Registro de Campus - 11
Incluso en un día de lluvia torrencial, el Mundo Panda estaba reventando de gente. Ryu Eun-seok y yo tuvimos que esperar unos veinte minutos antes de poder entrar.
—¿No eran solo dos gemelos? ¿Son trillizos?
Ryu Eun-seok ladeó la cabeza mientras miraba a los pandas que estaban desparramados por ahí tomando su siesta en el lugar que más les acomodaba.
—Esa es la mamá panda.
le dije, señalando al panda que estaba echado de espaldas sobre la plataforma.
—Y esos son los gemelos.
Los que estaban colgados en los árboles como si fueran ropa puesta a secar ya tenían casi el mismo tamaño que la mamá; era normal que se confundiera.
Ryu Eun-seok, aprovechando que era bien alto, sacaba fotos con el celular sin ningún esfuerzo. Yo, en cambio, estaba ahí metida entre la gente, tratando de ver bien a los pandas a través del vidrio.
—¿Ves bien?
preguntó Ryu Eun-seok, parado detrás de mí como si fuera la puerta de una refrigeradora, cubriéndome la espalda.
—Sí.
Normalmente odio los lugares con mucha gente, pero aquí era distinto. No me importaba si alguien me empujaba con su mochila o si el lente largazo de una cámara profesional pasaba por encima de mi hombro. Ver a los pandas con mis propios ojos valía la pena el aguante.
Incluso la pareja que estaba a mi costado chapando y dándose muestras de afecto que daban un poco de roche ajeno, no iba a malograr mi momento.
—Ya, chequéalos rápido.
dijo Ryu Eun-seok señalando hacia los pandas. Pero lo que me llamó la atención fue su mandíbula, que se le marcaba por estar apretando los dientes.
El brazo de Ryu Eun-seok estaba pegado al hombro del tipo que estaba al lado. Ese hombre, que era medio agarrado, dejó de besar a su novia y miró de reojo a Ryu Eun-seok. Luego, infló el pecho y jaló a su flaca hacia adelante, incluso estiró la mano sin ningún respeto para apoyarse en el vidrio.
Pero Ryu Eun-seok no se dejó amilanar. Al contrario, me pegó más al vidrio y me rodeó por completo con sus hombros anchos, sin dejar ni un huequito por donde me pudieran fastidiar.
El tipo que se creía fuerte ahora había quedado tapado por Ryu Eun-seok; solo se le veía la coronilla.
No sé por qué esos dos se pusieron a medir fuerzas, pero gracias a eso pude ver de cerquita a la mamá panda, que justo se acababa de despertar y estaba mordisqueando una rama de bambú, sin que nadie me tocara.
Sin embargo, se escuchó la voz de un empleado avisando que ya teníamos que salir. Había que dejarle el sitio al siguiente grupo.
—¿Eso es todo?
preguntó Ryu Eun-seok medio picón. Se nota que le parecía el colmo haber manejado una hora para solo verlos diez minutos.
—Podemos volver a hacer la cola y entrar de nuevo.
Para un fan de los pandas, lo normal es hacer la cola más de diez veces al día. Los que vienen por los juegos mecánicos y pasan por aquí de casualidad solo miran una vez y se van. Yo, en cambio, vine hasta Yongin pensando en darme por lo menos unas cinco vueltas.
—¿No tienes hambre?
—No.
Ya había pasado la hora del almuerzo. Miré a Ryu Eun-seok de reojo. Tenía que aprovechar para ver a los pandas todo lo posible ahora que no había tanta gente. Si nos íbamos a comer, se perdía toda la ilación.
—Si tienes hambre, cómprate algo por aquí cerca. Yo me quedo viendo a los pandas.
—Yo tampoco tengo hambre.
respondió él, mientras me empujaba un poco más la capucha de mi impermeable sobre la cabeza.
—Y no me gusta comer solo.
Como la visera de la capucha me tapaba hasta la nariz, no podía verle bien la cara. Al echar la cabeza hacia atrás, vi que su paraguas negro me cubría por completo. No entiendo por qué me ponía paraguas si ya tenía puesto el impermeable.
Si lo inclinaba así, se iba a mojar toda la espalda. Iba a reclamarle a Ryu Eun-seok, pero justo me acordé de lo que tenía en el bolsillo. Metí la mano rápido y saqué un puñado de barras energéticas bañadas en chocolate.
—Toma, come esto.
—¡Guau!
A Ryu Eun-seok le brillaron los ojos.
—Gracias, me las como todas.
El tipo se bajó tres barras en un abrir y cerrar de ojos con una sonrisa de satisfacción. Eso de que ‘no tenía hambre’ era puro cuento.
¿Debería ser considerada, salir de la cola e ir a almorzar? Se había faltado a clases para traerme hasta Yongin… ¿no lo estaré explotando mucho? Pero bueno, él quiso venir. Yo nunca le pedí que me acompañara.
Mientras lo pensaba, ya nos tocaba entrar otra vez. Me sentía un poco mal, como si estuviera maltratando a Ryu Eun-seok haciéndolo dar vueltas y vueltas dándole solo barritas de chocolate. A mí me encanta esto, pero él seguro vino por curiosidad. Sentir que me seguía los pasos por detrás me daba un poquito de cargo de conciencia.
El papá panda estaba afuera disfrutando de su tiempo libre solo. Como la mayoría de la gente estaba adentro viendo a los gemelos, aquí no había necesidad de estar apretujados.
—Ese come tranquilo aunque esté solo.
murmuró Ryu Eun-seok, todavía inclinando el paraguas hacia mi lado. El papá panda, a pesar de la garúa, elegía su bambú con cuidado bajo el techo de las hojas.
—Es que los pandas viven solos. Los gemelos también tendrán que independizarse pronto.
—¿Y no se sienten solos?
—Eso es lo que piensas tú como humano.
Ryu Eun-seok volteó y se me quedó mirando el perfil. Quizás pensó que mi respuesta fue muy cortante. Pero qué voy a hacer, si es la verdad. Hay seres vivos para los que estar solos es lo normal.
—Qué envidia.
soltó con voz un poco triste.
—A mí también me gustaría no sentir soledad.
Ryu Eun-seok se pegó un paso más a mí. Ahora yo estaba tan metida bajo su paraguas que ni necesitaba el impermeable. De reojo, vi cómo su hombro se iba empapando por la humedad.
—Bueno, seguro que ellos también se sienten solos a veces.
Hablé más rápido de lo normal porque me di cuenta de que estaba siendo muy indiferente. El pobre chico la está pasando mal con su casa, se ha alejado de sus amigos… y yo vengo a decirle que es un débil por sentirse solo. No es que sea mi problema, pero tampoco es plan de ser tan pesada.
—O sea, lo que pasa es que los pandas entran en celo cada año, pero cuando la mamá panda está criando, no puede reproducirse.
empecé a explicar a mil por hora, tratando de animarlo con lo que sabía.
—Entonces el macho tiene que aguantarse ese calor solo por un par de años, así que… bueno, me imagino que en esos momentos sí la pasa mal por la soledad.
Recién cuando terminé de hablar me di cuenta de lo vergonzoso del tema. Comparar la situación sentimental de Ryu Eun-seok con un animal salvaje en celo… qué roche. Pero las palabras de consuelo ya habían salido de mi boca como agua derramada, y ahora lo único que podía hacer era quedarme calladita.
—¿Ah, sí?
Asomé la mirada por encima de la visera de mi capucha y alcancé a ver la comisura de los labios de Ryu Eun-seok, que ahora se veían más relajados.
—Ahorita se le ve bien feliz, pero bueno, parece que todos tienen sus problemas.
En su voz grave, que hace un momento sonaba melancólica, ahora se sentía un poco de alivio.
—Para serte sincero, suena un poco feo decir esto, pero me siento mejor después de escucharte.
Me eché la capucha hacia atrás para verlo bien y el rostro de Ryu Eun-seok quedó al descubierto. Su cerquillo húmedo por la llovizna, sus ojos claros bajo el cielo encapotado, el perfil recto de su nariz y sus labios con ese rastro de sonrisa… Mi mirada empezó a recorrer su cara con la misma intensidad con la que observo a los pandas.
—Por eso dicen que los animales son mejores que las personas. Ese panda de ahí no debe estar pensando cosas malas de mí.
El chico, que acababa de mostrarme sus sentimientos con total sinceridad, me dedicó una sonrisa fresca mientras sus ojos se achinaban. No se veía nada mal. Una vez más, sentí envidia de él.
Después de cumplir mi meta de entrar cinco veces a ver a los pandas, ya me temblaban las piernas. Pero todavía faltaba una parada: tenía que comprar los nuevos stickers en la tienda de regalos.
Fui hacia el mostrador con una lámina de cada diseño, y vi que Ryu Eun-seok ya estaba pagando algo.
—Toma.
Apenas terminé de pagar y salí de la cola, Ryu Eun-seok me estiró un llavero de un panda de peluche cargando unas flores amarillas.
—Un regalo.
—… ¿Eh?
Me quedé pestañeando, confundida por el gesto tan repentino.
—Es por haberme enseñado a los pandas hoy. Me divertí gracias a ti.
Pero si el que manejó fue él, y cada uno pagó su entrada. Yo no había hecho nada por él. Al contrario, lo tuve sin almorzar y esperando bajo la lluvia. Además, yo ya tenía ese mismo peluche. Solo que me daba pena que se ensucie, así que no lo colgaba en mi mochila y lo tenía bien cuidado en mi escritorio del cuarto.
—No me digas que no, acéptalo. Tú me ayudaste.
—¿Yo?
Seguía sin entender a qué se refería.
—Y también por lo que pasó la otra vez, me sentía mal.
Yo solo le había tenido un poco de lástima barata cuando lo vi llorando. No fue porque yo fuera buena gente ni porque me sobrara el tiempo. Simplemente me dio por ser generosa al sentir que, por fin, yo estaba por encima de un chico al que siempre le salía todo bien.
Y encima, cuando se puso un poco pesado, le di la espalda y me fui. Mentiría si dijera que no sentí nada al ver cómo él sufría pidiéndome perdón. Al darme cuenta de que el que estaba en falta era él y no yo, me sentí importante y hasta se me subieron los humos.
Seguro por eso no tengo amigos. En mi corazón, que está lleno de cosas que no son precisamente puras, no hay sitio para algo como la ‘amistad’.
Agarré el llavero que me compró. Ahora que tenía dos iguales, este sí lo iba a colgar en mi mochila.
—… Gracias.
Le agradecí casi en un susurro, apretando el peluche con fuerza. Ryu Eun-seok, que no tenía ni idea de lo retorcidos que eran mis pensamientos, empezó a caminar con cara de satisfacción.
—Ya, vamos a comer. Ahora sí tengo un hambre…
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