Me convertí en un sacrificio viviente para un dios malvado. - 32
Liliet ya tenía la lengua afuera, jadeando como un perro en pleno verano.
‘Es raro, demasiado. Es extraño, ah, pero… se siente tan bien’
Esa masa de lodo extraña y de origen desconocido la acariciaba con una humedad pegajosa allá abajo y la amasaba como si quisiera ordeñarle el pecho; pero en lugar de asco, ella solo sentía un placer infinito.
—Mmm, ah, sí, ah… ¡ah!
Las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos, gota a gota. Pero el Dios se encargaba de arrebatárselas todas, riendo con deleite, como si las lágrimas de Liliet fueran el mismísimo néctar de la vida. Ella arqueó la espalda y se aferró a su cuello como si fuera un salvavidas.
—¡Mmm! ¡Ah, mmm…!
Chic, chac.
El sonido húmedo de la fricción no paraba, resonando como si alguien chapoteara sin descanso. Esa masa llena de protuberancias frotaba su clítoris con furia y entraba en ella, raspando las paredes vaginales. La acariciaba con una obsesión total, como si buscara encajar perfectamente con cada pliegue de su interior.
—¡Ah, ah, sí, ah…!
Slurp, mmm.
Liliet fue golpeada por una lluvia de placer supremo, algo que un humano común jamás podría experimentar ni imaginar. Esa sombra pegajosa parecía existir solo para su placer. No intentaba ensancharla ni llegar más profundo; simplemente se obsesionaba en machacar y triturar sus puntos de mayor sensibilidad.
Era imposible que un simple mortal soportara semejante nivel de lujuria. Liliet no dejaba de mover la cadera, aferrándose desesperadamente a ese cuerpo frío y sólido.
—Mmm, esto es… raro, ah, es extraño. Señor Mut, por favor, ah, se sale. Se me sale, mmm, no, ¡ah…!
—Suéltalo ya. Necesito refrescar mi garganta.
—¡Ah, mmm, ah…!
Pero él, lejos de ayudarla, le susurró con una voz oscura como la noche mientras, junto con esa forma negra, aplastaba su clítoris con facilidad.
—……..!
Crack.
Como si la masa húmeda se deshiciera, se filtró por todas sus mucosas. De pronto, vio un relámpago frente a sus ojos y sintió que algo en su cabeza se desconectaba. Antes de que pudiera darse cuenta, empezó a soltar un chorro de líquido transparente, como si se estuviera orinando sin control.
Un sudor frío le cubrió la espalda y su mente se puso completamente en blanco. Sentía que podía caerse por un abismo infinito en ese mismo instante y no le importaría.
Sin embargo, incluso mientras ella ‘se iba’, el Dios seguía moviendo las manos sin piedad, la sombra hacía lo mismo. Chupaban con fuerza su clítoris tembloroso y rascaban la entrada de su sexo; así, sobre el cuerpo que ya había llegado al orgasmo, se amontonó otra capa de placer insoportable.
—¡Ah, ah…!
Ante un placer tan difícil de procesar en sano juicio, la cabeza de Liliet se echó hacia atrás al límite, con la lengua encendida moviéndose en el aire sin rumbo. De pronto, una lengua larga atrapó la suya, pequeña y carnosa, succionó con fuerza. Se sentía como si le estuvieran robando el alma.
‘Ya basta, por favor’
‘Ya no más…’
‘Me voy a volver loca. No puedo con esto’
Ella creía que estaba sollozando y diciendo esas palabras, pero lo que realmente salía de su boca eran súplicas desesperadas.
—Mmm, ah, qué rico, ¡más…!
—¿Sí? ¿Aquí? Se siente bien, ¿verdad, Lili?
—Sí, sí… ¡no pare, ah, ah, sí!
—Eso, eso. Qué linda es tu colita también.
El Dios le susurraba con una voz cargada de diversión mientras le amasaba todo el cuerpo. Los pezones erectos, los pechos hinchados, la espalda temblorosa, e incluso la entrepierna y la parte de atrás de las rodillas; literalmente, de pies a cabeza.
Sentía como si decenas de manos la acariciaran, mientras varias serpientes de sombra entraban y salían de ella por turnos. Unas gruesas, otras más delgadas, unas con bultos en el medio, otras llenas de rugosidades…
Perdió la cuenta de cuántas veces llegó al clímax. Las sombras se bebían todo el líquido que ella soltaba, luego seguían empujando bajo su ombligo como si quisieran más. Entonces, su cuerpo, que parecía no tener más hidratación que expulsar, volvía a soltar chorros de agua. Sus ojos, medio cubiertos por los párpados, vibraban ante un placer que ya no podía procesar.
Sin duda alguna, esto era un premio.
El placer había sido tan intenso que casi pierde el conocimiento por completo.
—Mmm……..
Slurp.
Una lengua húmeda se deslizó entre sus pliegues suaves, separándolos. Al sentir esa succión dulce y cargada de humedad, una corriente eléctrica recorrió su columna de arriba abajo.
—¿Te gusta tanto que solo crucemos las lenguas?
Je.
Una risita vibró dentro de su boca, como burbujas estallando suavemente. Liliet asintió inconscientemente. Una mano fría le acarició la mejilla con ternura y ella, como buscando mimos, frotó su cara contra esa mano, haciendo que la risa de él se volviera más profunda.
—Por cómo te contoneas, parece que te ha gustado bastante. Me alegra.
—… Sí.
—¿Quieres que siga un poco más? ¿O prefieres que te use la boca?
—… Ah.
Recién ahí, Liliet se frotó los ojos para enfocar la mirada. La niebla que nublaba su cerebro se disipó y las luces se encendieron de nuevo.
‘¿Qué estaba haciendo?’. ‘Ah, cierto… el señor Mut dijo que me daría un premio…’.
De pronto, miró hacia abajo y se sobresaltó. La sombra que hace un momento la devoraba con lujuria ahora movía la cola suavemente a sus pies, como una bestia mística y juguetona. Liliet se levantó de un salto y se refugió en el pecho del Dios.
—No, ya no más. Ya… ya no quiero.
—¿Por qué? Si te estaba encantando.
—Es que fue… demasiado extraño.
—Te he dicho que no es extraño, se llama placer.
Ella hundió la cabeza en su pecho, evitando la mano que intentaba levantarle el mentón. El cuerpo del Dios emanaba un aroma misterioso y difícil de explicar: olía a un pantano neblinoso en medio de un bosque solitario, a la vez, al viento que recorre un campo seco…
No era un olor desagradable. Al contrario, mientras más lo respiraba, sentía que sus pies levitaban y su ánimo se elevaba de una forma extraña. Pegó la nariz a ese pecho frío y aspiró profundo.
Él se rió mientras le despeinaba el cabello.
—Al final, parece que sí me estás suplicando por más.
—… No es eso.
—¿Entonces por qué te portas de forma tan adorable?
—…….
—¿Qué es lo que quieres?
Muak.
Él le dio un beso en la cabeza mientras le daba palmaditas en la espalda. El cuero cabelludo de Liliet hormigueó, como si tuviera terminaciones nerviosas hasta en el pelo. Ella dudó un momento, pero fue bajando la mano lentamente.
Empezó a recorrer el cuerpo del Dios con delicadeza, como si estuviera dibujando su silueta con un pincel. A través de la túnica holgada, podía sentir los relieves de sus músculos con una claridad asombrosa. Era el cuerpo de un Dios, así que no se sentía como carne humana; era una estructura que parecía hecha de hierro y bronce, vibrando sutilmente bajo su tacto.
Pecho, tórax, ombligo…
A medida que bajaba, el temblor de ese cuerpo se volvía más evidente. Finalmente, cuando su mano rozó la zona donde, si fuera un hombre, estaría su sexo, la mano de él que jugaba con su cabello se detuvo en seco.
Liliet tragó saliva. Si hubiera estado en su sano juicio, jamás se habría atrevido. Pero su cuerpo aún vibraba por el calor residual del orgasmo y su mente seguía medio perdida en esa niebla de placer. Por eso, pudo soltar esa locura de que quería acariciar ‘aquello’, que ni siquiera podía rodear con sus manos y que parecía más grueso que su propia pierna.
—Yo también…
—…….
—Yo también quiero hacerlo sentir bien.
Murmuró esas palabras mientras acariciaba esa longitud interminable cuyo origen ni siquiera conocía. Entonces, unos dedos fríos le sujetaron el mentón y la obligaron a mirar hacia arriba.
—¿Cómo?
—… ¿Eh?
—No entiendo cómo planeas hacerme sentir bien. ¿Acaso piensas usar esa lengüita tan pequeña para lamerme y usar tu boca?
Él curvó los labios en una sonrisa que parecía ocultar algo de enfado. La preguntaba sonaba a burla, pero también a una prueba. Liliet se humedeció los labios con la lengua mientras se aferraba a la tela de su pantalón. La mirada de él se clavó en sus labios con una intensidad pesada.
—Quiero que se sienta tan bien como usted me hizo sentir a mí.
—…….
—Si… si quiere que use la boca, lo haré. No sé si lo haré bien, pero…
—…….
—Me esforzaré mucho.
Al decir eso, sacó pecho. Sus senos hinchados se apretaron contra sus propios brazos, viéndose más redondos. Ella esperaba que él se alegrara, pero Mut no reaccionó de inmediato. Solo ladeó la cabeza en silencio mientras enredaba los dedos en su cabello. Sus ojos oscuros y transparentes no se despegaban de los labios carnosos de ella.
Pasó un silencio tan largo que a Liliet le empezaron a arder las orejas. Justo cuando la excitación empezaba a enfriarse y el arrepentimiento por su atrevimiento asomaba… él sonrió de par en par.
—Si eso es lo que quieres…
Sus labios rojizos formaron una sonrisa tan seductora que le quitó el aliento.
—Te lo concedo con gusto.
Con una mano enorme, él apartó la tela de su ropa como quien corre una cortina. Lo que parecía un diseño complicado de capas se deshizo con un solo movimiento, de entre las sombras surgió una masa de carne descomunal.
—…….
—Uff…
Mut acomodó su miembro suavemente con una mano mientras se incorporaba un poco. Naturalmente, Liliet quedó de rodillas frente a él, abajo. Ella se quedó con la boca abierta, mirando esa sombra alargada que se proyectaba sobre su rostro como si fuera la torre de una iglesia.
Sabía que iba a ser grande, pero… ‘¡Es… es demasiado grande!’
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