Registro de Campus - 12
El celular no dejaba de vibrar. No es algo que me pase seguido. Estaba por alistarme para dormir temprano cuando levanté el teléfono.
[Ryu Eun-seok: Ha enviado fotos]
Hoy, con esa mano grandaza que tiene, agarraba el paraguas mientras se esmeraba tomando fotos; el resultado era una ráfaga de imágenes que llenaron el chat. Quizás por lo alto que es, no salía nadie más y las fotos de la familia panda estaban encuadradas a la perfección.
Estaba guardando todas las fotos que me mandó Eun-seok cuando empezaron a llegar más mensajes.
[Ryu Eun-seok: En algunas sales tú jaja]
[Ryu Eun-seok: Se ve tierno]
Tal como dijo, en algunas fotos, por el borde de abajo, se veía apenas la parte de atrás de mi cabeza con la capucha del impermeable. Qué buen ojo tiene.
Y luego apareció otro globo de texto.
[Ryu Eun-seok: Mi pequeña panda]
Casi se me cae el celular en toda la cara. Me senté de un salto y me quedé mirando ese apodo tan ridículo en la pantalla.
«Qué gracioso». Objetivamente, mi estatura no es baja. Estoy en el promedio, caracho. El problema es que Ryu Eun-seok es un poste y, desde su altura, todo el mundo le parece chiquito.
[Yo: No soy pequeña]
Mi respuesta seca dejaba notar a leguas que me había picado. ¿No habrá habido una forma más sutil de ser sarcástica? Pero ya le había dado a enviar.
[Ryu Eun-seok: Ah, ¿o sea que eres alta?]
[Ryu Eun-seok: Igual te llevo 26 centímetros k_k]
Ash, qué pesado. Escribí y borré varias respuestas, pero al final decidí no mandarle nada. Mejor me ponía a ver otra vez las fotos que me pasó.
En la parte de arriba de la pantalla salió un mensaje corto, pero no lo abrí. Las fotos que tomó Eun-seok tenían mucha mejor resolución que las mías, así que daba gusto hacerles zoom.
[Ryu Eun-seok: ¿Ya te dormiste?]
[Ryu Eun-seok: ¿Pequeña?]
[Ryu Eun-seok: Responde pues]
Seguía llamándome por las puras. Debe estar bien aburrido. Si no tiene nada que hacer, que se ponga a revisar los cerros de DM que debe tener. ¿Por qué tiene que fregar a la persona equivocada?
De pronto se me ocurrió algo y abrí el Instagram que instalé hace unos días. Ignoré olímpicamente la solicitud de seguimiento que seguía ahí en la esquina y busqué el perfil de Ryu Eun-seok.
Había subido un post nuevo. Era la foto del panda que tomó hoy, y abajo no puso mucho: solo emojis de panda y bambú.
Y en la esquina inferior izquierda de la foto rectangular, se asomaba un pedacito de mi impermeable celeste.
No había pasado ni una hora y el corazón ya tenía más de mil likes. Le di una ojeada a los docenas de comentarios, pero uno me llamó la atención.
[lovinbinnie: ¿Por qué no fuiste conmigo? ㅜㅜ]
La foto de la chica en el perfil circular era chiquita, pero sus facciones finas se notaban clarito. Moví mi dedo con un cuidado único para no darle clic a la foto de Yang Su-bin. Sentía que si me ponía a «stalkear» hasta su cuenta, ya iba a caer en lo más bajo de la oscuridad.
Me quedé mirando la vida de Ryu Eun-seok, que es tan distinta a la mía, y volví a ver la notificación de su solicitud de seguimiento. Mi pulgar rondó la pantalla, pero no presioné nada.
Es una cuestión de orgullo. Primero, no quiero que se de cuenta de por qué me hice una cuenta privada. Y segundo, tengo el tonto principio de que Ryu Eun-seok también tiene que quedarse con las ganas de algo.
La verdad, la segunda razón pesaba más. Quería hacerme la interesante de alguna forma. Era pura competitividad inútil. Aunque a un tipo que recibe miles de likes solo por subir una foto cualquiera, seguro le da igual.
Regresé al chat con Eun-seok. Subí el scroll pasando por las fotos del panda y las veces que me llamó por ese apodo, hasta llegar a nuestra extraña primera cita, donde quedamos en almorzar en el mismo sitio pero por separado.
No sé por qué estoy repasando esto si no es material de estudio. Pero seguí moviendo la pantalla, leyendo con detalle nuestra conversación.
Cuando bajé el scroll de nuevo, había un globo de texto nuevo que no estaba antes.
[Ryu Eun-seok: Sé que me estás leyendo]
Parece que se dio cuenta de que estaba en el chat. Qué tal ojo tiene este tipo. Captó el momento exacto en que desapareció el «1» de leído.
Qué roche…
Me eché de cara contra la almohada y me tapé hasta la cabeza con la colcha. Si mi roommate no hubiera estado ahí, seguro me ponía a dar patadas al aire. Tenía que dormirme lo más rápido posible para escapar de la vergüenza.
Estaba sentada bajo el toldo con una cara de pocos amigos.
En una esquina lo suficientemente apartada para que no me caiga el sol ni me aturda el ruido, pero no tan atrás como para parecer un bicho raro sin vida social; ahí era mi sitio.
Hoy era el día de las olimpiadas de la Facultad de Administración. Las cuatro carreras que compartimos el mismo edificio estábamos amontonadas haciendo bulla, gritando y participando en juegos medio tontos.
Los profes avisaron que no habría clases, pero que si queríamos que nos consideren la asistencia, teníamos que venir. Por eso estaba yo ahí sentada con cara de «qué hago aquí».
Si no fuera por la asistencia, me hubiera quedado durmiendo en la residencia. Preferiría estar escuchando al profe de Inversiones leer su libro de carrera sin explicar nada, antes que estar tirada en una esquina del estadio.
—¡A ver, alumnos de Administración, ¿cómo están?!
El presidente del Centro de Estudiantes saludó por el micro a todo pulmón. Yo aplaudí así nomás, por cumplir, al lado de los que gritaban como locos.
Con aplaudir sería suficiente, supuse. En un día así, se nota mucho si uno se la pasa pegado al celular. Tenía que esperar a que empezaran los juegos en grupo para escaparme «al baño». Estaba trazando mi plan maestro mientras miraba a los lados.
«¿Vendrá Ryu Eun-seok?».
Me sorprendí a mí misma con la pregunta y me puse derecha al toque. ¿Por qué lo ando buscando? ¿Acaso porque fuimos a ver pandas ya tenemos un vínculo? Qué ridiculez, ni ganas de suspirar me daban.
Me quedé mirando la canchita sintética bajo el sol fuerte cuando alguien se sentó de porrazo a mi lado. No tuve que voltear; el olor a pasto recién cortado me dijo quién era.
—Oye, ¿ni me vas a mirar?
se quejó Eun-seok en voz baja, solo para que yo lo oyera.
Casi doy un brinco. Moví los ojos de un lado a otro y, cuando volteé, choqué de frente con su mirada.
—Hola.
Esa sonrisa fresca que le iluminaba la cara combinaba perfecto con su perfume y con el verde del campo. Solo le respondí asintiendo con la cabeza.
—¿En qué vas a participar?
—En nada.
Mi respuesta cortante pareció causarle gracia, porque se soltó una risita.
—Ya me lo imaginaba.
Cruzó sus piernazas y sus zapatillas blancas quedaron tan cerca de mis pantorrillas que casi me tocaban.
—Yo voy a jugar básquet y voy a estar en la posta.
Sin importar lo que Eun-seok hubiera decidido, siempre había gente buscándolo. Y más en las olimpiadas, donde se jugaba el orgullo de la carrera de Administración.
—Suerte, pues.
le dije sin muchas ganas.
Eun-seok volvió a reírse. Incluso con la mirada de pocos amigos que le lancé, el tipo seguía riéndose hasta que se le movían los hombros.
—¡Oppa!
Justo iba a reclamarle por qué se reía, cuando una chica con unas trenzas bien pajas le tocó el hombro a Ryu Eun-seok. Era la misma «base» (menor) que la otra vez lo había invitado a su depa dizque para hacer un trabajo grupal.
—Me han dicho que vas a jugar básquet después, ¿no? ¡Toma esto para que tengas pilas!
La chica le pasó una bebida isotónica mientras hacía un gesto de fuerza con el puño. Su forma de darle ánimos rebalsaba coquetería.
—Gracias. Me la tomaré toda.
Mientras Eun-seok recibía la bebida sin hacerse rogar, la mirada de la chica se deslizó hacia mí. Fue un escaneo rápido: curiosidad, recelo y algo de rechazo. Así como ella me dio una ojeada de arriba abajo en un segundo, yo también capté al toque todas las emociones que pasaron por sus ojos bien abiertos.
—Tenemos un montón de comida por allá, ¿quieres venir con nosotros?
A pesar de que Eun-seok estaba sentado conmigo, la chica le lanzó la invitación solo a él, sin asco.
Aunque Eun-seok andaba en ese plan de «aprender a estar solo» en la universidad, para varios eso era más bien una oportunidad. El momento perfecto para ocupar el sitio vacío a su lado. El tiempo ideal para subirse al carro importado que Park Tae-hyun antes cuidaba como un perro hortelano. La ocasión para consolar al chico triste y volverse su única prioridad.
—Después.
A Eun-seok le bastaba una sola palabra para aceptar o para chotear a alguien.
Abrió la bebida y le dio un buen trago. Luego, me puso la botella al frente como diciendo «toma tú también». Al ver eso, la chica se mordió el labio inferior, se dio media vuelta y se fue molesta.
—No quiero.
No tenía amigos, pero tampoco quería andar ganándome enemigos por las puras. Con tener a Kim Do-wan en mi lista negra ya era más que suficiente; no pensaba añadir a una chica que ni sé cómo se llama solo por un tema de celos.
—Dicen que el básquet es lo primero.
Eun-seok dejó la bebida sobre mis rodillas y se levantó.
—No te muevas de acá, espérame aquí.
Me hizo una seña con la ceja y se fue caminando hacia la mesa de control. Yo agarré rápido la botella antes de que se ruede y mi mirada se quedó pegada a su espalda mientras se alejaba.
Me quedé con la bebida en la mano y empecé a mover los labios siguiendo a los que ya estaban gritando como locos apoyando a su equipo. Era experta en hacer playback desde la primaria.
Los diez jugadores se acomodaron en la cancha. Por sus caras, cualquiera diría que eran profesionales.
Eun-seok, que se había puesto un chaleco verde fosforescente, volteó hacia el toldo de donde venían los gritos. Nuestras miradas chocaron fijo. Seguro estaba chequeando que no me hubiera escapado.
Me sostuvo la mirada un rato y luego volteó.
Sonó el silbato. ¡Prrr!
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