Me convertí en un sacrificio viviente para un dios malvado. - 35
¿Debí habérmelo tragado?
Liliet jadeaba mientras se limpiaba la boca empapada con el dorso de la mano. Ese líquido viscoso no era muy diferente al de Arden. Solo que la cantidad era exagerada. Sabía a pescado, era amargo y muy espeso.
El dios la miró fijamente mientras ella se pasaba la lengua por los labios para quitarse lo que quedaba, de pronto agitó la mano, limpiando todo rastro de fluido de su cuerpo. Su boca, sus manos y hasta su parte baja quedaron totalmente secas y limpiecitas. No era la primera vez que lo veía, pero por más que pasara, siempre le parecía algo increíble.
—Haaa…….
—Bien hecho, Lili. Me has dejado muy satisfecho. Te debe doler la boca, déjame ver.
Él la cargó con ternura justo cuando ella sentía que se deshacía como gelatina. La mano que le acariciaba las comisuras de los labios —irritadas por el roce bruto—, el brazo que la envolvía para recostarla y los labios que le daban besitos en la frente eran tan dulces que sentía un cosquilleo en el pecho.
Qué tonta era, de verdad.
Él no le hizo caso cuando ella le suplicó que parara y la presionó hasta que casi se desmaya. Pero en vez de odiarlo, sentía que su corazón se derretía por la forma tan suave en que la tocaba, como si fuera el tesoro más valioso del mundo.
Liliet movió los labios con dificultad.
—Estoy bien. No me duele tanto…….
—¿Pero si estás toda hinchada?
—Si me deja tranquila, se me va a pas… up.
Él, que no dejaba de manosearle los labios, terminó por devorárselos. Su lengua, que ahora era un poco más pequeña y se sentía distinta, pero seguía siendo imponente, recorrió cada rincón de su boca.
Después de succionarle la lengua a fondo mientras le daba masajes a su cuerpo agotado, él se separó con una sonrisa.
—Mi lengua es el mejor remedio para todo. ¿Ya no te duele, verdad?
—……Síii.
Claro, el dolor se fue como por arte de magia. Pero, a ver, ¿acaso no fue él mismo el que le causó el dolor en primer lugar?
Ella respondió soltando un largo suspiro, él volvió a reírse, quién sabe de qué. El dios se echó a lo largo abrazándola y murmuró con voz cansada:
—Me siento de maravilla. Hace cuánto que no me sentía tan bien.
—……¿De verdad?
—Sí. Me dan ganas de que me mastiques bien y me tragues por completo.
‘¿En serio eso es sentirse bien?’
Liliet frunció el ceño ante esas palabras tan raras. Él soltó una risita silenciosa y le acarició la mejilla suave.
—¿Qué premio le daré a mi Lili por su esfuerzo? Debe haber sido pesado chupar un bicho por primera vez, pero lo hiciste muy bien.
—Bi…
—¿Mmm?
—……Nada. Lo haré de nuevo. Pero ahorita no.
¿Tenía que usar palabras tan vulgares? Ella arrugó la frente un poco molesta, pero añadió eso último rápido para que no hubiera malentendidos, haciendo que él se sacudiera de la risa.
—Entonces, ¿qué es lo que quiere mi atrevida ofrenda? ¿Oro, telas finas, licor?
—…….
—Dime lo que quieras.
El dios susurró de forma tentadora con una sonrisa de lo más generosa.
‘Lo que quiera’, decía.
Por más que él fuera un ser supremo, estaba segura de que no podría darle lo que ella realmente deseaba. Y si pudiera, probablemente no querría.
Porque lo que ella quería era estar con su familia perdida, viviendo en un pueblito tranquilo y en paz, lejos de este lugar.
Dicen que ni el dios del inframundo puede revivir a los muertos, así que, ¿cómo iba a cumplirle el deseo alguien que está amarrado a la tierra de forma tan miserable?
Así que ni una montaña de tesoros, ni la seda más fina, ni el licor más caro significaban nada para ella. Además, como dicen las leyendas de los dioses, sus regalos suelen ser más una maldición que otra cosa.
‘Seguro lo hacen para dar una lección sobre la codicia’.
Mejor era ir con cuidado. O sea, miren lo que le hizo solo por decirle que le iba a dar un premio. Estuvo rico y todo, pero…….
Ella acarició ese pecho frío. Parecía humano, pero no se sentía ni calor ni latidos. Apoyó la frente contra ese torso firme.
—Una canción…….
—¿Mmm?
—¿Me podría cantar algo?
—……¿Quieres que te cante?
Él repitió sus palabras totalmente desconcertado. Como si fuera el pedido más raro que le hubieran hecho en la vida. Ella lo miró mientras lo rodeaba por la cintura.
—Sí, una canción. Me gustaría que me cante una canción de cuna. Tiene una voz bonita. Siento que, aunque cante cualquier cosa, sonaría hermoso.
—Mmm…….
—¿No quiere?
—No es eso, pero…….
Se notaba a leguas que estaba incómodo, tanto por su cara como por cómo arrastraba las palabras. Liliet se rió para sus adentros al verlo tan desencajado, algo raro en él.
Pero lo decía en serio.
Su voz profunda le recordaba al sonido de las olas en la noche, sentía que cualquier frase que dijera sonaría como un poema. Además, tenía un sueño tremendo.
Él se rascó el mentón, pensativo.
—Por mí no hay problema, pero…
—¿Pero qué?
—Vas a tener pesadillas.
—No importa.
Pesadillas ya tenía de sobra, con él o sin él.
Al ver que ella respondió sin dudar, él soltó un suspiro suave. Hasta ese sonido se escuchaba bien. La rodeó con el brazo, dándole palmaditas en la espalda, empezó a tararear.
Tal como esperaba, empezó a salir una letra lenta en un idioma extraño y borroso que no sabía de qué época o país sería.
Casi no tenía altibajos y, más que una canción de cuna, sonaba tan lúgubre y pesada que, tal como él dijo, era perfecta para tener pesadillas.
Incluso sentía un escalofrío en la nuca y una sensación rara en los oídos, como si algo le estuviera rascando el tímpano; era difícil quedarse dormida así, pero Liliet estaba tan muerta de cansancio que cerró los ojos pesados.
Y así, se dejó caer fácilmente en la oscuridad. Debajo de su conciencia, la oscuridad que estaba al acecho la envolvió por completo, como si hubiera estado esperando ese momento.
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Definitivamente, los dioses no mienten.
Tal como él dijo que tendría pesadillas, Liliet tuvo un sueño horrible.
Cuando despertó, tenía los ojos empapados de tanto llorar, la garganta seca como si hubiera estado gritando como loca y los hombros todos tiesos.
Se sentía fatal, con el ánimo por los suelos, como si le hubieran dado un palmazo en la cara con un trapo mojado. ¿Qué diablos habrá soñado? Al menos, tuvo la suerte de no recordar ni un poquito de lo que pasó en esa pesadilla.
—Haaa…….
Liliet se quedó un buen rato echada con el brazo sobre la frente, mirando a la nada. Después de mucho esfuerzo, logró levantar su cuerpo pesado y se sentó frente al escritorio.
No solo se sentía bajoneada, sino que el cuerpo le pesaba como si fuera un algodón empapado de agua. ¿Por qué estaba tan cansada? Ya estaba acostumbrada a sentirse algo rara el día después de un ritual, pero hoy el agotamiento era demasiado.
‘……Bueno, tiene sentido’.
Al recordar lo que pasó anoche, las mejillas de Liliet se pusieron rojas como un tomate. La verdad, lo raro sería no estar agotada. Después de todo lo que hicieron…….
Sacudió la cabeza para espantar esos recuerdos pecaminosos y se miró en el espejo.
Una mujer con el pelo todo alborotado por haber dormido la miraba de vuelta. Salvo por el hecho de que se veía algo cansada, no parecía haber nada extraño.
Eso sí, sus labios brillaban con una vitalidad única, como si se hubiera echado algo. De pronto, se le vino a la mente lo que él dijo de que su lengua era el ‘remedio para todo’. Ay, de verdad que ese tipo…….
Dudó un poco, pero al final abrió la boca.
Desde el primer día, ella se revisaba la lengua a cada rato.
Con la esperanza de que la marca se hubiera borrado aunque sea un poquito.
Pero por más que miraba todos los días, la figura en su lengua no desaparecía ni se ponía borrosa. Siempre estaba igualita.
Sin embargo,
‘¡Cambió……!’.
Liliet abrió los ojos de par en par.
Había un cambio.
Y no era lo que ella quería, sino algo que jamás se imaginó.
La figura en su lengua tenía un símbolo grande en el centro, rodeado de otras líneas y formas geométricas.
Pero ese símbolo central, el más grande de todos, había cambiado de forma. Estaba segura, porque se lo veía todos los días.
‘¿Qué significará……?’.
Intentó restarle importancia y pensar que no era nada del otro mundo, pero se le secó la boca y sintió un sudor frío en la nuca.
Como era una forma que nunca había visto, era difícil saber qué significaba, pero lo primero que se le vino a la mente fueron números. Si era algo que crecía o se achicaba con el paso del tiempo, no se le ocurría otra cosa…….
‘Hablando de eso’.
¿Desde cuándo no le venía la regla?
En ese instante, sintió un escalofrío, como si una lengua húmeda le hubiera lamido el cuello. Empezó a contar con los dedos. Un día, dos, diez…….
Cuando terminó de contar, se abrazó el vientre bajo sin darse cuenta. Ya se le había pasado la fecha. Y por mucho. Ya iba casi dos meses en este lugar y no le había bajado ni una sola vez.
Liliet se puso pálida y apretó las manos con fuerza. Su vientre seguía plano como siempre. Es más, parecía que había bajado de peso desde que llegó al templo. Tragó saliva y trató de negarlo desesperadamente.
‘Ya me va a venir. Ya pronto……’.
A veces, cuando estaba mal de salud, se le solía retrasar dos o tres meses. Quizás el cambio de ambiente le había afectado el cuerpo.
Había escuchado que a las personas que tienen el ciclo muy irregular a veces no les viene por más de medio año. Así que esto no debería ser nada grave. Tenía que ser así.
Repitiéndose eso a sí misma como si se estuviera lavando el cerebro, Liliet se dejó caer en la cama. No quería pensar en nada. Se quedó echada con los ojos cerrados y, de la nada, habló:
—Estás ahí, ¿no?
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