Mi apacible exilio - 79
Hace poco soltaba mentiras baratas y me lanzaba cumplidos que no sentía solo para ganarse mi favor, pero ahora ha cerrado la boca por completo.
Me mira desde arriba con una cara de seriedad absoluta, como si lo que le estoy pidiendo fuera algo excesivo que sobrepasa sus límites.
Esa era la historia que yo le había ido soltando de a poquitos a través de su discípulo, Noah Germian. Desde que me di cuenta de que esto era lo que él buscaba, empecé a tirarle carnadas, trozo por trozo, para ponerlo cada vez más ansioso.
En la mayoría de las relaciones humanas, lo que logra compensar un pedido que cruza la línea o una actitud grosera que incomoda al otro, es tener el mando. En realidad, no es gran ciencia. Es un asunto que se decide simplemente viendo quién de los dos está más desesperado: el otro o yo.
No importa cómo cambie el trato de aquí en adelante, ahora mismo la que tiene el mando soy yo. Sea por la razón que sea, ahora este mago me necesita.
—Bueno, está bien.
Después de clavarme una mirada pesada por un buen rato, parece que su dilema no duró mucho. Esos labios rojos que estaban apretados con fuerza volvieron a abrirse.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
‘Dijo que su verdadero objetivo era llevárselo a usted’. ‘Ah, para ser exactos, usó la expresión ‘rescatarla y llevársela’. Sí, eso fue lo que dijo’.
Lo soltó con un tono despreocupado, como si estuviera contando un chisme cualquiera sin importancia.
‘Le pregunté si estaba buscando lo mismo que nosotros, pero no me respondió nada sobre eso’.
En fin.
‘Dijo que era una orden de alguien de arriba. Que tenía que llevarse a una persona muy apreciada por ese alguien… se puso bien espeso repitiendo lo mismo una y otra vez’.
No parecía que me estuviera mintiendo a estas alturas. Entonces… ahora entendía por qué tanto Noah Germian como esa Mariposa habían dado por sentado que mi relación con Yuri Tenet era simplemente la de una vigilancia unilateral.
‘Incluso dijo cosas como que le habían puesto el ojo a usted desde hace muchísimo tiempo’.
Era alguien que pasaba tan desapercibido que ni yo misma había cruzado más de un par de palabras con él. Iba a preguntarle cómo es que lo había reconocido tan rápido si ni yo pude, pero me detuve; si ya se conocían de antes, entonces esto también tenía sentido.
Aunque me dio un poco de curiosidad, al final no dejaba de ser un asunto ajeno. Mariposa, que había estado soltando la historia de forma desordenada y hasta con un poco de desgano, me preguntó con los ojos brillando:
‘Esto sí me da curiosidad, ¿me va a contar de qué se trata?’.
Mis pensamientos se volvieron un nudo. Había cosas que yo ya sospechaba por mi cuenta, y otras que eran tan absurdas que daban risa.
Finalmente, cuando volvió a salir el tema de Yuri Tenet, me acordé de la nada de cuando recién llegamos aquí y fuimos juntos a ver el lago congelado. Para ser precisa, recordé su cara mientras me observaba con cuidado después de haber sido él mismo quien sugirió ir.
‘Desde hace muchísimo tiempo…’.
Al repetir esas palabras en mi mente, me vino la imagen de aquel hombre empapado en un vino rojo como la sangre. O más exactamente, recordé la mirada con la que me quedó viendo fijamente cuando le alcancé mi pañuelo.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Charlotte Faryl siempre había desconfiado de él, desde el primer día que llegaron. O sea, no era nada del otro mundo; para Yuri, esa desconfianza ya era parte de su rutina, algo tan común como el día a día. Pero últimamente, el cambio en ella era medio raro, algo que no se podía explicar simplemente como ‘desconfianza’. Ya estaba acostumbrado a que ella fuera amable un rato y luego pusiera distancia a propósito, pero esto era distinto. Yuri vio cómo Charlotte cambiaba de tema descaradamente, pero decidió no insistir ni preguntarle nada. Sin embargo, no pudo evitar sentir un sinsabor.
Desde hace unos días, sentía que ella había levantado un muro invisible entre los dos. Se preguntó si sería porque lo chapó intentando deshacerse de aquel tipo en silencio, pero le pareció que no iba por ahí la cosa. Como siempre fue desde niños, Charlotte no era de las que se guardaba rencores ni de las que andaba dando vueltas innecesarias cuando algo se terminaba.
—¿Guardó bien lo que le di la otra vez?
—… ¿Perdón?
Él reaccionó tarde. Esa melancolía que empezaba a treparle desde los pies para consumirlo se esfumó en un abrir y cerrar de ojos. Charlotte miró de reojo a Yuri, que tenía la cara más seria de lo normal y ni una mueca de sonrisa.
—Lo que recogimos cerca de la mina.
—… Ah, sí. Claro. Siempre lo llevo conmigo.
Charlotte no se puso seria ni le puso cara de asco, como solía hacer. Se quedó mirándolo fijo con la cara inexpresiva un rato y luego quitó la vista. Recién ahí Yuri se dio cuenta de que estaba por amarrarle los pasadores de las botas. Retiró la mano, que se había quedado congelada en el aire en un gesto algo torpe. Mientras tanto, Charlotte terminó de amarrarse los pasadores ella misma y los metió dentro de la bota para que no se soltaran.
—¿Sabía que entre ellos hay alguien que nunca ha usado magia?
La mirada seca de Charlotte se dirigió hacia los tres magos que conversaban entre ellos y luego volvió a lo suyo. Yuri siguió lentamente la mirada de ella hacia las espaldas de los magos.
—Sé que para usted este consejo sobra, o bueno, ni consejo es, pero igual se lo digo. Si por si acaso se queda a solas con Noah Germian, mejor no abra mucho la boca.
—…….
—En fin, ya que llegamos hasta acá, espero que usted también saque algo provecho de esto.
—No me interesan esas piedras mágicas.
respondió él con desgano.
Yuri sabía bien a qué se refería ella. Recordó cómo Charlotte se ponía tensa cada vez que salía el tema de Arenjul y prefirió quedarse callado.
—Quién sabe, quizás descubramos algo para tenerlos comiendo de nuestra mano.
—…….
—Y de yapa.
Su cara no era solo de indiferencia, se veía hasta cínica. ¿Para quién sería esa sonrisita burlona?
—… Quizás consigamos una excusa para bajarnos a ese enemigo político que anda escondido con la cola entre las patas.
Estaba clarísimo a quién se refería. Tenía una expresión que le traía recuerdos. Era algo que él ya había aceptado desde que se puso a las órdenes del segundo príncipe: que para ellos, y sobre todo para esta mujer, él no sería más que un traidor sinvergüenza. Fueron palabras bien filudas, pero esta vez no iban dirigidas a él.
La exploración se hizo de madrugada, cuando todos roncaban. Exactamente después de que toda la gente del castillo del Barón, que andaba de aquí para allá abasteciendo el campamento, se fuera. Cuando Adrian Rubeche escuchó por primera vez de boca de Charlotte que la condición era ir con él, no pudo ocultar su cara de indignación y asco. Siendo estrictos, que alguien que ni pinchaba ni cortaba se portara como si le estuviera haciendo el favor de incluirlo, debió haberle herido el orgullo. Se puso a reclamar tanto que ya daba cólera escucharlo, pero se calló en el acto cuando Charlotte le soltó: ‘Usted decidió vigilarme, ¿no?’. Fue una charla simple, pero a Yuri le cayó pesado.
Adrian soltó un comentario quejumbroso, diciendo que no había necesidad de hablar directamente con esa mujer. Charlotte le respondió sin siquiera mirarlo:
—Me pareció que ella es la única que sabe dónde está la entrada de verdad. ¿O me equivoco?
Adrian Rubeche, con el orgullo por los suelos, no supo qué responder. La entrada que encontraron a las justas era tan monse que ni entrada parecía; era apenas una grieta en medio de un acantilado empinado, como si alguien le hubiera dado un tajo con una espada. Pero por dentro, la cosa sí se veía más seria.
—¿No habrá una entrada mejor del otro lado?
preguntó Adrian con cara de harto.
—Si estuviera en buen estado, no nos habríamos tomado el trabajo de entrar por aquí, ¿no te parece?
le contestó Mariposa como si nada.
El camino era largo. Lo único que encontraron, si es que se le podía llamar logro, fue un espacio vacío con rastros de minería. Esa roca que tanto buscaban no estaba ahí. Al menos, el instinto de Yuri se lo decía. Para empezar, no era un sitio donde alguien pudiera quedarse mucho tiempo, ni un lugar por donde se pudiera transitar normalmente. Todo estaba en silencio. No había rastro de energía demoníaca, ni siquiera el ruido de algún animal. Nada de nada.
¡BOOM!
El suelo donde estaban parados se hundió de golpe y se vinieron abajo. Antes de que pudieran reaccionar, ¡pum!, cayeron al fondo. Adrian Rubeche, aunque estaba asustado, trataba de analizar la situación con calma; detrás de él estaban Charlotte y Noah Germian, pálidos como un papel. A Mariposa no le importó mucho y dijo que, como igual había dos caminos, lo mejor era separarse para buscar. Charlotte estaba por abrir la boca para decir algo, cuando…
—Podemos seguir así.
soltó Yuri con frialdad.
Ante esas palabras secas, los ojos amarillos del mago se clavaron en Yuri. Tenía una cara que claramente se estaba burlando. Yuri no reaccionó y se quedó mirando fijamente a Charlotte, que lo observaba desde arriba.
‘No voy a estorbar en nada de lo que haga la duquesa’
Recordando lo que ella le había dicho antes, escondiendo sus verdaderas intenciones, él la miró como diciendo: ‘¿No es esto lo que querías?’. Charlotte, que parecía querer soltar un montón de palabras apuradas, cerró los labios. No fue una protesta abierta, pero Charlotte respondió con la cara inexpresiva, como si ya supiera perfectamente qué estaba pensando Yuri.
—Sí. Me parece bien.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Yuri clavó su mirada gélida en la nuca pelirroja que iba delante y luego recorrió con la vista el camino angosto que se extendía serpenteante. El mago, que le había dirigido la palabra un par de veces con total desgano, pronto perdió el interés en él y empezó a caminar adelantándose. El camino parecía no tener fin.
Se veía igualito a esa creación suya que se había burlado de él la vez pasada. Recordó a la bestia mágica de ojos azules que brillaba sobre el hombro de ella. Era algo tan útil que valía tanto como todos sus subordinados juntos. Mientras intentaba racionalizarlo, no pudo evitar recordar cómo ella lo miraba con desesperación cada vez que estaba en peligro. Una risita burlona se le escapó de entre los labios. Era una burla hacia sí mismo.
Una voz interna le susurraba si, en el fondo, no había deseado que ella lo volviera a mirar de esa forma, aunque fuera así. Por más que intentaba negarlo, esa idea lo iba carcomiendo poco a poco. Lo provocaba, invadiéndolo lentamente.
—…….
‘Bueno, al menos ella tiene eso, así que estará bien’, pensó para cortar por lo sano, pero en ese mismo instante se detuvo en seco. Y es que eso, que debería estar al lado de ella, estaba parado justo allá adelante.
La bestia de ojos azules batió las alas ligeramente y, de pronto, recuperó su forma original. Tras desvanecer sus alas de ave como si fueran humo, su propia bestia mágica, con la apariencia de un leopardo negro, estaba ahí sentada tranquilamente mirándolo fijo.
—… Tú.
El animal ni pestañeaba, solo lo observaba en silencio. Yuri apretó los dientes y estaba por acercarse, cuando ocurrió. El mago, que recién se daba cuenta de la presencia de la bestia, soltó un grito agudo y se desplomó en el suelo. La risa de la bestia, que se burlaba como si esto fuera un chiste, retumbó en su cabeza.
A Yuri no le importó y dio media vuelta para ir hacia el mago. Apenas vio cómo le temblaban los dedos, lo agarró del hombro sin dudarlo y lo volteó de un tirón.
—… Te… tengo miedo…
En el momento en que se encontró con esos ojos amarillos llenos de pánico, se dio cuenta al toque.
—… Por favor, haga… haga algo con esa cosa…
Se dio cuenta de que Noah Germian estaba usando el cuerpo de Mariposa como un disfraz.
Madara Info
Madara stands as a beacon for those desiring to craft a captivating online comic and manga reading platform on WordPress
For custom work request, please send email to wpstylish(at)gmail(dot)com