Registro de Campus - 31
Mi concentración se volvió a ir para atrás. Debí ponerme los audífonos hace rato.
—Este pago por adelantado tienes que pasarlo como deuda.
—¿Así? ¿Y este problema entonces?
—Esta parte la has calculado mal. Intenta resolverlo así de nuevo.
La voz grave de Ryu Eun-seok era igual de amable con todo el mundo. Sonaba igual de parecido a cuando me llamó diciendo que vendría a recogerlo a Cheongju. Por más que intentaba mentalizarme para no hacerme ilusiones, al final resultaba que siempre terminaba viendo las cosas a mi conveniencia.
Mientras estaba distraída pensando en otra cosa, presioné el lapicero con demasiada fuerza al poner un punto. La tinta negra se chorreó y terminó empapando el papel.
—Oye, oppa, ¿y por qué ya no vienes casi nunca a la biblioteca central?
—Porque ya no hay sitio y es un loquerío.
—¿Y entonces dónde estudias? ¿En algún café?
—En la residencia.
—¿Y puedes estudiar teniendo la cama ahí al ladito?
—En el primer piso hay una sala de estudio.
—¿Ah, sí?
Lee Dong-ha, que estaba sufriendo para llenar su cuaderno, se volteó de pronto invadiendo mi espacio. Desde atrás, sentí una mirada afilada. Jalé mi cuaderno hacia un lado para marcar distancia con Dong-ha.
—¿Usted también estudia en la sala de la residencia, hyung? Me contaron que la colega Sang-hee también estudia ahí. Entonces, ¿los dos paran juntos…?
La voz de Dong-ha se arrastró con intriga. Sentí cómo me clavaban miradas llenas de sospecha, tanto de un costado como de atrás.
—Cada quien estudia por su cuenta.
La respuesta tajante de Ryu Eun-seok cortó en seco cualquier imaginación maliciosa que estuviera brotando en la cabeza de los menores.
—¿Y qué tal si nosotros también empezamos a avanzar cada uno por su cuenta?
Ya no quedaba ni rastro de esa amabilidad en su voz. Dong-ha ni siquiera pudo responder; se sentó derecho y cerró la boca al toque. Kwon Ga-ram también dejó de bombardearlo con preguntas.
Cuando por fin se instaló el silencio, me di cuenta de que nuestro grupo había estado haciendo demasiado ruido. Aunque era un salón vacío, como estábamos en finales, todos guardaban silencio por respeto. Seguro por eso Eun-seok les había llamado la atención.
Seguro era eso. Es un lugar para estudiar, hay que estar en silencio. No debía haber otra razón detrás de ese límite tan marcado.
En lugar de darle más vueltas, me puse los audífonos y corté cualquier posibilidad de otra charla.
Dos horas después, guardé mis cosas y me levanté para ir a mi siguiente clase. Hasta ese momento, Ryu Eun-seok no se había movido de su sitio, concentrado dándole a la calculadora.
Dong-ha salió apurado detrás de mí. Como no llevaba su mochila, me di cuenta de que no iba a clases, sino que quería decirme algo. Me detuve y lo miré.
—¿Qué pasó?
—Ah, no es nada malo, es que…
Dong-ha se acomodaba el pelo y no podía sostenerme la mirada. Ya me imaginaba por dónde venía la cosa.
—Quería invitarle un almuerzo cuando acaben los finales.
Me quedé callada mirándolo fijamente y noté cómo sus ojos temblaban por los nervios.
—Es por lo del festival deportivo, quería agradecerle y, bueno, este… como ya vienen las vacaciones, sentí que no podía dejarlo pasar más tiempo. Si se va a su pueblo, va a ser difícil vernos…
Mientras más hablaba, su cara pálida se ponía más roja. Sus ojos, naturalmente caídos, viajaban de mí hacia la ventana de forma distraída.
A veces, las expresiones no verbales dicen más que las palabras: la dirección de la mirada, el ritmo de la respiración, el movimiento de las manos, la distancia que guarda conmigo.
Sumando todo eso, era obvio que yo le gustaba a Dong-ha. Que fuera un sentimiento profundo o algo pasajero no importaba mucho. El punto era si había interés o no.
Justo en ese momento, Ryu Eun-seok y Kwon Ga-ram salieron juntos por la puerta trasera del salón. Ella lo agarraba del codo mientras le parloteaba algo.
Por dentro, todo se me volvió a revolver.
Lo sé perfectamente. Mis sentimientos por Ryu Eun-seok están en el lado del ‘me gusta’. Con el tiempo, eso dejó de ser una simple lástima o un complejo de superioridad barato para convertirse en algo mucho más complejo.
Probablemente, si dejaba que las cosas siguieran así, terminaría igual que Kwon Ga-ram. Me veía clarito en el futuro: obsesionada con el ‘príncipe’ que tiene a la facultad de administración como su castillo, perdiendo el tiempo vigilando con furia a cualquier mujer que se le acerque.
De hecho, ya estaba casi en ese plan.
Él es la única persona a la que puedo llamar amigo, pero a él le llueven las pretendientes como abejas a la miel. Me iba a terminar consumiendo por dentro al pensar en esa diferencia entre los dos.
Por eso, ayer bastó con que él pusiera una cara un poco fría para que mi paz se hiciera trizas. No pude concentrarme en el estudio y me tomó una eternidad quedarme dormida.
Antes de que esto empeore, necesitaba desviar un poco esta atención que tengo clavada solo en ese hombre. Siento que, después de tiempo, he vuelto a tener a alguien cercano y no sé dónde poner el límite.
Al punto de confesarle mis intenciones más crudas sin ninguna vergüenza, o de tener la conchudez de sentir que me están quitando algo que es mío cada vez que lo veo con otra mujer.
En lugar de seguir así, mejor me convenía empezar a tener más gente cercana, tanto como Ryu Eun-seok. Así sería más fácil marcar mis límites emocionales. Pobre Lee Dong-ha, pero qué se va a hacer, yo siempre he sido una persona así de calculadora.
—Ya, está bien.
Tras pensarlo mucho, solté mi respuesta y a Dong-ha se le abrieron los ojos de par en par. Al mismo tiempo, sentí cómo la mirada de Ryu Eun-seok se clavaba en nosotros.
—¿Ah, de verdad? ¿Y cuándo terminas tus finales?
—El 20 a las once.
—¿Entonces almorzamos ese día?
—Ya, queda.
—¡Ya pues! ¡Luego te escribo!
Dong-ha regresó al salón con una sonrisa de oreja a oreja. En cuanto el chico, que estaba en medio de nosotros, se quitó, mi mirada chocó de frente con la de Ryu Eun-seok, que seguía ahí atrás.
Él se soltó de un tirón de Kwon Ga-ram y caminó hacia mí, arqueando las cejas con un gesto extraño.
—¿Vas a ir a comer con él?
No quería mirar bien la expresión de Ryu Eun-seok. Para eso tendría que sostenerle la mirada, sentía que si lo hacía, me iba a descubrir; iba a notar lo turbias que eran mis intenciones al aceptar almorzar con Dong-ha.
—Sí. Me dijo que quería agradecerme por lo de la carrera de postas.
—¿Y no te da flojera estar con él?
Eun-seok soltó la pregunta con un tono medio sarcástico.
—¿A qué te refieres?
—Tú siempre dices que la gente te aburre.
Sentí una frialdad en cada una de sus palabras.
—Incluso cuando comías conmigo, me pediste que me sentara como a tres asientos de distancia.
Últimamente habíamos cenado seguido frente a frente en el comedor de la residencia, pero se le ocurrió ignorar ese detalle por completo.
—Tal vez yo también debí poner la excusa de que quería devolverte un favor.
Eun-seok me estaba acorralando con palabras con veneno.
—Pero veo que la única que te aburre soy yo.
Fue un ataque directo. Se notaba que, como él estaba asado, quería fregarme la paciencia a mí también.
Mi mirada pasó por encima de su hombro y llegó hasta Kwon Ga-ram, que seguía ahí parada mirando. La chica se veía fastidiada por haber sido excluida, no sabía qué hacer ante la actitud fría de Ryu Eun-seok y estaba viendo cómo meterse en la conversación.
Seguro mi cara estaba igual de hecha un nudo que la de ella.
Esa sensación de vergüenza por sentir algo tan fuera de lugar como ganas de exclusividad con el único ‘amigo’ que he tenido en tiempo; el remordimiento por usar a otra persona que sí tiene buenas intenciones conmigo; y el resentimiento contra Ryu Eun-seok por no entender cómo me siento… Todo eso debía estar reflejado en mi rostro.
—Perdón si sentiste que te estaba haciendo de lado. No pensé que te lo tomarías así.
Le pedí disculpas de forma ligera. Pero parece que eso no era lo que él quería escuchar, porque el rostro de Ryu Eun-seok se desencajó por el fastidio.
—Pero igual, ¿no te parece que ya es demasiado meterte hasta con quién voy a almorzar?
Me di media vuelta sin despedirme. Y apenas giré, me arrepentí. No me gustaba nada haber aceptado lo de Dong-ha, ni tampoco haberle respondido así de pesado a Ryu Eun-seok.
Me había puesto a la defensiva por puro miedo a este sube y baja de emociones de los últimos días.
Él solo estaba siendo amable con todos, como siempre, pero yo solita me había hecho un mundo: ilusionándome, poniéndome alerta y luego alejándome.
Desde su punto de vista, todo esto debe ser confuso. Recibí feliz el peluche y el pastel, ahora salgo con que no se meta en mi vida y lo corto en seco.
Ayer nos fastidiamos un poco y hoy ni siquiera nos saludamos bien. Con todo lo que él me ha dado… Al darme cuenta de mi actitud tan doble cara, sentí un sabor amargo en la boca.
Sentía su mirada pegada en mi nuca. Por eso, me puse nerviosa con cada paso que daba. Me moría de curiosidad por saber con qué cara me estaba mirando por la espalda y casi volteo, pero me aguanté. Recién pude respirar tranquila cuando me perdí bajando las escaleras.
Ese momento en el que compartimos el pastel bajo el árbol de acacias ya se sentía como algo de hace mil años.
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