Mi apacible exilio - 99
—¿Podría esperar un momento, por favor?
Me quedé helada un instante, pero pronto recobré la compostura y le pedí paciencia a la persona detrás de la puerta. Al darme la vuelta, mis ojos chocaron con los de Tenet, quien ya estaba parado pegadizo a mi espalda.
Como no era otra persona sino su invitado, lo correcto era que él lo atendiera. Le hice un ligero gesto con la mirada y me hice a un lado.
—Yo iré subiendo, así que…
—No. No es necesario que lo haga.
‘Oye, pero si lo digo porque yo me siento incómoda’
murmuré para mis adentros antes de quedarme estupefacta.
Me quedé mirando como una tonta cómo Tenet, con total naturalidad, echaba un segundo cerrojo que estaba justo encima de la cerradura principal.
¿Qué era eso? ¿Cuándo lo habían puesto? Pero más allá de eso…
—Quien viene a estas horas de la madrugada no es un invitado, es un intruso —respondió Tenet con descaro al cruzar mirada conmigo.
—Pero a la vez, es alguien que ha recorrido un largo camino para verlo, milord. ¿Qué le parece si primero abre la puerta y recién ahí le hace ese reclamo?
En lugar de señalarle que él también había irrumpido en el castillo del barón antes de que saliera el sol, amenazando y hasta zamreando a los sirvientes, preferí decir eso.
Tenet no respondió de inmediato; se me quedó mirando desde arriba con un rostro que denotaba un ligero fastidio. Por suerte, esa atmósfera extraña de hace un momento se había esfumado como si nos hubieran echado un balde de agua fría. Me sentí aliviada por ello, aunque era evidente que a ese hombre le molestaba muchísimo.
‘¿Cree que basta con sonreír? Si sus ojos no se ríen para nada’
—¡Toc, toc!
Se escuchó de nuevo el sonido de la puerta, esta vez más insistente. La mandíbula de Tenet se tensó. Era ese tic que le salía cada vez que estaba realmente de mal humor. Con una sonrisa fingida, el hombre dijo con suavidad:
—Vaya adentro, por favor.
—¿Qué piensa hacer?
—Si lo ignoro, se irá pronto.
—Espere un momento. Entonces, ¿en qué quedo yo después de decirle que aguarde un segundo?
—Tiene razón. Solo logrará que la lady pase un mal rato por su culpa.
Al oír esa voz que se colaba desde el otro lado de la puerta, Tenet y yo volteamos al mismo tiempo. Tenet ya ni siquiera fingía una sonrisa. Tenía el rostro gélido y sombrío, como si intentara atravesar la puerta con la mirada. Esa sonrisa tímida que me había revuelto el estómago hace poco había desaparecido por completo.
Pronto, estiró la mano y quitó el primer cerrojo. Luego, desenganchó lentamente el segundo cierre, el nuevo.
—¿Cuándo instaló esto?
—Hoy en la madrugada… Después de hablar con usted, alteza, no pude pegar el ojo por nada del mundo.
—……
—……
‘Pregunté por las puras’
—Se ve muy resistente.
—Sí. Estoy pensando en poner un par más en otros lados.
Estuve a punto de responderle como una tonta que no creía que fuera necesario, pero me detuve. Miré el pomo de la puerta que Tenet sostenía y luego lo miré a él. Enseguida, como si hubiera entendido la señal, ¡clac!, abrió la puerta.
Había alguien completamente blanco parado ahí. Llevaba una túnica de un gris cenizo cubierta de nieve, lo que lo hacía ver como un muñeco de nieve mal hecho por un niño. El visitante tenía el brazo levantado, como si estuviera a punto de tocar la puerta otra vez, pero bajó el codo apenas lo abrieron.
Luego, se quitó la capucha que lo cubría y saludó de nuevo.
—Por un momento pensé que ambos se habían olvidado de mi existencia.
Era un hombre de apariencia bastante impresionante, con el cabello y los ojos negros. Tras soltar ese comentario con un tono mordaz pero calmado, ni siquiera miró a Tenet; se dirigió a mí, que estaba un paso atrás, me saludó con suma cortesía. Entonces, con el rostro entumecido y la punta de la nariz roja por el frío, dijo:
—Gracias por convencer a este señor antes de que muriera congelado.
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La razón por la que vino el mismísimo subcomandante es más que obvia. Como el comandante se mandó a mudar y no regresa, habrá venido a convencerlo de que ya es hora de volver.
—¿Dice que mandaron directamente al edecán?
¡Piiiiii!
Apenas terminé la pregunta, la tetera que estaba sobre la hornilla empezó a silbar con fuerza. Tenet, con un simple gesto, apagó el fuego y le alcanzó a Ethan una taza con agua hirviendo.
—Sí. Vengo de dejar al Conde Milton en el castillo.
Ethan respondió con total tranquilidad, moviendo la mano para dispersar el vapor que salía de su taza.
—…… Como decía que se estaba muriendo de frío.
Tenet respondió como si nada al cruzarse con su mirada y se acomodó en su asiento. Como el mismo afectado no parecía ofendido, sino más bien acostumbrado a ese trato, yo solo solté un suspiro ligero.
Al oír lo de ‘edecán’, me vino a la mente alguien que, incluso tras mencionar al Conde Milton, se quedó ahí como una imagen residual. Recordé los ojos de esa mujer que, cada vez que nos cruzábamos, se acercaba cojeando para saludarme y me miraba fijo, con una expresión neutra, como si pudiera leer toda la angustia que llevaba por dentro; sacudí la cabeza para espantar el pensamiento.
—Dice que Su Majestad designó específicamente a Sir Shamk como su escolta.
—Ah, eso fue porque yo mismo me ofrecí de voluntario. Quería verle la cara a cierto sujeto que no da señales de vida.
Las miradas de Ethan y la mía se dirigieron al mismo tiempo hacia Tenet, que estaba sentado al frente. Tenet, que miraba a Ethan con los brazos cruzados y sin expresión alguna, volvió a sonreír de oreja a oreja en cuanto me miró.
—Ha.
Esa risita de incredulidad no salió de mi boca. Ethan me miró seriamente y soltó:
—Discúlpeme. Es que me da un poco de cosa.
—… ¿Qué? ¿Le da co…?
Sin querer, repetí sus palabras, pero me detuve y voltee hacia el frente. Con el silencio que había, Tenet debió escuchar todo clarito, pero se veía de lo más normal.
Bueno… ya veo. Así es como se llevan estos dos.
Como ya Tenet me había contado algo al respecto, en lugar de andar sobresaltándome, decidí no reaccionar.
—¿Para así todo el tiempo? ¿No le parece demasiado fingido?
… Y eso que dije que no iba a reaccionar.
Ethan fue más allá y me preguntó como buscando que le diera la razón. Yo solo atiné a soltar una risita.
—Por esto es que no quería dejarlo entrar. Lo voy a echar ahorita mismo.
Oye, ¿y a ti qué te pasa ahora?
Miré fijo a Tenet, que se levantaba como si hubiera estado esperando la excusa perfecta, sacudí la cabeza de lado a lado. Aunque seguía con cara de pocos amigos, volvió a sentarse.
Sentí que Ethan, que miraba con desgano a Tenet tras su amague de irse, soltó un ‘Jm’ con un tono extraño mientras me observaba.
Esto se va a poner pesado.
Pensé que mejor le preguntaba mis dudas después y me levanté de un porrazo.
—Me parece que mi presencia estorba. Mejor me retiro…
—No es así.
Ethan, que venía hablando pausado, me cortó en seco con rapidez. Me quedé tiesa en esa posición incómoda de estar a medio levantar. Al cruzar mirada con Tenet, me dio la impresión de que él quería que me quedara.
Ethan volvió a hablar:
—No estorba para nada, más bien es necesario que usted esté aquí, 공녀 (Gong-nyeo). Apenas se vaya, este me va a sacar a patadas.
—……
Como no reaccioné, Ethan soltó una tos falsa bien descarada.
—Ay, qué frío hace. Mejor me muevo para allá.
Creo que hasta alguien que lee un guion por primera vez lo haría mejor que él.
Sin importarle que Tenet y yo lo estuviéramos mirando, Ethan se levantó y movió su silla cerca de la chimenea. Su actuación era pésima, pero después de que lo dijera así, sentí que irme sería una falta de respeto. Me volví a sentar con cierta torpeza.
—Entonces, ¿se piensa ir apenas termine los asuntos del conde?
—Sí.
Fue una respuesta seca y directa.
—Ya me viste la cara, así que ya fue. Termina tu agua y lárgate —dijo Tenet, que había estado callado.
Ethan ni lo miró y se dirigió a mí:
—He dejado a los caballos afuera, ¿hay algún lugar donde pueda amarrarlos?
—Te he dicho que te vayas.
A pesar de la voz grave de Tenet, que trataba de zanjar el asunto, Ethan ni se inmutó. Me miró fijamente como si Tenet fuera invisible y me dijo:
—Si no es mucha molestia, ¿podría quedarme un par de días? Creo que para entonces ya habrá pasado la tormenta.
—No le haga caso. Yo mismo lo voy a sacar.
—No voy a ser una carga. Siendo estrictos, usted es la dueña de este lugar, así que quisiera pedirle su permiso.
… Pero qué cosa con estos dos.
En lugar de responderles, miré por la ventana. Tal como decía Ethan, afuera soplaba un viento fuerte con nieve y parecía que la cosa iba a empeorar en vez de despejar. Me levanté de la silla.
—Hay un almacén que usamos como establo. Yo lo guío.
—Se lo agradezco.
—… Alteza.
Detrás de Ethan, que se levantó al toque, resonó la voz baja de Tenet. Pero a Ethan no le importó y caminó hacia la puerta.
—Sir Ethan tiene razón, el clima está horrible. ¿Cómo lo voy a botar así?
—……
Después de decirlo, me acordé de que a él sí lo boté sin asco el primer día. Recordé incluso cuando me dijo con toda la frescura del mundo que se había quedado en una choza.
—Es verdad que a usted lo eché de inmediato la otra vez, pero parece que él tiene algo importante que decirle.
—……
—Al menos hablen bien antes de que se vaya.
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