La lección secreta de Señorita Baronesa Felice - 134
A la mañana siguiente, una fila de baúles esperaba frente a la entrada principal.
—Señor.
En ese momento, el mayordomo se acercó con cautela a Claude y le tendió un ejemplar del periódico.
—La señora me pidió algo de lectura para el viaje. Sin embargo… en la sección de sociedad de hoy aparece esta noticia.
El mayordomo abrió ligeramente el periódico.
[Elise, de la familia Robert, anuncia su compromiso]
—Y en la siguiente página, también este artículo…
[La gloria del verano pasado se desmorona en un solo año: Julian, el antiguo ganador, se gana la vida como pintor en una pequeña ciudad de provincia]
La mirada de Claude recorrió brevemente el papel.
Luego, como si no sintiera la más mínima emoción, apartó la vista del periódico que le mostraba el mayordomo.
—Quítalo. No es el tipo de periódico que ella querría leer durante el viaje.
—Entonces, ¿preparo otro material de lectura?
—Prepara algo como una novela, algo que se pueda leer sin pensar mucho. En un viaje largo lo que se necesita es risas y tranquilidad, no información innecesaria.
El mayordomo hizo una rápida reverencia y se retiró. Claude se dirigió hacia el carruaje, que ya estaba casi listo, esperó a que Felice saliera.
—¡Ah… Claude! ¿Esperaste mucho?
Justo en ese momento, Felice abrió la puerta principal y caminó hacia él mientras se sujetaba el sombrero de ala ancha. Al verla acercarse con esa sonrisa radiante, las comisuras de los labios de Claude volvieron a elevarse con fuerza.
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La neblina matutina se cernía sobre la estación. Una enorme locomotora de vapor «respiraba» con pesadez mientras calentaba sus calderas, y en el andén, los pasajeros se apresuraban para abordar el tren. La luz del sol de la mañana se alargaba sobre las vías, y el guarda, con su bandera en mano, aguardaba la señal de partida.
—¡Vaya!
Al entrar en el vagón privado, los ojos de Felice brillaron de asombro. Ante el interior del tren, decorado con una pequeña mesa fija y mullidos cojines de cuero, ella se acomodó de inmediato junto a la ventana.
—¡Increíble!
Soltó una pequeña exclamación mientras observaba a la gente a través del cristal.
—No sabía que te gustaría tanto. ¿Acaso no tomaste el tren cuando fuiste a Duvray?
—Sí, lo tomé. Pero esta es la primera vez que viajo en un vagón privado.
Felice soltó una risita mientras admiraba lo que la rodeaba. En ese momento, el guarda hizo sonar un largo silbatazo y el tren se puso en marcha.
Felice contempló el paisaje exterior por un rato hasta que, al ver que el escenario se volvía monótono, sacó su novela. Como si notara la mirada de Claude sobre ella, añadió una explicación:
—Le pedí a Ben que me trajera algo para leer durante el viaje, me dio esta novela.
Ella soltó una risa tímida.
—¿Ah, sí? Me parece haber escuchado que ese libro es muy popular en la alta sociedad últimamente.
—¿De verdad?
Ante las palabras de Claude, Felice volvió a observar la portada del libro.
—Cuando termine el viaje, pensaba invitar primero a las damas de la nobleza a la galería. Leer esto me será útil para conversar con ellas.
—¿Y cómo piensas preparar la primera clase?
—Mmm… estoy pensando en empezar con bocetos sencillos. ¿Crees que debería pedirle a Rose que sea la modelo?
—Si haces eso, Tom no podrá resistirse y andará merodeando por ahí para verla.
Felice soltó una carcajada ante su comentario. En ese instante, alguien llamó a la puerta con un suave toc, toc. Era el guarda, quien los saludó con una reverencia impecable y dejó dos tazas de té sobre la mesa.
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Había pasado bastante tiempo desde su regreso del viaje de novios. Mientras pasaba las hojas del calendario, Felice tuvo que moverse con rapidez para preparar la inauguración de la galería.
Se debatía constantemente sobre dónde colocar cada cuadro, si la iluminación debía ser alta o si era mejor acercar los focos. Podían parecer detalles insignificantes, pero eran elementos cruciales para que las obras resaltaran, así que no podía dejar nada al azar. Además, al ser un espacio que el mismo Claude había preparado para ella, sentía un inmenso deseo de decorarlo con todo su amor.
Gracias a que se mantuvo ocupada sin siquiera sentir el paso del tiempo, el día de la apertura finalmente llegó. De pronto, una voz familiar se escuchó a sus espaldas:
—Es hermoso.
Al darse la vuelta, vio a Su Majestad la Reina y a Marquesa Defend entrando juntas a la galería.
—¡Maestra, Madre!
La Reina le dedicó una sonrisa radiante, pero la Marquesa, que estaba a su lado, ya estaba absorta examinando las obras colgadas en las paredes.
—Aún no termino de organizar todo, es un honor que hayan venido.
Mientras Felice les daba la bienvenida, la Reina tomó sus manos y le dirigió una mirada bondadosa.
—La galería ya luce espléndida. Todo debe ser gracias al buen gusto de mi nuera.
—No es así. He recibido mucha ayuda.
—Felice, sería mejor que intercambiaras el cuadro de la derecha con el que está en el pasillo.
Justo en ese momento, la voz de la Marquesa resonó en el lugar.
—Vaya, tiene razón.
Felice asintió e hizo una seña; de inmediato, dos sirvientes trajeron una escalera y movieron los marcos. Una vez que el orden de las obras fue ajustado, la galería dio una impresión mucho más impecable.
—Y esa obra de allá… seré la primera en comprarla.
La Marquesa señaló el lienzo más grande. Ante esto, la Reina soltó una carcajada.
—Tendré que darme prisa y mirar el resto antes de que la Marquesa se quede con todo.
Felice sonrió con timidez. A pesar del tono brusco, podía sentir el afecto de la Marquesa; por un instante, recordó aquellos días en los que ella le daba palmaditas en el dorso de la mano para animarla a sostener el pincel.
—Nosotros nos quedaremos disfrutando de las obras, tú ve a recibir a tus invitados.
—Sí, Madre. Gracias por venir a pesar de estar tan ocupadas.
Mientras Marquesa Defend y la Reina se adentraban en el salón, Felice respiró hondo. En ese momento, las damas de la nobleza comenzaron a entrar una a una.
—Cielos, la galería es preciosa.
—Parece más un salón que una galería.
Las damas no dejaban de expresar su admiración.
—…… Alteza.
Y detrás del grupo de mujeres, resonó una voz que no había escuchado en mucho tiempo.
—Parece que ya no podré llamarla «Lady Felice».
Vestida de una forma bastante peculiar, la Duquesa Vanessa entró a la galería y saludó a Felice. Al ver a la Duquesa inclinarse, Felice se puso nerviosa y le devolvió el saludo de inmediato.
—Duquesa. Supe las noticias. ¡Estuve muy preocupada, pero veo que estaba en Trouville!
—Vaya, ya no soy una duquesa. Jo, jo.
—Entonces, ¿cómo debería llamarla…?
—Dígame Helena, con total confianza.
Se acercó a Felice con un rostro que irradiaba alivio.
—Por su cara, veo que Su Alteza ha estado muy bien.
—Sí… bueno, en realidad, yo con usted…….
—Alteza.
Helena interrumpió a Felice y la observó con semblante serio. Felice, jugueteando nerviosa con sus dedos, le sostuvo la mirada. Tenía un sentimiento de culpa hacia ella, quien antes fuera Duquesa Vanessa y ahora era simplemente Helena. Gracias a ella había conseguido el encargo original y Helena la había ayudado en todo lo posible para que tuviera éxito. Sin embargo, terminó ocurriendo aquello que tanto le preocupaba a la Duquesa.
Eso siempre le había pesado en la conciencia. Le envió cartas, pero no recibió respuesta, y poco después se enteró de su divorcio.
—Después de todo, era verano.
—¿Perdone?
Helena sonrió de oreja a oreja.
—¿Quién podría frenar el fervor del verano? Además, estoy segura de que esto habría pasado igual durante su debut hace seis años. Simplemente ocurrió que la «Rosa del Año» que recibió en su debut floreció con un poco de retraso. Yo apoyo de corazón el amor de Su Alteza.
Ante el apoyo sincero de Helena, los ojos de Felice temblaron de emoción. En ese instante, recordó las palabras que Helena había dicho en el juicio de divorcio:
< El amor no es un pecado. Por lo tanto, por el bien de los muchos amores de mi esposo, lo dejo ir de buena gana. Así que, Duque, déjame ir tú también por el bien de mi propio amor. Por esos innumerables amores tuyos. >
Esas habían sido sus últimas palabras para el Duque Vanessa en el tribunal. Y aquel día, el grito que el Duque lanzó hacia la espalda de la Duquesa mientras ella se retiraba por el pasillo de la corte, ocupó los titulares de los periódicos durante meses:
< ¡Te amo a ti más que a nada en el mundo! ¡Así que, por favor, regresa! >
Sin embargo, Helena ya le había dado la espalda definitivamente.
< Vaya, qué lástima. Habría sido bueno que se diera cuenta de eso un poco antes. >
La novela que Felice había leído durante toda su luna de miel era, precisamente, una historia romántica basada en el amor entre el Duque y la Duquesa Vanessa.
—Gracias, Helena.
—Bueno, yo también iré a echar un vistazo.
Helena se adentró en la galería. Y finalmente…
—Felicidades, Felice.
Claude se acercó con una expresión de alegría y le entregó un enorme ramo de flores que escondía detrás de él. Felice recibió el ramo con una sonrisa radiante.
『Las lecciones secretas de Señorita Baronesa Felice』 – Fin de los Extras.
Asure: Otra novela finalizada este año (18/12/25) …. espero les guste, no me agradó tanto el final, pero se cumplió la boda …. pasen buen jueves
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