Me convertí en un sacrificio viviente para un dios malvado. - 4
Como nadie le había ordenado hacerlo, Liliet se tomaba descansos frecuentes entre limpieza y limpieza. Se sentó en una banca en el pequeño jardín ubicado entre la capilla y el salón y estiró las piernas.
Los canteros estaban cubiertos solo de maleza, y no se veían flores ni plantas frescas por ningún lado.
No había nada más que un único árbol seco y una fuente que parecía haberse malogrado hacía mucho tiempo, cubierta de moho negro y manchas oscuras de musgo acuático.
Era una vista sumamente desolada y sin vida, pero aun así, era el lugar dentro del templo donde entraba más luz solar.
Apenas se sentó en la banca, Arden se sentó justo a su lado como si hubiera estado esperando.
Sabiendo que, aunque ella se alejara, él acortaría la distancia de nuevo sin ninguna vergüenza, sacó silenciosamente de su canasta un pedazo de pan envuelto en tela. Era su porción de comida de esa mañana.
Liliet jaló la mano de Arden, que miraba con la mente en blanco, y le puso el pan. Él levantó silenciosamente sus cejas bien formadas.
—Come. Es el pan del desayuno.
—¿Me lo estás dando a mí?
—Sí. Dijiste que tenías hambre. ¿El Arzobispo todavía te dice que no comas? Él no me ha dicho nada en particular. Apúrate y come. Se lo guardaré en secreto al Arzobispo.
—Mmm……
—Yo estoy bien solo con las galletas.
Pensando que la razón por la que él dudaba podía ser por ella, Liliet sacó las galletas que había recibido la tarde anterior.
Tres veces al día.
Si iba al comedor a las horas fijas cada día, su porción de comida estaba allí, sola sobre la mesa grande.
Al principio, esperaba nerviosa pensando que alguien más vendría, pero ni el Arzobispo ni Arden aparecían, ni tampoco ningún sacerdote o monaguillo.
Tal vez todos estaban evitando el contacto con ella, pensando que sería un problema si la ofrenda se contaminaba antes de ser presentada al dios. Con una amarga comprensión, Liliet se sentaba sola a la mesa y comía su ración.
Era solitario, pero gracias a eso, era fácil conseguir comida. Imaginando la reacción de Arden, sonriendo radiante de alegría, Liliet había guardado el pan a escondidas.
Sin embargo, Arden se limitó a mirar el pan con los labios apretados en una línea recta. No sonrió ni lo miró con ojos hambrientos. Más bien, parecía algo disgustado. Fue una reacción que apagó sus expectativas y su sensación de haber hecho algo bueno.
Ella miró a su alrededor una vez y luego bajó la voz.
—¿Qué pasa? ¿Tienes miedo de que el Arzobispo te rinda?
—…….
—¿Quieres que me ponga delante para que no vea? O podríamos, este, ir a algún lugar más… apartado y con sombra. ¿Eso te haría sentir más tranquilo?
—¿Apartado?
—Sí. Algún sitio donde nadie se dé cuenta……
—¿Estás intentando seducirme?
—¿Qué? ¿De qué estás hablando?
Ante el comentario tan absurdo, Liliet puso cara de desconcierto. Arden sonrió de forma radiante, arrancó un pedacito de pan y se lo metió a la boca. Luego le devolvió el resto.
—Sabe feo.
—…….
Este chico…..
Encima que me tomo la molestia de dárselo.
No era un pan de trigo suave o fragante, pero tenía pasas, y si lo masticabas bien, tenía un toque de dulce, así que estaba pasable.
Como mínimo, necesitaba enseñarle bien modales en la mesa. Liliet se puso las manos en las caderas y lo fulminó con la mirada.
—No deberías hacer eso, Arden. Tienes que ofrecer una oración de agradecimiento. A los agricultores que cultivaron el trigo, a los cocineros y, sobre todo, al Señor Dios, el dueño de todas las cosas….
—Eso no está bien, Lily.
—¿Eh? ¿Qué?
—Este es un templo que sirve al Dios Maligno. ¿No te estarás equivocando con el sujeto de tu agradecimiento?
—¿A… ah sí?
Liliet, que por costumbre ofrecía oraciones de agradecimiento al Señor Dios cada vez que comía, se sintió confundida por un momento.
A ver, ¿pero realmente es así?
El Dios Maligno no es un dios que haga crecer las cosechas o mande lluvia, es un dios que trae desgracias y propaga enfermedades.
Pero, pensándolo bien, el Señor Dios también castiga a quienes rompen los mandamientos, y como este es el templo del Dios Maligno, sí parecía lógico rezarle a él en su lugar.
Mientras ella dudaba, Arden se le acercó mucho, con los ojos brillando. Sus iris grises transparentes, como si el color se hubiera derretido en agua, ardían con un calor extraño.
—Di gracias.
—Este… mmm.
—Así es como se porta una buena niña.
—…….
No era nada grave, pero aun así brotó un sentimiento de resistencia extrañamente fuerte. Arden la tomó suavemente de la muñeca y la presionó de nuevo con una emoción evidente.
Apúrate, apúrate, ofrece la oración. Luego yo también lo haré.
Incapaz de resistir la insistencia, Liliet juntó las manos y ofreció una oración de agradecimiento.
—Gracias al señor de este templo por concederme sustento hoy, por calmar mi sed y por otorgarme el pan de cada día……
Decir —Dios Maligno— se sentía irreverente de cualquier forma, y como de todos modos no sabía el nombre del dios, lo pasó por alto de forma vaga.
Incluso ante esa oración tan descuidada, Arden asintió con la cabeza como complacido y la siguió.
¿Habrá cerrado los ojos siquiera un segundo completo? En un instante, él terminó la oración de antes de comer, le arrebató el pan de la mano y le dio un gran mordisco. Realmente parecía ser un creyente del dios de este templo. A juzgar por cómo hacía tanto escándalo por la adoración.
Liliet se sintió vagamente inquieta por alguna razón, pero pronto se sacudió esa sensación.
¿Y qué más da? De todos modos soy un sacrificio.
El Señor Dios la había abandonado hacía mucho tiempo. Había pasado incontables noches derramando lágrimas y ofreciendo oraciones, pero ni una sola vez había salido nada bueno de ello.
Así que, en ese caso, el Dios Maligno que al menos le daba pan era mucho mejor.
Una risita burlona salió de al lado suyo, y cuando giró la cabeza, Arden estaba sonriendo con la barbilla apoyada en su mano.
Cuando sonreía de esa forma tan brillante, su rostro —lo suficientemente lindo como para ser confundido con el de una mujer a simple vista— se veía tan radiante como una rosa en pleno florecimiento a inicios de verano.
—Preciosa.
—¿Eh?
—Linda. Eres bonita, Lily.
—…¿Qué cosas dices de la nada?
Dejando de lado el contenido, el tono sonaba como el de alguien elogiando a una niña pequeña o a un perrito, lo cual era desagradable de escuchar. Oírlo dicho por alguien con un rostro tan hermoso, que llevaba una sonrisa tan clara e inocente, solo la hacía sentir aún más irritada.
Ella sacudió la cabeza con terquedad.
—Corta con eso. No digas esas cosas.
—¿Por qué? ¿Acaso no es algo bueno?
—…Aunque lo sea, no deberías decirlo así como así. Y tu tono no es el adecuado.
—¿Mi tono?
—Solo nos conocemos hace tres días. Tienes demasiada confianza. Y… ¡y tú eres menor que yo!
—¿Cuántos años tienes, Lily?
—Veinte.
—Yo tengo los mismos.
—¡Mentira! Eres menor que yo. Estás intentando engañarme, ¿no?
—Pero si soy más alto que tú. Mira.
Incapaz de creérselo y alzando la voz, ella protestó, y Arden respondió con una cara de lo más normal antes de ponerla de pie.
El borde de su mano rozó ligeramente la parte superior de su cabeza.
Sus labios carnosos se abrieron mientras susurraba: —¿Ves? Soy más alto.
Claramente había como un dedo de diferencia entre sus cabezas. Qué raro. Antes, sus ojos habían estado casi al mismo nivel. Tal vez era su imaginación, pero su contextura general también se sentía más grande.
Con sospecha, ella bajó la mirada hacia los pies de Arden. Sus talones estaban firmemente apoyados en el suelo.
—Chiquita. Eres chiquita.
—N-no hagas eso.
Arden la molestaba mientras le daba palmaditas en la cabeza como a un perro. Liliet le quitó la mano de un manotazo, recogió su canasta y cruzó el jardín sin decir palabra.
Arden la persiguió rápidamente, riéndose y diciendo que a Lily de verdad le gustaban las palabras pesadas.
No importaba cuántas veces le dijera que parara, solo recibía más comentarios traviesos de vuelta, dejándola completamente aturdida. Ella nunca había bromeado con tanta familiaridad con nadie, fuera un chico de su edad o cualquier otra persona, sin importar la edad o el género, así que no sabía cómo reaccionar.
Se sentía atribulada, pero por alguna razón, el interior de su pecho le hacía cosquillas como si hubiera bichitos caminando por ahí, haciendo que todo se sintiera aún más extraño.
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La última semana de su vida pasó en un abrir y cerrar de ojos.
Durante ese tiempo, Liliet vivió de una forma notablemente pacífica.
El deseo de sobrevivir, que ella había intentado enterrar manteniendo sus manos constantemente ocupadas, no se desvaneció con el paso de los días; al contrario, se hizo más fuerte.
Liliet se mordió el labio inferior con fuerza.
Debió cortarse las venas o abrirse el estómago apenas llegó. Para qué darle un respiro inútil que solo le alborotaba el corazón a una persona de esta manera…….
Una vida donde nadie le gritaba, la reprendía o se burlaba de ella, donde no había trabajo que tuviera que terminar apurada mientras soportaba todo tipo de maltratos, era pacífica y hermosa.
Sentada en la capilla andrajosa donde solo se oía el débil canto de los pájaros, se quedó mirando la sonrisa agrietada de un santo dentro de un vitral desteñido y luego cerró los ojos con suavidad.
Todo estaba callado y quieto.
‘Si tan solo esto pudiera durar para siempre…….’
El anhelo por la vida que ella había desechado y aplastado incontables veces regresó, raspándole la garganta con dureza.
‘¿Debería escapar?’
Se atormentó con la idea una y otra vez.
¿Debería simplemente huir así? Arden la seguía de cerca, pero no estaba con ella todo el día. Especialmente por la noche, ella estaba sola y no había nadie vigilándola.
A excepción de la entrada que había sido sellada, el templo limitaba directamente con un bosque denso. Si tomaba algo de ropa vieja del depósito y huía entre los árboles en plena madrugada, nadie sería capaz de rastrear a dónde fue.
Pero el problema era lo que vendría después.
No podía volver a la aldea donde había vivido, y las aldeas cercanas eran peligrosas también. Si alguien que reconociera su cara la denunciaba, todo se acabaría ese mismo día.
Irse lejos tampoco era una opción; no tenía plata para el viaje y, ya fuera en el campo o en la ciudad, nadie contrataría así nomás a una forastera como ella, sin habilidades especiales y sin un pasado claro.
Si una mujer joven deambulaba por las calles sin un protector o alguien en quien confiar, lo que pasaría era obvio.
En ese caso, tal vez que la devoraran de un solo bocado sería mucho mejor…….
Para cuando sus suspiros exhalados en silencio se habían acumulado lo suficiente como para llenar un libro entero, el día del ritual finalmente llegó.
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