Mi apacible exilio - 117
El hombre habló:
—Mi madre se llamaba Elena Tenet. Era sacerdotisa en el templo de Maia y poseía poder sagrado, algo que ahora es todavía más difícil de encontrar.
—…….
—Es la típica historia. Ella iba a la cabeza de las expediciones para aniquilar monstruos junto a los paladines, al poco tiempo fue tragada por un ‘Gate’ y desapareció.
—…….
—Decían ‘desaparecida’, pero todos la daban por muerta. Sin embargo, después de un año, dicen que regresó de la nada.
Había pasado hace apenas unos veinte años. No era difícil de imaginar.
—¿Usted estaba con ella, caballero?
—Sí. Regresó conmigo, que en ese entonces era un recién nacido.
Dijo que, por aquel entonces, la Iglesia estaba más desmoronada e inestable que ahora. Yo sabía más o menos qué personalidad adoptan los grupos cuando están en ese estado. Seguramente el sentimiento de indignación por haber ‘faltado a su castidad’ siendo una servidora de Dios fue extremo. Si ahora siguen siendo conservadores y cerrados, en ese tiempo debió ser mucho peor.
—La habrán botado, imagino.
—Técnicamente fue un poco distinto, pero por ahí va la cosa.
—No me sorprende. No les importó si sobrevivió de milagro o no; para ellos, ella simplemente rompió las leyes sagradas y punto.
—No. También fue por eso, pero hubo algo más.
Lo miré en silencio, indicándole que continuara.
—Seguro fue porque regresó viva de un Gate. Es raro, pero de vez en cuando hay gente que cruza al otro lado y logra volver. Aunque nunca hubo un caso como el de esa mujer, que volvió después de haber desaparecido un año entero.
Tenet me miró y preguntó con total calma:
—¿Sabe usted qué hace la Iglesia con esa clase de gente?
Iba a responder de inmediato, pero me quedé callada al oír la palabra ‘procesar’. Era obvio que no se referían a nada amigable.
—Iba a preguntar si no los purifican usando el poder sagrado o la ayuda de los magos.
—Si fuera alguien importante para la Iglesia, claro que lo harían. Pero a la mayoría, la Iglesia los mata.
—…….
—Hay quienes dicen que es su ‘manera humanitaria’ de hacer las cosas. Total, aunque regresen vivos, la mayoría está infectado por la energía demoníaca y terminan muriendo poco a poco entre sufrimientos.
—Usted dijo que a los importantes los purifican. A los demás los matan para deshacerse de ellos antes de que propaguen la energía demoníaca, ¿no?
Como si estuvieran limpiando basura contaminada.
Sentí la mirada fija de Tenet mientras yo murmuraba eso con cinismo. Él, como si nada, continuó:
—Sí. Por eso, la mayoría de los que regresan vivos prefieren escapar para no caer en manos de la Iglesia. Pero esa mujer no huyó. Bueno, después se escapó sin dejar rastro, pero al principio apareció como si nada, sin rastro de contaminación; dicen que hasta se veía descaradamente sana.
—…….
—Menos mal que uno de los caballeros que estuvo con ella cuando desapareció seguía vivo, porque si no, la habrían tratado como una sobreviviente sacrílega. En fin, ella desapareció tan de repente como cuando llegó, sin dar tiempo a que la siguieran.
De pronto, un vaso apareció frente a mí: tac. Me asusté un poquito. Traté de disimular y tomé el vaso. Tenet sacó su cantimplora con naturalidad y llenó mi vaso con agua: glu, glu.
—¿Y el hecho de que la madre de su señoría estuviera ilesa después de estar en ese lugar…?
—…….
—¿Fue por ese poder sagrado que dicen que tenía?
El agua estaba algo tibia. Me picó la garganta por la inflamación que arrastraba desde anoche.
—Quién sabe. Si hubiera tenido tanto poder, no habría sido una simple sacerdotisa, sino una Santa, ¿no cree?
—…….
—En fin, hasta aquí llega lo que pude sacarle a la gente de la Iglesia, incluyendo al Sumo Sacerdote. Es el resumen de lo que pasó en ese entonces, filtrando lo más que pude las mentiras intencionales de esa gente… Aunque, claro, tampoco puedo decir que sea una versión exacta por cómo se deforma la memoria con el tiempo.
—¿Y qué pasó con usted después, caballero?
—Esa mujer buscó a su hermano, que era un borracho. Y al final, murió de tuberculosis, nada que ver con signos de contaminación demoníaca. Ese borracho fue quien se hizo cargo de mí.
Hubo un silencio largo.
Me quedé mirando al hombre sin atreverme a decir nada. Estaba por decirle que ya era suficiente información, pero desde el otro lado, su mirada insistente se clavó en mí, como si estuviera esperando que yo le preguntara algo más.
—¿Y ese tío… qué clase de persona era?
—El típico malnacido.
Con eso bastaba.
No quise escarbar más y le dije un simple:
—Ya veo.
—Gracias por contármelo, me imagino que no ha sido nada fácil hablar de eso.
—Sí. No quería hablar de eso.
Siempre me pasaba lo mismo con él; tiene esa forma de responder que te deja totalmente descolocada. Pero supongo que, después de pasar tanto tiempo juntos, ya le agarré el ritmo. Sin mostrar que me había dejado fría, terminé de tomar mi agua.
—No quería contarle una historia tan sombría y vulgar… y menos a usted.
—¿Sombría y vulgar…? Pero si antes me contaba sus historias de cuando era aprendiz sin problemas.
—Sí. En ese entonces me pareció que eso estaba bien, además, tenía curiosidad por ver cómo reaccionaba.
Él volvió a llenar mi vaso vacío como si nada.
—Es que, en ese tiempo, estaba desesperado por que me tuviera lástima.
—…….
—Pensé que esa era la forma más fácil de ganarme su cariño; no estaba muy cuerdo que digamos.
—El cariño y la lástima son cosas muy diferentes.
—…Sí. Ahora lo sé.
Terminé de tomarme el resto del agua y puse el vaso en la mesa. Luego, apoyé la barbilla en mi mano y me quedé mirándolo.
—Entonces, aunque ahora no quería hacerlo, lo hizo solo por mí, ¿verdad?
—…….
Tenet parpadeó un momento, guardando silencio.
—…Supongo que, en el fondo, sentía la misma curiosidad de antes.
—…….
—Quería ver cómo reaccionaría usted ahora.
Recién ahí entendí por qué, mientras me contaba su pasado —ese que decía que ni quería mencionar— como si fuera el problema de otra persona, me escaneaba la cara a cada rato.
¿Me estaba preguntando qué me parecía todo esto? ¿Debería poner cara de sorpresa y consolarlo como la otra vez, o debería mostrarle una cara de asco, dándole la razón en eso de que su historia es ‘vulgar’?
La verdad, no quería hacer ninguna de las dos cosas.
—Como le dije hace un rato, gracias por contármelo.
repetí, manteniendo la calma.
Él se me quedó mirando largo rato con una expresión extraña.
—Y bien, ¿me va a explicar qué tiene que ver todo esto con que esa bestia quiera matarlo?
—Eso ni yo mismo lo sé bien. La primera vez que salí a una expedición de aniquilación, esa bestia vino a mí por su cuenta y me dijo que ella era ‘la última misericordia’ enviada por Dios.
—…….
Puse cara de no entender nada y le pregunté:
—¿Misericordia?
—Sí. Dijo que me vigilaría y que, si cruzaba la línea, me mataría.
Era una historia todavía más confusa y fantasiosa que la anterior. Hice un esfuerzo por procesarlo todo tal cual y tratar de ordenarlo en mi cabeza.
—¿Y qué significa exactamente eso de ‘cruzar la línea’?
—Quién sabe. Esa cosa no es de las que habla con mucha amabilidad.
—O sea que, para usted, Roy es como… un enviado de Dios… o algo así.
—¿Un ‘enviado’?
—No se burle, por favor.
De pronto, sentí como si me hubieran tirado de cabeza dentro de una novela de fantasía súper rebuscada. Me sobé la barbilla con una expresión de total incredulidad.
—¿No le parece que usted es el que está siendo gracioso ahora? Esto suena a un cuento chino mucho más grande que el de hace un rato.
—… Bueno, es que yo he visto parte de eso con mis propios ojos.
—…….
—Y también sé muy bien que usted, caballero, no es de los que andan soltando tonterías o inventando cuentos por las puras.
Pero, obviamente, era una historia difícil de tragar. Ahora entendía por qué Tenet me había dicho antes que esto no me iba a cuadrar para nada. Miré en silencio hacia el rincón donde Roy había sido arrojado hace un momento. La bestia, que apenas era del tamaño de un puño, se había esfumado hace rato. ¿A dónde se fue?
—Seguro se ha metido en su sombra.
—…….
—Lo último que le dije, mejor ignórelo. Ni yo mismo me lo creo.
—… Pero…
—No volverá a pasar lo de la otra vez. Esa bestia suele estar tranquila, a menos que yo pierda los papeles.
Me quedé pensando en silencio un momento y luego le pregunté:
—¿A eso se refiere con ‘cruzar la línea’?
—…….
El hombre no respondió. Parecía que no encontraba las palabras para negarlo. Lo miré con una expresión extraña, recordando el momento en que lo vi por primera vez al llegar aquí, justo cuando él ‘cruzó la línea’.
Siendo sincera, me dio miedo. Aunque en ese entonces estaba tan dolida y asada que le grité hasta olvidarme de ese temor.
—O sea que, en resumen, por más que mate a esa bestia una y otra vez, va a estar pegada a usted toda la vida y lo va a atacar cada vez que pierda el control.
—No será toda la vida. Algún día la voy a desaparecer de verdad; estoy buscando la forma.
—…….
—Por ahora la he dejado que crezca porque me era útil de cierta forma, pero de aquí en adelante, cada vez que aumente de tamaño, tendré que…
El hombre se calló de golpe. Se quedó tieso mientras yo le agarraba ambas mejillas con mis manos.
—Eso de Dios y no sé qué más… la verdad, no lo entiendo bien.
—…….
—Pero el punto es que usted ha estado viviendo todo este tiempo con esa ‘bomba de tiempo’ al lado, ¿no?
Seguí hablando mientras apretaba con más fuerza mis manos contra sus mejillas.
—¿Por qué recién…?
—…….
—Recién ahora me lo dice.
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