Me convertí en un sacrificio viviente para un dios malvado. - 41
El roce repentino de sus labios la tomó por sorpresa, pero solo fue un instante; él la besó un par de veces más antes de envolverle la nuca con la mano.
—Te voy a calentar.
Susurrando esas palabras de dudosa intención, continuó besándola una y otra vez. Aunque ella intentaba tragar dulcemente el aliento de él, retrocedió vacilante, pero él la persiguió como un cazador tras su presa.
—Mm, mmm…….
Cada vez que esos labios suaves la rozaban como si revolotearan, sentía un cosquilleo en el pecho y partes de su cuerpo se contraían y relajaban repetidamente. De tanto retroceder, de pronto sintió la pared justo en su espalda.
Lilliet se encogió de hombros, cubriéndose la boca con la mano.
—Ya basta. No quiero.
—¿De verdad?
—S-sí. No quiero.
—No te creo. Riri, eres una mentirosa total. Siempre dices lo contrario a lo que sientes.
Arden bajó suavemente la mano de ella mientras sus ojos se entrecerraban con picardía. Su voz suave se clavó en su pecho como un punzón.
Yo, yo…
—Si de verdad no quieres hacerlo, me detengo.
—…….
—Si en serio no quieres nada conmigo, empújame. Aléjate o dame una cachetada. Si no lo haces, de aquí en adelante… haré lo que me dé la gana.
Dijo él con dulzura mientras ponía calmadamente ambas manos a los lados de ella. Su rostro, que estaba a cierta distancia, se fue acercando poco a poco. A medida que él se aproximaba, el pecho de Lilliet subía y bajaba con agitación, como si hubiera corrido a toda velocidad.
Tengo que alejarme.
Tal como dijo él, debería zafarme o empujarlo.
Pero sus manos no se movían, como si estuvieran amarradas con sogas. Era un tramposo. Él ya sabía lo que ella sentía desde hace rato. ¿Había necesidad de hacer esto? ¿Tenía que forzar una respuesta de esa manera? Su corazón latía desbocado, perdiendo todo el control.
Esos ojos grises, enmarcados por pestañas tupidas, la envolvieron con ternura. Ella no podía apartar la mirada ni un segundo.
Al final, Lilliet se quedó tiesa como un hielo hasta que los labios de Arden volvieron a rozar los suyos. Como si ya hubiera esperado esa reacción, su lengua invadió el espacio sin dudarlo, abriéndose paso.
Chueck, chuick,
—Mmm, sí…….
—Me hormiguea la lengua…….
Tras soltar un suspiro bajo, él abrió más la boca. Sus lenguas se enredaron como un par de serpientes apareándose, moviéndose con frenesí en ese espacio compartido.
Arden la jaló de la cintura mientras devoraba su aliento y la saliva que escurría. Los sonidos de los besos se volvieron más húmedos e intensos, su mano empezó a recogerle la falda.
Tanto el juego de su lengua como la rapidez de sus manos para desvestirla eran tan hábiles que ella no podía seguirle el ritmo. Justo cuando sentía que él recorría su boca de forma pegajosa, Arden ya le había subido la falda hasta los muslos y desabrochado casi todos los botones de la espalda.
—Espera, un momento…….
—No separes la lengua, pórtate bien.
—Ah, esp… mmm…….
Él la distrajo mordisqueándole la punta de la lengua y, sin perder tiempo, le bajó la prenda superior. La sensación de sus lenguas frotándose, cálidas y densas, era tan placentera que su mente se puso en blanco y su cuerpo, de por sí débil, se terminó de derretir.
Cuando volvió en sí, Arden ya le había quitado la ropa interior y contemplaba sus pechos blancos con una mirada de satisfacción.
¿En qué momento me desvistió? Qué buena maña tiene.
Sintiéndose avergonzada por esa mirada que parecía lamerla, intentó cubrirse el pecho torpemente con las manos.
—¿Qué haces, Arden? No me mires así tan fijo…….
—Es que tus pezones están tan provocadores y lindos que me quedé admirándolos.
—¿Q-qué……?
—Todo en ti es hermoso, pero tus pechos de verdad…….
Tras dejar escapar un sonido ronco de su garganta, hundió la cara en sus senos firmes. Su lengua roja y húmeda empezó a juguetear peligrosamente con el pezón, mientras su mano grande apretaba el pecho con fuerza.
—No sé por qué no sale leche.
—¡Qué cosas dices, Ard… mmm!
—Después de succionar tanto, ya debería salir algo, ¿no crees?
Soltando esas barbaridades, lamió el pezón como si lo acariciara con la lengua. Con ese rostro tan hermoso que tenía, sus acciones eran tan vulgares como las de un malcriado de calle.
Arden no solo decía obscenidades, sus manos también trabajaban con destreza. Sus dedos se colaron entre sus piernas, bajándole la prenda íntima y abriendo con suavidad sus labios carnosos.
—Mmm, ah, ah…….
—Ni siquiera te he tocado todavía y ya estás empapada.
La punta de sus dedos recorrió lentamente la entrada húmeda antes de retirarse. Arden frotó sus dedos pegajosos mientras soltaba una risa relajada. Solo con los besos, ella ya estaba completamente mojada por su propio deseo.
Sin llegar a entrar, Arden se quedó merodeando, haciendo cosquillas alrededor del orificio mientras estiraba la comisura de sus labios en una mueca burlona.
—Lili, ¿por qué estás así de mojadita?
—Mmm, no… no lo sé…….
—¿Solo con besarte te pones así? ¿Tan bien se siente estar conmigo?
—¡Te digo que no lo sé, ah, mmm, ya para, ah……!
—Responde, ¿ya?
Chueck, chueck.
Con su dedo medio, largo y firme, Arden empezó a acariciar suavemente las paredes internas mientras la interrogaba con insistencia. A medida que seguía con ese juego sucio, el sonido de los fluidos agitándose resonaba con fuerza.
Lilliet tenía las orejas rojas de la vergüenza y jadeaba sin parar. Sus palabras vulgares la avergonzaban, pero a estas alturas el placer era demasiado grande como para rechazarlo.
Chuick, chuick.
El orificio que envolvía los dedos de Arden parecía succionarlos, devorando su piel con avidez. De inmediato, Arden soltó un gemido que sonó casi como un lamento y la estrechó contra él.
—Lili, ¿sientes esto? Tu interior me está succionando. Como si no quisiera soltarme… se estremece todito.
—¡Ah, mmm, ya basta… mmm!
—A mí me pasa lo mismo, Lili. Solo con besarte o con mirarte, ya me tienes loco. Ah, quiero correrme ya.
Jadeando tanto como ella, Arden empezó a bombear con sus dedos dentro de ella. Tal como él decía, cada vez que sus dedos entraban profundo y salían, sentía cómo su interior temblaba y lo apretaba con fuerza.
Más adentro, hasta el fondo…
Un deseo que ella no lograba identificar —aunque en el fondo lo conocía de sobra, pero se negaba a admitir como suyo— hervía en su interior.
—Está tan blandito, estrecho y caliente…….
—Me voy a volver loco.
Mordisqueó sus labios rojizos antes de soltarlos, dejando escapar un suspiro pesado. Arden no intentaba ocultar ni un poco lo que estaba sintiendo.
Solo con esos dedos masajeando cada rincón interno sentía que se le iba el alma, pero con esas palabras tan vergonzosas que él le susurraba y la forma en que le succionaba la lengua, le era imposible mantener la cordura.
Apenas se acostumbraba al tacto allá abajo, él le succionaba la lengua con tanta fuerza que se la dejaba adormecida; y cuando intentaba concentrarse en el beso, sus dedos firmes le retorcían los pezones sin llegar a lastimarla.
Cada vez que él aplastaba con la palma de la mano sus pezones empapados de saliva, el vientre se le encendía y su intimidad se contraía por cuenta propia.
Entonces, recorriendo los pliegues de esa zona, Arden soltaba sus comentarios vulgares:
—Mira cómo me succionas los dedos. ¿Acaso con uno no te alcanza?
—¡Mmm, no, eso no, ah……!
—Aguanta un poco. Ya te voy a dar algo para que muerdas, haa… Qué caprichosa me resultaste.
Riendo entre dientes, Arden separó la entrada estrecha y metió un dedo más.
¡Plop, plop!
Su brazo fuerte, con las venas marcadas, se movía con una destreza envidiable.
Chas, chas. Cada vez que su palma firme golpeaba su zona íntima empapada, las gotas salpicaban por todos lados. Al escuchar ese sonido tan evidente, los oídos de Lilliet ardieron de calor.
Si sigue así, no voy a poder negarlo aunque quiera…
Un calor que mezclaba la vergüenza con un escalofrío le recorrió desde abajo, subiendo por la columna hasta la nuca.
—¡Mmm, ah, ah……!
Ella apenas pudo colgarse del cuello de Arden mientras su cintura temblaba. Su cuerpo y su mente eran un desastre.
Sin siquiera estar bien echada en la cama, ahí sentada a medias, con la ropa mal puesta mientras él la succionaba y la penetraba con los dedos… Parecían un par de animales dominados únicamente por las ganas.
A pesar de que el sentimiento de humillación la hacía estremecer, el placer de estar en los brazos de Arden era tan grande que esa vergüenza ni se le comparaba. No quiero alejarlo. Quiero que me aprete más fuerte. No podía creer que dentro de ella existiera un deseo tan bajo.
—Mmm, Arden, ¡ah, ah!
—¿Te gusta? Lili, a mí también me encanta. ¿Por qué eres tan linda? Ya no aguanto más. Siento que se me va a reventar la pinga.
Sin apartar los labios de ella ni un segundo, Arden se bajó el pantalón con desesperación.
De pronto, su mano sujetó un miembro grueso y enorme; era de un tono oscuro que no combinaba para nada con su cuerpo blanco y liso. Era tan imponente que resultaba increíble que algo tan grande hubiera estado escondido ahí dentro.
—Haa…….
Sss, sss,
Mientras la miraba hacia abajo y se masturbaba con fuerza esa pieza soberbia, el rostro del hombre —que usualmente se veía fino como el mármol y con un aire sofisticado— adquirió un matiz sorprendentemente salvaje.
En él se notaba una excitación instintiva y urgente, carente de toda razón, lo que hacía que a ella se le encendiera la cara de solo verlo.
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