Me convertí en un sacrificio viviente para un dios malvado. - 42
Entre sus labios entreabiertos, su lengua rojiza se deslizó para lamerlos suavemente antes de volver a entrar. Justo antes de cerrar la boca, se le notaron los colmillos, inusualmente largos y afilados.
—Está jodidamente suave. Quiero metértela ya mismo…….
Arden frunció el ceño mientras manoseaba su intimidad con un sonido húmedo, como si no supiera cómo controlar ese impulso que lo desbordaba.
Manteniendo presionados los muslos de ella, que no dejaban de temblar, él empezó a masturbarse con fuerza. Su glande goteaba fluidos con un brillo obsceno, mientras sus dedos entraban y salían de ella, dejándola cada vez más empapada.
Sin poder evitarlo, ella arqueó la cintura soltando un gemido agudo. Arden apretó los dientes y jaló la parte inferior del cuerpo de ella hacia él.
Tump.
Su miembro, pesado y ardiendo, cayó con fuerza sobre la intimidad de ella. En cuanto ese glande brillante rozó su clítoris, la parte baja de su cuerpo pareció derretirse por completo.
—¡Ah, Arden, mmm……!
—Te gusta, ¿no? Cómo te succiona allá abajo, uf… es demasiado excitante.
—Ahí, mmm, eso es, ¡ay!
—¿Aquí? ¿Así?
Juntando los muslos de ella para inmovilizarlos, él movió la cintura para frotar la cabeza de su miembro, ya duro como una piedra, contra su clítoris de forma pegajosa. Fue como si un rayo le cruzara la vista y las piernas le empezaron a castañear. No podía creer que existiera un placer así.
Arden estaba igual; respiraba con dificultad y movía la cadera desesperadamente. Con una de las piernas de ella apoyada en su hombro, empezó a restregarse con fuerza en medio de sus muslos.
—¡Mmm, ah, Ar-den, ah!
—Ah, siento que se me va a derretir la pinga. Qué rico se siente.
—¡Mmm, muy rá-pido, ah, mmm!
—Ya, ya… voy a ir despacio. Pero me cuesta, no puedo.
Chueck, chueck.
Ese sonido húmedo y vulgar, como si realmente la estuviera penetrando, resonaba en toda la habitación. Su miembro, con las venas marcadas como enredaderas, se deslizaba con fuerza sobre su zona íntima.
Qué rico… me encanta…
Lilliet apretó las sábanas con tanta fuerza que sus dedos se pusieron blancos, mientras torcía el cuello. Por más que lo viviera, nunca lograba acostumbrarse a semejante placer.
Cada vez era demasiado para procesar, demasiado difícil de aguantar. La vergüenza, la humillación y una culpa extraña le manchaban el pecho.
¿Por qué? ¿Sería porque era Arden? O tal vez…….
Esa culpa de origen desconocido le invadía la mente mientras su zona íntima seguía humedeciéndose más y más. ¿Por qué mientras más pensaba que no debía, más le latía el corazón y más fuerte era ese escalofrío de placer?
No tenía ni la menor idea.
—Qué bien se siente… es demasiado…….
Arden se inclinó mientras seguía restregándose con salvajismo entre sus muslos. La presión aumentó tanto que la vista de ella se puso en blanco por un instante.
—Está tan resbaloso y mojadito que, ah, siento un corrientazo hasta en el coxis.
—Mmm, ah, mmm…….
—Me voy a volver loco.
Sin siquiera haberse terminado de quitar los pantalones, Arden golpeaba la cama con las rodillas. Zas, zas. Hasta el sonido de sus piernas largas raspando el suelo se escuchaba con fuerza.
—Ah, Lili, ah…….
Pero lo más escandaloso era su rostro; lleno de deseo, jadeando con la boca abierta como un perro acalorado.
Tenía los ojos entreabiertos y perdidos, con su lengua rojiza parecía lamer la humedad del aire. Por alguna razón, no se veía nada mal; al contrario, se veía tan erótico y provocador que a ella le daba un vuelco el corazón de solo verlo.
Al ver ese rostro tan excitante, Lilliet encogió los dedos de los pies. En el fondo, tenía unas ganas locas de apretarse los pechos que él tanto había succionado. Sentía las puntas tan sensibles y calientes que quería frotarlas contra sus manos frías. Estaba segura de que eso se sentiría… de maravilla.
Abrazando con fuerza los muslos de ella mientras movía la cintura de forma vulgar, Arden dejó escapar un sonido ronco desde su garganta.
Sss, sss.
Cada vez que su tronco grueso le aplastaba la vulva, ella no podía evitar gemir mientras sentía que flotaba.
—Cómo se siente de rico cuando rozamos la pinga con la concha. Te pegas a lo mío y, ah, está todo recontra pegajoso.
—Mmm, Arden, no digas… mmm, esas cosas no se dicen…….
—¿Qué? ¿Pinga? ¿Concha? ¿No quieres que diga esas palabras?
—¡Sí, ah, no las digas, mmm!
—Pero si… haa… si a ti te encantan las lisuras, Lili.
Con una sonrisa que lo hacía ver como un auténtico villano, Arden movió la cintura con parsimonia. La abertura de su punta y el clítoris de ella, que estaba bien hinchadito, encajaron de forma perfecta, como si se estuvieran dando un beso profundo y pegajoso.
Ah, aah…….
Al instante, la parte baja de su cuerpo se derritió por completo y todo su ser empezó a temblar por un corrientazo eléctrico. A pesar de todos los orgasmos que había tenido desde que llegó al templo, nunca había sentido algo así.
—Mira, otra vez. Haa, cómo me succionas. Y eso que me dices que no lo haga.
—¡Ha-ah, mmm, ah……!
—¿Te gusta que te besé por aquí? A mí me encanta tanto que siento que me voy a morir.
Chuick, chuick.
Mientras seguía con ese acto tan extraño, Arden no paraba de soltar vulgaridades, diciendo que ya se iba a venir o que la concha de Lili era tan rica que lo hacía perderse.
Aunque lo lógico era que ella se sintiera mal por sus palabras, por alguna razón la excitación se le subió hasta la cabeza y allá abajo sentía que le hervía la sangre. ¿Por qué? ¿Por qué le pasaba eso?
¿Acaso sentía envidia o admiración de lo honesto que él era con sus deseos? ¿O es que tenía esa maña perversa de excitarse cuando le decían cosas tan cochinas?
No lograba entenderlo, pero en cuanto ese mazo enorme empezó a aplastar su clítoris con ritmo delicioso, cualquier duda existencial se le borró de la mente.
Lo único que quedaba era ese anhelo por llegar más alto. Ella se aferraba a las sábanas mientras se sacudía por las embestidas de Arden, quien subía la cadera con fuerza una y otra vez.
Un poco más. Solo un poquito más…….
—¡Haa, ah, mmm, sí!
Ya estaba por llegar a la cima.
Ella entrecerró los ojos mientras sus muslos, aún sujetos por él, temblaban sin parar. Su visión, empañada por las lágrimas, se volvía borrosa. Un poco más fuerte. Solo un poco…
Y justo cuando estaba por rogarle con desesperación, sin saber siquiera qué pedir…
—Fuu…….
Arden soltó un suspiro largo y detuvo en seco el vaivén frenético de su cadera. Después de haberla frotado tan rico, la excitación que iba directo al clímax se fue por un barranco justo antes de llegar a la punta.
Sintió una decepción que nunca antes había experimentado, dejándole el pecho frío.
¿Por qué? ¿Por qué no sigues? ¿Por qué paras justo ahora?
Justo cuando estaba por abrir la boca, incapaz de aguantar las ganas…
¡Pshhh!
De la punta de él salió disparado un líquido espeso que le salpicó el pecho y la mandíbula. Arden movió la cintura apenas un poco para terminar de soltar lo que quedaba y soltó un suspiro mientras sujetaba su miembro.
—Vaya, es que lo tuyo se siente tan bien que se me salió. Me vine.
—Ah, Arden…….
—Perdón. No pude aguantarme y me fui antes.
Arden sonrió de lo más feliz mientras le limpiaba con el dedo el líquido que tenía bajo la barbilla. Su cara de risa se le hizo a ella particularmente insoportable.
—Incluso así te ves linda. Lili, ¿puedo echarte un poco más?
—…….
Sin siquiera retirar su miembro, que todavía goteaba, empezó a restregarlo de forma pegajosa contra la intimidad de ella, que ahora estaba toda manchada de blanco.
Lilliet se mordió el labio inferior.
Debería mandarlo a rodar y limpiarse todo ese desorden, pero le dolía la falta que le hacía terminar lo que él había dejado a medias. Allá abajo, cubierta de ese líquido caliente, su cuerpo gritaba por más.
Tras dudarlo un poco, lo agarró de la manga.
—A-Arden.
—¿Qué pasa? ¿Quieres que te limpie?
—No es eso…….
—¿Entonces? ¿Quieres que te bañe?
—No te hagas el tonto y ya… apúrate.
—Ah.
Él sabía perfectamente qué era lo que ella quería, pero se estaba haciendo el interesante. Recién ahí sonrió con los ojos achinados; la palabra ‘satisfacción’ parecía haber tomado forma física en todo su rostro.
Le apretó las nalgas con ganas mientras ponía una mirada de fingida pena.
—¿Te quedaste con las ganas, no?
—…….
—Perdón, fue mi culpa. Qué mal de mi parte correrme así de fácil cuando tú todavía no has llegado.
—No hables tanto y hazlo de una vez…….
—Ya, ya. Qué apuradita eres.
Después de disfrutar un rato de verla así, toda roja como un tomate y desesperada por un poco de atención, Arden terminó de quitarle la ropa que le quedaba puesta.
De pronto, su cuerpo desnudo quedó al descubierto, blanco como la nieve. Sus clavículas marcadas, sus pechos firmes, su cintura estrecha y sus nalgas bien formadas. Arden la recorrió con la mirada de arriba abajo y luego le frotó el vientre con la palma de la mano, desparramando el semen sobre los tatuajes antiguos de su piel.
—Ponte de espaldas. Te voy a frotar.
—…….
—Vamos, rápido.
Ante ese tono extrañamente mandón, Lilliet dudó un segundo pero terminó dándose la vuelta. Arden la agarró de las nalgas con ambas manos y atrapó la parte inferior de ella entre sus propias piernas.
Su miembro, todo cubierto de ese líquido espeso, se abrió paso lentamente entre los muslos de ella hasta quedar bien pegado. En cuanto la punta chata volvió a presionar su clítoris, esa chispa que se había apagado volvió a encenderse con todo.
Madara Info
Madara stands as a beacon for those desiring to craft a captivating online comic and manga reading platform on WordPress
For custom work request, please send email to wpstylish(at)gmail(dot)com