Me convertí en un sacrificio viviente para un dios malvado. - 43
—Jua, ah, uff…….
—Mmm, qué linda cola tienes. ¿Lo sabías, Lili? ¿Que tienes un lunar justo aquí?
Ese tremendo miembro subía y bajaba lentamente, empujando su sexo hacia arriba, mientras la yema de sus dedos rozaba con suavidad el espacio entre el coxis y la columna. Al mismo tiempo, la punta bien erguida golpeaba una y otra vez su clítoris; sentía unos chispazos, como si le estuvieran dando latigazos que le hacían arder las nalgas.
—Mm, ah, no, uff…….
—¿No lo sabías? Es bien bonito.
—No, no lo sé, ¡ah!
Ella sacudía la cabeza con fuerza mientras apretaba las sábanas como si quisiera romperlas. ¿Cómo diablos iba a saber que tenía un lunar ahí? Ni que pudiera verse con un espejo. Más que ese lunar que ni sabía que existía, le ponía nerviosa su mano, que no dejaba de rozar esa zona peligrosa como queriendo provocarle cosquillas. Ahí no, en ese lugar no. Aunque lo sospechaba, viniendo de él, no podía confiarse para nada.
Mientras ella se retorcía inquieta por abajo, Arden soltó una risita y le dio un mordisquito en el hombro encogido.
—Es mentira.
—……!
—¿Te asustaste? ¿Pensaste que te la iba a meter por ahí?
—¡Ah, jua, Arden……!
—Te ves linda hasta cuando tienes miedo, Lili. Si no quieres, no lo haré. No quiero que me odies.
Añadió eso último en un susurro mientras le mordisqueaba el lóbulo de la oreja. Su aliento caliente la excitaba de una forma extraña y sus manos empezaron a amasarle los pechos con mucha maña.
‘Qué linda eres, Lili.’ ‘Qué cosita.’ ‘Te amo…….’
Soltando cumplidos sin parar con una voz llena de deseo, Arden seguía embistiendo con la pelvis una y otra vez. Se escuchaba ese sonido húmedo del roce de los genitales y la cabeza de ella ya era un completo desastre.
Lilliet restregó sus ojos empapados contra la sábana y apretó los muslos con fuerza. Sentía tan bien cómo él encajaba perfectamente en su estrechez. Ay, cuando estaba con Arden… cuando él la tocaba, se volvía un caos. Por fuera y por dentro, todo…….
—Ah, ahí, me gusta. ¡Mm, sí!
—¿Aquí? ¿Más fuerte?
—Sí, ah, qué rico, ¡uf!
—Se nota, Lili. Estás mucho más mojada que hace un rato, me estás succionando con todo. Como si te murieras por comérmela.
—¡Juu, uff, sí……!
—¿Puedo metértela ya? Quiero estar dentro de ti. Déjame entrar, por favor.
¡Pum, pum!
Él la embestía con fuerza, chocando su parte baja como si ya estuviera entrando y saliendo de verdad, apurándola con desesperación. La punta caliente le raspaba el clítoris tan fuerte que Lilliet, ocupada en recuperar el aliento, no pudo entender bien lo que él decía.
—¿Puedo entrar, no?
—¡Aaj, mm, sí!
—Me imagino que sí, si me lo estás rogando así.
Haa…
Soltando un suspiro pesado, él sacó su miembro y apoyó la cabeza justo en el orificio que palpitaba. Recién ahí Lilliet reaccionó y movió las manos asustada.
—No, ahí no… ¡meterla no……!
—¿Por qué?
—Es que, bueno…….
—¿Por qué no puedo?
Empujando de a pocos, la punta hurgaba la entrada de forma amenazante, como si fuera a ensanchar ese espacio estrecho para meterse de golpe en cualquier momento. Un placer punzante le nubló la vista y las piernas le temblaban por un deseo incontrolable.
De pronto, ya ni se acordaba del dolor de cuando la penetraron a la fuerza; solo recordaba vívidamente ese placer intenso que sentía cuando él le raspaba las paredes internas. Era un deseo ardiente que le quemaba las entrañas; habría sido mejor no conocerlo nunca, pero ahora lo conocía demasiado bien.
Sin embargo, Lilliet se mordió los labios y empujó suavemente el abdomen de él con la punta de los dedos. El guapo rostro de Arden se frunció de golpe.
—¿Por qué no puedo, ah?
—Es que…….
—Habla, de una vez.
—……Porque, me puedo quedar embarazada.
—……¿Ah?
—Si sale un hijo, no se puede.
—Ah.
Ella lo dijo con toda la seriedad del mundo, pero Arden soltó una especie de burla que no se sabía si era un suspiro o una risa contenida. Luego, hasta volteó la cara y, ¡puf!, estalló en una carcajada que le duró un buen rato.
Al principio ella estaba desconcertada, pero cuando empezó a asarse y a fruncir el ceño, él pegó su torso contra el de ella, manteniendo esa sonrisita pesada en los labios.
—Eso que has dicho ha sonado bien excitante. ¿O sea que no se puede porque vamos a hacer un bebe?
—¿Qué… qué tiene eso de excitante? ¡Mm!
—Es que suena así. No es como si me estuvieras pidiendo que te haga un hijo. Ay, ¿ahora qué hago? Como me has dicho algo tan provocador, me han dado más ganas de metértela.
—¡Qué cosas dices, uff, ah, Arden……!
Chic, chic,
Mientras seguía con ese roce impúdico allá abajo, Arden le agarró un pecho y le succionó el lóbulo de la oreja. Cuando sintió su aliento húmedo colándose en su oído, le dio un escalofrío por toda la espalda, aunque esa no fuera una zona de placer.
—Pero, ¿qué crees? Yo no puedo dejar embarazada a nadie.
—¿Qué? ¿De… de verdad?
—Sí. Por más que te la meta hasta el fondo y me venga dentro de ti una y otra vez, no va a pasar nada. Aunque te dé pena.
Arden le soltaba esas palabras tan crudas mientras le mordisqueaba la oreja húmeda. Lilliet se estremeció y lo miró de reojo. Incluso en ese momento, su miembro seguía refregándose contra su intimidad, haciendo que ella perdiera la fuerza en la mirada.
—Es menti… uff, ah, mentira…….
—Es verdad. Te lo puedo jurar por Dios. Así lo hagamos miles de veces, es imposible que quedes encinta.
—…….
—¿Aún así no se puede?
—……No se puede.
Lilliet lo soltó con esfuerzo, con los labios temblando. Arden le tomó la quijada para obligarla a mirarlo fijamente. En los ojos castaños de ella se notaba un torbellino de deseo y conflicto.
Hacía rato que el calor de donde estaban pegados se había apoderado de todo su cuerpo. ‘Quiero que entre. Quiero sentirme bien. Quiero que me apriete contra su pecho firme hasta que me falte el aire’.
Apretó los labios con fuerza, porque sentía que si se descuidaba un poquito, ese ruego iba a salir de su boca. Entonces, Arden usó su lengua para abrirse paso y recorrerle el interior de la boca con suavidad.
Chuik, chuik,
—Mm, mmm, uff…….
Dos trozos de carne empapados se movían igual en dos lugares distintos.
Su parte baja, que ya estaba desesperada por recibir ese miembro pesado, soltaba fluidos poco a poco, mendigando la unión. ‘No. Tengo que aguantar, tengo que……’.
Arden, después de succionarle la lengua con dulzura, le dio un respiro para preguntar:
—Dime por qué, Lili.
—……Porque se va a enojar.
—¿Quién?
—Él… si no es con él, no se puede.
Porque ella había sido entregada como ofrenda.
Su cuerpo y su alma le pertenecían a él.
Aunque Arden le había dicho que con él no había problema, sentía que no estaba bien estar con alguien que no fuera su dueño. Al escuchar esa respuesta balbuceada en voz baja, Arden entornó los ojos con suavidad.
Parece que era la respuesta correcta.
—Bueno, si es así, no queda de otra…….
Le soltó la quijada sin hacerse de rogar y frotó su frente contra su espalda. Su frente sólida emanaba un calorcito rico. Definitivamente, gracias a eso ya no tenía frío; es más, el problema era que su cuerpo estaba demasiado caliente.
—Entonces, esperaré hasta que consigas el permiso, Lili.
—¡Uff, ¿qué?, mm……!
—¿Vas a pedir permiso? Pregúntale si puedo meterte mi macana.
—¡Pero qué…! ¡Ah!
¡Pum!
Arden la agarró de las nalgas, sacó su miembro casi por completo y lo hundió de nuevo, rápido y profundo. Plas, plas, sus huesos pélvicos golpeaban sus nalgas blanditas como si fueran latigazos mientras él se reía, divertido.
Aunque no era el orificio habitual, su miembro entraba y salía con fuerza, envuelto por esa carne húmeda y suave.
Pum, ¡pum!
—¡Mm, ah, sí!
—Mira cómo saltas. Qué linda. Lili, aprieta más las piernas.
—¡Ah, ah, uff, mm……!
—Eso, así está bien. Ah, qué rico. Succióname más. Más.
Arden rugía mientras dejaba marcas rojas en esas nalgas blancas. De su garganta salía una voz ronca y baja que no encajaba con su cara tan bonita. El hecho de que hasta esa voz excitada le pareciera un manjar la hacía pensar que de verdad se estaba volviendo loca.
Chic, chic,
Esa vara ardiendo rozaba su piel sensible con furia y la cabeza dura golpeaba su clítoris con todo.
Sentía cómo Arden le abría las nalgas para mirar fijamente cómo su entrada lo devoraba con ansias. Ella apretó un poco por instinto, como diciéndole que no mire o quizás pidiéndole más, él soltó un gemido bajo. ¿Por qué hasta ese sonido le gustaba tanto?…….
—Chúpame, chúpame la lengua.
—¡Sí, mmm, ah, uff!
—¿Ya? Vamos, rápido.
Le volteó la cara agarrándola de la quijada, apurándola con desesperación. Mientras él seguía embistiéndola con fuerza, ella veía su rostro al revés a través de su visión borrosa; incluso así, esa cara que la miraba seguía siendo demasiado hermosa.
Si le estaba dando como quería, ¿por qué ponía esa expresión de sufrimiento? Ella movió los labios y asintió levemente.
Al ver eso, Arden la besó con una desesperación total, como alguien que no ha comido en semanas. Como si después de haberlo hecho tantas veces, todavía no fuera suficiente.
Su lengua entró al revés, recorriendo su paladar y hurgando debajo de su lengua con humedad. Ese juego de lengua, que la envolvía como una serpiente y la rozaba de forma salvaje pero cariñosa, era algo extraño pero a la vez familiar, Lilliet no pudo evitar cerrar los ojos con fuerza.
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