Registro de Campus - 13
Este campeonato deportivo tenía un aire de competitividad más fuerte que de costumbre.
Todo se debía a que, desde el año pasado, se venía armando un chongo por el cambio de nombre de la Facultad de Ciencias Administrativas. En el foro de la universidad, no pasaba un solo día sin que alguien propusiera cambiar el nombre a Facultad de Economía y Negocios.
La carrera de Administración, que siempre había sido la ‘engreída’ bajo el nombre actual de la facultad, choteó el pedido diciendo que era una tontería. Los de Economía, por su parte, reclamaban que ellos eran los que hacían ciencia de verdad y que debían ir por delante; incluso los de Negocios Internacionales, que ahora están de moda en los exámenes de admisión, se metieron en la pelea para sacar pecho.
Por eso, en la cancha donde la pelota de básquet iba y venía sin parar, todos estaban con la mirada encendida.
Y entre todos, el talento de Ryu Eun-seok era, sencillamente, de otro planeta.
Para empezar, tenía esa ventaja física de la que siempre presumía diciendo que me sacaba 26 centímetros de ventaja; además, la pelota parecía pegarse como un imán a sus manos de dedos marcados. Pese a tener el cuerpo grande como un ropero, se movía más rápido que los jugadores bajitos, y así como sabía lanzar pases precisos, también sabía exactamente dónde pararse.
—¡Ryu Eun-seok! ¡Ryu Eun-seok!
Además, con esa barra brava que le gritaba solo a él, era imposible que no luciera. Parecía que me había metido por error al público de un concierto de idols.
Me entró la curiosidad por ver cómo reaccionaba el grupo de Park Tae-hyun.
Ellos no se habían quedado bajo el toldo. Estaban reunidos un poco más atrás, bajo la sombra de un árbol de tronco grueso, fumando. Esos tipos tenían la mirada clavada en el partido con el ceño fruncido. Como estaban en la sombra, estaba claro que su cara de pocos amigos no era por el sol, sino por otra cosa.
—¡Kyaaaa!
Un grito colectivo me hizo voltear rápido hacia la cancha. Ryu Eun-seok acababa de anotar y estaba matándose de risa mientras chocaba las palmas con sus compañeros.
Rodeado de gente, Ryu se veía lleno de vida. Tenía una expresión de relajo y alegría total, como si estuviera en su salsa.
Si iba a estar así, ¿no sería mejor que buscara otros amigos en lugar de andar forzándose a aprender a estar solo? Chicos que entendieran más o menos que ahora andaba ‘michi michi’ de plata, pero que por respeto a su orgullo se hicieran los locos.
Mientras pensaba en quiénes podrían ser los nuevos amigos de Ryu Eun-seok, arrugué la cara y frené mis pensamientos.
¿Por qué rayos estoy buscándole candidatos a amigos? Si el que no tiene ni un solo amigo soy yo. ¿Desde cuándo soy tan metiche? Ni su mamá se preocuparía tanto por él. Siento que mi lástima por él ya se me está pasando de la raya.
‘¿De verdad es solo lástima?’
De pronto, una duda me asomó por la cabeza. Una voz burlona surgió en mi interior, riéndose de mí, diciendo que lo tengo demasiado presente y preguntándome si acaso ya lo consideraba alguien cercano.
‘¿Qué pasa? ¿Como sientes que te has vuelto cercano a Ryu Eun-seok, ahora quieres cuidarlo en todo?’
Mi lado autocrítico y mi lado que lo negaba todo chocaron de frente. Fue una pelea mucho más brava que el partido de básquet entre Administración y Economía.
Ryu Eun-seok, que estaba volviendo a su posición, volteó de la nada hacia el toldo. Yo, que estaba aplaudiendo mecánicamente, encogí el cuello como si me hubieran ampayado en algo malo. Cuando nuestras miradas se cruzaron otra vez, me puse tan nervioso que las rodillas me saltaron.
Por culpa de eso, la bebida hidratante que un menor le había dejado a Ryu se cayó al suelo. Me agaché rápido para recoger la botella.
Recién ahí me fijé en las cosas de Ryu Eun-seok que estaban en el asiento de al lado.
Qué tonto soy.
Pude haberla dejado ahí, pero me la pasé todo el rato apretándola con las dos manos. Ni que fuera la gran cosa una bebida que le regaló un chico de ciclos menores. El dueño había dejado tirado por ahí lo más caro, como su celular y las llaves de su carro, y yo aquí, cuidando una botella de plástico hasta que el contenido se puso tibio.
Tiré la bebida en el sitio de Ryu Eun-seok y levanté la cabeza.
Él estaba rebotando la pelota con fuerza y de pronto aceleró, metiéndose entre los defensas. Su cuerpo, que estaba encogido, se estiró como si se desperezara y la pelota volvió a pasar por el aro.
Hice como que no sentía ese ruidito que me hacía el corazón. En lugar de eso, traté de concentrarme en lo molesto que estaba por haber hecho el papel de tonto cuidándole las cosas.
No quería alegrarme de ver a Ryu Eun-seok jugando tan bien. Era un intento desesperado, casi patético, por mantener mi orgullo. No quería darle el control de mis emociones a ese chico.
Me parecía raro que él tuviera más miedo de que se corriera el rumi de que su familia estaba mal de plata que del hecho mismo de estar quebrado, pero la verdad es que yo estaba en las mismas.
A mí me daba más miedo que se notara que mi tranquilidad se tambaleaba con cada mirada de Ryu Eun-seok, que el fenómeno en sí mismo. Por eso, dejé de aplaudirle.
El partido terminó con la victoria de Administración. La final se jugaría después del almuerzo.
Gracias a que el Centro de Estudiantes era bien movido, consiguieron que les auspiciaran unos almuerzos en caja bastante decentes. Me quedé sentado esperando a que la cola avanzara para ir a recoger el mío al final.
—Toma, come esto.
Pero Ryu Eun-seok, que ya había regresado a su sitio, me extendió mi caja de almuerzo. Parece que fue a recogerlo apenas terminó el partido. Mi voz sonó fatal cuando balbuceé un ‘gracias’.
Me preguntaba por qué Ryu Eun-seok quería almorzar a mi lado. Hace un rato el chico de ciclos menores lo llamó para que fuera con ellos, y como ganaron el partido, había un montón de gente buscándolo. No entiendo por qué elige estar con alguien tan solitario como yo.
No me digas que… ¿lo hace porque le doy pena que esté sola? Así como yo sentí lástima por Ryu Eun-seok cuando su situación cambió de golpe, puede que él también sienta compasión al ver a Hong Sang-hee andando de aquí para allá por su cuenta.
Siempre me esforcé por que no me importara lo que dijeran de mí, pero al pensar que Eun-seok me estaba teniendo piedad, sentí que se me quitaban todas las ganas.
Si hace un rato me obligaba a pensar en cosas negativas, ahora sí que me sentía mal de verdad. Con lo bonito que estaba el día, ¿tenía que estar con las emociones como en una montaña rusa?
—Pucha, qué calor.
Ryu Eun-seok se secaba el sudor con una toalla mientras se empujaba la bebida hidratante que estaba sobre la silla. No debía estar ni un poquito helada, pero se la pasó como si fuera lo más rico del mundo.
Como Eun-seok andaba moviéndose de un lado a otro para acomodar sus cosas y abrir su almuerzo, su brazo rozaba el mío a cada rato. Podía sentir su temperatura corporal, que estaba al tope después de haber corrido. Era como tener una fogata al costado; irradiaba un calor que quemaba.
Inconscientemente, empecé a mover los dedos de los pies dentro de las zapatillas.
Debí traerme una camisa para ponerme encima. Como solo llevaba el polo verde de manga corta que mandaron a hacer para el grupo, no pude evitar el incidente de que nuestras pieles se chocaran.
O mejor, si me hubiera sentado aparte desde el principio, no tendría que estar estresándome por este tipo de contactos.
—¿Viste cómo jugué?
Como su codo me rozaba a cada rato, mi postura se puso toda tiesa. Partí los palitos de madera y asentí con la cabeza.
—¿Y? ¿Qué te pareció?
Eun-seok giró medio cuerpo hacia mí. Su rodilla chocó contra mi muslo.
—¿Qué cosa?
—O sea, jugué bien, ¿no? ¿Y no me vas a decir nada?
Ya le habían reventado harto cohete cuando regresó al toldo, ¿acaso necesitaba más halagos?
Junté mis piernas con recato y bajé la mirada hacia la mano del hombre que sostenía el almuerzo.
Su reloj inteligente, en la muñeca izquierda, seguía marcando como si estuviera haciendo ejercicio; los números en la pantalla cuadrada no paraban de subir. Su ritmo cardíaco, marcado con un corazón rojo, oscilaba cerca de los 120 bpm.
—Buen trabajo.
Le respondí de forma cortante y me metí un trozo de carne a la boca. Como no había mesa, no encontraba una posición cómoda para comer. Levanté la caja un poco más para que no se me cayera la comida y mi piel volvió a rozar la de él.
—¿Eso es todo?
Eun-seok soltó un suspiro mezclado con una risa sarcástica y empezó a comer. Se le veía lento para masticar, quizá se le quitó el apetito por el esfuerzo físico.
Apoyó su almuerzo sobre el muslo y se tiró hacia atrás en la silla. Como se sentó todo desparramado, sentí que mi sitio se hacía más chiquito que antes. Ahora el área de contacto entre nuestros brazos era mayor.
El reloj de Eun-seok seguía captando mi atención con sus números cambiantes. Su ritmo cardíaco ya iba por los 120 bpm. Su cara, mirando tranquilamente hacia la cancha, no cuadraba para nada con los latidos que marcaba el reloj.
‘¿A la gente le late así de rápido el corazón cuando come?’
Sin haberse terminado ni la mitad, Eun-seok cerró la tapa de su almuerzo. Traté de no darle importancia, pero se me escapó la pregunta:
—¿Solo eso vas a comer?
—Es que la final es justo después del almuerzo. Si como mucho, me va a dar ‘dolor de caballo’ cuando corra.
Me pasó un vasito con frutas por encima de mis rodillas.
—Toma, come esto tú.
Eun-seok señaló con el mentón a los otros jugadores que ya se estaban reuniendo en la cancha.
—Voy a ir con los chicos para armar la estrategia.
No tenía por qué darme tantas explicaciones, pero como no soy tan asocial como para decírselo en su cara, solo asentí.
—¿Alguna chica que sea rápida corriendo?
Cuando casi todos estaban terminando de almorzar, Song Hyuk-jun, el delegado de la carrera, empezó a dar vueltas por el toldo gritando a todo pulmón.
—¡La delegada Ye-eun dice que le duele la panza y no puede correr! ¿Alguien que la reemplace? ¡Tenemos un montón de premios de los auspiciadores para repartir!
Los chicos empezaron a murmurar, pero nadie levantaba la mano. Todos sabían que en este campeonato estaba en juego el orgullo de quién representaba a la Facultad de Administración, y la posta —que era el último juego— era lo que más se miraba. Si alguien entraba de reemplazo y metía la pata, se iba a comer toda la bronca de los demás.
—Yujin, ¿tú no puedes? ¿Y tú, Garam? Ya pues, ¿por qué nadie quiere?
—¿Se pueden dar sugerencias?
En ese momento, una voz gruesa salió desde adelante. Era Kim Do-wan.
Ese tipo volteó y me clavó la mirada fijamente. Por instinto, fruncí el ceño. Al ver que sus labios empezaban a abrirse, me invadió un miedo terrible.
—Sí, cuñao. ¿Conoces a alguien?
—Sugiero a Hong Sang-hee.
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