Mi apacible exilio - 127
Estaba de acuerdo con lo que dijo el Emperador. Tenet tenía esa tendencia a sobreprotegerme un poco, así que era obvio que, si escuchaba esta conversación, se metería de inmediato para hacer un escándalo.
A veces, esa actitud suya me resultaba fastidiosa, pero tampoco es que fuera del todo mala; después de todo, hubo veces en las que sí me sirvió de ayuda.
Sin embargo, mientras más lo pensaba, más me convencía la lógica del Emperador. Ahora que me ponía a reflexionar, Tenet se ponía extrañamente tenso cada vez que yo hablaba con alguien. Pasó con el Barón, con Adrian Lubece, hasta con Ethan y Rolan, que vinieron hace poco.
Dejando de lado el caso de Rolan, ¿qué rayos significaba esa guardia tan excesiva con Ethan? Incluso antes de que Ethan soltara esos comentarios que cruzaban la línea, Tenet ya lo estaba vigilando, aunque fingía que no. Para ser exacta, intentaba —a su manera— que Ethan y yo nunca nos quedáramos a solas.
Por eso, mientras más lo pensaba, más sospechaba de Tenet otra vez. Me preguntaba si acaso todavía había algo que no me había contado.
—Estoy en mi habitación. Para ser exacta, frente al escritorio, pero primero me voy a mover a un lugar lejos de la puerta. Ya avisé abajo que subiría a escribir una carta, así que no les parecerá raro si me demoro en salir.
[Ah, ¿hay alguien más aparte de usted y el Sir?]
—Es alguien que vino un momento a entregar una misiva. Está abajo calentándose un poco mientras espera a que termine mi respuesta.
[Una carta… ¿Con quién se está escribiendo?]
Caminé hacia la ventana por donde entraba la luz amarillenta del sol y me detuve. Luego, retomé el paso mientras respondía:
—Es de Sir Deier, que está en el castillo. Tenía unos asuntos que conversar con él por separado.
[Espero que no me malinterprete. No es que dude de su palabra, es solo que tenía curiosidad.]
Eso tampoco había cambiado. Desde antes, cada vez que se me acercaba a hablar sin ningún reparo, siempre usaba la ‘curiosidad’ como excusa. Decía que simplemente le daba curiosidad saber cómo era yo como persona.
—¿Y no le da curiosidad saber de qué tratan esos asuntos?
[Creo que le pedí que no me malinterpretara, ¿acaso debo responder que ‘no’, tal como usted desea?]
Su tono era tranquilo, sin rastro de agitación o molestia.
Dejé la cuenta que sostenía sobre la mesa de noche junto a la ventana y solté un:
—No.
—Todo lo contrario. Ya que salió el tema, preferiría que me lo preguntara.
El Emperador se quedó callado por un momento.
[No parece que lo diga por consideración hacia mí. Bueno, si esa es su intención, no me voy a privar. ¿Qué estuvo conversando con él?]
—Sobre dónde me quedaré de ahora en adelante.
Le conté mis planes futuros con calma, al menos una parte. Como acababa de recibir la carta de Ruth aceptando mi favor con gusto, pude hablar con un poco más de seguridad.
Le dije con serenidad que pensaba quedarme aquí un tiempo más y luego irme lejos.
El punto de decírselo era este: para evitar que se repita lo que pasó con Ethan Shamk, le estaba aclarando que ese Yuri Tenet que él tanto quiere, pronto volverá a su lado.
Incluso después de que terminé de hablar, el Emperador no respondió, como si se hubiera quedado sumido en sus pensamientos.
[Eso de irse lejos… ¿a dónde exactamente?]
Lo que dijo después de un buen rato fue inesperado.
[Obviamente no será dentro del Imperio… ¿Acaso piensa irse al extranjero? Ah, ahora que me acuerdo, su hermano mayor estaba en Elton.]
—…… Edward ya no tiene nada que ver conmigo.
[No tiene por qué ponerse tan a la defensiva. Si yo no puedo ponerle una mano encima a usted, ¿por qué le haría daño a su hermano?]
—…… Mano…
Sin darme cuenta, repetí sus palabras y me detuve.
Como era de esperarse, parece que él me escuchó claramente.
[Dije que no le pondría una mano encima. ¿Acaso Sir Yuri no se lo dijo? Que ese fue el contenido del trato que hizo conmigo desde el principio. Por eso usted aceptó tan campante que se pondría bajo el amparo del nieto del Barón, ¿no es así?]
Su tono era tan natural que hasta sonaba alegre. No había ni rastro de burla.
Seguro lo decía asumiendo que yo ya lo sabía todo, pero para mí, fue como si me tiraran un balde de agua fría de la nada.
Al oír la palabra ‘trato’, me quedé congelada un momento, con la boca abierta.
‘Fue por una promesa con Su Alteza el Príncipe Arenzul, el actual Emperador. Él prometió reformar el Templo.’
‘…… Parece que hubo otro trato aparte con el Capitán.’
De pronto, la conversación que tuve con Ethan se me clavó en la mente. Volví a hablar tratando de mantener la compostura.
—Lo siento, pero no conozco los detalles de qué clase de trato hubo entre Su Majestad y Sir Yuri. Sin embargo, si le conté sobre mi futuro paradero, fue únicamente por Sir Yuri. Tanto como Su Majestad lo aprecia a él…
Hice una pausa antes de terminar.
—… es porque ahora tengo la certeza de que no me ‘pondrá una mano encima’.
No añadí que mi impresión sobre él había cambiado mucho después de todo lo que pasé y de escuchar a Tenet hablar de él. Cuando recién llegué aquí, vivía angustiada pensando que el Emperador mandaría a un asesino en cualquier momento.
Si en ese entonces no pude asegurarlo por completo, fue porque me parecía un método demasiado ‘barato’ y que no iba con alguien como él.
Exacto. Ese Emperador, incluso si tuviera la intención de matarme, no me tocaría ni un pelo por ahora. Simplemente esperaría sentado a que el afecto ciego e inexplicable de su caballero se marchitara, recién ahí, quién sabe, movería sus fichas.
Pero, ¿qué era eso de una ‘promesa’? Podía darme una idea del contenido, pero no quería ni imaginarlo; rogaba que no fuera lo que pensaba.
—Si no es mucha molestia, ¿podría decirme qué pactó exactamente con Sir Yuri?
Pregunté sin rodeos, con un tono que bien pudo sonar soberbio.
[Parece que te diste cuenta al toque. Tiene que ver únicamente con tu seguridad, condesa.]
—…… ¿Mi seguridad?
[Incluso ahora, siento que me llevé una joyaza a un precio de regalo.]
—…… Majestad. Lo que está diciendo ahora mismo…….
[Si tengo que agradecerle a alguien, supongo que sería a mi tonto hermano mayor.]
A pesar de que sabía que le estaba pidiendo una explicación, me ignoró olímpicamente y siguió con su monólogo. No sonaba autoritario ni prepotente, sino con ese mismo tono ligero de hace un rato.
El Emperador se estaba divirtiendo con la situación.
[Condesa.]
El control de esta conversación unilateral lo tenía solo él. Sin importar cuál fuera mi situación actual, la diferencia de información era abismal y no me quedaba de otra.
Como ya me había pasado antes, darme cuenta de que realmente no sabía ni dónde estaba parada no era nada agradable. Traté de no mostrar mis emociones y respondí:
—Dígame.
[Ya sabes que el Duque te botó como a un trapo viejo, ¿no? Y de una forma tan despiadada que ni yo me lo esperaba. Además, me imagino que viste lo que le hizo a esas tierras.]
—…….
[Y aun así, solo pensabas en irte. …… Bueno, no me lo esperaba, pero lo entiendo. Estás harta de todo, tienes una cólera contenida, pero como sabes mejor que nadie que no puedes hacer nada, te debes sentir miserable.]
—…….
[Te queda algo de orgullo y no quieres pedirle a nadie que se vengue por ti, ¿verdad?]
—…… Majestad.
Al final no pude aguantar más y lo interrumpí.
Pero el Emperador, lejos de molestarse, soltó una risita corta. De nuevo, no se sentía como una burla.
[Condesa.]
Tras un breve silencio, volvió a hablar.
[Hay de impotencias a impotencias. Es normal que sientas rabia. …… De hecho, es lo que yo quiero.]
—Perdone, pero desde hace un rato no entiendo ni un rastro de lo que me está diciendo.
[Condesa.]
Me llamó otra vez, cortante. Y luego añadió:
[¿Crees que el Duque fue el único que te dio la espalda?]
Hubo un silencio sepulcral. Fui yo quien lo rompió primero.
—Si se refiere a mi ex prometido, ya eso…….
[Condesa Faryi]
Apenas abrí la boca, el Emperador me cortó en seco.
[Alguna vez le dijiste al difunto Emperador que querías apoyar a mi hermano, tal como mi madre, la Emperatriz, lo apoyó a él.]
—…… Majestad. Le ruego que me hable claro.
Ya se me estaba acabando la paciencia.
Incluso olvidando mi posición, le respondí de forma un tanto neurótica.
[No es que me esté yendo por las ramas, estoy hablando de eso. Desde niña ese fue tu anhelo, pero lamentablemente, mi hermano tenía planeado hundir a tu familia en el fango apenas se convirtiera en Emperador.]
Fuuuuu,
de pronto, una ráfaga de viento sacudió la ventana con fuerza.
Era una historia que me dejó no solo perpleja, sino totalmente desencajada.
¿A estas alturas salía con lo de Kaylus? Pero más allá de eso…
[Sí. Creo que tengo que decirte esto también. Hubiera preferido decírtelo cara a cara, pero bueno. Todo el Imperio cree que el anterior Emperador murió por su avanzada edad, pero la verdad podría ser otra.]
La ventana volvió a traquetear: clack.
[Encontraron veneno en el té que el Emperador tomaba antes de fallecer.]
Ni siquiera pude voltear; me quedé petrificada.
[Era un tipo de hierba venenosa que mata a la persona lentamente. Él, que ya ni podía pasar un sorbo de agua, se lo tomaba cada dos días sin falta por consideración al cariño de quien se lo regaló. Porque se lo dio alguien a quien quería tanto como a un hijo.]
Lo interrumpí desesperada.
—Majestad. Yo…
Sin inmutarse, el Emperador siguió hablando con total calma.
[Sí. Exacto. Fuiste tú quien le regaló ese té al anterior Emperador.]
—…….
Sin darme cuenta, me tapé la boca con la mano.
Sentía un revuelo en el estómago; tenía ganas de vomitar.
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