Registro de Campus - 21
Mi sensibilidad agudizada descubre diversos significados en la mirada de la gente, en el movimiento de la comisura de sus labios o en la dirección hacia donde apuntan sus manos. Y en este momento, pude notar claramente que los ojos brillantes de Lee Dong-ha tenían un destello similar al de Ju Seung-jae, el chico que me había invitado una bebida hace un rato.
—Eh, hola.
Casi se me escapa un saludo informal mientras, al mismo tiempo, estuve a punto de hacerles una reverencia con la cabeza. No tengo amigos cercanos ni siquiera entre los de mi misma promoción, así que tratar con los de ciclos menores me resultaba todavía más incómodo.
—Dice Dong-ha que el viernes estaba tan nervioso que no pudo correr bien. Pero como usted, noona, corrió casi media vuelta más por él… Bueno, me pidió que lo trajera porque quería agradecerle personalmente.
Song Hyuk-jun hizo de portavoz con total desparpajo. A su lado, el rostro de Lee Dong-ha se iba poniendo rojo, tal como cuando corre. A estas alturas, no solo yo con mi hipersensibilidad, sino cualquier transeúnte que echara un vistazo a esta situación podría darse cuenta. Del hecho de que un hombre sentía algo por una mujer.
Sin darme cuenta, desvié la mirada hacia un lado. Ryu Eun-seok llevaba un rato —exactamente desde que le dio unos sorbos a mi milkshake de yogur— con los labios apretados en una línea recta. Tenía miedo de que esos labios rojos se abrieran en cualquier momento para soltar alguna tontería como: “Vaya, Sang-hee, qué popular eres”.
—Muchas gracias, sunbae. Por culpa de los demás casi me terminan saliendo orejas de burro de tanto que me iban a insultar, pero usted me salvó. Gracias a eso sobreviví.
Lo que decía Lee Dong-ha no tenía mucho sentido. ¿Cómo que «casi muere» pero «sobrevivió»? Me dio la impresión de que quería sonar fluido y canchero como Song Hyuk-jun, pero era evidente que esa no era su verdadera personalidad.
—No, no es nada. No fue para tanto.
—Para mí fue como ver a una salvadora. En ese momento pensé que ya estaba muerto, de verdad. Pero cuando vi que usted agarró el testimonio así de rápido, me sentí tan agradecido que casi se me escapan las lágrimas.
Lee Dong-ha escupía las palabras como una ráfaga, parecía un postulante recitando una presentación personal que ya traía preparada para una entrevista. Se notaba a leguas que estaba forzando su forma de ser.
—No exageres…
Yo estaba con los nervios de punta, pendiente de quien estaba a mi lado, deseando que la conversación terminara pronto. No sé por qué exactamente, pero era obvio que Ryu Eun-seok estaba de mal humor con alguien. Y lo más probable era que ese «alguien» fuera Hong Sang-hee. Me empezó a zumbar la cabeza por todas esas emociones ajenas que flotaban en el aire. Solo quería irme rápido al salón y estar sola.
—Hazlo tú.
susurró Song Hyuk-jun mientras le metía un codazo en la costilla a Lee Dong-ha, casi sin mover los labios.
—Hazlo tú, pues.
—Dijiste que me ibas a ayudar.
—Ay, este… qué miedoso eres.
Parece que llegaron a un acuerdo tras su intensa disputa, porque Song Hyuk-jun extendió su celular.
—Noona, páseme su número, porfa. Para estar en contacto de vez en cuando.
Por fin parecía que este encuentro incómodo iba a terminar. Estiré la mano con la intención de anotar el número rápido y despedirme.
—¿Para qué?
soltó de pronto Ryu Eun-seok, hablando después de un buen rato.
—¿Perdón?
—¿Para qué necesitas su número?
Su pregunta, que exponía las intenciones de forma tan directa, me dio hasta vergüenza ajena. A pesar de que se daba cuenta perfectamente de que no era Song Hyuk-jun el interesado en mi número, lo hacía por pura mala fe. Me sentí culpable otra vez con el delegado de la facultad.
—¿Acaso Sang-hee no está en el grupo de WhatsApp de la carrera?
Ryu Eun-seok dio un paso al frente, bloqueando sutilmente mi campo de visión.
—Basta con que la agregues y le mandes un mensaje por ahí. ¿Es necesario pedirle el número así?
—Ah, bueno, es que yo, como delegado, por si surge algo urgente…
—Si pasa eso, vas a la oficina de la facultad y pides su contacto ahí.
La excusa de Song Hyuk-jun era floja, pero las refutaciones que soltaba Ryu Eun-seok, metiéndose en todo, eran exageradas. Parecía el mánager de un famoso impidiendo que se acerque un fan acosador.
—Oye, ¿qué te pasa?
le dije, dándole un toquecito en su firme antebrazo para detenerlo.
Como él los estaba presionando sin una pizca de gracia en el rostro, las caras de los chicos menores se iban transformando, como si hubieran mordido un limón agrio. A pesar de que no era asunto suyo, Ryu Eun-seok se estaba comprando el pleito gratuitamente.
—Dame el celular.
Con mi hombro, empujé ligeramente el brazo de Ryu Eun-seok. Él, a regañadientes, se hizo a un lado y me dejó espacio. Seguramente él también sabía que se había pasado de la raya. Después de llamar a mi propio número desde el celular de Song Hyuk-jun y devolvérselo, el delegado, como si hubiera estado esperando el momento, jaló a Lee Dong-ha del tirante de su mochila.
—Nos vemos luego.
—Que tenga una buena clase, sunbae.
Después de que Song Hyuk-jun y Lee Dong-ha se despidieran formalmente y se marcharan, solté un suspiro de alivio y bajé al segundo piso. Ryu Eun-seok, a pesar de que no llevábamos la misma clase, me seguía de cerca. Podía sentir claramente su presencia tras de mí, a apenas medio paso de distancia.
No le pregunté por qué me seguía, ni lo regañé diciéndole que se fuera por su camino. En este preciso momento, lo que menos quería era prestarle atención a Ryu Eun-seok. Tenía la cabeza a punto de estallar de lo confundida que estaba tras haber sido asediada por la gente de la nada.
—Almorzamos juntos luego.
Justo antes de entrar al salón 211, la voz grave de Ryu Eun-seok cayó sobre mi coronilla. Antes de que pudiera siquiera voltear, soltó una frase más.
—Te espero.
Cuando giré la cabeza, el hombre ya me había dado la espalda y caminaba a grandes zancadas por el pasillo. A cada paso que daba, las miradas cautivadas por su buena pinta se le pegaban de forma natural.
“¿Quién dice que vamos a comer juntos?”. Un pensamiento de queja asomó en mi mente, pero no me tomé la molestia de enviarle un mensaje de rechazo.
Me daba flojera contactarlo y alargar la conversación de esa manera. Supongo que bastaría con comer sentados por separado como la otra vez. Si hoy también aparecía alguien como Yang Su-bin a mirar por encima del hombro a Ryu Eun-seok mientras comía solo, esta vez no intervendría; me haría la loca por completo.
De pronto, recordé la imagen de Ryu Eun-seok manoseando el llavero de panda que le regalé. Me quedé mirando fijamente su mochila negra alejándose a lo lejos, sin entrar todavía al salón.
Menos mal que no se me ocurrió, por impulso, proponerle darle el llavero que yo misma compré. Más allá de que me diera roche la idea de que los dos lleváramos el mismo llavero, no quería inyectarle mis gustos a nadie de esa manera.
Eso es algo muy, pero muy peligroso.
El acto de compartir con otros las cosas que me gustan en mi día a día significa también dejar que esa persona cruce mi línea de seguridad. Al hacerlo, terminaríamos pasando tiempo juntos, acumulando recuerdos y escarbando en el interior del otro.
En ese sentido, también debía dejar de parlotearle a Ryu Eun-seok sobre los pandas y demás. Me puse a hablar como loca, toda emocionada porque él me seguía la corriente, pero ¿qué iba a hacer luego por puro aburrimiento si Ryu Eun-seok se hacía de nuevos amigos con quienes andar?
Para ser sincera… si solo fuera aburrimiento, estaría bien. El verdadero problema sería si llegara a sentir un vacío o una sensación de futilidad.
Estar sola desde el principio no me molesta. Volverme solitaria por voluntad propia tampoco me afecta.
Pero si te quedas sola después de haber estado acompañada, entonces podrías terminar rumiando esa palabra llamada «soledad», que ni siquiera sabías que existía.
“¿Son solo amigos, no?”.
La pregunta que el amigo de Ju Seung-jae me hizo esta mañana me daba vueltas en la cabeza.
Que lo preguntara así significaba que no nos veíamos simplemente como amigos.
Debieron influir varias razones: el hecho de que antes apenas nos hablábamos (al punto de ni recordar su nombre), que fundamentalmente somos de sexos opuestos, y que Ryu Eun-seok se mete demasiado en mis asuntos mientras yo, hasta cierto punto, dejo que lo haga.
Reprimí a la fuerza esa flecha de duda que flotaba en mi corazón.
Ryu Eun-seok ha decidido valerse por sí mismo, pero aun así, todavía debe necesitar a alguien en quien apoyarse. ¿Acaso no lo dijo él mismo? Que es mejor ser cuidado que ser utilizado.
“Porque tú no me ves como a un llavero”.
Su casa está en una situación difícil, los que creía sus amigos lo ningunean, tiene la cabeza hecha un lío y el corazón agotado… y en medio de todo eso, me vio a mí. Alguien que parece estar en una situación similar a la suya.
La razón por la que Ryu Eun-seok se apoya en mí no era la gran cosa.
Yo soy, por así decirlo, una prueba de que se puede estar bien estando solo. Un indicador que puede darle confianza.
Por eso le molesta que Ju Seung-jae me compre una bebida o que Lee Dong-ha se acerque a saludarme. Porque si me vuelvo cercana a alguien y empiezo a andar en grupo, desaparecería el «modelo» que él tanto observa.
Sacudí la cabeza internamente y me senté en el asiento de adelante, el que siempre me correspondía. Mientras me preparaba para la clase, expulsé sin piedad de mi mente esa palabra que la ocupaba: “A lo mejor”.
Me doy cuenta fácilmente de si otras personas sienten simpatía por mí o no, pero me esforba por minimizar e ignorar las señales que Ryu Eun-seok enviaba con todo su cuerpo.
Aparte de que no hay pruebas suficientes para estar segura, la razón principal era el miedo a que todo fuera un invento de mi imaginación.
No quería entregarle ni un pedacito de mí a un hombre que podría conseguir nuevos amigos y mudarse de sitio en cualquier momento.
No quería acostumbrarme a esa ventana de chat con Ryu Eun-seok que últimamente siempre ocupa el primer lugar en mi lista, ni a la solicitud de seguimiento que sigue ahí pendiente con terquedad, ni al tiempo que paso charlando de tonterías con él en la sala de estudios del pabellón.
Yo estaba cómoda estando sola.
Tenía que ser así.
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