Registro de Campus - 30
Ryu Eun-seok se había metido en mi rutina casi sin darme cuenta: a eso de las 6:45 p.m., cuando dejaba de estudiar para ir al comedor, él ya estaba ahí. Sin decirnos ni una palabra, solo con una mirada, ya era un hecho que íbamos juntos a cenar.
Hoy también se sentó frente a mí y empezó a comer. Yo, por costumbre, puse un video de los pandas en vivo, pero no podía concentrarme en sus monerías; simplemente tragaba la comida mecánicamente.
Eun-seok tampoco decía nada, estaba mudo, concentrado en su plato. Yo sabía perfectamente que estaba así por la bronca que tuvo al mediodía frente a la facultad.
Si yo, que solo fui una sapa que miraba desde lejos, seguía afectada por eso, ni me imagino cómo se sentía él que fue el protagonista. Pero aunque trataba de ser lógica, saber que la presencia de Yang Su-bin lo ponía así me quitaba todas las fuerzas.
Ni yo misma sé por qué le doy tanta vuelta al asunto. Quisiera dejar de pensar en eso, total, no es mi problema.
De postre hoy había refresco de quinua con leche. Devolví mi bandeja y llené un vaso descartable con la bebida espesita. Eun-seok, que no parecía tener ganas de tomar nada, me esperó y caminamos juntos de regreso.
—¿No vas a preguntar?
Justo antes de abrir la puerta de la sala de estudio, Eun-seok habló por primera vez en toda la noche. Supe al toque a qué se refería con esa pregunta tan directa, pero me hice la loca y lo miré con cara de ‘no entiendo nada’.
—¿Qué cosa?
—Lo viste, ¿no? A Yang Su-bin gritándome.
Pero Eun-seok no tenía ganas de andarse con rodeos. Me lanzó la pregunta como un dardo, rompiendo mi escudo al toque.
—¿Y no tienes nada que preguntarme sobre eso?
No me esperaba que fuera tan de frente, así que mi cara de sorpresa me delató todito. Tomé un sorbo de mi quinua para tratar de taparme la boca; no quería que viera lo movida que estaba por dentro desde el mediodía.
—Es un tema de ustedes dos, ¿por qué tendría que meterme?
Mi voz salió bien calmada. Lo justo para sonar desinteresada pero no tan cortante. O al menos eso creía yo hasta que escuché su respuesta.
—He estado de pésimo humor todo el día por eso, ¿y ni siquiera te da curiosidad? ¿No te importa ni un poquito?
Eun-seok soltó un suspiro fuerte y entrecortado entre cada frase. Recién ahí me di cuenta de que la había regado totalmente con mi suposición.
—¿Ni siquiera te dan ganas de rajar de Yang Su-bin conmigo y ponerte de mi lado?
Eun-seok estaba mucho más asado de lo que parecía. Primero, porque Su-bin le había hecho pasar el roche de su vida frente a todos. Y segundo, por mi culpa, porque en vez de darle ánimos, me hacía la que no me importaba.
—¿Y por qué se pelearon?
pregunté, aunque ya era demasiado tarde para que la pregunta sonara natural.
Él soltó un suspiro de cansancio.
—Ya para qué… parece que te estoy rogando para que me hagas caso.
Pero este chico no tiene idea. No sabe que me estoy esforzando un montón a mi manera. Que estoy rompiendo mi regla de no meterme en la vida de nadie solo por estar pendiente de cómo se siente él.
—Olvídalo. Tienes razón, es un problema entre ella y yo.
Esa frase me dolió de verdad. Sentí que mi esfuerzo fue ignorado totalmente, que su mirada ya no tenía ese brillo cariñoso de antes y que, de un porrazo, Eun-seok me había empujado fuera de su círculo.
—Perdón por descargarte mi fastidio, sé que estás ocupada estudiando.
Pidió disculpas, pero su tono no sonaba arrepentido para nada. Me quitó la mirada y me abrió la puerta de la sala de estudio. Era ese tipo de caballerosidad que él tiene por costumbre, pero esta vez se sentía como una señal de que ya no quería estar en el mismo lugar que yo.
Entré y la puerta se cerró sin hacer ruido. Eun-seok no entró conmigo.
Mientras caminaba a mi sitio, sentía que el corazón me hincaba a cada rato. Se me nubló la vista como si me hubiera quitado los lentes. Me senté, abrí mi cuaderno y prendí la tablet, pero sentía que mi cuerpo se movía solo, como si estuviera en un sueño pesado.
Dejé el vaso de quinua dulce a un costado del escritorio. El hielo se estaba derritiendo y el vaso de papel se estaba empezando a aguachar y a deformarse poco a poco. Se veía igualito a como sentía mi corazón en ese momento.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Todas las aulas vacías estaban repletas de alumnos. Eran como una plaga de langostas: apenas encontraban un sitio libre para estudiar, se instalaban con todas sus cosas. Era mucho mejor que ir a la biblioteca central para terminar perdiendo el tiempo, porque de seguro ya no había ni un solo sitio.
Yo también era una de esas ‘langostas’ que buscaba la máxima eficiencia, así que entré a un aula vacía en el tercer piso de la facultad de Administración con la idea de aguantar ahí unas dos horas.
—¡Senior!
Mientras buscaba dónde sentarme, me crucé con la mirada de Lee Dong-ha. Mi ‘junior’ levantó la mano y la agitó de un lado a otro bien animado. Es raro que alguien me pase la voz así, así que, casi sin querer, terminé acercándome a él toda dudosa.
—Siéntese aquí, senior.
Dong-ha quitó su mochila rápido para hacerme espacio. Como era un sitio en la esquina, de esos que te dan paz mental, no me hice de rogar y me senté al toque.
—¿Usted dónde estudia siempre? No la veo nunca por la biblioteca central.
—Estudio en la sala de la residencia.
—Ahhh.
Dong-ha asintió, pero se le veía medio desanimado.
—Debe ser paja vivir en la residencia, ¿no? Yo también quisiera vivir ahí.
‘Qué ingenuo’
Lo decía porque nunca había pasado por la incomodidad de compartir cuarto con otra persona, sin nada de privacidad, teniendo que hacer y deshacer maletas cada ciclo. Era un lamento bien relajado el suyo.
—¿Vives aquí en Seúl?
—Sí, vivo en Gangnam.
Y ahí estaba, soltando el dato de su barrio pituco como quien no quiere la cosa. A Dong-ha se le veían las costuras desde lejos.
—Mejor pórtate bien con tus papás y agradéceles.
le solté una respuesta medio de tía y seguí con mis resúmenes.
Él parecía querer seguir conversando, pero se limitaba a mirar de reojo cómo mi lapicero se movía sin parar.
Ya no se escuchaban más murmullos, pero de pronto, desde la puerta abierta, llegó una carcajada fuerte. Varios chicos que estaban concentrados fruncieron el ceño y miraron hacia la entrada.
Ryu Eun-seok entró primero con la mochila al hombro, detrás de él, pegadita como un chicle, venía Kwon Ga-ram.
—Oye, ¿entonces ya resolviste todos los ejercicios de Contabilidad Financiera? ¡Qué fue! ¿Desde cuándo te ha dado por estudiar tanto?
Parece que Eun-seok también estaba buscando un sitio para estudiar en su hora hueca. Su mirada recorrió el salón hasta que se detuvo en mí. Sus ojos, que no tenían ni una pizca de gracia hoy, pasaron rápido hacia Dong-ha.
Me quedé pensando un segundo. ¿Lo saludo? ¿Me hago la loca? Como ayer nos despedimos así de mal, me daba cosa mirarlo de frente.
Mientras yo dudaba, Eun-seok caminó primero. Dejó su mochila justo en el asiento detrás del mío. Al sentirlo a mis espaldas, empecé a escribir cada vez más lento. Tenía las orejas bien paradas tratando de escuchar qué pasaba atrás, tanto que ya ni sabía qué estaba anotando en mi cuaderno.
Ga-ram, que venía siguiendo a Eun-seok, también se quedó tiesa al verme. A juzgar por cómo se le borró la sonrisa al toque, se nota que todavía me tiene sangre en el ojo por lo que pasó en el brindis de las olimpiadas, cuando le quité el sitio. O de repente me ve como una competencia.
Cuando pensé eso, ya no pude ni mirar a Ga-ram de reojo.
Que Eun-seok me haya cuidado en el brindis o que pasemos tiempo juntos en la sala de estudio no significa que seamos nada. Eso me quedó clarísimo ayer. Así que no había mucha diferencia entre todas esas chicas que se hacían ilusiones con su amabilidad y yo, que andaba pendiente de todo su entorno solo por haber congeniado un poco con él.
‘Qué mal me veo estando pendiente de si Ga-ram me tiene envidia’, pensé. Me sentía mal por tener esos pensamientos tan negativos hacia una ‘junior’.
A Eun-seok le encanta estar rodeado de gente; se gana a todos con su sonrisa linda o invitando café. Lo de la torta el lunes por la noche fue parte de eso. Quizás se portó mejor conmigo porque estamos en situaciones parecidas, pero no debo olvidar que él es un ‘buen tipo’ con todo el mundo.
Y que puede quitarte esa calidez cuando le dé la gana.
A propósito, recordé la cara de hielo que puso anoche frente a la sala de estudio. Mejor estar preparada para lo peor, así el golpe duele menos.
—Habla, Eun-seok. Hola, Ga-ram, ¿qué, a mí no me ves o qué?
Dong-ha era el único que parecía estar fuera de esa vibra tan tensa. Ga-ram hizo un puchero y, sin responderle, se sentó rápido al lado de Eun-seok.
—Senior ¿usted toma apuntes a mano? ¿No le duelen los dedos?
Dong-ha seguía tratando de ser amable conmigo, ignorando el desplante de Ga-ram. Yo estaba a mil con mis cosas y me daba un poco de flojera, pero me recordé a mí misma que esto también es parte de la ‘vida social’.
—Igual el examen es a mano, ¿no? Además, así se me queda mejor la información.
—Asu, ¡por eso sacas el primer puesto! Te voy a copiar la técnica.
Dong-ha sacó un cuaderno que parecía nuevecito y empezó a escribir. Tenía una letra de doctor, no se entendía nada.
Y justo ahí, escuché una voz bien empalagosa desde el asiento de atrás:
—Eun-seok, no entiendo este problema… ¿me puedes explicar, por fa?
Madara Info
Madara stands as a beacon for those desiring to craft a captivating online comic and manga reading platform on WordPress
For custom work request, please send email to wpstylish(at)gmail(dot)com
Deja una respuesta
You must Register or Login to post a comment.