Registro de Campus - 20
El lunes por la mañana, fui al pabellón y me paré frente al casillero número 25 que me había dicho Ryu Eun-seok. De mi mochila, que tenía un llavero de panda colgando, saqué un libro de especialidad bien grueso. Me sentía un poco mal con el dueño original por pasar todas mis cosas ahí, pero sentía que si no lo usaba iba a despreciar su gesto, sobre todo porque hasta se dio el trabajo de cambiar la contraseña por mí. Así que, por pura cortesía, decidí dejar solo un par de libros que no consultaba muy seguido.
Cerré rápido la puerta del casillero y me alejé. Como todavía faltaba para la primera clase, no había ni un alma por el pasillo. No es que estuviera robando, pero me sentía un poco perseguida; me daba miedo que otros estudiantes que sabían que ese era el casillero de Ryu Eun-seok me vieran y pensaran cosas raras. De por sí ya debían estar rajando de lo lindo después de ese chongo que hubo en el restaurante de parrilladas, lo último que quería era darles más leña para el fuego.
El salón 308, donde tocaba la clase de Gestión Financiera Internacional, estaba vacío. Saqué mi agenda, mis lapiceros de colores y los stickers de panda que me compré en Yongin y los acomodé toditos en la carpeta. Solo faltaba un mes para los finales, así que tenía que armar un plan de estudio de cuatro semanas sí o sí. Desde hoy me iba a poner las pilas para estudiar en serio. Ya me había divertido bastante en el festival deportivo; ahora tocaba quemarse las pestañas hasta que empiecen las vacaciones.
Estaba concentrada trazando una línea recta con mi resaltador y una regla cuando, de pronto, alguien soltó su mochila en el asiento de al lado. Me asusté tanto que el resaltador amarillo se me fue de avance y terminó en un rayón todo chueco. Levanté la mirada con una luz de pocos amigos para ver quién era el que me estaba interrumpiendo.
—Hola. ¿Y esa cara? ¿Por qué me miras así?
Ryu Eun-seok se sentó a mi lado con una cara de ‘yo no fui’. El tipo, que ni cuenta se daba de su error, se quedó mirando mi agenda toda colorida y ladeó la cabeza.
—Manya, se nota que los que son aplicados son otra nota. Voy a tener que aprender de ti.
Cerré la boca y agarré mi corrector. ‘Ya, bueno, me está prestando su casillero, así que tengo que aguantarlo’, pensé.
—¿Ah?
Mientras miraba mi agenda de forma bien distraída, Ryu Eun-seok estiró el brazo por detrás de mi espalda de la nada. Su brazo pasó tan cerca que parecía que me estaba abrazando por la cintura. Me quedé tiesa como un poste, moviendo solo los ojos de un lado a otro. Ryu Eun-seok jaló mi mochila, que estaba en el asiento vacío. Como ahora pesaba mucho menos gracias al casillero, se deslizó sin ningún esfuerzo.
—¿Qué pasa? ¿Qué haces?
—Esto.
Ryu Eun-seok tocó el llavero de panda que colgaba del cierre y soltó una sonrisa radiante. Al reconocer que era el que él me había regalado, se le vio todo orgulloso, hasta sacó pecho.
—Se ve más tierno puesto ahí, ¿no?
Me hice la loca y seguí concentrada en mi plan de estudios sin decirle ni michi.
—Debí comprarme uno yo también.
Por un segundo me imaginé a Ryu Eun-seok caminando con un peluchito de panda colgando. El tipo, que hasta para elegir un polo se fija que sea de marca y carero, con un panda… Solo de pensar en ese chongollo visual, se me escapó una sonrisita.
—Parece que no lo venden por internet.
Ryu Eun-seok hasta se puso a buscar en su celular, como si de verdad quisiera comprárselo. Lo escuché murmurar bajito si tendría que irse hasta Yongin otra vez por el llavero.
‘Yo tengo otro igualito’. En mi escritorio de la residencia tenía un llavero idéntico al que él me regaló. Me daba mucha pena usarlo, así que lo tenía guardado y casi ni lo tocaba.
… ¿Se lo doy?
Ese pensamiento me dejó helada. Por un lado, me preguntaba por qué rayos haría algo así, pero por otro, pensaba que como ya tenía uno, un ‘trueque’ no estaría nada mal.
Estaba ahí debatiéndome entre si preguntarle o no, cuando la mirada de Ryu Eun-seok se fue hacia la puerta del salón. Era Joo Seung-jae, que venía entrando con un batido de yogur de fresa en cada mano.
—Ehh…
Joo Seung-jae se quedó parado soltando un ruidito raro. Su amigo, que venía detrás, asomó la cabeza para sapear y se tapó la boca rápido para no matarse de la risa por algo.
Yo, medio palteada, solo atiné a saludarlos con la cabeza. Antes ni sabía cómo se llamaban, pero como en el festival deportivo me cuidó los lentes, me pareció que saludar era lo mínimo que podía hacer por educación.
—Buenos días.
Al lado mío se escuchó la voz grave y fluida de Ryu Eun-seok. Joo Seung-jae, con una cara de no saber dónde meterse, asintió de forma bien tensa.
—Ah, sí, hola.
Los de ciclos superiores se sentaron en los asientos de atrás, como siempre. Ryu Eun-seok se quedó callado de pronto, pero atrás se escuchaba todo un alboroto. El amigo de Joo Seung-jae hacía unos ruidos raros con la nariz hasta que le dio un ataque de tos porque se atoró con su propia saliva.
—Oye, Sang-hee.
La voz de Joo Seung-jae, que todavía me sonaba extraña, me sacó de mis pensamientos mientras me tocaba el hombro. Antes de que pudiera voltear, el batido de yogur de fresa ya estaba frente a mi cara.
—Toma, para ti.
Sin querer, lo primero que hice fue mirar la cara de Ryu Eun-seok. Joo Seung-jae seguía con su afán de ‘tirarme maíz’ así de frente, me daba roche que Eun-seok se metiera a decir alguna pesadez como la otra vez.
Ryu Eun-seok solo se quedó mirando la bebida rosada que me estaban ofreciendo. No se le veía ninguna expresión en el rostro. Como sea, mientras no se burlara de mí, todo bien. Agarré el batido rápido; no es que me encantara, pero después de que se dio el trabajo de comprarlo, no le iba a decir que no.
—Gracias.
—Hermano, ¿y el mío?
soltó Ryu Eun-seok volteándose hacia atrás. Tenía una cara de picado que no le iba para nada.
—Yo también tengo sed, por si acaso.
—¡Qué ibas a estar tú aquí, pues!
respondió Joo Seung-jae, todo avergonzado mientras pasaba las hojas de su libro a la volada.
—Tú tienes plata, cómprate tu propia nota.
—Ya no tengo plata.
Ryu Eun-seok admitió el chisme sin hacerse problemas. Hace unos días andaba lloriqueando preguntándome cómo iba a hacer para seguir en la facultad, pero parece que algo cambió, porque ahora lo aceptaba con una tranquilidad total. Yo, que justo iba a morder el sorbete grueso, me asusté tanto por la sorpresa que hasta encogí los hombros. Los de atrás se quedaron igual de fríos.
—Ah, ¿sí? Bueno… entonces, este… la próxima yo te invito uno, pues.
La mirada intensa de Ryu Eun-seok se clavó en mis labios. Por su culpa, no pude tomar ni un sorbo y terminé haciendo el vaso a un lado.
—¿Quieres?
—Gracias.
Ryu Eun-seok no se hizo de rogar y se lo llevó al toque. El sorbete transparente se coló entre sus labios y el batido de yogur desapareció a una velocidad increíble. El tipo se dio tres tronchos de tragos y me lo devolvió. Yo se lo había ofrecido por educación, jurando que me iba a decir que no; nunca me imaginé que se lo iba a zumbar así. Solo había un sorbete. Ni loca iba a usar el mismo que acababa de tocar los labios de Ryu Eun-seok. Me quedé mirando la bebida, que ahora era un estorbo, con una cara de pocos amigos.
—¿Ustedes son amigos nomás, no?
preguntó el amigo de Joo Seung-jae. Fijo que soltó la pregunta por el otro, que se moría de curiosidad.
—Somos de la misma base.
respondí al toque antes de que Ryu Eun-seok saliera con alguna estupidez.
Inmediatamente me puse derecha y les di la espalda para que notaran que no tenía ganas de seguir conversando. Dejé a un lado el vaso de plástico, donde ya empezaban a formarse gotitas de agua por fuera. Ryu Eun-seok seguía abrazando mi mochila y jugueteando con el llavero de panda. Se veía medio bajoneado. Bueno, era lógico, si acababa de admitir con su propia boca que estaba ‘michi-michi’, sin un mango. Su figura, sentada ahí tan quieta, me estorbaba en el borde de mi campo visual.
—Ah, de veras.
Saqué de mi mochila el polo de manga corta, ya bien lavadito. Era el que Ryu Eun-seok me había prestado el viernes para taparme las piernas.
—Gracias, me sirvió un montón.
Le devolví el polo y le arranché mi mochila, que todavía estaba sobre sus muslos. La dueña era yo, pero por un momento sentí que era una mala persona por quitársela. Y todo por culpa de Ryu Eun-seok, que desde hace un rato no decía ni pío y andaba con los labios caídos, todo triste. El tipo puso el polo verde bien dobladito sobre su brazo. Luego, usó la ropa limpia como almohada y se tiró sobre la carpeta. Su perfil, bien definido, quedó hundido entre la tela verde. Parecía que estaba haciendo su huelga. Se sentía un aire de resentimiento envolviendo sus hombros anchos. No tenía idea de qué me estaba reclamando, pero sabía que si le hablaba en un momento así, fijo que me salía con alguna pesadez. Así que decidí ignorarlo y seguí decorando mi agenda.
Al terminar la clase, pasé un toque por el baño. Boté la bebida que no pude ni probar y, cuando salí, vi a Ryu Eun-seok dando vueltas cerca de la entrada. Si no tenía más clases, ¿por qué no se iba a la cafetería o a algún lado? No entendía por qué perdía el tiempo ahí parado.
—¡Delegada Sang-hee!
Parecía que hoy todo el mundo se había puesto de acuerdo para llamarme por mi nombre desde temprano. Volteé y vi a Song Hyuk-jun cruzando el pasillo lleno de gente.
—Ah, hola, Eun-seok también está acá. ¿Llegó bien el viernes, delegada? De hecho que Eun-seok la cuidó bien, pero igual, ¿no le pasó nada, no?
Song Hyuk-jun parecía buen pata. Él también la debe haber pasado mal tratando de calmar a Kim Do-wan, encima se daba el tiempo de ver cómo estaba yo. Me dio un poco de cargo de conciencia pensar que le había dejado todo el chongo al delegado.
—Todo bien. Perdón por malograr el plan ese día.
—No se preocupe, nada que ver. Después de eso los chicos se olvidaron de todo y se pusieron a chupar como locos.
En eso, el chico que estaba al lado de Song Hyuk-jun hizo un ruido con la garganta, como dándose importancia. Song Hyuk-jun captó la señal al toque y lo presentó:
—Ah, delegada. ¿Se acuerda de él?
Recién ahí lo miré bien. Se me vino a la mente esa cara pálida poniéndose roja como un tomate mientras se me acercaba. Era el chico que corrió como segundo relevo en la posta del festival deportivo.
—Hola, superiora. Me llamo Lee Dong-ha.
Madara Info
Madara stands as a beacon for those desiring to craft a captivating online comic and manga reading platform on WordPress
For custom work request, please send email to wpstylish(at)gmail(dot)com