Mi apacible exilio - 111
Era un calor que nunca antes había sentido. Por eso, en cuanto ella se acercó y lo abrazó de golpe, Yuri se quedó tieso. Ni siquiera pudo escuchar bien cuando ella le susurró un ‘lo siento’ mientras lo rodeaba con sus brazos.
Con una cara un poco perdida, Yuri se quedó mirando el cabello rubio y ondulado que tenía frente a sus ojos. Era un rubio con destellos rojizos, igual que el color de sus ojos; podía ver cada hebra delgada y algo quebradiza de su melena. Como no podía ni responder y solo atinaba a parpadear, una lágrima que se había estado acumulando terminó cayendo sobre el cabello de ella.
Estaba llorando.
Para Yuri, llorar era una de las cosas más patéticas que alguien podía hacer. No importaba si era él mismo o el resto, siempre le pareció una muestra de debilidad total. Pero ahora que se había dado cuenta de que estaba llorando, las lágrimas empezaron a correr sin que pudiera controlarlas.
‘No me veas’. Por eso, estiró los brazos de un tirón y también abrazó a Charlotte. En su cuello sentía el roce del cabello de ella y su respiración, lo que le daba un cosquilleo extraño.
—Está bien.
dijo Yuri por fin.
—Ya que me estás sacando de aquí a la fuerza, vas a tener que hacer todo lo que yo diga. De ahora en adelante, tienes que venir a verme más seguido. Y si lloro, tienes que consolarme así como ahora, por tu cuenta. Y cuando digo ‘de ahora en adelante’, no hablo de unos años… hablo de ‘toda la vida’.
Para cuando terminó de hablar, ya no quedaban lágrimas. Charlotte lo miró fijamente mientras él recitaba sus condiciones con una cara totalmente inexpresiva, como si nunca hubiera llorado.
Charlotte se quedó en silencio un buen rato. Le pareció escucharla murmurar algo como que él no estaba bien de la cabeza, pero a Yuri no le importó; solo se quedó esperando una respuesta.
Ella pareció pensarlo por un momento. Tras sostenerle la mirada —como si estuvieran en un duelo—, Charlotte finalmente respondió:
—Ya, está bien. Lo haré.
No importaba si lo decía solo porque quería salir de ahí rápido o si lo decía de corazón. Para Yuri era suficiente con que ella hubiera aceptado sus exigencias desmedidas de alguna manera.
Sin embargo, se quedó tan anonadado al escucharla que, en lugar de alegrarse, se quedó petrificado. Charlotte lo tomó de la muñeca y lo jaló de nuevo hacia la puerta. Esa puerta que no se movía por más que ella la jalara, se abrió suavemente apenas Yuri puso la mano encima. Charlotte soltó un ‘¡Ja!’ de incredulidad y siguió arrastrándolo por el pasillo.
Era un corredor larguísimo que parecía no tener fin. Pero ahora, por primera vez, se veía la salida al fondo.
Yuri se quedó mirando la nuca rubia de Charlotte mientras caminaba delante de él. Se preguntaba por qué ella no preguntaba nada. Ni dónde estaban, ni qué le había pasado exactamente a él. ¿Por qué se había ofrecido a ayudarlo así, sin más ni más?
Pronto llegaron a la puerta por donde ella había entrado. Justo antes de salir, Charlotte jaló la mano que tenía sujeta para traerlo hacia ella. Como siempre, no tenía mucha fuerza, pero Yuri se dejó llevar de buena gana y se paró frente a ella. Charlotte le soltó la mano y, de repente, le agarró las mejillas con ambas manos.
—Tú también júramelo.
Sus manos estaban frías. Los ojos rojos que lo escudriñaban también estaban fríos.
—No dejes que esa gente hable de ti como les dé la gana. No dejes que te manipulen.
Mirando hacia atrás, Yuri pensó que quizás ella se lo decía a él, pero también se lo decía a sí misma. Charlotte estaba tan flaca que parecía que se iba a caer si la empujabas, y siempre se veía algo desganada, pero en ese momento fue diferente.
Se veía más firme que nunca. Yuri, como hechizado, se quedó mirándola a los ojos y asintió lentamente.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Era increíble lo que significaba ser alguien ‘noble’ desde el nacimiento. En uno de los libros que ella le había leído, había una historia sobre un hombre de origen humilde que hacía fortuna y se mataba intentando convertirse en aristócrata; recién ahora Yuri entendía por qué ese protagonista se esforzaba hasta la terquedad por algo así.
Personas que normalmente ni lo habrían mirado —o que habrían ocultado cualquier incidente— ahora escuchaban con atención lo que Yuri decía, e incluso le pedían perdón por haber permitido que esos tipos entraran al templo así como así. Era una sensación extraña, algo que nunca había sentido. Claro, algunos pedían disculpas con una cara de pocos amigos, pero verlos expresar su ‘pesar’, fuera sincero o no, le daba entre risa y una curiosidad muy rara.
Tal como prometió, todo fue mérito de Charlotte. Como ella siempre se quedaba en esa capilla cuando venía, planteó el escándalo de qué habría pasado si ella hubiera estado ahí en ese momento. ‘Así que este es el poder que te da tener un apellido importante’, pensó Yuri, mirando con indiferencia a los sacerdotes que no sabían ni dónde meterse de los nervios.
Resultó que los tres tipos eran, tal como Yuri sospechaba, miembros de la Orden de Caballeros de Atanas. Se decía que habían desaparecido tras ser succionados por un ‘Portal’ y que luego reaparecieron. Para ser exactos, volvieron pidiendo ayuda a gritos, pero los habían abandonado a su suerte.
Yuri no sabía cómo esos desterrados lograron colarse en el templo, ni le importaba. El caso es que lo buscaron a él como su última esperanza. Dijeron que, si él no podía salvarlos, planeaban matarlo y masacrar a todos en el templo. Uno de los tres murió en el acto a manos de Yuri. Los otros dos sobrevivieron por las justas, pero después de los interrogatorios, se los llevaron directo al sótano. ‘Seguro ya están muertos’, pensó Yuri con naturalidad mientras escuchaba lo que le contaba Ethan.
Como todo pasó dentro del templo, nada se filtró al exterior; lo manejaron todo bajo la mesa. Eso sí, reforzaron la seguridad y a Charlotte le asignaron tres guardaespaldas más.
Cuando ya todo se estaba calmando, el capitán de la Orden mandó llamar a Yuri. Era un hombre de mediana edad con una apariencia tan bondadosa que costaba creer que fuera el mismo que había abandonado a sus propios hombres moribundos. Él no fingió pesar ni le dio una disculpa formal como los demás. Simplemente lo miró con curiosidad. Le hizo un par de preguntas para ver si Yuri tenía algún síntoma después de haber sido bañado por la sangre contaminada por la energía oscura, pero como lo vio enterito, no insistió más. Al final, lo buscó solo por interés científico o militar.
El tiempo pasó volando y llegó la primavera. El ambiente tenso del templo por los incidentes pasados ya había vuelto a la normalidad, pero desde entonces, los sacerdotes ya no se atrevían a tratar a Yuri como a cualquier cosa. Y a él eso le gustaba bastante.
Charlotte seguía igual. Siempre estaba ahí sentada pasando el tiempo, viniera él o no. Recién cuando Yuri le contó que existía la posibilidad de entrar como aprendiz en la Orden de Caballeros, ella puso una cara de preocupación.
—¿De verdad te parece bien eso?
—¿Qué cosa?
—Hablo de esa Orden. Es un grupo que abandonó a sus propios miembros solo porque estaban contaminados.
‘A mí me da igual’, estuvo a punto de decir Yuri, pero se limitó a responder:
—Todavía no es nada seguro.
Charlotte quiso decir algo más, pero se calló. Se dio cuenta, un poco tarde, de que Yuri casi no tenía otras opciones para elegir. Se llevó la mano a la boca, esquivando la mirada como si se hubiera arrepentido de sus palabras, y solo soltó un:
—Ya veo.
—¿Y todavía piensas irte de aquí?
Yuri miró hacia el horizonte y asintió:
—Sí.
Charlotte sonrió, como si esa respuesta por fin la dejara satisfecha.
—¿Y ya decidiste qué vas a hacer?
—No.
—Tienes que armar un plan fijo. Me preocupa que ese capitán le haya puesto el ojo a alguien como tú.
—Si no tengo a dónde ir, iré contigo.
Charlotte se quedó parpadeando un buen rato, como si no hubiera procesado bien las palabras de Yuri.
—Solo tengo que convertirme en caballero de alguna forma y entrar a trabajar para tu familia, ¿no?
—……..
Su cara, que antes parecía la de alguien escuchando las ocurrencias de un niño travieso, se puso fría como el hielo apenas escuchó eso de ‘tu familia’.
—No. Ni hablar.
—……..
Yuri se quedó mirando la expresión gélida de Charlotte, totalmente desconcertado.
—A mi casa no puedes ir. Incluso si llegara a pasar algo así……..
ella hizo una pausa y miró hacia la distancia. Cuando volvió a mirarlo, se veía molesta; pero no era un simple enojo.
—Si terminas yendo ahí, no te vuelvo a ver nunca más.
Lo dijo con una expresión de orgullo profundamente herido.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Chis, tras. La última chispa saltó y se apagó.
Yuri se despertó con ese sonido y se levantó tambaleándose. Al desaparecer el ruido de la chimenea, no se oía nada más que el rugido del viento afuera. Un viento que soplaba con una fuerza inquietante.
Sus ojos se acostumbraron rápido a la oscuridad. Caminó pesadamente hacia la chimenea, puso leña nueva y avivó las brasas. Por la falta de luz, era obvio que apenas había dormido unas horas, pero tenía la mente despejada; tan lúcida y alerta que llegaba a ser irritante, como si se hubiera tomado un frasco entero de estimulantes.
Se acercó de nuevo a la cama y se sentó en un rincón. Estiró la mano para acomodar las botitas que ella había dejado tiradas por ahí. Cerca de sus manos, asomaba un tobillo blanco y pequeño; jaló la sábana para cubrirlo bien.
Yuri se quedó sentado, frotándose el tabique de la nariz. Qué raro era recordar cosas de hace tanto tiempo… No entendía por qué, de pronto, su pasado se le aparecía hasta en los sueños.
Tras sacudirse esos pensamientos, se inclinó hacia un lado. Ahí estaba ella, durmiendo totalmente indefensa, con sus rizos desordenados por toda la almohada. Él acarició su mejilla con sus dedos grandes, sintiendo su respiración débil, y luego bajó la mano hasta su cuello para sentir el latido constante de su pulso.
Incluso después de quitar la mano, se quedó un buen rato observándola, como quien admira una obra de arte. Pero pronto, esa imagen de paz empezó a superponerse con los recuerdos de ella muriendo.
Recordó cuando ella casi se apaga por la fiebre apenas llegaron a ese lugar. ‘No quiero nada de esas cosas que usted dice, Sir Yuri’
Y recordó cuando la vio ahogarse, con la piel azul por el frío del agua. ‘Incluso si no es eso… el simple hecho de ser ‘de alguien’ me repugna. Es demasiado unilateral’.
También se acordó de cómo se sintió hace poco al escuchar esas palabras: tan emocionado que no pudo pegar el ojo en toda la noche. Se sintió un idiota.
Yuri desvió la mirada con el rostro gélido. Se acordó de cuando ella le dijo ‘lo siento’, de cuando aceptó su propuesta de estar a su lado para siempre… y de cómo, en el momento decisivo, Charlotte simplemente lo abandonó.
Fue un día en que la luna brillaba de una forma extraña. Ella incluso le había sugerido sutilmente que aprovechara la oportunidad para escapar antes de que cayera la noche. Pero él, en vez de hacerle caso, se puso a buscarla porque ella había desaparecido de la nada. La encontró sentada en una baranda blanca.
Ella volteó a verlo cuando él la llamó por su nombre, pero no dijo nada; simplemente volvió la cabeza y se lanzó al lago sin dudarlo, sin una pizca de arrepentimiento.
Esos recuerdos chocaban contra la imagen de él mismo, conmovido hasta el insomnio hace apenas unos días. Se sentía patético.
Yuri se recostó lentamente al lado de Charlotte. Estiró el brazo y jaló ese cuerpo frágil hacia su pecho, abrazándola con fuerza.
‘Es cierto. Aquella vez también caí redondito ante tus palabras bonitas’.
‘Si quiere que seamos algo, hagamos las cosas bien. No venga a decirme de frente que soy suya’, le había dicho Charlotte con la cara roja de la vergüenza. Esa escena se le quedó grabada en la mente.
Y de inmediato, una voz oscura y venenosa le susurró al oído:
‘¿Y vas a volver a creerle?’
El sueño, que se le había escapado, volvió de golpe. Yuri parpadeó un par de veces y terminó cerrando los ojos con fuerza, tratando de silenciar sus propios pensamientos.
Madara Info
Madara stands as a beacon for those desiring to craft a captivating online comic and manga reading platform on WordPress
For custom work request, please send email to wpstylish(at)gmail(dot)com