-jun sigue bien palteado por eso. Me dijo que ese hyung no va a ir hoy, así que me pidió por favorcito que lo convenza de ir.
Aunque me aseguraran que Kim Do-wan no iba a estar, no me llamaba la atención. Más que el tipo que me obligó a tomar soju, lo que me frenaba era saber si Ryu Eun-seok iba a ir. Si iba, iba a ser un momento recontra incómodo; y si no iba, me la pasaría preguntándome por qué no fue, y ni sabría si el trago me entra por la boca o por la nariz.
—¿Hoy mismo tiene que sacar sus cosas de la resi?
—No, mañana me voy.
—Entonces venga pues, tómelo como una cena. De verdad que Do-wan hyung no va a ir, es fijo.
—Lo voy a pensar.
Dejé esa respuesta ambigua y me concentré en comer. Tenía la cabeza hecha un champú con tantas preocupaciones, como mosquitos en noche de verano, y se me había quitado el hambre. Pero como me estaban invitando, no podía dejar nada en el plato, así que seguí dándole a la cuchara.
—Ya pues, tiene que ir sí o sí. Le voy a decir a Hyeok-jun que lo espere. No me falle.
Dong-ha me dio la hora y el lugar, y me insistió mil veces. Como a él todavía le faltaba un examen, se fue volando a la facultad y yo caminé hacia la residencia bajo la sombra de los cerezos.
Y ahí fue cuando vi ese carro que conocía tan bien estacionado frente a la entrada.
Ryu Eun-seok tenía la maletera abierta y estaba cargando sus cosas. Entre sábanas y libros de carrera, se notaba que ya estaba listo para arrancar.
Bajé el volumen de mis pasos para evitar un encuentro incómodo. Al ver al protagonista de todos mis líos mentales de esta semana, me quedé en blanco. Solo quería desaparecer.
Pero justo la maletera bajó con un sonido electrónico y, ¡pum!, mi mirada se cruzó directo con la de él. No pude ocultar mi sorpresa y quité la vista, pero luego pensé que sería mala educación no saludar, así que volví a mirarlo.
—Vi que ya sacaste todos tus libros del casillero.
Esa fue la primera frase después de quince días de silencio. Antes de que empezaran los finales, yo había sacado todas mis cosas de su casillero para no incomodarlo. Eran libros que casi no usaba, así que podían estar ahí tirados, pero quería reducir al mínimo la posibilidad de cruzármelo.
—Sí. Es que ya salimos de vacaciones.
—Qué apurado eres.
Se notó clarito que lo decía por otra cosa, pero no le respondí. No tenía ganas de ponerme a discutir con alguien que ya se estaba yendo a su casa.
—¿Vienes de almorzar con Dong-ha?
Esa pregunta me dejó mudo. ¿Cómo podía acordarse de la fecha de una cita que no era ni suya, y que habíamos quedado hace un montón? Me pareció raro, pero solo asentí.
—Sí.
—¿Y qué comieron?
—Jjimdak.
Entre los labios de Ryu Eun-seok se escapó un suspiro, algo a medio camino entre una risita burlona y una señal de frustración. Sabía que seguir hablando de Lee Dong-ha no era una buena idea, así que señalé su carro con el mentón para cambiar de tema.
—¿Ya terminaste de empacar? ¿Te vas a tu casa ya?
—Todavía no sé.
‘¿Cómo que no sabe?’
Al principio creí que seguía asado conmigo y que por eso no quería decirme sus planes exactos.
—Si aceptas cenar conmigo hoy, me voy mañana.
soltó Eun-seok, aclarando el misterio.
—Pero si me choteas, me arranco ahorita mismo.
Me estaba lanzando una bandera de paz. A ver, técnicamente no nos habíamos peleado a gritos como para pedir perdones dramáticos, pero estaba claro que quería cerrar el ciclo en buenos términos. Era mejor sacudirse esa mala vibra de una vez antes de las vacaciones de verano, para no vernos las caras con paltas el próximo semestre.
—Es que… quedé en ir a la fiesta de fin de ciclo más tarde.
Pero lo primero que salió de mi boca fue mi compromiso con Lee Dong-ha.
Vi clarito cómo la decepción le nubló la mirada. Seguro pensaba que me estaba haciendo el difícil rechazando su invitación por una excusa tan monse. Encima, viniendo de mí, que siempre andaba diciendo que no iba a campamentos ni a reuniones, decirle que iba a ir a la fiesta de fin de ciclo le debía sonar a puro floro.
Pero yo no quería perder la oportunidad de arreglar las cosas con él. Eso sí, tampoco quería dar mi brazo a torcer con mi plan de socializar más. Lo que buscaba era un equilibrio, recuperar mi tranquilidad. Quería llevarme bien con él, pero bajarle un poco a esa intensidad que sentía. Quería ser capaz de tratarlo como a cualquier otro compañero, sin que me importara con quién andaba o si se peleaba con medio mundo.
Así que me mandé con esta:
—¿Quieres venir conmigo?
Eun-seok abrió un poco más los ojos. Me miró fijamente un buen rato, como pensándolo. En ese silencio, apreté los puños sin darme cuenta, hundiendo las uñas en las palmas de mis manos. No sabía que sostenerle la mirada a alguien podía cansar tanto.
—Ya, vamos
—Nos vemos aquí a las cinco y media, entonces. Vamos juntos.
Sentí que los músculos de mi cara, que estaban tiesos por los nervios, se relajaban por fin. Casi, casi suelto una sonrisa de oreja a oreja como un tonto, pero me aguanté y solo asentí manteniendo la compostura.
Solo por el hecho de haber quedado en vernos en unas horas, sentí que ya nos habíamos amigado.
Mientras él movía el carro al estacionamiento, subí volando a mi cuarto. El espejo del baño me devolvió una imagen de alguien que acababa de sobrevivir a los finales: estaba hecho un desastre. Me había amarrado el pelo así nomás y tenía los pelitos parados por todos lados, y mi polo ancho se veía más que cómodo, recontra fachoso.
Así que me metí a bañar de nuevo. Me lavé bien el cabello, me lo sequé con cuidado y me lo peiné parejito. Como soy un cero a la izquierda para las manualidades, ni intenté hacerme ondas ni nada raro.
—Y de ropa…
Como mis papás venían mañana temprano para mudarme, ya había empacado casi todo y no me quedaba mucho en el ropero. Puse una camisa a rayas celestes sobre la cama y me volví a mirar al espejo.
Esos maquillajes caros que mi mamá me compró en el centro comercial estaban ahí tirados en su estuche, casi ni los usaba. La máscara de pestañas estaba nuevecita, ni la había abierto. Total, con mis lentes de marco dorado tan grandes, sentía que nada se notaba.
Me eché un poco de primer en los cachetes. Decían que con eso se emparejaba el tono de la piel, y la verdad es que sí me veía con más vida. Dejé los ojos tranquilos, pero esta vez saqué un tint rojizo y me lo puse en los labios con mucho cuidado.
Cuando ya estaba cambiado, todavía faltaban dos horas para la cita. No quería ni echarme en la cama para no arrugarme, así que me senté derechito en la silla a ver videos de pandas en el cel. Veía un video, miraba el reloj, veía otro… de tanto mover los ojos me estaba mareando.
Dos minutos antes de las cinco y media, me chequeé una última vez en el espejo y salí. Bajé las escaleras despacito para que no se me desordene el pelo.
Frente a la entrada de la resi, vi una silueta alta. Después de haberme apurado tanto en arreglarme, me puse nervioso y mis pasos se hicieron lentos al tenerlo cerca.
Ryu Eun-seok también llevaba puesta una camisa a rayas del mismo color que la mía.
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