Mi apacible exilio - 126
Lo más probable es que la persona que le pidió el favor a Ruth para mandar esta esfera sea Ethan Shamck. No había escuchado que hubiera otro caballero acompañando al conde, pero, por puro instinto, ya estaba casi fija de que se trataba de él.
Lo que sé de él es que es un amigo muy cercano y colega de Yuri Tenet desde que eran niños. Además, era el subcomandante de los Caballeros de Atanas y, al igual que los otros miembros, es uno de los que firmó ese contrato misterioso con el emperador Arenjul.
Los datos superficiales que ya sabía y las cosas que me enteré al llegar aquí se mezclaron en mi cabeza como un sancochado. Al mismo tiempo, recordé todas las conversaciones que tuvimos cuando él vino hace poco.
Sentí un frío ligero que salía de la bolsita donde estaba la esfera —bueno, esa cosa que parecía esfera— y eso me hizo reaccionar. Caminé hacia el escritorio que estaba cerca de la ventana y dejé la esfera junto con la bolsa.
De nuevo me entró el dilema. ¿De verdad estará bien no decirle nada a Tenet? Como ya había pasado antes que me quedé callada ‘por mi propio bien’, la culpa no me duró mucho. Al final, decidí hacerle caso a quien mandó esto y no decirle nada a Tenet.
El conflicto se terminó rápido. No es que desconfiara de Yuri Tenet ni que quisiera vengarme de él, ni nada por el estilo. Fue por la conversación que tuve con Ethan Shamck justo antes de irme de ese lugar.
Miré la esfera con curiosidad y me senté frente al escritorio. Me quedé observándola fijamente mientras sacaba con cuidado el papel para escribir una carta.
Al menos por ahora, en este cuarto, no pensaba decirle nada a Tenet. Sospechaba que esto era un artefacto mágico, algo parecido a la caja de música que me regaló Bianca.
‘¿De verdad vino aquí solo por su propia voluntad, caballero?’
‘No entiendo a qué se refiere’.
‘Es literal. Me preguntaba si no hubo alguna sugerencia o instrucción de alguien con más peso’.
Dejé de escribir los agradecimientos que le estaba redactando a Ruth. La tinta chorreó de la pluma y dejó una mancha negra, grande y fea, sobre el papel.
‘¿Qué es lo que quiere saber?’
‘Las desventajas que tendría el caballero Tenet si decide quedarse aquí’.
En ese depósito donde se sentía un frío total, la última conversación que tuve con Ethan me volvió a dar vueltas en la cabeza.
Ethan, que estaba poniéndole la silla al caballo con una actitud que a cualquiera le parecería indiferente, me volteó a ver tras escuchar eso.
‘Es más, si el simple hecho de haber venido aquí ya hizo que se gane el odio de alguien, por favor dígamelo con total sinceridad’.
‘……¿Odio, dice?’
Hice a un lado el papel manchado y saqué uno nuevo.
Otra vez lo mismo. Escribí: ‘Querido caballero Dayere’. Y después…
‘¿Por qué no habla usted misma con esa persona, lady?’
……Y después de eso.
Empujé el papel nuevo también y lo mandé lejos. Puse la esfera en medio del escritorio y me quedé mirándola fijo.
Es que me volvió el recuerdo de esas palabras de Ethan, que en ese momento no supe si eran en serio o en broma, esa expresión rara que puso cuando me miró mientras yo me quedaba callada sin saber qué responder.
‘No creo que sea eso’. Solté una risa amarga y agarré la esfera. Era una bola negra del tamaño de mi palma, tan oscura que no se veía nada hacia adentro. La puse sobre mi mano y la hice rodar con cuidado.
La superficie era lisa y fría, sentía cómo fluía una especie de maná por ahí. Pensando que tal vez tenía alguna perilla escondida como la caja de música de Bianca, empecé a tocar la superficie con cuidado.
Y, por fin, encontré una especie de botón que parecía una mancha en una esquina.
—…….
¿Y si mandaron esto para hacerme daño? Recién ahí se me ocurrió la idea y la solté al toque, como si me hubiera quemado.
¿Será mejor llamar a Tenet ahora mismo para revisarla juntos? A pesar de esa conversación con intriga que tuve con Ethan, ese vínculo extraño que sentía con Tenet me hizo dudar otra vez. Sí, a veces hay una confianza que es mucho más fuerte que el afecto.
Como ya no podía concentrarme en la carta, me iba a levantar cuando el brazo de la silla golpeó un poquito el borde del escritorio y la esfera salió rodando.
Por puro reflejo, estiré la mano y la atrapé. Mis dedos tocaron justo ese botón sospechoso. Para cuando me di cuenta, ya le había dado ‘clic’.
……Por suerte —y para mi decepción— no pasó nada. La esfera no explotó como una bomba ni salió la voz del emperador dándome una bronca. Todo estaba en silencio. Un silencio total.
Ahora me sentía más decepcionada que otra cosa, la curiosidad me empezó a picar. Justo cuando levanté la esfera para mirarla bien, el color negro azabache empezó a cambiar. O mejor dicho, dentro de la esfera comenzó a brotar algo como una nube blanquecina.
[……Vieron. Yo tenía razón.]
Era la voz de un hombre joven. Salía de la esfera, que ahora estaba totalmente blanca.
[Ya. Ahora veamos quién ganó. Phil, tú perdiste, así que hazte a un lado. ……Luisa, tú apostaste a que sería el caballero Tenet. ……Y yo.]
No era una voz grabada como en las cajas de música. Al instante me di cuenta de quién era ese hombre.
[Yo aposté a que sería Lady Faryl]
Era una voz imposible de olvidar. Era la voz del nuevo emperador.
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Mis impresiones sobre el Primer Príncipe —bueno, ahora el Emperador— son bien complejas, por donde se mire.
Cuando lo vi por primera vez de muy niña, sentí que era tal cual decían todos: un chico que se veía miedoso y débil, aunque su sonrisa al saludar era bastante amable. ¿Quién se hubiera imaginado que, al crecer, terminaría ambicionando el puesto de su hermano? Si se lo hubieras dicho a la gente de ese entonces, todos se habrían burlado en tu cara diciendo que era imposible.
A los quince años, cuando faltaban menos de dos para su ceremonia de mayoría de edad, fue que manifestó oficialmente sus ganas de ir por el trono. Eso fue justo después de que regresó de estudiar en el extranjero.
Kaylus pensaba que hasta ese viaje a estudiar afuera había sido una forma de escapar. Por eso, creo que hasta que mi hermano hizo esa movida inesperada, Kaylus tenía la intención de tratarlo con cierta cordialidad superficial, tal como hacía conmigo.
Los chismes en la corte volaron rápido. Y cuando vieron que el sirviente del Emperador se hacía el de la vista gorda con los que repartían el rumor, la cosa se dio por sentada.
Recordé el día del banquete por el regreso del Segundo Príncipe. Ese mismo día entendí que el Emperador lo había aceptado implícitamente al no negar ni mencionar aquel chisme.
Recordé el momento en que el Segundo Príncipe, ya bien alto y gallardo, se me acercó para saludarme. Seguía teniendo esa sonrisa amable, pero ya no se veía débil como antes.
[Creo que podemos saltarnos los saludos aburridos. Parece que tú también te diste cuenta al toque de quién soy, así como yo contigo.]
A estas alturas ya no hay marcha atrás. Es más, pensándolo bien, ¿qué voy a retroceder?
En vez de salir disparada del cuarto para buscar a Tenet haciendo un escándalo, elegí sentarme de nuevo en el escritorio, prestar atención a la voz del Emperador que salía de la esfera y hablar con él.
[Es cierto, estás hablando conmigo ahora mismo. ¿No es mejor que la magia? Sabía que alguien como tú se daría cuenta al instante.]
La primera impresión que tuve de Arenjul, el actual Emperador, cuando volvió de sus estudios, fue que se había vuelto imposible de leer. Mantenía esa formalidad típica de la realeza, pero ahora sonreía más, eso me daba una sensación bien rara, como un mal presentimiento.
Incluso cuando era príncipe, el Emperador siempre fue amable conmigo. Se hacía el que no se daba cuenta cuando yo le marcaba mi distancia, a veces hasta me lanzaba bromas con toda la concha del mundo, como si fuéramos íntimos. Bueno, así fue hasta que yo le fregué la pierna a su ayudante favorito.
Y ahora, el Emperador me está hablando con esa misma confianza de antes.
No se pone en plan autoritario como corresponde a su cargo, ni me está apurando con órdenes como suelen hacer los que están en el poder.
Sigue siendo experto en confundir a la gente.
Pero, gracias a eso, yo también pude calmarme.
—Ya entendí todo perfectamente. No hace falta que me siga explicando.
[Pensé que tendrías más curiosidad, es la primera vez que ves algo así, ¿no?]
Lamentablemente, parece que el Emperador no ha despachado a sus ayudantes. Se escuchó a lo lejos, como un eco, la voz suave de una mujer diciendo: —Majestad.
Era una voz que yo también conocía.
Luisa Asil. La ayudante del Emperador y, a la vez, la segunda hija del Conde Asil, a quien yo le lisié la pierna.
[Voy a tener que sacar a todos primero. Phil, no me mires así.]
Tras un momento de silencio, el Emperador mandó a salir a todos los que estaban con él, como si hubiera adivinado lo que yo estaba pensando.
[Y bien, Lady Faryl.]
Poco después, el Emperador volvió a hablar.
[Aunque nos saltemos las formalidades, lo educado es preguntar cómo estás, ¿no? Y no lo digo por cumplir, de verdad tenía curiosidad.]
—Pregunte con confianza.
Apenas dije eso, escuché desde el otro lado una pregunta con tono bien informal:
—¿Cómo has estado todo este tiempo?
Me quedé mirando la esfera blanquecina con la cara seria.
Él sabe perfectamente que el Duque me dio la espalda, así que dudo que me esté preguntando eso solo para fregarme la paciencia.
¿Debería ser sincera y decirle que, como él se hizo de la vista gorda, he estado bien bajo el cuidado del caballero Tenet?
Me quedé pensando y al final le respondí toda seca:
—He estado bien.
Hubo un silencio corto al otro lado y luego respondió:
—Ya veo.
Y de inmediato añadió:
[Lady, ¿exactamente en qué parte estás ahorita? Estás bajo techo, ¿verdad?]
—¿Puedo saber por qué me pregunta eso?
[Tú ya sabes. El caballero Tenet tiene muy buen oído.]
—…….
[Y yo quiero hablar contigo a solas. Preferiría que él no se meta en esto.]
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