Mi apacible exilio - 91
—Bueno, qué le digo. Calculo que en cuanto termine de arreglar los asuntos por aquí…
No pude terminar la frase y la dejé en el aire, de forma vaga. Se supone que la sospecha de que yo andaba tramando algo como representante del Duque ya se había aclarado por completo al mostrar esa bendita carta.
Si lo vemos fríamente, en todo este lío solo quedé como una tonta que se metió por su propia cuenta en la boca del lobo para terminar pasándola mal. Aunque, pensándolo bien, incluso si no me hubiera metido yo primero, esa mujer, Mariposa, se habría encargado de arrastrarme de alguna forma.
—Bueno, creo que ya está casi todo arreglado. Al menos ya sé lo que más curiosidad me daba.
Dicho esto, bajé la mirada hacia la taza de té que tenía enfrente. Tenía un color amarillento, una infusión ligera. ‘Tengo que despedirme del sacerdote Verda antes de irme’, pensé, cuando de pronto…
—¿Cuándo piensa volver a la capital?
La pregunta me hizo voltear la cabeza al toque. Adrian debió pensar que no lo había escuchado bien, porque volvió a preguntar con mucha amabilidad:
—¿Para cuándo cree que Sir Tenet dirá de volver a la capital?
Enderecé la cabeza, que se me había quedado de costado. No entendía a qué venía eso, pero al final resultó ser la continuación de lo que hablábamos hace un rato.
—Le diré que incluya eso en su respuesta cuando volvamos, no se preocupe.
—… Bueno, se lo agradecería, pero…
—¿Por qué da por sentado que me voy a ir ‘junto’ con él?
—¿Acaso no es así?
Ahora que lo pienso, es cierto que en ese lugar tan lúgubre terminamos hablando de cada cosa…
—Mire, yo no conozco a fondo su situación, pero si piensa en su seguridad a futuro, lo mejor sería que siga bajo su protección, ¿no cree?
—…….
Tenía razón, y eso era precisamente lo que no quería admitir. Tenet… ¿ese hombre de verdad me pedirá que vuelva con él? Recordé nuestra charla de hace unos días, cuando me dijo que, si yo estaba de acuerdo, se quedaría a mi lado siempre. Sonó casi como una propuesta de matrimonio de película.
—No lo sé.
Me imaginé por un momento la escena de yo entrando al Palacio Imperial agarrada del brazo de Tenet. ¿Qué cara pondría el nuevo Emperador al ver el ‘regalito’ que le trajo su mano derecha?
—Por más que mi familia me haya dado la espalda, para el resto del mundo sigo siendo la hija del Duque y la ex prometida de Su Alteza Kaylus. Dudo mucho que a Su Majestad le haga mucha gracia verme por allá.
Me sentía un poco tonta diciendo esto cuando el interesado ni siquiera había abierto la boca, y me dejó un sabor amargo en la garganta. Esa frase de Adrian, lo de ‘bajo su protección por seguridad’, me seguía dando vueltas en la cabeza.
—Entonces, ¿se va a quedar aquí?
—No.
Me generaba mucha desconfianza que tanto la persona que me mandó aquí como mi ex prometido supieran exactamente dónde estoy.
—Por eso… estoy pensando qué hacer.
Solté un suspiro de solo pensarlo; me sentía bloqueada. Noté que Adrian me observaba con cuidado, viendo que me había desanimado.
—No lo dije para que se sienta mal.
—No es eso. Más bien, gracias. Estos últimos días sentía que me faltaba un poco de sentido de la realidad.
Adrian se rascó la nariz, medio avergonzado, y volvió a hablar.
—Como sea, ya que me enteré de su situación… bueno, por si acaso.
—¿Por si acaso qué?
—Al nuevo Maestro de la Torre, el señor Idun, le interesan mucho las personas como usted.
No pude responderle nada, me quedé parpadeando. Me sacó el tema del Maestro de la Torre tan de la nada que me quedé en blanco.
—Si le soy sincero, al principio yo era un poco escéptico al respecto, pero ahora que he trabajado con usted, me parece que no está nada mal, es más…
—…….
—Me dejó impresionado. Sí, de verdad, muy impresionado. Y lo digo en el buen sentido.
Era raro ver a este hombre, que siempre tiene la respuesta en la punta de la lengua, dándole tantas vueltas al asunto de forma tan poco natural. Tomé un sorbo del té, que ya se había enfriado, y lo pasé despacio.
—Siento que esta conversación está agarrando un aire a propuesta de trabajo.
—…….
Se quedó mudo, como si fuera la primera vez en su vida que decía algo así y se hubiera quedado sin palabras. Sus ojos verdes me miraron fijamente.
Parecía que no aguantaba verse así de torpe. Adrian arrugó la nariz y, de pronto, asintió con fuerza.
—Sí. Bueno. Así es. Ya que terminé enterándome de su… situación, que es bien lamentable, pues… pensé que esto podría servirle de algo.
—…….
—Si sonó como si estuviera alardeando o siendo un creído, le pido disculpas. Se lo digo así de frente porque de verdad me da mucha pena lo que le está pasando.
Escuchar la propuesta de forma tan directa me dejó un poco en el aire. ¿La Torre de Magia, así de la nada?
Siendo realistas, esa Torre, a la que ni el mismo Emperador puede mangonear fácilmente, sería un refugio más que decente. Pero…
—… Con todo lo que ha pasado, las cosas van a estar movidas por un buen tiempo. Hay mucha gente que no me puede ver ni en pintura.
—Exacto. Por eso mismo creo que le vendría bien. Nadie se va a fijar en usted por allá.
Si esto me lo hubieran propuesto antes, me habría sentido hasta honrada. Que en esa Torre, donde son tan alzados, le hagan una invitación así a alguien que ni siquiera puede usar magia…
Tal como decía Adrian, la idea era bien tentadora. Parecía el lugar perfecto para esconderse un rato mientras todo este lío se calma. Al final, los que me odian van a estar demasiado ocupados resolviendo sus propios problemas internos.
‘Entonces, ¿para qué la tenían con ustedes? Encima nos la mandaron justo en el momento preciso’.
De pronto, recordé la cara de aquel mago que me miraba con odio hace unos días. Sacudí la cabeza para borrar esa imagen.
—Gracias por la propuesta.
—Piénselo bien. No se lo digo solo por lástima, se lo aseguro.
—Lo sé. Sé perfectamente que ustedes no son un grupo que se mueva por sentimientos.
Me sentía extraña. En otro momento, me habría alegrado de forma más sincera.
—Si le soy honesta, al principio pensé que lo decía por otra razón.
—¿A qué se refiere?
Me quedé mirando a Adrian Rubeche sin decir nada. Para ser exacta, me fijé en su cara, que todavía no se veía del todo bien.
—Usted fue el único que casi se muere por la energía maligna. Yo, en cambio, estoy como si nada, lo cual es increíble.
—… Ah.
Adrian parpadeó y soltó un sonido de asombro, como si recién cayera en cuenta.
—Bueno, si decide venirse con nosotros… sí, supongo que investigaremos eso también. Usted dijo que tampoco sabía la razón, ¿no?
¿Cómo es que a usted no le pasó nada? ¿Acaso hizo algo de antemano para protegerse? Eso fue lo que me reclamó el mago que reemplazó a Adrian, señalándome con el dedo mientras me interrogaba.
‘Será mejor que no les diga nada a ellos’.
Recordé la cara de Tenet cuando me dijo eso con tanta seriedad. Asentí y respondí:
—Sí, así es.
Adrian Rubeche se quedó callado un buen rato, como si estuviera perdido en sus pensamientos.
—¿Tiene alguna teoría de por qué pasó eso?
le pregunté. Para ser franca, la explicación que me dio Tenet no me terminaba de convencer, así que probé suerte con él. Pero parece que Adrian tampoco tenía ni la más mínima idea.
—No. Es la primera vez que veo un caso como el suyo.
—Si se le ocurre algo, por favor, me escribe y me cuenta.
Adrian me miró con una expresión extraña, pero terminó asintiendo y dijo que lo haría.
Al quedarnos en silencio, el sonido del viento golpeando las ventanas de forma violenta se volvió ensordecedor.
Tal como dijo Tenet, parecía que la nieve no tardaría en caer.
Lo mejor era terminar con todo lo pendiente y regresar antes de que el clima se pusiera más bravo.
Me puse de pie de inmediato.
—Bueno, por ahora concéntrese en recuperarse. Primero tiene que cerrar los asuntos que tiene aquí.
—No se olvide de decirle a Sir Tenet…
—Ah, claro. No se preocupe, no me voy a olvidar de eso tampoco.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
¿Habrá sido a finales de otoño cuando llegué aquí por primera vez?
No podía creer que ya estuviéramos a un paso de fin de año.
De pronto caí en cuenta de que ya había pasado bastante tiempo desde que dejé aquella villa. Seguro que a mi regreso me iba a encontrar con una capa de polvo por todos lados.
Cuando me fui, nunca imaginé que me quedaría tanto tiempo.
Habían pasado ya tres días desde mi visita a Adrian Rubeche.
La entrevista con Mariposa Ford terminó siendo menos relevante de lo que esperaba, sobre todo porque un mago nos vigilaba con ojos de águila, haciendo imposible tener una conversación de verdad.
Como ya había resuelto lo que más me importaba, no me dolió tanto.
Lo que sí me dejó con una espina clavada fue… no sé, cosas así.
La imagen de Mariposa Ford riéndose mientras levantaba sus manos totalmente vendadas, diciendo que ese hombre la había dejado en ese estado.
O Noah Jermian, que se negó rotundamente a dar la cara diciendo que ni siquiera quería verme.
Esas cosas.
‘Lo de que me dio gusto verte… eso fue verdad’.
‘Me encantó volver a conversar contigo después de tanto tiempo. De corazón’.
Dejando de lado a Mariposa, me sentí un poco mejor al recordar lo que dijo Adrian sobre Noah: que existía la posibilidad de que no lo expulsaran de la Torre.
‘Mira. Ese hombre me dejó así’.
La cara de Mariposa riendo de forma lúgubre se me venía a la mente una y otra vez.
La verdad es que se veía fatal. Seguro se me aparece en mis pesadillas.
—Señorita.
La voz del hombre en cuestión me hizo reaccionar al toque.
—Perdón. ¿Qué decía?
—Me preguntaba qué estaba viendo con tanto interés.
El hombre lo dijo con una sonrisa, como si no le diera mucha importancia.
Levanté el libro que estaba leyendo con tanta concentración hasta hace un momento.
Respondí como quien no quiere la cosa:
—Un mapa.
—¿Un mapa?
—Sí.
Lo que llenaba esa página, en lugar de texto, era un mapa detallado. Para ser exacta, era un mapa de las fronteras del norte del Imperio, incluyendo el territorio del Barón Deyer.
Desde Farahan, que colinda directamente con las tierras del Barón, hasta los países vecinos; todo estaba muy bien explicado.
Parecía que él tenía mucha curiosidad por ver qué estaba mirando, pero hice como que no me di cuenta y cerré el libro de un porrazo: ¡tac! Los ojos azules del hombre se quedaron fijos en el libro —o mejor dicho, en mi mano sobre el libro— y luego desviaron la mirada.
Tenet, actuando como si nada, pasó al siguiente tema.
—Como sea, acabo de terminar de hablar con el Barón. Pienso que deberíamos alistar las maletas para irnos en unos dos días, ¿le parece bien?
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