Mi apacible exilio - 102
Llamarlo por su nombre no debería ser la gran cosa. Pero, a pesar de que le había dicho que ‘ya, está bien’, no me salía la palabra.
La verdad, simplemente no me nacía. Estuve a punto de decirle ‘no quiero’ apenas me lo propuso, porque algo no me cuadraba. Y si me preguntan por qué no me nacía, la razón era una sola.
Me reventaba la idea de que, al llamarlo ‘Yuri’, él viera en mí a esa niña que alguna vez fui. No quería eso.
A menos que pudiera recuperar mis recuerdos de esa época por completo —cosa que era imposible y que ni siquiera tenía ganas de intentar—, esa niña de aquel entonces y la mujer que soy ahora eran dos personas distintas para mí.
Él, de un tiempo a esta parte, dice que no es necesario que recuerde nada, incluso parece que prefiere que no lo haga. Pero eso no significa que se haya olvidado de la niña que conoció.
Una sensación amarga, como un mal sabor de boca, empezó a subirme por la garganta hasta llenarme la cabeza.
‘Parece que fuera un simple repuesto’.
……¿Un ‘repuesto’?
—…….
Debo estar loca. Si sigo pensando así, va a parecer que le tengo celos a mi yo de la infancia.
—Este…
—…….
—¿Se encuentra bien?
Volteé hacia donde venía esa voz, que sonaba entre preocupada y desconcertada.
Frederick, que estaba detrás del mostrador, me miraba con cuidado, como analizando mi reacción. Recién ahí reaccioné y miré mis manos. Sin darme cuenta, había estado apretando el puño con fuerza y tenía un muñeco de trapo todo arrugado entre los dedos.
Me quedé mirándolo un rato como sonsa y luego se lo alcancé a Frederick.
—Disculpa. También me llevo esto.
Últimamente de verdad siento que no estoy en mis cabales. Traté de calmarme y borré de un porrazo todos esos pensamientos que me estaban mareando.
—No se preocupe. Ese se lo doy de regalo.
Miré a Frederick, que me sonreía de buena gente, le respondí bajito:
—……Gracias.
Guardé el muñeco en mi bolso y volví a fijarme en él. Se le veía mucho mejor que la última vez que lo vi. Se había afeitado esa barba que tenía toda rala y parecía haber bajado un poco de peso, porque se le veía la mandíbula más marcada. Me quedé mirando a ese hombre que, a todas luces, se estaba esmerando por verse bien, le pregunté:
—¿Cuándo dijiste que era el matrimonio con Bianca?
—En diez días. El último día del año. Lo haremos en la capilla del pueblo.
Ah, verdad. Hace poco Bianca me lo había contado recontra emocionada apenas me vio. Me grabé la fecha en la cabeza para que no se me pasara de nuevo. Ya le había dicho que aceptaba la invitación y que de todas maneras iba a ir, así que tenía que cumplir.
—Si usted va, Bianca se va a poner muy feliz.
—Ya me lo imagino. Felicidades por la boda por adelantado.
Faltaba poco para el matrimonio, pero además de eso, Benihill ya se sentía alborotado por las fiestas de fin de año. Bianca decía que no era la gran cosa como para llamarlo ‘festival’, pero este año, con los guardias que mandaron del castillo y los cargadores, de hecho que iba a haber más movimiento.
Pensando en todo eso, le solté:
—Me dijeron que los cargadores van y vienen seguido del castillo.
—Sí, así es.
—¿De casualidad sabes dónde se están quedando? ¿En la posada?
—Lo más probable.
Perfecto. Entonces, la próxima vez que venga al pueblo, traigo la carta para Ruth y busco a esos tipos.
Después de armar mi plan, asentí con la cabeza.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Era uno de los planes que había estado armando con cuidado en mi cabeza durante este tiempo.
Ya que ahora era libre, lo ideal hubiera sido empezar con una identidad nueva, pero sabía que, al menos dentro de este imperio, eso era imposible.
No solo no podía empezar de cero, sino que nada me aseguraba que no volverían a pasarme las mismas cosas; como si tuviera que pagar por todo lo que disfruté siendo la hija del duque.
Entre opciones que no me convencían para nada —como el barón, Adrian Luvetche o incluso Yuri Tenet—, de pronto se me vino a la mente la cara de Ruth Dayer, el único que de verdad me había pagado lo que me correspondía.
La razón principal era que la plata que me dio como pago era bastante buena. Además, pensaba que me iría mejor siendo su empleada formal que sobreviviendo a las justas vendiendo una por una las joyas que me quedaban.
Mi idea era juntar plata poco a poco y, de una vez por todas, largarme del imperio. Todavía no había pensado bien a dónde iría después, pero…
Bueno, la verdad es que sí me había imaginado qué tal me iría en el Reino de Elton, donde está Edward.
-¡Pum!
Siendo sincera, últimamente me siento un poco inestable, como si estuviera flotando en el aire.
Por ratos me da el bajón y suspiro pensando en qué diablos voy a hacer, pero luego me emociono alucinando con que tal vez me encuentre con Edward.
Y para colmo, ahora a todo eso se suma Yuri Tenet, ese hombre que se ha metido en mi cabeza y se ha puesto a pisotear todos mis pensamientos, armando un chongo total.
Lo admito. Es un tipo que está obsesionado conmigo de una forma bien rara, tiene una personalidad que me deja pensando y varias cosas bien sospechosas, pero, siendo objetivos, no se puede negar que el hombre es un cuero.
Y no hablo solo del físico, sino del futuro brillante que tiene por delante.
Con todo lo que ha logrado y el favoritismo que le tiene el nuevo emperador, de hecho que se va a volver el hombre más importante del imperio.
Alguien con ese poder no tendría ningún problema en esconder y cuidar a una mujer que no tiene a dónde ir.
Incluso si todo el mundo se enterara, seguro hablarían a mis espaldas, pero nadie se atrevería a señalarlo de frente.
Pero claro, hasta la mancha más chiquita puede ser el pretexto perfecto para que alguien te quiera destrozar. Y yo no quería ser esa ‘mancha’ en su vida.
No es que me esté sobrando el orgullo recién ahora. Es que ya no quería sentir que le debía más cosas.
O más bien, sentía que ese sentimiento de deuda iba a terminar por soltar el seguro de ese impulso desconocido que he estado aguantando a las justas.
Y eso sí que no quiero.
-¡Pum!
Ni siquiera quiero saber qué es.
-Clac.
-Clac.
El aparato mágico se quedó sin éter y empezó a sonar como si se le saliera el aire.
Sabiendo que ya no funcionaba, igual apreté el botón un par de veces más antes de dejarlo. Parece que sin darme cuenta me exigí demasiado.
Como disparé varias veces seguidas, por el rebote sentía el brazo medio entumecido, desde el codo hasta el hombro.
—Es impresionante, ¿no?
Volteé al toque al escuchar esa voz bajita al lado mío.
Ethan estaba bajando del bosque que queda atrás. Me quedé mirando sus cosas de pesca mientras yo guardaba el aparato mágico en la bolsa que llevaba en la cintura.
Ethan se detuvo y estiró el cuello para ver el blanco que yo había puesto en el árbol.
—Recién he mejorado un poquito. Antes ni siquiera le achuntaba al árbol.
—¿Y qué le parece? ¿Quiere que le chequee la postura?
—Mmm… No, gracias. Señor Tenet me ha estado ayudando con eso.
—¿Usted sabe algo? Lo que peor le sale a ese tipo es enseñarle a alguien.
No le dije que no, pero me quedé callada. Era algo que ya venía sintiendo estos días.
—Es que él no entiende cómo alguien puede ‘no saber’ algo. Es un creído, de verdad.
Incluso en lugar de darle la razón, preferí cambiarle el tema.
—¿Y cuántos peces pescó?
—Tres. Uno para cada uno, para comerlos fritos.
Caminamos juntos hacia la cabaña, pisando la nieve que crujía bajo nuestros pies.
Se veía el humo saliendo de la chimenea de la casa.
—En el pueblo va a haber un matrimonio y un festival en diez días. Si quiere, vamos juntos a ver.
—……¿Ah? Ya veo.
Ethan, que iba un paso más adelante, se dio la vuelta con una cara de despistado.
—Gracias por la invitación.
Fue una respuesta bien ambigua; no se sabía si me estaba diciendo que sí o que no. Me quedé mirando su perfil, que se notaba que no tenía ni el más mínimo interés en el tema.
‘¿Acaso no había venido para llevarse a Tenet de vuelta?’
‘No he venido con esa intención.’
No. Aunque lo diga con otras palabras, al final esa es su intención, ¿no?
Yo no tengo ninguna intención de manipular a Tenet como usted teme, si quiere, lo ayudo a convencerlo para que se regrese con usted.
¿Acaso no es ese el verdadero motivo por el cual Ethan sigue aquí metido?
Sentí que si se lo decía así, de frente, se lo iba a llevar al toque.
—Por cierto, ¿está bien que un subcomandante esté fuera de su puesto tanto tiempo?
—Bueno, por mi lado no hay problema. A los que esperan es al comandante. Esos tipos lo que más quieren es que la orden de caballeros siga en pie, con él a la cabeza.
—……¿Qué?
Me detuve en seco.
Ethan, que seguía caminando, volteó a mirarme.
Me quedé mirándolo a la cara, que no tenía ninguna expresión, después de un momento por fin pude hablar:
—¿Qué quiere decir con eso? ¿Me está diciendo que el señor Tenet va a dejar de ser el comandante?
—A decir verdad, desde el momento en que vino aquí, ya es como si hubiera renunciado. Para empezar, el trato entre nosotros era que, después de ayudar al actual Emperador a subir al trono, la orden se disolvería y cada uno sería completamente libre.
—¿Un trato? ¿Desde cuándo?
Apenas pregunté, caí en la cuenta.
—No me diga que cuando se fueron todos juntos del templo fue por…….
—Sí. Fue por el trato que teníamos entre nosotros y con Su Majestad Arenjul, el actual Emperador. Él prometió que reformaría el templo.
—…….
—……Aunque parece que el Comandante tuvo otro trato aparte.
—…….
—Para el resto del mundo, se dice que todos se fueron solo por lealtad ciega hacia él.
En ese entonces, fue un escándalo total que todos, sin excepción, lo siguieran y dejaran los hábitos. Por un lado, lo alababan diciendo que era un líder tan increíble que todos esos caballeros lo seguían; pero por otro, lo insultaban diciendo que había sonsacado a los fieles servidores de la Diosa. Sentí un remolino de emociones. Volví a caminar.
—……¿Y por qué ahora quieren que la orden siga en pie?
—Ya sea por el honor o por la plata. Como ya probaron de todo, a todos les ha dado pena perder lo que tienen.
Me acordé de Tenet, cuando me dijo que, si yo quería, me podía presentar a sus subordinados. Es verdad, solo dijo que me los presentaría, nada más.
—Entonces, ¿usted también ha venido para convencerlo de que siga siendo el comandante?
—No. Como ya le dije, yo solo vine a verle la cara.
Esa cara de desinterés que no dejaba ver lo que realmente pensaba. Dejé de analizarlo y aparté la mirada.
—……Como subcomandante, ¿qué es lo que piensa? ¿Cree que lo van a convencer?
—En cierto sentido, creo que va a ser fácil. Al final, es un tipo raro que vive sin tener un propósito en la vida.
Me detuve en seco otra vez. Ethan, que venía hablando por hablar, dio un paso hacia adelante y me miró desde arriba. Me clavó la mirada y soltó:
—Ah, aunque en cierto sentido, se podría decir que ahora solo tiene un único objetivo.
—……Señor Ethan.
—¿No se ha dado cuenta viviendo con él? Ese tipo no es solo diferente a los demás, es un tipo extraño.
No le importó que yo pusiera cara de pocos amigos; siguió hablando con una lengua bien afilada.
—No tiene ni un solo hobby común y corriente. Ya se habrá dado cuenta al hablar con él. Es un hombre que por fuera brilla, pero por dentro está vacío; no tiene nada.
—…….
—……En cierto modo, ¿no le parece que es un tipo bien fácil de manejar?
Se produjo un silencio total. Solo el viento pasaba entre nosotros, haciendo un eco bajito. Después de un buen rato, por fin hablé:
—Entonces, ¿lo que está tratando de decirme es que sus caballeros son una sarta de tontos que no pueden hacer nada si no tienen a ese hombre al lado?
—…….
Era obvio lo que estaba tramando, pero le pregunté haciéndome la que no sabía nada. Ethan no respondió, solo se me quedó viendo. ……Y eso que decía ser el ‘mejorcito’ del grupo.
—Me equivoqué totalmente con usted.
Sollé de la rabia. Miré hacia la distancia y luego solté un suspiro con una risa amarga.
—Si quería tantearme, había muchas otras formas de hacerlo, pero ¿salir con esto?
—…….
A pesar de que estaba asada, me reí con elegancia.
—Qué forma tan baja de actuar.
Ya no quería ni verle esa cara sin expresión. Pasé por su lado y seguí caminando. Pero no caminé mucho y me detuve. Tenet estaba ahí, con la puerta abierta, mirándome fijamente. No sé cuánto tiempo llevaba ahí.
—Señorita.
Me llamó con voz bajita. Yo pasé de largo por su costado y entré a la casa.
Madara Info
Madara stands as a beacon for those desiring to craft a captivating online comic and manga reading platform on WordPress
For custom work request, please send email to wpstylish(at)gmail(dot)com
Deja una respuesta
You must Register or Login to post a comment.