Mi apacible exilio - 118
Tal como él mismo dijo, era una historia difícil de procesar.
Lo que él vivía a diario, como los Gates o los monstruos, era lo de menos; eso al menos se sentía real. Pero su origen, o lo que el Sumo Sacerdote decía sobre su supuesta naturaleza divina, era de otro nivel. Desde que el Reino Sagrado cayó, Dios se volvió para la gente un ser a la vez más cercano y más lejano. Los templos que apenas mantenían algo de poder en el Imperio ya no hablaban de milagros como antes; por eso, para la gente de hoy, Dios era casi un mito sacado de las escrituras o de las leyendas de la primera Emperatriz y la Santa.
Incluso para mí, que rezaba todos los días, era igual. Rezaba a diario por un mañana tranquilo, pero en el fondo no esperaba que ella me respondiera de verdad.
—…… Lo siento.
—…….
—Siento no habérselo dicho antes.
Tenet se disculpó con total parquedad.
—Como le dije, pensé que lo tenía bajo control.
—O sea que, si ese monstruo no se me hubiera tirado encima, usted nunca me lo habría contado
—Ni siquiera después de lo nuestro, ni aunque llegáramos al punto de planear un futuro juntos.
—…….
—Se lo habría guardado para usted solo, por siempre.
Mentiría si dijera que no me sentía un poco asada, pero igual pensaba decirle: ‘Gracias por contármelo ahora. Gracias por confiarme algo tan íntimo como tu origen, aunque sea algo que odies recordar’.
Pero la reacción del hombre fue totalmente inesperada. Pensé que se pondría cabizbajo y pediría perdón otra vez, o que repetiría eso de que lo ‘habría solucionado antes de que yo me enterara’.
Sus ojos, que me habían estado mirando como embobados, se ensombrecieron apenas mencioné lo de ‘un futuro juntos’. Pero luego, su mirada se volvió extrañamente seca. Se quedó sin expresión alguna.
—…… ¿Qué pasa?
Fue solo un instante, pero pude ver clarito una especie de frustración en sus ojos indiferentes.
—¿Se arrepiente? ¿Está pensando que mejor no me decía nada?
—No es eso.
—Me dijo que tenía curiosidad por mi reacción, ¿entonces no esperaba que reaccionara así?
—No. No es eso.
Él lo negó una y otra vez mientras bajaba mis manos de sus mejillas. Yo retiré las mías de inmediato, ignorando cómo sus dedos largos intentaban entrelazarse con los míos por inercia. Recién ahí me miró de frente.
—Es que sabía que esto pasaría. Que se iba a preocupar y a poner ansiosa por cosas que ni siquiera han sucedido todavía.
—No creo que alguien que apareció hace poco cubierto de sangre sea el más indicado para decirme eso.
—Eso fue porque su situación se salió de mis cálculos.
—…….
—No la estoy culpando. Recuerdo bien que usted me pidió que no interfiriera en sus asuntos.
La conversación se volvió un círculo vicioso, igual que aquella vez. La única diferencia era esa frialdad que vi en su cara hace un momento; me dejó con una duda que no se me quitaba de encima. Ni siquiera sus explicaciones lograron calmarme del todo.
—Solo quería que se quedara tranquila. …… Porque ya entendí cómo mi lado más miserable puede afectarla a usted, princesa.
Lo último lo dijo casi en un susurro. No me lo decía a mí; hablaba mirando hacia mis pies, exactamente hacia la sombra larga que se proyectaba desde ahí. Sus palabras intentaban calmarme, pero en realidad le estaba lanzando una advertencia a la bestia que se escondía en mi sombra.
—De ahora en adelante, me voy a portar como un verdadero ser humano.
Con esa frase, la duda que me carcomía se esfumó de golpe.
—Pero si usted ya se porta muy bien. Sabe perfectamente que afuera hay gente que se comporta peor que los animales.
—…… Ah.
Un segundo después, él me miró y respondió:
—Sí.
como si por fin entendiera, regalándome una sonrisa bastante tierna.
Entendí al toque que el significado de ‘ser humano’ para él no era el mismo que para mí. Pero no supe cómo reaccionar. Después de todo, acababa de escuchar la historia de su misterioso y trágico nacimiento.
—…¿Usted mismo…
—…….
—… cree que no es un ser humano?
La pregunta salió despacio. La solté después de dudarlo una y otra vez. Sin embargo, el hombre, al escucharla, ni siquiera se inmutó.
—…….
Me imaginé que no iba a saltar con un ‘claro que soy humano, por Dios’. Me quedé mirándolo desde abajo, con la cabeza un poco ladeada, mientras él se hundía en el silencio.
—… Tal vez…
—Tal vez realmente tenga sangre de algo que no es humano corriendo por sus venas
completé yo, con total calma, lo que él estaba por decir.
Si alguien nos escuchara, pensaría que son diálogos de una obra de teatro; era una conversación totalmente fuera de la realidad.
—¿Incluso si soy así… está usted de acuerdo con esto?
De pronto, me dio la impresión de que este hombre era como un niño. No es que se portara como un chiquillo malcriado, sino que sentía que era bien inexperto en eso de tratar con las personas.
—¿No cree que ya es un poquito tarde para preguntar eso?
—…….
—Por lo menos debió decírmelo antes de que pasáramos la noche juntos.
En lugar de pedir permiso o avisar, recién ahora sacaba sus peores cartas y me miraba con esos ojos de ‘¿me vas a dejar?’. Era una actitud tan unilateral y egoísta… Si hubiera sido antes, probablemente me habría espantado y mandado todo a la rodaja.
Pero ahora ya conozco su trasfondo. Sé perfectamente cómo ha vivido y los muros que ha levantado contra todo el mundo, menos conmigo. Aunque, pensándolo bien, me siento un poco estafada.
—Lo siento.
Lo dije medio en broma, pero con su toque de verdad, él se disculpó al toque. Siempre he sentido que, para pedir perdón, nadie le gana. Y encima te pone esa cara que parece tan sincera que hasta te hace sentir mal a ti por reclamar.
‘Si no te hubiera ampayado, si no te hubiera presionado, te habrías quedado callado para siempre’, quise decirle, pero preferí guardármelo.
—No se preocupe.
Extrañamente, me sentía aliviada. Era como si mis propias acciones —el haberlo besado así de la nada y haber jugado con él mencionando un futuro incierto— hubieran recibido una especie de perdón. Al final de cuentas, los dos estamos en las mismas.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Terminamos rápido de ver el paisaje. No sentí que hubiéramos hablado tanto, pero el sol ya amenazaba con esconderse.
‘Qué corto es el día’, me quejé para mis adentros mientras miraba el cielo que empezaba a ponerse rojizo y grababa en mi memoria la imagen de ese lago que desbordaba silencio. Recién ahí, empecé a caminar siguiendo los pasos de Tenet.
Apenas llegamos a la villa, me tiré a la cama, muerta. Tenet me dijo que sí o sí tenía que cenar, pero le respondí cualquier cosa por cumplir mientras miraba con ojos pesados el fuego de la chimenea.
Mis pensamientos se dispersaron por todos lados. Todo esto me seguía pareciendo un mundo aparte, pero ya no sentía esa indignación ni me daban ganas de soltar una risa burlona como cuando recién me enteré.
Lo que para cualquiera sería un drama épico de novela o una tragedia de teatro, para ese hombre era su cruda realidad. Y desde el momento en que decidí estar con él, también se volvió la mía.
Me quedé dándole vueltas a su historia. ¿Era posible que una simple sacerdotisa, sin tener el poder de una Santa, sobreviviera un año entero tras ser tragada por un Gate? Quizás solo tuvo suerte, quedó atrapada en el borde y logró salir rápido para salvar su vida. Y si fue así, tal vez simplemente conoció a un hombre común y se enamoró.
Pero… si ese fuera el caso, no habría tenido ninguna necesidad de volver al templo. Sus pasos eran fragmentados, un misterio total. De pronto, mis pensamientos saltaron a aquello que yo misma acababa de mencionar: ‘lo que no es humano’.
—Charlotte.
—…….
Tenet movió su mano frente a mis ojos con cuidado. Parece que me había llamado desde atrás y no lo escuché. Cuando me concentro en algo, el mundo desaparece. Me quedé mirándolo, notando cómo ya había aprendido a tratarme con bastante maña.
—La cena ya está lista.
—…….
—¿En qué estaba pensando?
Seguía echada en el sofá, casi como si me hubiera quedado dormida, le respondí sin moverme:
—… En los demonios.
Lo solté así, como quien no quiere la cosa. Hoy en día, los demonios son considerados seres tan lejanos como la misma Diosa. Sobre todo después de aquel pasaje de las escrituras que dice que, tras la derrota del Rey Demonio, todos sus seguidores se esfumaron sin dejar rastro.
—…….
Él no se rió. Me miró con esa misma cara inexpresiva de hace un rato.
—Dicen que, antes de que vencieran al Rey Demonio, ellos cruzaban a este lado a cada rato para atormentar a la gente. Decían que cada vez que alguien sentía envidia o una furia incontrolable sin razón, era obra de un demonio.
Así es como los describen los libros sagrados. No son como las bestias que te devoran o te atacan de frente.
—Decían que, por fuera, se ven igualitos a nosotros. Que incluso había demonios que vivían camuflados entre los humanos.
—Sabe usted bastante del tema.
—Es que leí sobre eso hace tiempo. Hubo una época en la que devoraba cualquier libro que me cayera en las manos.
Recordaba haberlo disfrutado. Era como leer historias de terror, me resultaba súper interesante.
—Dicen que, aunque tengan cuerpo humano, no sienten nada. No conocen el amor ni tienen compasión por nadie. Por eso, antes, cuando veían a alguien demasiado frío o desalmado, lo acusaban de ser un demonio
—…….
Él no reaccionó. Solo me miraba desde arriba, en total silencio. De pronto me detuve, dándome cuenta de que acababa de enumerar puras características que encajaban perfectamente con él.
—Pero como eso no bastaba para estar seguros, después inventaron otra forma de reconocerlos.
—…….
—¿Sabe cuál era?
—No.
Me incorporé despacio en el sofá y me senté derecha.
—El corazón. Decían que, sin importar la situación, su corazón nunca latía rápido. Ni cuando estaban acorralados a punto de morir, ni cuando estaban que reventaban de cólera.
El hombre, que me había escuchado sin decir pío, soltó una risita como si no le diera importancia. Luego, se inclinó hacia mí.
—¿Quiere ponerme a prueba?
—…….
Lo miré sin responder. Tenía una sonrisa en los labios, pero no se veía para nada alegre. Aun así, su actitud era de total apertura, como si no tuviera nada que esconder.
—¿Y cómo lo haría?
—No sé. Como usted quiera.
Lo pensé un segundo y acepté.
—Ya.
Me acerqué a él sin dudarlo. Tenet se quedó quieto. Al escuchar mi ‘ya’, se me quedó mirando fijamente, esperando mi siguiente movimiento.
No parecía que estuviera decepcionado ahora. Solo me miraba fijamente, como si me estuviera analizando.
—Cierre los ojos.
No sé si él se dará cuenta, pero en momentos así, este hombre emana una presencia imponente, casi como la de un depredador. Es algo que le nace, una superioridad natural.
Él obedeció y cerró los ojos sin chistar. Recién ahí, estiré mi mano hacia él.
—… Charlotte.
Justo antes de tocarlo, abrió la boca para llamarme.
—En el bolsillo de mi pantalón tengo un cuchillo.
—… ¿Me está diciendo que lo apuñale?
—Solo le informo que ese método también existe.
—O sea que no le importa si lo hincó.
—…….
Justo cuando creo que ya me acostumbré a él, me sale con estas cosas que me dejan fría. No dije nada ante su silencio, que era como un ‘sí’, bajé la mirada.
Mis ojos se detuvieron un momento entre los dos botones desabrochados de su camisa y luego subieron. Ahí estaba ese rostro hermoso que, por más que lo vea, siempre me deja admirada.
No hubo ningún sonido exagerado de beso. Solo fue el roce ligero de mis labios secos contra su mejilla antes de separarme; a lo mucho, él habrá sentido apenas una pequeña caricia en la piel.
—…….
Él abrió los ojos y me miró.
—No necesito ponerlo a prueba para saberlo.
—…….
—Ya escuché de sobra cómo le retumbaba el corazón la otra vez.
Le dije con total indiferencia.
—…….
Parece que recién ahora el hombre procesó lo que estaba pasando. Esa sonrisa fría que tenía desapareció por completo y su cara se desencajó totalmente.
Madara Info
Madara stands as a beacon for those desiring to craft a captivating online comic and manga reading platform on WordPress
For custom work request, please send email to wpstylish(at)gmail(dot)com