Perros entre rosas marchitas - 14
Erkin, que observaba la escena de reojo, también acercó disimuladamente a Berenice su cuerpo, que hasta hace poco estaba todo encogido debajo del escritorio.
—…Ya que sabemos quién es, nadie va a reclamar, pero ¿no le preocupa que queden cabos sueltos? Incluso si cerramos esto a la perfección, no será el fin.
—Lo sé. Pero eso no es algo de lo que debas preocuparte tú.
—Qué decepción. Siendo un asunto de Valentiera, ¿cómo no me voy a preocupar?
—Me refiero a que no es necesario que le des vueltas por ahora.
Al escuchar la conversación y esa voz tan conocida saliendo de los auriculares, Erkin giró la cabeza lentamente. Se preguntaba a quién estarían escuchando. Más que una interceptación en vivo, parecía que estaba grabando una charla que ocurría al interior del estudio.
—Ah, ¿y para este trabajo contaremos con la ‘Rosa de Valentiera’?
—¿Por qué la curiosidad?
—Cómo que por qué. Tengo que saberlo para armar el plan para el día de la reunión.
—Lo estoy pensando. Además, a ella no le gusta ese apodo.
—Qué pesada. Si es una rosa, ¿cómo más la voy a llamar? Entonces qué, ¿la llamo ‘Diosa de la Victoria’?
—Creo que sería mejor llamarla simplemente por su nombre.
La Rosa de Valentiera, la Diosa de la Victoria… Erkin, que sabía perfectamente quién era la dueña de esos apodos, no regresó su cabeza a la posición original.
—Esa Kiara se está buscando su propia muerte…
Parece que de verdad odiaba el apodo, porque la ‘Rosa’, que estaba bien asada, gruñó por lo bajo con los dientes apretados. La Diosa de la Victoria, que estaba toda contorsionada y algo incómoda por la posición, movió su cuello entumecido justo en el momento en que su quijada perfilada rozó la mejilla de él, con los auriculares de por medio.
Berenice se pegó un susto al sentir ese calor corporal que no debería haber sentido. Se quedó tiesa como un ratón acorralado, dudando si era cierto o no, y cuando lo miró de reojo, sus ojos se abrieron como platos.
Abría y cerraba la boca como un pez, sin entender en qué momento ni por qué ese hombre, que se suponía debía estar hecho un nudo bajo el escritorio, se le había acercado tanto. Estuvieron escuchando juntos la grabación todo el tiempo y ella ni cuenta se había dado de que lo tenía pegado…
Qué tal capacidad de concentración, de verdad.
En eso, ella frunció el ceño y levantó la quijada con fuerza, como diciéndole por señas: ‘¿Qué haces aquí? ¡Lárgate!’. Berenice, que recién reaccionaba por la sorpresa, terminó rozando sus labios suaves y calientes contra la mejilla de Erkin antes de apartarse de un salto.
‘¡Agg!’
‘…?’
‘¡Agg! ¡Qué asco! ¡Mis labios! ¡Agg!’
¿Y ahora qué le pasa?
Berenice hacía muecas de horror en silencio, como si estuviera a punto de tirarse por el balcón de la pura desesperación. ¿Acaso no se acordaba de que hace un rato le había mordido el lóbulo de la oreja y que ahí también hubo contacto? Se frotaba el dorso de la mano contra los labios con una urgencia tan desesperada como su capacidad de concentración, como si le hubiera saltado un moco o algo peor.
‘Esta me está tratando como si fuera basura’
Aunque el que salió perdiendo fue él, ver la reacción de rechazo tan exagerada de ella lo hizo sentir como si le hubieran quitado el control de la situación, un control que ni siquiera llegó a tener. Pero como al final ella era la jefa y una señorita, Erkin no pudo ni mirarla feo; solo tragó saliva.
Entonces Berenice, que seguía con los auriculares puestos, le hincó el hombro con el dedo.
‘¿Tú qué haces? ¿Quién te crees para andar de soplón escuchando esto?’
‘¿En serio me va a decir eso justo usted, señorita?’
‘¡Pero si mi objetivo desde el principio era este! Si no lo hago yo, ¿quién?’
‘Bueno, tiene razón, pero igual me da una cólera que no se imagina’
En la oscuridad, los dos se hacían señas exageradas con la boca y los brazos, peleándose en medio de ese silencio ruidoso, cuando la voz de Kiara volvió a colarse por los auriculares.
—Entonces, nos comunicamos después.
—Quedamos así.
—Está medio sofocante aquí, ¿salimos?
La conversación se cortó de golpe. Berenice soltó un suspiro contenido y devolvió los auriculares a su sitio sin dejar rastro, mientras Erkin volvía a meterse bajo el escritorio, echándose a medias.
Cuando Berenice gateó hacia él toda apurada, él la jaló hacia arriba para que quedara encima suyo y la abrazó con fuerza, igual que antes. En ese instante, se escuchó el sonido de la estantería deslizándose otra vez.
Al mismo tiempo, Berenice y Erkin aguantaron la respiración como si se hubieran hundido en el agua. Con la boca cerrada, se concentraron solo en los sonidos de afuera. Los pasos lentos se detuvieron un momento y Kiara soltó una pregunta:
—Ah, por cierto, ¿hay noticias de Russo? Yo también ayudé, pero no hay forma de encontrarlo. Ya se anda diciendo que por buscar a un tal Russo Guchi vamos a terminar revolviendo otras zonas.
—Eso tampoco es asunto tuyo.
—…De verdad que habla de una forma bien pesada. Ya que estamos en estas, ¿por qué mejor no le va buscando un pretendiente a Berenice antes de que cause más problemas?
—Kiara, hasta ahí nomás.
El sonido de los pasos de Ricardo, que parecían hundir el piso con cada pisada, desapareció, pero la tensión que antes estaba solo bajo el escritorio se extendió por todo el estudio. Sentían que el corazón se les iba a salir por la garganta.
—Sé muy bien que no se llevan nada de bien, pero igual, ten cuidado con lo que dices frente a mí. Es mi hermana.
—…….
—Y ya veré yo qué hago con ella. No te metas en eso y evita los comentarios innecesarios. Especialmente que Berenice no se entere.
—…….
—En ningún momento, ni en ningún lugar.
Al escuchar a Kiara tratando a Berenice como un estorbo y sugiriendo que la casen de una vez, y a Ricardo diciendo que él se encargaría sin preguntarle a ella, Erkin sintió cómo la mujer en sus brazos apretaba los dientes. Temiendo que Berenice perdiera los papeles y saliera corriendo, Erkin la sujetó con más fuerza contra su cuerpo.
Aunque él estaba medio echado, tuvo que esconder la cabeza en el hombro de ella. Berenice, que se tapaba la boca como antes, abrió los ojos de par en par.
Estaba tratando de respirar lo mínimo posible, pero el cabello grueso de Erkin le hacía cosquillas en la nuca. Berenice no sabía si su cuerpo estaba tenso por aguantar la risa de los nervios, o por lo pegados que estaban —sin que pasara ni una hoja de papel entre los dos—, lo cual era bastante incómodo…
O si era por otra cosa totalmente distinta…….
O tal vez era por esa sensación tan incómoda que no podía ignorar: debajo de sus zapatos de taco bajo, sentía claramente algo sólido que cruzaba el muslo del hombre. Era un bulto largo y grueso que, por más que quisiera hacerse la loca, era imposible no reconocer.
Berenice, terca, se quedó mirando fijamente la madera del escritorio para no bajar la mirada ni por error, mientras levantaba un poquito la punta de los pies. No lo hizo con ninguna intención. Solo quería alejarse aunque sea un milímetro de esa ‘cosa’ que rozaba el taco de su zapato. No es que lo estuviera pisando a propósito, pero no aguantaba esa sensación tan fea de sentir que, de alguna forma, estaba aplastándole el miembro a Erkin.
Pero como solo estaba pensando en eso, no se dio cuenta de que al ponerse de puntitas perdía el equilibrio, y que para no caerse, terminó haciendo fuerza con las nalgas. En cuanto su trasero presionó con suavidad la zona del pubis del hombre, Berenice dio un brinco del susto y, por puro reflejo, descargó todo su peso en la punta de los pies.
‘…….’
‘…….’
Ya fue, la fregué.
Sintiendo que todo se había ido al diablo, Berenice cerró los ojos con fuerza y, al abrirlos, se mordió los labios con ganas. Erkin levantó la cabeza lentamente y abrió la boca:
‘¿Qué… qué está haciendo? ¿Qué rayos acaba de pisar?’
‘Fue sin querer, fue un accidente. Te lo juro, fue de casualidad’
Berenice no movió la cabeza, pero sus ojos bailaban de un lado a otro negándolo todo. Quería gritarle desde el fondo de su alma: ‘¡¿Para qué querría yo reventarte el miembro?!’, pero la voz no le salía. Del susto tan bravo que se llevó, parecía que le iba a dar un ataque de hipo antes de poder decir algo.
En cuanto sintió que los músculos del estómago se le ponían duros como una piedra por la tensión, su pecho empezó a subir y bajar con fuerza. Erkin, que por experiencia ya sabía que eso era el anuncio de un ataque de hipo, puso una cara de terror absoluto.
‘Ay, mujer……’
Esto no puede estar pasando. Me va a dar un ataque. Ricardo y Kiara todavía no se iban del estudio y seguían discutiendo sobre su matrimonio y otros líos; si a ella se le ocurría soltar un hipo en este momento, estaban fritos. Si los ampayaban aquí, eran hombre y mujer muertos.
Erkin soltó una mano y le apretó la nariz a Berenice, mientras que con la otra mano en su nuca, la jaló hacia su cara para que no se moviera. Si no quería que ese escritorio se convirtiera en su tumba, no le quedaba otra opción.
Apenas se tocaron, la lengua gruesa de Erkin se metió entre los labios de Berenice y envolvió la lengua de ella, que se había quedado tiesa por el shock. Él se concentró tanto en succionarle la lengua para evitar que soltara el hipo, que terminó aplastándole los labios sin ninguna delicadeza.
‘Está loco. Se volvió loco de remate’
Como no podía respirar bien, Berenice le apretó los hombros con fuerza. Le estaba apretando la nariz tan fuerte que hasta le daban ganas de llorar. Parecía que, más que evitar el hipo, su plan era asfixiarla.
¿Acaso quería que los descubrieran o qué le pasaba?
Para tratar de zafarse de esa lengua que se movía como una serpiente, ella, sin pensarlo, enrolló su propia lengua. Erkin soltó la nariz despacio y, alejando apenas los labios, le ordenó en un susurro:
‘Saca la lengua’
Berenice no tenía cabeza para responder; se quedó con la boca entreabierta, con el pecho agitado, soltando y tomando aire en absoluto silencio. Erkin bajó la mano de su nuca para masajearle el cuello y el lóbulo de la oreja, y luego bajó la mirada.
Incluso en la oscuridad, pudo ver sus labios brillosos y su pecho que no terminaba de calmarse, así que volvió a ladear la cabeza. No dudó ni un segundo en volver a sellar sus labios con un beso suave pero profundo.
El cuerpo de Berenice, que estaba tan rígido que se le marcaba hasta la columna, empezó a relajarse poco a poco. Él todavía no le soltaba la lengua, pero ya no la jalaba con brusquedad como hace un momento.
Madara Info
Madara stands as a beacon for those desiring to craft a captivating online comic and manga reading platform on WordPress
For custom work request, please send email to wpstylish(at)gmail(dot)com