Registro de Campus - 16
Ni siquiera se había puesto el sol y ya se había armado la juerga.
Yo me moría por regresar a mi residencia. Quería cambiar esos piqueos salados y dulces por la cena tranqui del comedor, llamar a mi mamá y presumirle que ganamos el primer puesto en las postas gracias a mí. Quería ducharme para quitarme todo el sudor y tirar mi cuerpo, que ya no daba más, sobre la cama.
Pero ahí estaba yo, siendo arrastrada por Ryu Eun-seok, quien me tenía bien sujeta del codo. Me llevó directo a la pollería de siempre frente a la universidad, donde los de Administración ya habían tomado el local.
—Después de semejante esfuerzo, tienes que quedarte para que te feliciten, ¿no?
Ante la excusa de Eun-seok, lo miré de reojo con cara de pocos amigos. Me hice la loca de inmediato, por miedo a que se diera cuenta de que, en el fondo, le tenía un poquito de envidia por cómo todos lo celebraban.
—No necesito eso. Solo quiero ir a la residencia a descansar.
—Descansas mañana, hoy se celebra.
Eun-seok se salió con la suya y cruzamos el umbral del local. El restaurante, lleno de mesas de metal redondas bajo luces amarillentas, estaba más oscuro que afuera. Parecía que lo habían alquilado todo, porque estaba de bote en bote con gente de la facultad.
—¡Guau! ¡Aquí están los capos de la victoria!
Apenas entramos con Eun-seok, estalló un aplauso atronador. Ante los gritos que me reventaban el oído, encogí el cuello como una tortuga.
—¡Ya, ya, abran paso! ¡Llegaron los invitados de honor!
—¡Oye, muévete a un lado! No hay sitio para que se siente el hermano Eun-seok.
«Ay, Dios mío, me quiero ir a mi casa».
No llevaba ni un minuto ahí y ya me moría de ganas de salir corriendo. Si yo fuera de esas personas a las que les llega lo que digan los demás, le habría soltado la mano a Eun-seok para largarme a mi cuarto ahora mismo.
Pero la verdad es que tenía curiosidad. Quería saber qué dirían esos chicos sobre Hong Sang-hee, esa desconocida que apareció de la nada en las postas. Por un lado, me preocupaba que dieran información falsa; pero por otro, una parte de mí también quería que dijeran que fui tan genial como Eun-seok.
Ya que me obligaron a quedarme, al menos debieron darme un sitio en un rincón, pero Eun-seok, que se mueve entre la gente como pez en el agua, me empujó directo al lado del delegado de la facultad y de los del centro de estudiantes, donde estaba todo el bullicio.
—Disculpe, senior.
Song Hyuk-joon, el delegado, se disculpó con cara de palta. Por fin parecía haberse enterado de qué año era yo.
—Es que de verdad pensé que eras de los nuevos. Como te ves tan chibola… Por la confusión, déjame invitarte un trago.
La aclaración de Hyuk-joon tenía mucho que criticar. Para que me dijera «chibola», solo nos llevábamos dos años; además, yo nunca le di confianza para que me hablara con tanta familiaridad.
Pero como siempre digo: que no tenga amigos no significa que no tenga habilidades sociales, así que recibí la cerveza sin decir nada. Hyuk-joon, con mucha maña, llenó el vaso logrando el equilibrio perfecto entre el líquido amarillo y la espuma blanca.
—¿Sabes tomar?
Justo cuando iba a dar un sorbo, Eun-seok me sujetó la muñeca. Todavía sentía en él ese calor sofocante de cuando estábamos en el césped sintético.
—Sí.
En mi primer año de universidad, durante todo marzo, paraba metida en este tipo de reuniones. Lo dejé rápido porque sentía que estaba forzando las cosas, como si usara ropa que no me quedaba, pero al menos en ese tiempo descubrí cuánto aguantaba.
—¿Cuánto?
preguntó Eun-seok sin soltarme la muñeca.
Sentía cómo las miradas de todos me pinchaban las mejillas desde todos los ángulos.
—Dos botellas de cerveza o dos de soju.
Recién ahí me soltó. Sin embargo, parece que no me creía mucho, porque se me quedó mirando fijamente de perfil mientras yo tomaba la cerveza.
—¡Asu! ¿O sea que también eres buena para el trago? ¿Y por qué nunca venías a nuestras reuniones? Si no fuera por las olimpiadas de hoy, nos habríamos graduado sin conocerte la cara.
Hyuk-joon soltó ese comentario tratando de sonar simpático para darme la bienvenida. Yo mantuve la comisura de mis labios neutral, como siempre, y puse el vaso en la mesa. Tenía que guardar el equilibrio: no creerme el cuento como una tonta cuando me daban cuerda, pero tampoco sobrar a la gente dándomela de importante.
Portarme educada frente a los demás y, al mismo tiempo, reaccionar de forma natural, era algo súper tranca para mí. Por eso preferí quedarme sola y alejarme de los pocos amigos que logré hacer… Quién diría que terminaría volviendo a caer en estas andadas por mi propia cuenta.
—¿Vieron que la traje bien?
Eun-seok revisó si la parrilla ya estaba caliente y puso los trozos gruesos de panceta.
—¿Saben lo difícil que es lograr que Sang-hee venga a comer? Ella para ocupada y casi nunca viene a estas cosas.
Eun-seok le seguía la corriente al delegado.
—Incluso cuando le mandas mensaje, casi ni responde. Así que aprovechen de verle la cara hoy que la tenemos aquí.
Seguro lo decía con la intención de hacerme quedar bien porque sabe que me siento fuera de lugar, pero mientras más lo hacía, más fuerte tenía que apretar mis rodillas con las palmas de las manos para no pararme y salir huyendo.
Por cierto, ¿por qué me llama solo por mi nombre y ya no usa mi apellido? No pude evitar tocarme el lóbulo de la oreja. Mi piel, que normalmente debería estar fresca, hoy se sentía extrañamente caliente.
Fue en ese momento cuando el mozo trajo un suflé de huevo de cortesía a cada mesa.
—¿Y mi sitio?
Una chica que acababa de salir del baño se acercó a nuestra mesa. Era la misma que hoy le había llevado una bebida hidratante a Ryu Eun-seok.
—Siéntate aquí.
dijo Song Hyuk-joon señalando una silla vacía en la mesa de al lado.
La chica frunció el ceño al toque, con una cara de pocos amigos.
—No quiero. Ese sitio era el mío.
Al ver cómo me clavaba una mirada de desprecio, me di cuenta de que el lugar donde estaba sentada ya tenía dueña. Por eso dije que debí sentarme en un rincón desde el principio.
Aguanté el suspiro y me iba a levantar, pero Eun-seok, como si no hubiera escuchado nada, empujó el plato de suflé de huevo hacia mí.
—No tomes con el estómago vacío, primero come esto.
Me quedé a medio levantar, sin saber qué hacer. Eun-seok, que seguía asando la carne, me miró de reojo. Su mirada me decía: «¿Qué haces ahí parada? Come rápido».
—Ay, ya empezó Kwon Ga-ram con su genio.
la regañó Song Hyuk-joon, mirándome de reojo como pidiendo disculpas.
—Ya, ya, tranqui. Oye, pásenme esa silla vacía.
El delegado metió la silla a la fuerza al lado de Eun-seok y Ga-ram se sentó de mala gana. Sin embargo, en un segundo cambió el chip y le sonrió toda coqueta a Eun-seok para saludarlo. Recién cuando Hyuk-joon me hizo una seña de que todo estaba bien, volví a sentarme.
La mesa redonda ya estaba llena, pero con la silla extra terminamos siendo seis personas apreujadas. Como el espacio era mínimo, el brazo de Eun-seok me golpeaba a cada rato mientras él cortaba la carne. Pero yo no dije nada y me quedé tranquila en mi sitio.
Para empezar, ya no había espacio para moverme más allá. Además, el único con el que me sentía en confianza para hablar era Eun-seok, así que quedarme pegada a él era mi única forma de sobrevivir en ese ambiente.
—Oye, Eun-seok, ¿con quién fuiste a ver a los pandas?
preguntó Ga-ram mientras se servía Coca-Cola con aire pretencioso.
—¿Con tus amigos?
—Con ella.
respondió Eun-seok, señalándome con la cabeza mientras ponía un trozo de panceta bien doradita en mi plato.
—¿Lo que subiste a Instagram el otro día? ¿Fuiste con Sang-hee?
A Hyuk-joon se le abrieron los ojos como si se le fueran a salir.
Parecía que todos estaban parando la oreja a nuestra conversación, o quizá el delegado hablaba demasiado fuerte, porque incluso desde las mesas de más allá voltearon a vernos.
—Sí. Sang-hee dijo que quería ir a ver a los pandas y yo también quería conocerlos, así que le pedí que me llevara.
—Ahhh… ¿Te gustan los pandas? Oye, el que se llevaron a China ya no puede volver a Corea, ¿no?
De pronto, el tema de conversación giró hacia mis gustos personales, lo cual me puso nerviosa; y para colmo, sacaron un tema que de solo escucharlo me ponía triste. Asentí con desánimo.
—Sí. Ya no puede volver.
—Escuché que hace poco nacieron gemelas, entonces cuando crezcan ellas también se irán a Chi…
—¿Desde cuándo son tan amigos?
interrumpió Ga-ram, cambiando el rumbo de la charla de forma brusca.
Para mí fue un alivio, porque solo de pensar en el día que las pandas bebés se irían a China se me empezaban a aguar los ojos.
—Son amigos hace poco, ¿verdad? Porque antes nunca los veía juntos.
Como Eun-seok me había traído a la reunión, supongo que a los ojos de los demás nos veíamos cercanos. Ya no podía negarlo, así que esperé a que él explicara algo razonable para salir del paso.
—Sí. Me hice amigo de ella mientras le pedía algunos favores.
—¿Qué favores?
insistió Ga-ram, lanzándome una mirada por encima de Eun-seok. En ese breve contacto visual, sentí que todavía guardaba resentimiento porque le quité el sitio.
—Le pedí que me acompañara a almorzar. Y que nos sentáramos juntos en clases.
Mi tenedor se detuvo justo cuando iba a agarrar un pedazo de carne. Eun-seok siempre tenía esa tendencia a exagerar las cosas más de la cuenta. No entendía por qué hablaba así, como si estuviera borracho, cuando ni siquiera había probado una gota de alcohol.
—¿Por qué? Ah…
Hyuk-joon, que iba a preguntar la razón a gritos, pareció darse cuenta de algo de repente y miró hacia un lado. Siguiendo su mirada, vi al grupo de Park Tae-hyun sentados en otra mesa.
Se ve que el chisme de que Eun-seok y Tae-hyun ya no se hablaban se había regado por toda la facultad.
—¿Y por qué no me llamaste a mí?
reclamó Ga-ram con un puchero, con toda la cara llena de insatisfacción.
A Eun-seok le sobraba gente que lo buscara. El hecho de que se hubiera peleado con sus amigos de siempre no significaba que estuviera solo; había muchísimas personas que se morían por almorzar con él.
Por eso, el motivo de por qué decidió andar solo en la universidad y por qué me preguntó a mí cómo hacerlo, seguía siendo un misterio. ¿No sería más fácil para él simplemente juntarse con gente como Ga-ram, que se desvive por él? Así todos estarían felices y él no se complicaría la vida.
—Yo también puedo almorzar contigo. Además, llevamos tres cursos juntos. Podríamos comer y de ahí entrar a clase.
—Es que con Sang-hee me siento más cómodo.
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