Registro de Campus - 19
Me arrepentía de haberlo seguido, sentía el cuerpo pesado como si fuera un trapo mojado y sabía que se venía más chisme. Pero, al ver que Ryu Eun-seok era el primero en pedir disculpas, no me nacía portarme pesada con él.
—De vez en cuando, asomar la cara en estas reuniones sirve de algo.
No oculté el resultado de la «calculadora» que ya había pasado por mi cabeza.
—La otra vez se me pasó el aviso y ni siquiera pude pedir casillero. No tengo a nadie que me pase la voz de esas cosas. Pero bueno, hoy ya le hice el bajo al delegado del salón, así que supongo que el próximo ciclo no me volverá a pasar lo mismo.
Como sabía que él no tenía mala leche, pude soltarle lo que pensaba de verdad. Sabía que Eun-seok no se burlaría de mí, aunque tuviera que confesarle un error un poco tonto.
—¿Entonces te la pasas cargando todo en la mochila?
Él miró hacia mi espalda. Como hoy era el día de las olimpiadas, ni siquiera había traído mochila, pero parecía que él me veía como si cargara un caparazón de tortuga.
—Sí. Como vivo en la residencia, no me incomoda tanto.
Aunque si tuviera que viajar en el Metro todos los días, ahí sí estaría muerta.
—Entonces usa mi casillero conmigo.
Eun-seok soltó la propuesta de la nada.
—¿Te acuerdas dónde queda? Es el número 25, al costado de la sala de la facultad. La clave es 0817.
No le respondí, solo me quedé mirándole la cara fijamente. Al encontrarse con mi mirada, sus ojos vacilaron un poco. Se mordió los labios, como si estuviera ansioso.
Parece que de verdad se sentía muy culpable. Tanto como para ofrecerme su casillero así nomás, a pesar de que no es muy grande que digamos. El que se portó como un imbécil fue Kim Do-wan; Eun-seok no tenía la culpa de nada, pero él se estaba echando toda la responsabilidad del chongo de hoy.
—¿17/08 es tu cumple?
Parece que le di en el clavo porque abrió los ojos de par en par.
—¿Cómo supiste?
—Porque son números que tienen toda la pinta de ser una fecha de cumpleaños.
Poner su cumple de clave… No es que uno guarde la gran cosa en los casilleros de la universidad, pero ¿no será que vive la vida muy al descuido? Ahorita mismo me soltó la clave así de frente, sin que yo siquiera aceptara usarlo.
Ya antes se había puesto a contar que su familia estaba en la quiebra sin fijarse quién estaba alrededor; definitivamente, este chico suele pasar por alto lo famoso que es. Con 70 mil seguidores, debería ser mucho más cuidadoso con su seguridad.
—No todo el mundo vive con buenas intenciones, ¿sabes?
¿Acaso no lo acababa de ver con sus propios ojos? Kim Do-wan, que vino dizque a amistarse y terminó queriendo clavarle un palito; y Park Tae-hyun, que hasta hace poco era su uña y mugre y ahora le tiraba barro por la espalda. Gente con malas entrañas hay en todos lados.
Menos mal que todavía están dentro de las paredes de la universidad y la cosa no pasó a mayores. Si te encuentras con ese tipo de gente afuera, en la calle, ahí sí que es un dolor de cabeza.
—Te lo digo porque yo misma podría robarte tus cosas. O podría ir por ahí contándole tu clave a las chicas a las que les gustas.
Quizás Ryu Eun-seok ha estado expuesto tanto tiempo a la buena onda de la gente que su valla de desconfianza está por los suelos. Incluso conmigo, ¿no dejó de sospechar de mí así de fácil? Y eso que antes me trató como a una rata que escuchaba conversaciones ajenas y hasta me amenazó con denunciarme por difamación.
Por más desesperado que esté por no almorzar solo, si la situación hubiera sido al revés, yo lo habría tenido bajo la lupa hasta el final.
—Pero tú no harías eso.
Su respuesta fue tan inocente que me pareció absurda. Tuve que apretar los labios para que no se me escapara una risita.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Porque tú no me ves como un accesorio.
Me detuve en seco. Eun-seok, que iba un paso por delante, se dio la vuelta para mirarme. La calle estaba llena de luces brillantes de los restaurantes, pero sus ojos quedaban ocultos bajo la sombra de sus cejas.
—Yo sé por qué todo el mundo me busca.
Él se daba cuenta perfectamente de cómo la gente intentaba aprovecharse de él.
—Sé por qué me saludan con tantas ganas apenas me ven.
Buen parecido, billetera gorda, una sonrisa para todo el mundo, un modo de hablar amable (tenga o no espinas guardadas por dentro). Él tenía todas las condiciones para que la gente lo siguiera.
—Solo me hacía el loco. Yo también necesitaba amigos con quienes andar.
Después de aquel día en que me pidió que le enseñara a andar solo en la universidad, hoy volví a ver su lado más crudo. Nunca imaginé que Eun-seok también tuviera que hacer sus propios cálculos.
—Pero bastó un solo rumor para que todos me ningunearan. Cualquiera diría que estaban esperando ese momento.
Me acordé del grupo de Park Tae-hyun, que se lo estaban almorzando vivo a puros chismes.
—Incluso los que me perseguían porque decían que les gustaba, de pronto empezaron a actuar como si fueran superiores a mí.
Luego pensé en Yang Su-bin y Kwon Ga-ram, pero la verdad es que yo no era muy distinta. Cuando vi que el «perfecto» Ryu Eun-seok se rebajaba ante mí, yo también me sentí embriagada por una superioridad caleta. Qué cobarde fui.
—Me da cólera, me da asco. Y me cansa.
Al escuchar su confesión tan honesta, sentí que la conciencia me quemaba. Yo también era una de las personas que lo habían acorralado.
—Sé que me miras con lástima.
Levanté la mirada de golpe, que hasta hace un segundo tenía clavada en el suelo. Bajo las luces de los letreros, la sombra de tristeza en su rostro se iba borrando.
—Pero prefiero eso.
Con las manos en los bolsillos, Eun-seok mantenía una postura relajada y una sonrisa tranquila en los labios.
—Prefiero mil veces que me cuiden con lástima a que me estén utilizando por todos lados.
Se había dado cuenta de todo. Bueno, si sabía por qué los demás lo buscaban, era obvio que se daría cuenta de por qué yo sentía compasión por él.
Me sentí tan palteada que fingí mirar la carta de un bar que estaba al costado. Apenas había tomado unos tragos, pero sentía la boca seca y los pómulos calientes. Me habían pillado mi complejo de inferioridad.
Después de haberme lucido dándole consejos ridículos como «reconoce el rumor y ya» o «tú también ignóralos»… en el fondo, le tenía envidia porque él seguía teniendo opciones a diferencia mía, y sentía celos de que siguiera siendo popular.
Eun-seok se había dado cuenta de todo eso y, aun así, decía que yo era mejor que el resto. Lo sé. Sé que no merezco que me diga esas cosas. Pero me gusta. Me gusta sentir que alguien me reconoce como una buena persona. Me hace sentir que soy útil para alguien. Y que ese alguien sea Ryu Eun-seok, me hace sentir aún…
—Sang-hee.
En eso, él me jaló del brazo con fuerza. Una moto de delivery pasó rozándome. Un segundo después, el susto me hizo dar un brinco.
Escuché a Eun-seok soltar un insulto casi entre dientes. Se quedó mirando con furia a la moto que se alejaba, pero cuando volvió a mirarme, sus ojos ya tenían esa curva suave de nuevo.
—Vamos.
Me puso la mano en la espalda y me guio de vuelta hacia la universidad. El calor de su mano en mi espalda no se quitó de inmediato, se quedó ahí un ratito más.
Mientras caminábamos juntos de regreso, me di cuenta de una cosa: ese llamado bajito que escuché mientras me entregaban la posta verde en la carrera no había sido mi imaginación.
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Me pasé todo el fin de semana encerrada en mi cuarto de la residencia. Después de haberme aguantado a tanta gente el viernes, necesitaba recargar energías en mi cama durante los días libres. Solo así podría sobrevivir a la siguiente semana.
Aunque mi compañera de cuarto hablaba por teléfono haciendo bulla, no me refugié en la sala de estudios. Simplemente le subí el volumen a mis audífonos, me tapé con la colcha y me la pasé todo el día en ese plan de despertarme y volverme a dormir.
En esos dos días en los que no me moví para nada, salvo para comer, me llegaron un par de mensajes de Ryu Eun-seok. No era por nada importante.
Yo le respondí que el 28 de mayo. Se lo dije sin pensar mucho, pero el mensaje que me mandó 20 minutos después hizo que se me quitara el sueño de porrazo y abriera bien los ojos.
Cambié la clave del casillero a la fecha de tu cumple. 0528. Casillero 25, al costado de la sala de la facultad.
Eun-seok no había retirado su propuesta de compartir el casillero. Es más, se tomó la molestia de ir hasta el pabellón de Administración en pleno fin de semana solo para cambiar la clave.
No sabía qué responderle; me quedé mirando la pantalla como tonta. Después de darle mil vueltas, mi pulgar apenas si pudo escribir un agradecimiento simple.
Pero apenas lo envié, sentí que sonaba demasiado seco, casi maleducado. Así que le añadí un sticker de un panda que decía: «¡Graciaaas! ♥».
Pensé que iba a quedar como una otaku intensa, pero ya qué importa. Si total, sí soy una otaku.
Apenas leyó mi respuesta, Eun-seok me mandó otro mensaje.
Me sorprendió que reconociera al panda al toque, a pesar de que casi nunca los había visto. Así que, olvidándome del cansancio, empecé a mandarle stickers de todos los tipos y le preguntaba si sabía quién era quién.
Eun-seok todavía no podía diferenciar a las gemelas. Aun así, me seguía la corriente con mucha paciencia mientras yo le contaba emocionada toda la historia de la familia panda.
Recién después de un buen rato caí en cuenta de que yo era la única que estaba hablando como loca. Ni a mis papás les interesan los pandas, pero me emocioné tanto al encontrar a alguien que me escuchara que terminé soltando cualquier cosa.
Cuando me dio roche y dejé de escribir para no seguir la conversación, empezaron a aparecer un montón de burbujas blancas a la izquierda:
¿Entonces la menor es la más tranquilita? La mayor es la que no tiene miedo a nada. Oye, responde. ¿Por qué dejas de hablar a medias? Oye. Jajaja. Sang-hi-hi-hi.
Volteé el celular sin responder. Por la ventana abierta entraba un airecito fresco, pero no había forma de que se me bajara el calor de la cara.
De verdad, mi forma de hablar había sido la típica de una otaku emocionada. Qué palta.
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