Registro de Campus - 27
Recién cuando el carro de mis papás se alejó de la terminal, me fijé en el sedán alemán que estaba estacionado ahí mismo. Era el que siempre manejaba Ryu Eun-seok. Me acerqué al asiento del copiloto y, a través de la ventana abajo, vi su rostro impecable.
—Perdón. ¿Esperaste mucho?
El hombre me sostuvo la mirada sin decir ni una palabra, solo me lanzó una de esas miradas fijas y penetrantes. ¿Había hecho algo malo? Si llegué antes de la hora pactada. ¿Por qué me miraba con esa cara de pocos amigos?
En ese momento, mientras mis ojos vagaban por el aire de puro nerviosismo, capté al ‘invitado’ que ya ocupaba el asiento del copiloto.
—¿Eh?
Ahí sentado había un peluche de panda casi de mi tamaño. Era una versión extra grande, idéntica al original: de color crema como el arroz tostado, con unos pelos rebeldes en la coronilla, el hocico gordito y hasta las uñas grises bien detalladas.
—¿Tú compraste esto?
Mi voz se elevó un tono sin que pudiera evitarlo. El rostro de Ryu Eun-seok, que estaba algo tenso, se ablandó por completo en un segundo.
—Sí. Es para ti.
—¿Para mí?
Mis ojos se abrieron tanto que sentí que se me iban a salir por lo inesperado del asunto.
—Súbete primero.
Eun-seok desabrochó el cinturón de seguridad del copiloto y levantó el peluche. Aunque me sentía confundido por todo esto, me subí al carro. Dejé mi maleta en el asiento de atrás y, apenas me acomodé, puso al esponjoso panda sobre mis piernas.
—¡Guau! Es demasiado suave.
Incluso olía a suavizante de ropa, un aroma limpio y fresco. Sin darme cuenta, hundí la nariz en el peluche abrazándolo con fuerza.
—Lo lavé ayer.
Su voz grave venía desde el asiento del conductor con un ligero toque de orgullo. Me recompuse un poco y levanté la cara que tenía enterrada en el peluche.
—Pero, ¿por qué me das esto así de la nada?
—Mañana es tu cumpleaños.
No hacía falta preguntarle cómo lo sabía. Yo mismo se lo había dicho sin rodeos hace tiempo. Después de todo, la clave del casillero que compartimos es 0528.
—Oye, pero esto es caro…
Tenía un precio considerable; cada vez que iba a Yongin me quedaba manoseándolo, pero siempre terminaba dejándolo en su sitio. Por más que amara a los pandas, para un estudiante que vive de sus propinas, un peluche de más de cien mil wones era un lujo excesivo.
Moví solo los ojos para observar al conductor. Como siempre, sus manos grandes con las venas marcadas giraban el timón con total fluidez.
Se supone que su familia pasa por una situación difícil, ¿está bien que le compre cosas así a un compañero de clase con el que ni siquiera tiene tanta confianza? Si su billetera está cada vez más flaca pero sigue gastando igual, ¿no se va a meter en problemas?
—No te preocupes, lo compré con plata que me cayó del cielo.
Las comisuras de los labios de Ryu Eun-seok se curvaron apenas. Esa sonrisa me pareció un tanto sospechosa.
—¿Plata del cielo?
—Le saqué lo de la lavandería a Kim Do-wan.
Fruncí el ceño al escuchar ese nombre sin contexto. Me vino el recuerdo desagradable de cuando terminé empapado hasta la ropa interior.
—Como sé que tú, por cómo eres, no le ibas a cobrar nada, lo presioné un poco por ti.
Su explicación sonó casi a una amenaza. ¿Cómo rayos lo habrá cuadrado para que ese Kim Do-wan, que tiene un carácter de mil demonios, soltara la plata de la lavandería?
—Igual es dinero que te correspondía, así que no te sientas mal.
Me quedé agarrando la mano del panda mientras navegaba en un mar de dudas. Pensaba si de verdad estaba bien no darle vueltas al asunto, si Kim Do-wan no vendría luego con reclamos, o por qué él se gastaba esa plata en un simple peluche.
Pero ninguna de esas dudas salió de mi boca.
—La verdad es que lo quería muchísimo. Pero como era caro y el tamaño me parecía demasiado para cargarlo, ya me había rendido. Pero ahora que lo toco, se siente increíble.
Volví a abrazar al panda y apoyé mi mentón sobre su suave coronilla.
—Gracias.
Eun-seok, que estaba concentrado en el camino, volteó a mirarme. En un carro con lunas polarizadas era imposible quemarse por el sol, pero su rostro estaba completamente rojo. Sus labios se apretaron hacia adentro, como si se estuviera aguantando las ganas de decir algo.
Sin decir nada, solo asintió un par de veces y volvió a mirar al frente. Por ese movimiento, su oreja derecha quedó a la vista; estaba más roja que su cara.
Sus nudillos resaltaban por la fuerza con la que sujetaba el timón. La otra mano, apoyada en la consola central, ya no se movía como antes, sino que estaba rígidamente estática.
Enterré la cara en el panda y me puse a mirar el paisaje que pasaba por la ventana. Solo el sonido bajo del motor y una canción pop suave llenaban el auto.
Su tensión se me contagió por completo. Yo también me puse nervioso y me quedé sin palabras.
Tuve que controlarme varias veces para no pensar que este regalo era algo demasiado especial.
Si las expectativas son grandes, la decepción también lo es. Era mejor para mi bienestar pensar que él solo necesita a alguien en quien apoyarse, que esta es simplemente su forma de hacer amigos.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Antes de entrar a la clase de la tarde, pasé por la cafetería que queda en la puerta trasera de la universidad.
—Tiene un cupón de cumpleaños, ¿quiere que lo usemos para este pedido?
—Sí.
Aunque los clientes que cumplían años tenían cualquier bebida gratis, yo me mantuve firme con mi americano helado. Lo máximo que podía transigir era un latte sin una gota de jarabe. Detestaba arruinarme el paladar con esas bombas de azúcar como los frappuccinos.
—¡Feliz cumpleaños a ti! ¡Feliz cumpleaños a ti!
Mientras esperaba mi café, un canto escandaloso estalló entre un grupo de estudiantes sentados en medio del local.
—¡Feliz cumpleaños a nuestra querida Subin! ¡Feliz cumpleaños!
En el centro estaba Yang Subin. Había una cámara instalada en un lado de la mesa, como si estuviera grabando un vlog, sus amigas sostenían una torta decorada con dibujos coloridos.
—¡No puede ser! Qué lindo, me muero de la emoción.
Qué coincidencia, parece que Yang Subin también cumplía años hoy. Ella, con su gorrito de fiesta bien puesto, sopló las velas que decoraban la torta. Justo cuando los aplausos volvieron a retumbar, entregaron mi pedido.
Traté de no comparar mi situación con la de ella.
Yo mismo elegí este camino de no tener amigos que me compren una torta y me celebren. Fui yo quien apartó a todo el mundo porque me parecía aburrido y sin sentido perder el tiempo en conversaciones triviales durante el almuerzo; sería muy egoísta de mi parte sentirme solo justo ahora.
Empujé la puerta de la cafetería sin mirar hacia donde estaba ella. El aire sofocante de afuera me golpeó de golpe, un contraste total con el aire acondicionado del interior.
De pronto, unos dedos finos llenos de anillos me tocaron el hombro.
—Disculpa.
Me di la vuelta y vi a Yang Subin con una sonrisa fresca. Por un mal presentimiento, sentí la boca seca a pesar de haber dado recién el primer sorbo a mi café.
—¿Sí?
—Tú eres la amiga de Eun-seok, ¿verdad?
La vez pasada me miró por encima del hombro preguntándose si él tenía ‘clase de amigos como esa’. Ahora, llamándome ‘amiga’, parece que subí de categoría.
—Sí.
Pude haberla corregido diciendo que solo éramos compañeros de facultad, pero preferí darle la razón. Para ella, en este momento, la diferencia entre ‘compañero’ y ‘amigo’ no era importante.
—¿De casualidad sabes a dónde fue Eun-seok el fin de semana?
Lo primero que pensé al escucharla fue: ‘¿Por qué me pregunta esto a mí?’. Lo segundo fue un instinto que me decía que no debía soltarle la verdad así por así.
—No, no tengo idea.
Así que mentí. Me preocupaba que, si le decía que él había ido a su casa familiar, nuestra relación se viera demasiado cercana o que pareciera que me estaba luciendo por saber tanto de él. Si ella sentía algo más que un simple interés por Ryu Eun-seok, meterme en ese enredo amoroso solo me traería problemas.
—¿Ah, sí? Él me dijo que se había ido a su casa, pero veo que tú tampoco sabes los detalles.
¿Qué onda? Si ya sabía, ¿para qué me pregunta?
—Me preocupé porque se fue de la nada. Quería saber si pasaba algo. Como ya sabes, Eun-seok ha estado teniendo varios problemas últimamente.
A pesar de que me esforcé en ignorar el remordimiento, Yang Subin conocía perfectamente los movimientos de él. Me acomodé los lentes para ocultar el ceño fruncido.
—Oye, pásame tu número de celular.
—¿Qué?
Se me escapó un tono de voz alto por la sorpresa. Dejando de lado que me diga ‘amiga’ a cada rato, el hecho de pedirme el contacto sin siquiera saber mi nombre me parecía de dudosa intención.
—Es que eres amiga de Eun-seok. Yo también quiero que nos llevemos bien.
Yang Subin me tendía su celular con una sonrisa perfecta, mientras sus amigas nos miraban desde atrás. Verlas cuchichear entre ellas hizo que se me cerrara la garganta por la tensión.
Tengo este problema: cuando recibo atención que no busqué, me empieza a picar todo el cuerpo. Aunque seguía cerca de la frescura de la cafetería, sentí que la cara me quemaba.
La única forma de escapar rápido de miradas no deseadas era darle a la otra persona lo que quería. Agarré su celular, me marqué a mí mismo y se lo devolví.
—A ver si salimos con Eun-seok la próxima, ¿ya?
Se despidió amablemente y se dio la vuelta. Al sentarse con sus amigas, volvió a revisar la cámara para ajustar el ángulo.
Mientras pasaba por la puerta trasera de la universidad, guardé el número de la llamada perdida. Solo espero que ese nombre casi nunca aparezca en mi pantalla.
Primero Ryu Eun-seok, luego Song Hyuk-jun, Lee Dong-ha y ahora Yang Subin. Sentí un mal augurio al ver cómo mi lista de contactos se llenaba de nombres extraños.
Madara Info
Madara stands as a beacon for those desiring to craft a captivating online comic and manga reading platform on WordPress
For custom work request, please send email to wpstylish(at)gmail(dot)com
Deja una respuesta
You must Register or Login to post a comment.