Mi apacible exilio - 123
Por la rendija de la puerta, que estaba a medio abrir, se escuchaba el murmullo de una conversación.
Charlotte la había dejado así a propósito. Yuri agradecía el gesto, pero al mismo tiempo, le resultaba incómodo. Sin embargo, como no tenía sentido rechazar esa cortesía, se quedó callado escuchando lo que ambos decían.
Al contrario de lo que Charlotte esperaba —y de lo que Yuri aguardaba—, Rolan se mostraba dócil ante ella. Era evidente que le tenía una tirria tremenda a Yuri, así que uno pensaría que la criticaría o le reclamaría por estar con un tipo así; pero fue todo lo opuesto.
Y ese ‘opuesto’ era bastante extraño. No es que se solidarizara con Charlotte por la situación en la que estaba, sino que actuaba como si ya hubiera sabido que las cosas terminarían así.
Sea como sea, era para quedarse pasmado, lo segundo no era menos indignante.
—¿O sea que desde el principio sabía que Sir Yuri me buscaría?
En el momento en que él soltó eso de ‘sabía que ese desgraciado iría a buscarla, pero lamentablemente llegué tarde’, Charlotte no pudo aguantar más y disparó la pregunta.
A pesar del desconcierto, cambió el insulto de ‘desgraciado’ por un trato más formal.
Era una forma de darle a entender a Rolan: ‘No me importa lo que sientas, yo sí le tengo aprecio a ese hombre’.
—S-sí… T-todo este ti-tiempo… te-tenía… a la señorita… en la m-mira…
Rolan seguía hablando a duras penas.
—Su… su Excelencia… me lo… or-ordenó. Que… n-no dejara que… se acer-caran… a la se-señorita…
Mientras más se alteraba, más tartamudeaba, así que, a pesar de su agitación, no le quedaba otra que soltar las palabras con una lentitud desesperante.
Charlotte esperó con calma a que terminara de hablar y luego dijo:
—Entonces, su verdadera misión como escolta de Su Excelencia Caylus era esa. Vigilarnos para que Sir Yuri no se me acercara.
Intentó disimular, pero no pudo ocultar la indignación que sentía y terminó desviando la mirada hacia la nada. Luego, tomó aire profundamente y suspiró, como tratando de procesar todo.
Literalmente, se había quedado sin palabras. Había demasiadas cosas que la tenían descuadrada.
No sabía si sorprenderse porque Caylus ya estaba al tanto de los sentimientos ciegos de Yuri hacia ella, o porque ese mismo Caylus, que siempre había sido un frío y un indiferente con su propia prometida, se había tomado el trabajo de ponerle un vigilante para que no se vieran.
—N-no se re-refería… s-solo… a e-ese hombre. Me d-dijo que tuviera c-cuidado… es-especialmente… pero…
—Bueno, siempre hay tipos que se lanzan a una mujer que ya tiene prometido o esposo. Pero, ¿quién se atrevería a intentar algo con la mujer de un príncipe?
Rolan no era ningún tonto, así que entendió al toque lo que Charlotte quería decir.
Pero una cosa es no ser tonto y otra muy distinta es tener tino.
Aunque lo discriminaban por su origen, la verdadera razón por la que Rolan no encajaba con los otros caballeros era su falta de criterio.
Él era de los que, una vez que abrían la boca, tenían que soltar todo lo que pensaban, así fuera a trompicones.
—… N-no es e-eso.
Rolan lo negó de arranque.
Por más importante que fuera la persona frente a él, no tenía derecho a menospreciarlo sugiriendo que no había entendido bien las órdenes de su amo.
—Su… su Excelencia… lo d-dijo… porque u-usted, señorita… n-no se queda atrás…
—… ¿Yo? ¿Acaso dijo que soy una mujer regalada que se distrae con cualquiera?
Charlotte perdió la paciencia y soltó las palabras con una frialdad cortante.
A pesar de verle la cara de pocos amigos, Rolan siguió hablando con valentía.
—N-no es que… sea re-regalada…
—…
—Es que… u-usted… no sabe s-ser dura… con los que… la tra-tratan con ca-cariño.
Dicho de buena forma, era alguien sincero; dicho de mala forma, era alguien que no sabía cuándo callarse.
La razón por la que Caylus puso a alguien como Rolan al lado de Charlotte fue simple: sabía que era tan tímido que jamás se atrevería a dirigirle la palabra.
Además, como Charlotte acababa de notar, a pesar de su gran tamaño, Rolan pasaba casi desapercibido. Tenía ese talento para ocultar su presencia, como si hubiera nacido para ser un asesino.
—…
Charlotte se quedó callada un momento. Con la mirada perdida, se quedó mirando al vacío, como si no hubiera procesado lo que Rolan dijo.
Desde donde estaba, Yuri podía ver la espalda de Charlotte, sentada muy derecha y sin moverse un milímetro. Él estaba apoyado en la repisa de la chimenea, jugueteando con la navaja que había sacado del bolso de Rolan.
No se esperaba este giro, pero de todas formas, ese baboso había logrado arruinarle el humor a Charlotte. Yuri esperó pacientemente a que ella lo llamara. Estaba esperando que le dijera: ‘Mátalo’
—Yuri.
De pronto, escuchó su nombre en un tono bajo. Como si hubiera estado esperando ese momento, Yuri se acercó de inmediato a la puerta abierta.
Charlotte, que había estado en silencio todo ese rato, volteó lentamente para mirarlo.
Yuri lanzó una mirada indiferente hacia el responsable de haberle fregado el humor a Charlotte, sin decir ni una sola palabra.
—Es que no hay agua para tomar.
Charlotte miró de reojo a Rolan, que tosía como si fuera un tuberculoso en las últimas, volvió a mirar a Yuri para hablarle.
Él no dijo nada, solo asintió, llenó un vaso con agua fresca y se lo alcanzó.
Cuando vio que Charlotte se acercaba a Rolan sin pensarlo dos veces, Yuri se tensó por un instante, pero de inmediato se puso detrás de ella, como cuidándole las espaldas con total naturalidad.
Charlotte, primero, le limpió la comisura de la boca a Rolan con un pañuelo y hasta le sostuvo el vaso en los labios para que pudiera beber bien, ya que estaba amarrado de pies y manos.
Yuri no le quitó la vista de encima a cada uno de esos movimientos. Su mirada era de pocos amigos.
—Tome.
Desde que Yuri había entrado al cuarto y se había plantado detrás de Charlotte como marcando territorio, Rolan no había dejado de mirarlo con odio. Como si el agua que él trajo le diera asco, Rolan apretó los dientes, pero Charlotte le habló en tono de orden.
Como él seguía de terco, ella volvió a llamarlo por su nombre:
—Sir Rolan. Esta vez sonó bastante seria.
Yuri se quedó observando con gusto cómo ese tipo, aunque rabiaba por dentro, terminaba tomándose el agua que él mismo le había servido.
Recién cuando el vaso estuvo a la mitad, Charlotte retrocedió. Yuri recibió el vaso que ella le tendió y se hizo a un lado para que pudieran seguir conversando tranquilos.
Lo que vino después ya era de esperarse.
Charlotte le preguntó si Kaylus ya sabía que las cosas terminarían así. Para ser exactos, si él sabía que su padre la abandonaría y la echaría a un lugar como este.
Rolan negó con la cabeza. Soltó una respuesta que a Yuri le cayó pesado: dijo que, si lo hubiera sabido, él mismo se habría encargado de ella antes de que apareciera un tipo como Yuri.
Luego vino el interrogatorio de por qué demonios usaron el secuestro como medio. Rolan, sin una pizca de arrepentimiento, alegó que no pensó que esos tipos fueran tan brutos.
Y añadió, con un aire bastante asesino, que si hubiera sabido que eran así de lerdos, él mismo les habría cortado el cuello. Dijo también que, desde el principio, ese método no le cuadraba.
Era obvio quién lo había presionado para usar tácticas tan engorrosas: su amo, Kaylus, el mismo que ordenó que se trajeran a Charlotte.
Rolan hablaba como si todo fuera culpa de Yuri, aunque no lo dijera directamente. En ese punto, a Charlotte no le fue difícil adivinar por qué Kaylus prefirió ese método. La razón para sacarla de ahí sin que Yuri se diera cuenta era, precisamente, porque no quería que su hermano menor, el Emperador, se enterara de sus movimientos.
¿Será porque no quería que lo vieran protegiendo a la prometida con la que ya había roto? No, Charlotte pensaba que había algo más detrás de eso.
—Así como usted andaba rondándonos sin que nos diéramos cuenta, nosotros también sabemos todo sobre lo que ha estado haciendo.
—Tenía que confirmarlo, ¿no? Las cosas imperdonables que mi padre hizo en estas tierras.
Rolan no dijo que sí, pero tampoco lo negó.
—Y-yo… s-sobre e-eso… no s-sé los de-detalles.
—…
—S-solo… que s-si venían los m-magos… te-tenía que se-seguirlos…
Rolan, que seguía soltando todo lo que pensaba, se calló de golpe como dándose cuenta de que había metido la pata.
Fue una reacción tardía. Miró con desconcierto hacia la rendija de la puerta y luego miró a Charlotte como si ella tuviera la culpa.
Charlotte lo miró con total calma y soltó un:
—Ya veo. Como si con eso le bastara.
—Entonces, como ese asunto ya terminó, por eso volvió a buscarme.
—… Me d-dijo que… c-como sea… la lle-llevara con él…
—O sea que Su Excelencia volvió a dar esa orden.
concluyó Charlotte con la cara bien fría.
Como si ya hubiera tenido suficiente, Charlotte se levantó de su asiento. Rolan se quedó mirando lo distinta que estaba ella de como la recordaba —especialmente por lo indiferente y hasta cortante que se portaba— y soltó desesperado:
—¿U-usted… ya co-conocía a e-ese tipo de a-antes?
—¿Su Excelencia no se lo dijo? O quizás ni él mismo lo sabía.
Charlotte no le dio una respuesta directa, sino que soltó eso primero y luego respondió con sencillez:
—Era un amigo que conocí de niña, hace tiempo.
Se escuchó el chirrido de la silla al retroceder y Charlotte se puso de pie por completo.
Desde donde estaba Yuri, podía ver su espalda recta. Al escuchar la palabra ‘amigo’, su expresión se quedó un poco en blanco.
Pero con lo que vino después…
Rolan, al confirmar que Charlotte no tenía ninguna intención de regresar con él, usó su último recurso y soltó:
—Su… su Ex-excelencia… n-no se va a r-rendir con u-usted.
En ese instante, la cara de Yuri se deformó por completo.
Madara Info
Madara stands as a beacon for those desiring to craft a captivating online comic and manga reading platform on WordPress
For custom work request, please send email to wpstylish(at)gmail(dot)com