Summary
La rosa de Valentiera.
La diosa desafortunada que concede la victoria,
El perro guardián que no puede soltar la mano de un ángel caído,
Berenice Rosa Valentiera.
La nueva cerca de la rosa marchita,
El perro de caza del joven rey que juró lealtad,
El traidor atravesado únicamente por espinas fragantes,
Erkin Lucio Lafayette.
Berenice, la media hermana de Ricardo ‘el jefe de la Familia Valentiera’, mantiene a Erkin a su lado como su nuevo guardaespaldas por órdenes de su hermano.
—Erkin, me refería a ti. Fuera.
—……..
—Si no te largas, yo saldré y caminaré. Elige.
Desde el momento en que se conocieron, a Berenice la presencia de Erkin le resultó irritante. Mientras seguía chocando con él ‘cuyo verdadero propósito como su guardia no lograba comprender’, se entera de que Ricardo planea arreglarle un matrimonio.
—Olvídate de ese compromiso del que están hablando, y solo sal conmigo hasta que aparezca alguien más.
—¿Se refiere a una relación de pantalla?
—¿Por qué? ¿No te gusta la idea?
—No. Me gusta.
La intención de Berenice de usar a Erkin ‘el guardaespaldas asignado por su hermano’ para escapar de un matrimonio no deseado, pronto floreció en una rosa roja y exuberante que ella misma no reconoció. No tenía idea de que él no era el leal perro de caza que juró un pacto de sangre, sino un espía listo para cortarle el cuello a los Valentiera. Creyendo que compartían el mismo sentimiento, ella le entregó todo lo que pudo.
—¿Pensaste que me arrodillaría y te rogaría que me perdonaras la vida?
—Si lo hiciera, ¿cree que podría conservar su vida?
Incluso si terminaba destrozándose a sí misma, Berenice quería matarlo. Pero no pudo apretar el gatillo. Para alguien que se burlaba de los juramentos, una muerte sin dolor era un lujo.
—No seas ridículo, Erkin. Tu vida depende de mí.
—…….
—Si quieres llevar la cabeza de mi hermano o mi muñeca a la Oficina de Seguridad, vas a tener que arrodillarte y lamerme los pies.
—Como desee. Si mi señora lo ordena, obedeceré.
Al final, en lugar de meterle una bala en la frente a Erkin, Berenice depositó un beso suave en la comisura derecha de sus labios, retrasando su final por un momento.
Juró que, cuando cada rosa que florecía en su interior se hubiera marchitado, le clavaría el estilete directo en el corazón.