Me convertí en un sacrificio viviente para un dios malvado. - 16
—Está mostro⋯⋯
Liliet soltó un suspiro de admiración mientras acariciaba el lomo del libro. Era ya la undécima vez que se quedaba maravillada; ni ella misma se daba cuenta, las palabras le salían solitas de lo encantada que estaba.
El libro que el arzobispo Gillian le había armado en apenas un día era tan bonito que hasta le daba pena usarlo. La tapa de un marrón oscuro era gruesa y resistente, el marcador de seda roja brillaba hermoso y las hojas color crema eran, simplemente, perfectas. Además, el portaplumas estaba bien asegurado para que no se moviera y la pluma tenía un acabado elegante.
Tras un buen rato de estar toqueteándolo, pasándole la mano con cuidado y hasta hundir la nariz para olerlo a fondo, Liliet finalmente empapó la pluma en la tinta. Luego, cerró los ojos un ratito, pensando con qué palabra decorar el inicio de esta gran aventura.
Pero,
‘…… No se me ocurre nada’.
Parecía que su cabeza se había quedado en blanco, igual que la hoja frente a ella. Por más que le daba vueltas, no le salía ni una palabra decente. No es que fuera a escribir un poema o una novela, solo quería empezar un diario, pero al ver ese libro tan lindo sentía que cualquier cosa que escribiera iba a sonar monse.
‘¿Cómo hacía la señorita?’.
Para guiarse, trató de recordar a Lariette, a quien solía ver escribiendo su diario apoyada en su mano, con cara de aburrida. Se acordó de lo bonito que se veía el movimiento de su pluma bajo la luz de las velas, pero de lo que escribía, nada; ese recuerdo no le servía de mucho.
—Ummm…….
Se puso a dar golpecitos al papel con el dedo índice mientras ladeaba la cabeza de un lado a otro. Por más que se concentraba, la nube en su cabeza no se despejaba. Pensaba que, para el inicio de un libro tan fino, lo mínimo era poner un poema elegante o una frase profunda, pero como no sabía mucho de eso, se sentía estancada.
—¿Ahora qué hago?…….
Suspiro,
Apoyó la cara en sus manos y soltó un suspiro largo. Al final, parece que eso de escribir no es para cualquiera…….
—¿Qué haces?
—¡Ay!
De pronto, escuchó una voz grave justo encima de su cabeza y la silla se inclinó hacia atrás. Liliet, asustada, empezó a manotear al aire. A Arden le dio risa verla así y soltó una carcajada.
Ella se levantó de un salto y lo primero que hizo fue tapar el libro. Aunque no había escrito ni una sola letra, le daba roche que alguien lo viera.
—¡Arden, tú, otra vez entrando así porque sí……!
—¿Qué estabas haciendo? ¿Escribiendo una carta?
—No, no veas.
Para que no se notara que la hoja estaba vacía, Liliet cerró el libro y se lo puso detrás de la espalda. Arden, con curiosidad, trató de mirar por encima de su hombro, haciendo un gesto de fastidio con los labios.
Sin hacerle caso, Liliet lo quedó mirando con la cara toda roja.
—¿Cómo vas a mirar así sin permiso?
—Si estaba abierto. Además, no había nada escrito.
—¡Igual, pues! Ya te he dicho que no entres a mi cuarto así como así. ¿Cuántas veces te tengo que decir que no pases hasta que te abran la puerta? Y menos si la puerta está con llave.
—Estaba abierta.
—¿Qué? Mentira. Yo misma le pasé la llave anoche antes de dormir…….
—¿No será que de sueño te olvidaste? Si no me crees, chéquame. No tengo ninguna llave en los bolsillos.
Él le sonrió de lo más lindo mientras abría los brazos y le guiñaba un ojo.
—Si quieres, puedes revisarme por todos lados.
—…… Ajá.
Liliet se echó un poquito hacia atrás y lo miró de arriba abajo. Con el frío que hacía, Arden andaba solo con una camisa delgada, sin nada encima. Podría haberle revisado los bolsillos, pero le dio vergüenza, así que solo movió la cabeza diciendo que no. Arden hizo un ruidito con la nariz, como si se hubiera aburrido.
—Entonces, ¿qué estabas haciendo? Ahí toda encorvada, como si fueras una villana tramando algo malo escondida en su cuarto.
—No me estaba escondiendo, tonto. Solo escribía en mi diario. En verdad quería escribirles a mis papás, pero como no se puede…….
Bajó la mirada y dejó la frase en el aire.
Cada vez que mentía, sentía un hincón en el pecho, como si se hubiera pasado una espina. En realidad, no tenía padres a quienes escribirles. Ya no quedaba nadie en el mundo a quien le importara cómo estaba ella.
Bueno, sí había gente.
Los vizcondes de Herms y su hija de seguro estarían ahorita mismo comiéndose las uñas, preguntándose si su ‘sacrificio’ había funcionado.
Sentir que los ojos se le nublaban ya era costumbre, así que se mordió un poco el labio por dentro. Arden se le quedó mirando un rato y luego le tomó la cara con las manos.
—¿Los extrañas?
—¿Ah?
—¿Quieres verlos?
—E-este, claro, obvio que sí. Pero sé que no se puede. Si regreso, más bien les causaría problemas. Aunque seguro que ellos se mueren por saber de mí…….
Trató de no mirar esos ojos grises que parecían leerle el alma y añadió rápido:
—Voy a aguantar. Puedo hacerlo. Todo sea por ellos.
—Qué buena niña eres, Lili.
No sabía por qué, pero esas palabras le dolieron en el fondo. Se tragó el nudo que tenía en la garganta y balbuceó:
—No es para tanto…….
—¿Y no hay nadie más a quien quieras ver? Algún amigo cercano, o tal vez un novio…….
—P-por supuesto que hay. Muchos. Un montón. Pero si hablo de eso, me van a dar más ganas de verlos, así que prefiero no decir nada. Ya, ya vete, porfa.
Liliet cortó el tema rápido por miedo a que se dieran cuenta de su mentira. Señaló la puerta para que se fuera de una vez, pero Arden, en vez de irse, se acercó más.
—¿Por qué? Quedémonos juntos. ¿O no quieres estar conmigo?
—No es eso. Es que quiero escribir mi diario.
—Entonces escribe, pues.
—El diario se escribe a solas, tranquila. No es algo que la gente deba andar mironenado así como así. ¿Acaso no sabes eso?
Liliet le reclamó mientras empujaba el pecho de Arden, que se le había acercado demasiado. Pero a él no le importó y jaló una sillita que estaba por ahí.
—Ya, ya. Me voy a quedar lejos, calladito y esperando. ¿Ahí está bien?
—No…….
—Desde acá no se ve nada si tú me tapas con la espalda.
Arden se encogió de hombros, sentado a una buena distancia. Era cierto que, desde donde estaba, por muy buena vista que tuviera, su espalda cubriría el libro por completo.
Aun así, ella quería escribir a solas y en paz…….
Lo miró de reojo, toda desconfiada. Arden estaba sentado con las piernas cruzadas y con una sonrisa de oreja a oreja, como si se estuviera divirtiendo mucho. Liliet sabía que había perdido: por la fuerza no lo iba a sacar y por las palabras no lo iba a convencer.
Al final, se rindió y se sentó en el escritorio. Abrió el libro cubriéndolo un poco con los brazos, por si a él se le ocurría estirar el pescuezo para mirar. Al final, el honor de estrenar la primera página se lo llevó la fecha de hoy.
Fue escribiendo despacio, eligiendo con cuidado cada palabra. Ras, ras, la punta de la pluma corría sobre el papel de forma lenta pero constante. De pronto, Liliet, que ya se había olvidado por completo de la presencia de Arden de tanto que se concentró, detuvo su mano.
‘Esa…… ¿cómo se escribía esa palabra?’.
Había una palabra que la señorita Lariette solía usar a cada rato para dárselas de importante. Era innecesariamente larga y difícil; aunque ella siempre se prometía recordarla, apenas se daba la vuelta se le olvidaba.
Liliet se dio unos golpecitos en los labios con el mango de la pluma y miró hacia atrás discretamente. Arden le sonrió al toque, como si hubiera estado esperando todo ese tiempo a que ella lo mirara.
Ella se volteó asustada, pero a los pocos segundos volvió a mirar hacia atrás.
—Arden, este…… una pregunta.
—Dime, ¿qué pasa?
—¿Tú también sabes escribir?
—Unas cuantas cosas.
—Eh…….
¿Cómo que ‘unas cuantas’? ¿Se refería a palabras? Liliet ladeó la cabeza, confundida, le hizo una seña para que se acercara. Arden se levantó de un salto y se puso a su lado. Ella cubrió el contenido con el brazo y empujó el libro para que él pudiera ver.
—¿De casualidad sabes qué palabra es? Significa que algo te da cosa o te fastidia, empieza con consonante. No es una palabra que se use mucho normalmente.
—Ah, ya sé cuál dices. ¿Es esta?
Arden le quitó la pluma y empezó a mover la mano con rapidez. Ese hombre de manos bonitas resultó tener una letra que te dejaba sin aliento. Escribía sin dudar, de un solo trazo, le salía una caligrafía elegantísima.
¿A esto se referían con ‘buena letra’? Más que letras, parecía un dibujo hecho de líneas y curvas. Ella siempre pensó que la letra de la señorita Lariette era bonita, pero comparada con la de Arden, no era más que los garabatos de un niño que recién está aprendiendo.
Liliet abrió los ojos como platos y empezó a aplaudir.
—¡Sí, esa misma! Oye Arden, ¿eres inteligente, no? Y eso que siempre te portas como un tonto que no sabe nada.
—Es solo que tú y yo sabemos de cosas diferentes, Lili. Así como te molestaría que alguien te trate de tonta por no saber algo que ellos sí saben, ¿no crees que al revés es lo mismo?
—Y-yo también sé eso. Arden, de verdad que tú a veces…….
—¿Mmm?
—…… Nada. Olvídalo.
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